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RIBERA CAFÉ: en las orillas de la perfección

La palabra “Ribera” alude a decenas de conceptos que se van multiplicando a medida que la experiencia otorga su impronta, y es ahí cuando diverge a otros cientos de significaciones, muchas veces alejadas de la orilla. Una ribera es una playa, ni más ni menos que eso: la zona que bordea el límite de un río o del mar. Pero también es periferia; un margen, un límite preciso o impreciso, o (yendo más lejos), la marginalidad que el parlante nos ejecuta cuando escuchamos el tema de la Bersuit. Ribera es también un apellido (de polémica ortografía), alguna aldea perdida de España y una Cafetería de Especialidad que desde hace unos meses se ha instalado justo en la ribera entre dos barrios emblemáticos de Buenos Aires: San Nicolás y Recoleta.

La calle es “Viamonte” (en homenaje a uno de los militares que luchó en la Invasiones Inglesas, defendiendo nuestras riberas), cerca de la esquina de “Rodriguez Peña” (otro defensor de nuestras costas en dichas invasiones). Buenos Aires suele serpentear las causalidades como quien advierte epifanías entre las cotidianas expresiones del azar. Dicen por ahí, que el nombre de la cafetería surge al mismo tiempo en el cerebro de sus dos propietarios, a la hora de ponerle nombre al proyecto.

Ribera Café es algo así como la playa que nos refugia del tormentoso océano de complejidades que significa una ciudad en brama, ansiosa de prisa y eficacia. Unas pocas sillas para que los elegidos del café puedan apartarse para merodear las orillas de una charla, de granos perfectos y bebidas de increíble precisión. Una barra protagonista en donde la ribera se hace difusa y uno ya no sabe si está tomando un café o se ha convertido en el café que toma. La mariposa de Chuang- tsu revoloteando entre los vapores de la tarde. El café se torna tiempo, muta en charlas entre adeptos milicianos del café que pueden ser extraños pero el oro negro los agrupa, los vuelve tiempo.

El espresso es Ninina, proveniente de Bolivia, dulzor y acidez frutal que pegan en la boca de manera sensual. Los filtrados pertenecen a Puerto Blest, y provienen de Guatemala (excelente aeropress con un varietal Antigua), Nicaragua, Brasil, Colombia, etc., pero la magia es argentina y de la mano de sus baristas. Si uno se queda con ganas de más, también se puede llevar en granos o molido en el momento. Por su puesto que hubo un lapso en que la boca tocó uno de los mejores Capuccinos de la Ciudad, de gran ejecución y en donde se puede sentir la férrea intensidad del café.

En opciones de comida se destacan sus sandwiches: bien pensados, bien ejecutados, armónicos y deliciosos: pulled pork en pan de ciabatta, pastrón en baguette con semillas y la estrella del día: humus de remolacha y berenjena en baguetin (picoso, cremoso, con el dulzor justo de la cebolla caramelizada y el frescor de la rúcula).

Para el segundo café (porque siempre hay más de uno), los dulces son la perfecta elección: desde las tradicionales croissants, los infaltables brownies y budines, hasta las poderosas cookies (de maní con sabor a abuela y a infancia, una fija) y las de pepitos de chocolate.

Un lugar pequeño, íntimo, pero que invita a permanecer por su ambiente, su música y la excelente atención de sus dueños, que no se limitan a servir café sino que le hacen honor a todo el ritual que se despliega alrededor de una taza.

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Ribera Café

Viamonte 1649 (Centro)

CABA.

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BOTE CAFÉ: a navegar por el café…

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En el barrio de San Nicolás se erigen, como apropiándose del cielo, edificios y monumentos históricos, casonas y multiplicidad de oficinas. Y por supuesto la gente que transita sin observar todo aquello que la rápida cotidianidad no les permite debido a las urgencias y el trabajo. En las cercanías de Av. Corrientes y Av. Callao no solo se instala la música de Zival’s ni las letras de sus libros, tampoco se destacan los cafetines históricos como La Opera, ni el recientemente remozado Los Galgos, ni los modernosos Subway o Starbucks. Por suerte, es hora de algunas otras alternativas. La tercera ola del café de especialidad está cubriendo poco a poco los barrios porteños y San Nicolás no es la excepción.

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A pocos metros del cruce de avenidas famoso podemos encontrar a Bote Café. Un salón de amplia arquitectura, ladrillos a la vista, altura en sus longilíneos espacios, gran barra completa coronada con una imponente cafetera Rocket de origen milanés delante de paredes con azulejos negros. Toque industrial y Avant Garde. Nos encontramos con buena música, de soberbia acústica, gran aire acondicionado clave para días de calor agobiante y para escapar del suplicio del asfalto y la rutina. Sin opción de sillas en las cercanías de la barra en cambio hay gran cantidad de mesas de madera para 2, 4 y hasta comunitarias. Acompañan sillas de madera en negro y en rojo, con un diseño certero y minimalista como el ambiente. Lo importante es la atención (muy amena) y el café, por supuesto.

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El lugar no maneja una carta, pero si unos pizarrones en donde explican a la perfección qué es lo que ofrecen. El sistema consiste en pagar en caja y te llaman para retirar tu pedido en la barra. Cuentan con Take-away.

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Se destaca la higiene y la limpieza del lugar, asombrosamente cuidado, una rareza en estos días.

En cuanto a los productos, están presentes todos los tipos de cafés calientes que se acostumbra en la cafetería de especialidad, respetan lo tradicional y las costumbres del barrio, con opciones que se pueden adaptar al gusto del cliente. Hay espressos, capuccinos, frappes, lattes de todo tipo (hasta el tan afamado matcha latte) y en cuanto a filtrados solo el cold brew de la casa (por ahora).

Para acompañar o comer, ensaladas, sándwiches, tortas, roll de canela, medias lunas, pan de queso (bollería horneada en el lugar). También licuados, gaseosas, aguas y tés.

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Nos pedimos unos espressos. Origen Brasil, Minas Gerais, 1050 m. de altura. Aroma interesante a chocolate y madera-terroso. Cuerpo medio, buena crema dorada normal y persistencia adecuada. En boca, un café equilibrado, amargor balanceado, picoso, chocolate, bastante complejo, con poca acidez (seguramente por al atura media-baja del cultivo del grano) que aparece cuando se va enfriando la bebida. Muy rico.

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Nos contaban amablemente el dueño y los baristas que es un café que les proporciona la firma La Motofeca. Les gustó esta variedad de Brasil por su adaptabilidad y equilibrio en cuanto a características organolépticas. Con el mismo tipo de grano, pero con un grado de tueste menor fabrican su Cold Brew de 12 horas de extracción que tuvimos la oportunidad de probar y tiene una frescura y sabor de los mejores en términos de filtrados en frío.

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Gran sorpresa saber que el buen café zarpó hacia los barrios, en donde todavía se necesita de la ardua tarea de mostrar todas las riquezas del café de especialidad. Bote Café con sus casi seis meses de edad, lo logra con creces, con productos de calidad y un concepto de local superador. Altamente recomendable para los amantes del café del bueno.

 

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Bote Café

Av. Callao 477 (San Nicolás)

CABA.

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