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RONDÓ: de Guatemala a Guatemejor

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Café de Guatemala

Guatemala es un pequeño país de 108.890 kilómetros cuadrados el cual produce uno de los mejores cafés del mundo. Allí se originan increíbles variedades, con sus distintos climas y alturas, se puede cultivar buen café en casi todas las regiones del país. Los cafés guatemaltecos ofrecen una taza limpia, con un buen cuerpo y con diversos grados de acidez.

El café fue introducido en la región por los Jesuitas en el siglo XVIII e inmigrantes alemanes ayudaron a su desarrollo hacia mediados del siglo XIX.

Según Anacafé, actualmente Guatemala produce un 60% más de café que hace 30 años. Con una cosecha de 3,8 millones de sacos de 60 kilos en 2016, posicionándose en el segundo mayor productor de América Central. Hay más de 125.000 productores de café guatemaltecos distribuidos en 20 departamentos, con un total de 305.000 hectáreas de fincas cafeteras. El 30% de la población está dedicada a la industria del café.

Hay 8 regiones diferentes de cultivo, con más de 300 microclimas (aportados por volcanes, lagos, océanos, lluvias, etc.). Las precipitaciones varían de 800 a 5.000 mm/año, pero todo el país tiene una estación de lluvias bien definida. Además, una cadena de 34 volcanes recorre el país, paralela al Pacífico.

La altitud varía entre 1,300 y 2,000 m.s.n.m.

Regiones

Acatenango 

Situado en el sur, el café de Acatenango es conocido por su fragante aroma, cuerpo balanceado y un final limpio y persistente. Se cultiva bajo sombra en 1.300 a 2.000 m., y se beneficia de un suelo volcánico, arenoso y rico en minerales y una precipitación anual de 1.800 a 2.000 mm. La cosecha dura de diciembre a marzo.

Antigua

Antigua, que se encuentra cerca de Acatenango, es conocida por su café dulce, aromático y balanceado. Notas chocolatosas y de caramelo. Está rodeado por tres volcanes: Fuego, Agua y Acatenango, que generan un suelo nutritivo y que retiene humedad. Esto ayuda a compensar la baja precipitación de la región (800-1.200 mm. por año). Las fincas suelen tener entre 1.500 y 1.700 m., y la cosecha es de febrero a marzo.

Atitlán

El café de aquí es conocido por su cuerpo, aroma y acidez cítrica. Se cultiva en las montañas que rodean el lago de Atitlán, entre 1,500 y 2,000 m. El lago crea vientos fríos y suelo húmedo, mientras que la región tiene 1.600 a 2.000 mm. de lluvia al año. La cosecha es de diciembre a marzo.

Cobán

Un poco al norte del centro de Guatemala, está Cobán, un área marcada por intensas lluvias. Con 3.000 a 4.000 mm. de lluvia al año, secar el café es un desafío y muchos productores optan por utilizar secadoras mecánicas. El café, que se cultiva de 1.300 a 1.500 m., por lo general tiene distintas notas de fruta fresca, un cuerpo bien balanceado y un aroma agradable. La temporada de cosecha es de diciembre a marzo.

Fraijanes 

El café de Fraijanes es conocido por su acidez brillante y persistente y su cuerpo bien definido. El volcán más activo de Guatemala, el volcán Pacaya, crea un suelo rico en minerales, y la región tiene de 1,200 a 1,800 mm. de lluvia cada año. El café se cultiva entre 1.400 y 1.800 m., con un período de cosecha de diciembre a febrero.

Huehuetenango

Huehue, también conocido como Huehuetenango, produce cafés con una acidez intensa, un gran cuerpo y notas vinosas. Está en la frontera con México, y es una de las regiones cafeteras más nuevas, dominada por pequeños productores. El café prospera de 1.500 a 2.000 m., y hay precipitaciones entre 1.200 y 1.600 mm. cada año. La cosecha es un poco más tarde en las tierras altas de Huehue, que dura de enero a abril.

Nuevo Oriente

El café Nuevo Oriente tiende a ser bien equilibrado, con cuerpo y con notas a chocolate. Esta área se encuentra en la frontera con Honduras y El Salvador, y el clima local se ve afectado por el Océano Atlántico. Es una región nublada y montañosa con una distribución equitativa de lluvia (de 1.600 a 2.000 mm. por año). El café se cultiva entre 1.300 y 1.700 m.s.n.m. y la cosecha es de diciembre a marzo.

San Marcos

Esta región cuenta con café con delicadas notas florales, acidez pronunciada y buen cuerpo. Tiene la precipitación más alta en todo el país, con 3.000 a 5.000 mm. cada año. Las lluvias estacionales llegan antes que en otras áreas del país, causando cosechas más tempranas. Las fincas se ubican entre 1.300 a 1.800 m.

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Es cierto que los cafés con grandes altitudes tienden a tener mejores perfiles de sabor. Una gran altitud indica que el café crece más lento y se vuelve más denso, y la densidad tiene mucha relación con la calidad. Más del 90% del café de Guatemala se produce a 1.300 m. sobre el nivel del mar o a mayores alturas.

La sombra ayuda a regular la intensidad de la luz solar, por ende, modera el ritmo que las plantas de café absorben los rayos solares, esto ralentiza la fotosíntesis y respiración permitiendo la maduración lenta del café. De esta forma se complejizan sus azúcares. También tiene un efecto positivo en el perfil en taza específicamente con relación a la acidez y el cuerpo.

Los cafés de Guatemala cuentan con un gran apoyo por parte de la Asociación Nacional Guatemalteca de Café (Anacafé). Anacafé brinda diferentes servicios como Analab (un laboratorio de suelos, hojas y agua), laboratorio de catación, escuela de café, asistencia técnica y comercialización nacional e internacional. Las regiones cafetaleras han sido asignadas con asesores, de modo que los productores se pueden dirigir a ellos para obtener información y retroalimentación de su producción y técnicas de beneficiado. En un país en donde la mayoría son pequeños productores con un ingreso limitado, este apoyo es fundamental.

Métodos de Producción en Guatemala

Como en gran parte de América Central, el tamaño promedio de las fincas es relativamente pequeño, y predomina la recolección manual, especialmente entre los agricultores de especialidad.

Según Anacafé, el 98% del café de Guatemala se cultiva en sombra. El café de sombra está asociado con una serie de beneficios que van desde el aumento de la biodiversidad y, en consecuencia, una tierra más sana para una maduración más lenta de las cerezas de café que lleva a granos más densos y sabores más complejos.

Variedades de Cafés

En cuanto al café, el 20% del café cultivado es resistente a la roya, como el Sarchimor y Catimor.

Variedades tradicionales de Guatemala: Bourbon, Caturra, Catuai, Pache y Typica (en orden de preferencia).

Variedades introducidas más recientemente: Geisha, Pacamara, Maragogype y Maracaturra.

Existe una tendencia reciente hacia el Robusta de proceso húmedo en regiones de baja altitud, aunque todavía representa menos del 2% del cultivo del país.

Métodos de Procesamiento en Guatemala

El 98% del café guatemalteco es Arábica lavado.

El proceso Honey y natural son raros en Guatemala, pero crecen en popularidad.

La mayoría de las regiones secan su café al sol. Sin embargo, Cobán tiene niveles de humedad mucho más altos y por lo tanto seca de forma mecánica su café para protegerlo de la fermentación. En Huehue, Nuevo Oriente y San Marcos, se encuentra una combinación de ambos métodos de secado.

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¿Dónde podemos degustar el café de Guatemala?

Hay varios lugares que disponen de rico café guatemalteco, pero nosotros recomendamos uno en especial por sus aires especiales: Rondó (Rondddó). Y esta cafetería es especial en primer lugar por la calidez de la gente que lo atiende, con buena predisposición y servicio, y con ganas de explicar y hablar de café. También lo es por su ambientación novedosa, minimalista con sus blancas paredes y sus vivos detalles en negro, distintas texturas que acarician los sentidos. Con su decoración de azulejos hexagonales en modernas disposiciones, que dan cierto grado de sofisticación, y por qué no, alma al lugar.

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La cafetería, que abrió hace escasos meses, está, como ya dijimos, ambientada en un minimalismo sutil y blanquecino, tiene una forma de L, con una barra central donde se atiende a los clientes y una lateral en donde se dispensan comidas y jugos (ambas elegantemente revestidas por los mosaicos hexagonales). La luz es delicada e intensa a la vez, en paredes altas y cuidadas. Disponen de una barra con banquillos altos y cómodos mirando hacia el ventanal que acaricia la calle (escena de la lluvia una de las veces que fuimos). También cuenta con 7 mesas en madera natural y caño para dos personas y alguna para 4 (varias mesas forman una columna vertebral con una de las paredes donde un cómodo sillón continuo con almohadones a tono recorre el contorno), con sillas blancas muy cómodas. Buena disposición y con un sonido ambiental relajado.

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El estilo le da un cambio de aire a las cafeterías de especialidad, pues es de inspiración de las recientres cafeterías surgidas en Asia u Oceanía, simples y funcionales, pero siempre ponderando al café.

¿Qué pedir?

A pesar de ser una cafetería tiene menús de desayunos, almuerzos y meriendas varias y muy completos. Para los primeros hay croissant, scones saborizados, yogures tuneados, budines, budines FIT, tostadas, tortas variadas (la de carrot cake muy buena), huevos revueltos, muffins, cookies, etc. Y cuentan con alternativas veganas y saludables. Todo con mucha pinta y sumamente cuidado en detalle, dispuesto en una heladera exhibidora insertada entre las dos barras. También hay opciones contundentes de comidas para almuerzos o a la hora del hambre. Sándwiches, ensaladas varias, tartas, tostones a todo trapo, etc. (resaltando el cuidado y la calidad de los productos).

Para a acompañar: aguas, jugos, exprimidos y limonadas.

¿Cómo pedir?

Se puede hacer el pedido en la caja tras la barra principal y te lo llevan a la mesa o sentarse donde elijas y te toman el pedido. El tiempo de espera es muy adecuado.

¿¡Y el café!?

Espressos, lungos, macchiatos, flat white, capuccinos, lattes, americanos, mocaccinos, son toda la carta de café de especialidad (las versiones con leche pueden elegirse también con leche de almendras).

El café con el que cuentan es uno de Guatemala de la región de Antigua, variedad Bourbon, de beneficio lavado, cultivado a 1800m. de altura de la finca San Sebastián, tostado por Puerto Blest.

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Finca San Sebastián, Antigua, Guatemala. De aquí sale el café que estás tomando.

 

Lo probamos en espresso, es un café muy equilibrado, con aroma algo cítrico y dulzón, con una acidez justa, con notas cítricas y dejo chocolatoso, gran retrogusto, de cuerpo medio. Para empezar un gran café versátil y rico.

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Lo probamos en capuccino, con una gran crema, sedoso, de buen cuerpo, dulce, muy bien elaborado. Excelente.

Las preparaciones de café vienen acompañadas acertadamente con un agua levemente alimonada.

Quizás pronto se venga la barra de filtrados, eso esperamos ¡y por más orígenes de café!

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¿Precios, atención?

Los precios son los que se manejan normalmente en este tipo de cafeterías. La atención como anticipamos fue excelente las veces que visitamos el lugar, con grandes charlas cafeteras con su dueño y con una de sus grandes baristas (Verina). Es muy bueno para el cliente, que le expliquen, que lo asesoren, que lo mimen, y para nosotros charlar sobre café es enriquecedor.

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¿?

Para cerrar, Rondó es más que recomendable. Seguramente irá encontrando su camino, su estilo propio y sus distintos perfiles de cafés. No es una cafetería estática y resalta gente de empuje y con ganas. Es un lugar óptimo para aprender sobre café, está todo a la vista (incluso su Simonelli Aurelia II). Parece adaptada a sus clientes, y esperemos que esto retroalimente y sus clientes adquieran la fascinación por el café correctamente preparado.

La experiencia del conjunto es gratificante, en servicio, ambiente, calidez y sobre todo excelente café, en este caso de Guatemala (o Guatmejor).

 

(fuente: PDG español).

 

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Rondó

Uruguay 1048 (Recoleta)

CABA.

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CARNE: exaltación de las verduras

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Nunca es bueno comparar, pero es divertido.

No se discute que Jennifer Aniston y Jennifer López son dos de las actrices más hermosas del cine. La revista People las han distinguido con ese título en diferentes años. La revista Forbes las ha incluido dentro de las personalidades del arte más influyentes de las últimas décadas. Comparten un mismo nombre, un éxito parecido y son amadas por gran parte del planeta masculino y también femenino.  Sin embargo, hay algunas diferencias que las hacen únicas e irrepetibles: la Aniston es una rubia, cuyo glamour, discreta inocencia y estudiada ingenuidad la han hecho famosa dentro del mundo cool de principios de este siglo, siendo objeto de imitación de muchas chicas que aspiraban a su pelo siempre perfecto, a su aura angelical y por qué no, al hecho de tener al lado un rubio como Brad Pitt, un tanto insulso, pero extremadamente buen mozo. La López, en cambio, gana por ser la latina fogosa, de curvas irresistibles, cuya genética lleva ritmo y un conocimiento de todos los aspectos de la vida real, más allá de los cuentos de hadas.

Salvando las enormes distancias, las Burgers tampoco deberían ser objeto de correlación, aunque es gracioso compararlas. En los últimos tiempos, la oferta de hamburgueserías de la nueva generación nos lleva a darle una vuelta de tuerca al concepto del Burger como algo rápido, grasoso, sabroso y omnipresente en todo reducto callejero o semicallejero en las grandes ciudades. Es así como los típicos acompañamientos de queso derretido y verduras tradicionales se transformaron en “toppings” y los condimentos del Patty de cancha pasaron de la mayonesa caliente de pomo y la Savora de sachet, al alioli de cilantro, la mostaza de Dijon y la barbacoa Jack Daniels.

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Como último topetazo de glamour, llegó CARNE, de la mano de Mauro Colagreco, un chef superfamoso y reconocido que intenta combinar la asepsia de los productos orgánicos con el sabor de una buena burger, consumida en un templo preparado ad hoc. Es así como desde sus diferentes locales viene a ofrecer un producto cuidado desde los mismos orígenes. Pequeñas fincas productoras de verduras sin abonos, pesticidas ni cosas raras; carnes de la mejor calidad, panes artesanales, fabricados con el mejor esmero y una ambientación acorde al concepto.

Visitamos el local de San Telmo (en varias ocaciones), en donde se respira un aire de hamburguesería americana, muy limpia, en donde la ecología parece estar presente en todos los rincones. Mesas bajas, altas, mostradores pulcros, organización esmerada en las filas para cuando el local se llena y un patio ambientado como un quincho en donde disfrutar cuando hace calor. La cocina a la vista, empleados por doquiera para explicar y dirigir, y hasta un periódico propio en donde te comentan la política de la empresa mientras esperás tu orden. Una caja en donde te toman el pedido y un beeper con capacidad de vibrar te separan de los escasos 20 minutos que se toman en concluir tu deseo.

La oferta de hamburguesas es acotada, lo cual se percibe como una ventaja en comparación con ciertos lugares que ostentan largas listas de combinaciones de Burgers que no difieren mucho entre sí. Una clásica, otra completa, una opción choriburger, con hongo y caurtirolo y una vegetariana de girgolas de cultivo y queso grillado Halloumi (de la quesería Juan Grande). Poco y bien pensado.

A la hora de enfrentarnos con el producto, las paralelas comienzan a divergir. Es indudable que las verduras son excelentes, lechugas inmaculadas, como recién cortadas del interior del capullo, el tomate (no era época, por lo tanto, era una cuidadosa conserva preparada durante la estación correspondiente), sabía a tomate y olía como tal. El pan muy cuidado, miga exacta, contenedor, con la cantidad justa de semillas. Las papas, además de seleccionadas, tienen un proceso de triple cocción que las convierten en las verdaderas estrellas del lugar; aquello que hace que todo lo demás valga la pena.

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¡¿Y la carne?!

Un poco perdida en el conjunto, no difería mucho del típico medallón industrial, (de los buenos, pero industrial al fin), demasiado compacto para lo que estamos acostumbrándonos y aunque de buen sabor, resultó un poco seco.

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No decepciona del todo; pero uno espera un poco más, teniendo en cuenta la calidad del resto de los ingredientes. A la hamburguesa Homenaje al Queso (que preparan en ciertos horarios), le falta un poco más de queso para que el homenajeado se sienta agasajado. (No se puede hacer doble, ni agregar más queso).

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Los combos vienen sin condimentos (en muchos casos no hace falta), pero hay algunos potes esparcidos por el local: mayonesa de sabor normal, un kétchup de elaboración propia con tomates orgánicos y una mostaza de Dijon cuyo sabor a acetona no fue de nuestros preferidos a pesar de que muchos se enloquecen cuando la prueban.

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“Contra gustos no hay disputas” dice el tema de Serrat. Hay fanáticos de Jennifer Aniston y hay fanáticos de Jennifer López. Ambas son hermosas y si alguna tiene un poco de silicona en alguna parte del cuerpo, no se puede juzgar teniendo en cuenta que el conjunto es lo que debe importar.

CARNE es eso, por más que lo más flojo sea justamente el ingrediente que le da nombre al lugar, la experiencia global es buena. Destacamos el cuidado en los detalles, la limpieza, la atención correcta y la calidad de sus productos (en especial las papas fritas).

La carne te la debo.

 

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CARNE

Defensa 269 (San Telmo)

CABA.

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BURGER MOOD: de terrazas y hamburguesas

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Integrado hasta ahora por dos locales (ofrecen franquicias) Burger Mood es un viejo conocido en el gremio de las hamburguesas. El local más nuevo (de Palermo) es amplísimo, con fachada vidriada e interior estilo semi industrial, moderno, con onda reggae/rock, relajado y tranquilo. Como todas las casas recicladas de Palermo, también se exhiben tuberías y paredes antiguas de ladrillos expuestos y remozados, con un patio trasero con una sección hermosamente vidriada y el detalle de un jardín vertical. Una barra principal amplia, (con sillones altos rústicos y de hierro) recorre la planta baja, donde abundan las mesas y sillas de hierro tipo cerveceril, y las luces tenues cuelgan de techos altos. Toda esta ambientación y la longitud de la estructura de entrada conducen a la unión de su patio interno con la escalera que nos introduce a otro mundo. Una terraza amplia, decorada como patio cervecero y un pequeño quincho que la secunda. Barras y mesas largas de hierro y madera (¿cuándo no?), amplios sillones tipo decks bordeando mesas bajas. Todo con aire jovial, relajado, la buena música circunda el ambiente. Una terraza espectacular para disfrutar con amigos birrautas, muy cómoda y para los cultores de ella, con mucha “onda”.

La atención es buena. El menú variado, tienen 5 cervezas tiradas, cócteles, gaseosas, aguas, wraps originales de pollo y veggie, kebas, salchipapas y thai porkballs (bocados exóticos para tentempié), ensaladas y hasta postres.

En materia de hamburguesas, las hay para todos los gustos y bastantes originales. Tienen 4 de carne vacuna, 2 de cerdo asado, 2 de pollo y una veggie de lentejas y avena. Se pueden acompañar con papas fritas que pueden venir tuneadas (con huevo, con guacamole o con cheddar-bacon-verdeo). Y también te podés armar tu propia aventura de Burger (single 100 p, doble 130 p y cada topping 10 p, salvo los toppings premiun 15 p, más las salsas diversas sin cargo).

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Cabe destacar que los miércoles es el día de 2×1 en burgers de las casa (las ya pre-armadas). Aprovechamos y pedimos la Cosanostra, blend de tres cortes, tomates secos, provoleta, rúcula y el fatídico pesto casero. La carne estaba bastante bien, pero el pesto tapa mucho, camufla todo el sabor del conjunto y la comunión entre carne-pan se aleja dando paso al pesto y a los tomates secos que se eyectan enteros al primer mordisco. Una lástima, calidad de productos frescos hay, es llenadora, y original. La Moodur viene con blend de carne, lomo ahumado, cheddar, huevo y aderezo de mostaza y miel. Abundante y gustosa, nada espectacular. Quizás la carne un tanto secona y el pan no destaca demasiado. Las papas acompañan muy bien, están bien hechas, sabrosas y crocantes.

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Los precios son más que accesibles y las promociones juegan un papel fundamental. Tienen comida mata hambre así que se justifica ir. El lugar es de los más amplios y no hace falta hacer grandes colas. Las burgers nos dejan con ganas de más. (Por ahí, el autoarmado hubiera mejorado la experiencia). Buenos productos, pero queda un poco a mitad de camino. A veces la originalidad hace que se impongan productos de sabores pronunciados que pueden invadir al conjunto. A veces, inclusive, es bueno poner solo una pequeña pincelada de salsa, de pestos, de tomates confitados; no todo es salsa bourbon, no siempre es kétchup en toneladas. Para nosotros, y es nuestro gusto, lo importante es poder apreciar el sabor de la carne, su textura, su gramaje, la mezcla con la sinergia del pan, algún vegetal sutil y un rico queso trivial. Al menos para empezar y ver cómo cranea un lugar sus hamburguesas.

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Burger Mood es una buena opción, que quizás antaño fue un poco más (dicen los que saben, ¿saben?), pero si querés un lugar cervecero con burgers que acompañan bien, sentir una brisa de la noche con amigos, es tu lugar seguro.

 

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Burger Mood

Thames 1627 (Palermo)

CABA.

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DELLEPIANE BAR, entre el sonido y la furia.

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Da la impresión de que en cualquier momento pasará una carreta destartalada o algún paisano dejará su caballo atado al palenque imaginario del frente de la pulpería. Y es que el Pasaje Dellepiane conserva algún resto perdido de una Buenos Aires de lustroso empredrado y un ritmo no tan vertiginoso como el de ahora.

Dellepiane Bar es una mezcla de pasado y presente, en la mitad de un pasaje de los pocos que quedan, en donde los ruidos del mediodía se zambullen en la buena música que se deja escuchar paredes adentro. Ambiente penumbroso, casi oscuro, con aires de bodegón reciclado; muchas mesas muy juntas, un desnivel elevado con sillones más cómodos. Un dibujo del inmortal Luca nos pone a tono con el bullicio y el soportable calor que se vive en el ambiente de fonda del pasado. Vértigo de mozos que esquivan los estrechos espacios entre las sillas sin molestar a nadie y con la amabilidad que el apuro exige, nos lleva a detenernos en la carta, tan informal como el lugar. Apenas unas hojas plastificadas sostenidas por un aro se despliegan ante los ojos, ofreciéndonos las diferentes opciones de burgers, para todos los gustos, desde la “Clásica” con aires bigmakianos hasta las inefables “Veggies”, pasando por las de la zona de México (El Paso), con jalapeños y guacamole; las tendenciosas francesas (La Blu) con su queso azul o las italianas como la Alioli, en armonía con las más criollas con el agregado de chorizo asado. Todas ellas de 160 gr. servidas con papas caseritas.

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Es necesario mencionar la Doble Dellepiane con doble medallón, doble queso, doble panceta, cebollas y salsas varias que te hará salir de allí corriendo en busca de un donante de hígado, pero con gran placer.

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Si no te gustan las hamburguesas (mereces la pena de muerte), también hay otras opciones para picar: papas tuneadas, aros de cebolla, nachos con salsas diversas, jalapeños, nuggets, etc. y si optás por un sandwichito, tendrás algunos de pollo, o de milanesa o el pulled pork sandwich.

También hay opciones para la sed, cerveza tirada, algunas artesanales, aguas y gaseosas.

Pedimos una Bacon (panceta, huevo frito, pepinillo, queso cheddar, lechuga y tomate) y una Le Blu (panceta, hongos portobello grillados, queso azul, mostaza dijon, cebolla a la plancha). Llegaron bastante veloces, acompañadas de un tarro de metal con papas fritas.

La carne en su punto justo, nada roja y si jugosa, producto del mínimo amasado (yo le agregaría algunos gramos más para disfrutarla mejor), encerradas en un pan fabricado en el lugar, esponjoso y adecuado al conjunto. La Bacon conservaba todos los sabores de sus componentes, aunque el huevo pasaba un poco desapercibido (tal vez se olvidaron de agregarle un poco de sal), un poco por lo avinagrado de los pepinos que por momentos tomaban demasiado protagonismo. Una buena experiencia en la boca.

La Blu conformaba una buena combinación en boca entre la carne, el queso azul (que no ocultaba el sabor de los hongos) y en donde los condimentos acompañan, pero no obstruyen el sabor de todo lo demás. No pica en punta, aunque es una buena matahambre.

Un párrafo aparte merecen las papas. Normalmente cuando las papas fritas vienen en el combo, los cocineros no se esmeran en hacerlas bien. No es este el caso. Nada de olor ni gusto a aceite rancio; en su punto justo, ricas, crocantes por fuera, suaves por dentro y en buena cantidad para aquellos que tienen el TOC de alternar los bocados de hamburguesa y de papas. Nada sobra ni nada falta (de las mejores).

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En fin, un lugar tradicional que no pierde calidad con el transcurso del tiempo. Buena ambientación, algo ruidoso, te atienden rápido y bien. Aceptan tarjetas de crédito. Amplio rango horario. Ideal para juntarse con amigos. Aunque el ambiente es oscuro, por el ruido no es ideal para una velada íntima. Un lugar para volver con o sin romanticismo.

 

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Dellepiane Bar

Pasaje Luis Dellepiane 685 (San Nicolás)

CABA.

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