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COFFEE TOWN: la ruta del café

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¿Quién pudiere probar todos los cafés del mundo? Americanos: Colombia, Brasil, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bolivia, Perú, Hawái, entre otros. Africanos: Etiopía, Kenia, Tanzania, Malawi, Burundi, Ruanda, Uganda y algunos más. De Asia: Sumatra, Java, Papua, Malasia, India, etc. Para todos los aromas, alturas, colores y paladares, con distintos tostados y para diversos métodos de filtrado o como un sutil espresso. Esa pregunta se contesta con un: “Cualquiera que esté cerca de Coffetown”, porque Coffetown nos acerca el mundo del café o los cafés del mundo a su cafetería (hay dos locales más, el original en el mercado de San Telmo y en Recoleta). Este pionero en el café de especialidad en la Argentina logró crecer a base de la calidad y diversidad de su producto, sin dejar de lado la esencia de lo que difunden: el café cuidado en todas sus formas. Ofrecen muchísimas combinaciones de cafés de numerosos orígenes y distintas formas de extracción por lo que lo hace un lugar casi único para poder degustar todas las variantes de la bebida en cuestión y así disfrutar las tantísimas propiedades organolépticas que otorga.

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Nuestra experiencia discurre en Barrancas de Belgrano a pocos metros del Barrio Chino. El local tiene su típica fachada negra con un amplio ventanal para el take away. Dentro trasciende una gran barra de madera reciclada, sillas altas acolchonadas para estar cerca de donde ocurre la acción, sillas bastantes cómodas y algún sillón enmarcando a mesas de madera clara. Un interesante aroma a café corre por el aire. Al igual que una música que se escabulle en el ambiente. Paredes en negro con los distintivos orígenes del cafeto y alusiones a la populosa bebida. Luces como tuberías enriqueciendo los aires moderno-industrial.

Atienden en la mesa que uno elija. A veces puede tocar una camarera que recién empieza (y es compresible, y hay que ser paciente, el lugar lo vale y no tiene por qué saber todas las inquisiciones sobre el café, allí entra en juego el barista).

La carta es muy completa, en donde destaca como dijimos, las amplias variedades de café (explicados detalladamente) y sus convenientes formas de extracción para que se disfruten al máximo. V60, Aeropress, sifón chino, Chemex (distintos filtrados, distintos cuerpos, aromas, etc.). Hay espresso, lattes, capus, licuados, y quizás uno de los frapuccinos de dulce de leche más ricos de la historia. Varias cosas dulces para acompañar: bollos, budines y medialunas. Y algún que otro costado salado.

La atención, en general, es bastante correcta. Sus empleados son muy jóvenes y llevan el barco más que bien. El barista estuvo muy atento y dispuesto a asistirnos para recomendarnos el V60 (ratio 1:15, proporción entre gramos de café molido y gramos de agua) como método de filtrado para el Sumatra que habíamos elegido (Mandheling de la región de Aceh), y así poder apreciar sus tan ricos aromas: complejo, muy perfumado, alicorado en frutos y cereales. Servido en copa destacaba su color profundo. El sabor arribaba con notas dulces, frutos rojos, áspero al final, acidez ligera, poco amargor. De los mejores cafés en V60 que hemos probado (variedad superlativa).

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Es un lugar muy interesante, donde destaca la inmensa cantidad de orígenes que se pueden probar. Quizás no es el tipo de ambiente que elegiríamos seguido aunque ya nos acercamos varias veces (preferimos algo más intimista donde el trato con el barista sea de una interacción fluida y personalizada, pero es un gusto sumamente personal). En precios es algo más elevado que el promedio, pero el local está en Belgrano y además la exclusividad del producto lo vale. Tuestan ellos mismos y se pueden comprar varios de sus granos para llevar entre algunas otras chucherías relacionadas con el mundillo cafetero. Nosotros llevamos el Sumatra pues es imprescindible.

 

En síntesis, un lugar bien ubicado, más cómodo que el de San Telmo, donde destaca la posibilidad de poder recorrer la Ruta del Café, un viaje que, aunque no nos movamos, está compuesto de curvas aromáticas y sabores emergentes alrededor del mundo. Único y altamente recomendable.

 

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Coffe Town – Specialty Coffee Roasters

Juramento 1717 (Barrancas de Belgrano y sucursales)

CABA.

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LA MOTOFECA, tomalo como quieras

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Hace más de 500 años, se dice que un pastor de la lejana Abisinia (hoy Etiopía) perdió una cabra, la cual apareció a la mañana siguiente, con inusual energía, como después de haber dormido muchas horas. A la noche siguiente pasó lo mismo, esta vez con 2 cabras. El asombrado pastor decidió perseguir a las desviadas, y escondido, pudo ver que más que irse de juerga, las astutas habían descubierto un arbusto de bayas rojas y al parecer muy sabrosas para ellas, que por alguna causa las mantenía despiertas toda la noche, sin demostrar cansancio al día siguiente. La historia se pierde en los recovecos de la memoria. Ya no importa si el pobre pastor presentó su descubrimiento al monasterio sufí, o si el monje advirtiendo el sabor amargo de tales bayas, considerándolas venenosas, las echó al fuego y fue allí que el aroma cautivó hasta al mismo Alá que de lejos observaba hombres y arbustos que él mismo había creado. Lo cierto es que, desde el principio, el café se asoció a la insistencia, a la compañía y al vigor. A partir de entonces, el café tuvo adeptos y detractores. Hubo quienes aprovecharon sus propiedades energizantes para mantenerse despiertos en sus oraciones, o en sus estudios. Muchos, al igual que las cabras abisinias, decidieron que la mejor manera de disfrutarlo era compartiéndolo en demoradas charlas, o prefirieron la rapidez de un pocillo para seguir viaje. La palabra espresso que acuñaron los italianos adhiere a la rapidez en extraer la infusión para tomarlo en el momento, y tal vez a la rapidez que uno adquiere después de incorporarlo.

 La motocicleta aparece en la historia 300 años después y muy pronto comenzó a asociársela al vértigo y la velocidad. Ya en el siglo XX, Enrico Piaggio creo la primera Vespa, una moto cómoda, rápida y económica. Otra vez los italianos encargados de mejorar y simplificar las ideas.

 Mucho más cerca en la historia, a alguien se le ocurrió cargar una máquina espresso italiana arriba de una Vespa para llevar el buen café a los lugares distantes en donde hubiera gente que adorara el café. Ya las cabras no necesitaban deambular por las noches para consumir las bayas del cafeto. El café venía raudo arriba de una moto.

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La Motofeca nace de esa manera cumpliendo doblemente su objetivo. Preparar el mejor café, llevándolo hacia lugares alejados.

 Pero debemos de reconocer que el ser humano es un individuo de costumbres sedentarias, producto de tantos siglos de quieta agricultura, y perseguir una motocicleta para tomar un buen café está más allá de las posibilidades de cualquiera. Por eso, cuando pasamos por Paraguay al 600, Buenos Aires parece detenerse frente a la vidriera de un local que guarda recuerdos de cara al futuro que ya está y al que seguramente se habrá de arribar.

 “Tomalo como quieras” es la frase impresa en los vidrios y en la cabeza de Gastón, cara visible del local, un adorable personaje que parece subido en esa histórica Vespa, llena de recuerdos y emociones, contagiando su ritmo y su amor por lo que allí se hace. En tal reducto, las posibilidades se multiplican: el salón de cómodas mesas, la barra de algo así como el mármol y todas las opciones que se ofrecen para consumir dentro, o para llevar la infusión y degustarla entre el rebaño de la ciudad, o para disfrutar en casa, llevando los granos de los más variados orígenes que ellos tuestan ahí mismo, algunos días por la mañana (los dioses agradecidos).

 

No encontramos una carta, aunque Gastón la hizo innecesaria. Al poco tiempo La Marzocco (otra italiana ilustre) nos entrega un brebaje proveniente de las vecinas tierras de Bolivia que mediante un proceso Honey (en parte lavado y en otra, secado natural), nos invade con un aroma a maderas y frutos secos, experimentándose en boca un inicio dulzón y unas bienvenidas notas ácidas que se incrementan a medida que baja la temperatura, al igual que las notas frutales. Todo esto con un buen cuerpo que hace del café un espléndido exponente de su variedad.

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Nos tentamos con unos alfajores de maicena al chocolate con un delicioso borde de cacao amargo, un excelente pan de chocolate y un scon de queso (con sabor a queso), suave y sabroso.

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Nos quedamos con ganas de llevarnos un par de granos entre los que podíamos elegir Etiopía, Java, Costa Rica, Vietnam, Yemen, Jamaica, Kenia, Colombia, India, Bolivia, Brasil, México, Indonesia u Honduras. Joyas tostadas y embolsadas por las que regresaremos muy pronto.

 Si andás por la zona, cabra amiga, no te pierdas en los vetustos jardines de Florida. Hacé unos pasos más y metete de lleno en el mundo del café de la mano de los que saben. No dejes pasar el tren. O la moto.

 

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La Motofeca 

Paraguay 627 (Microcentro)

CABA.

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