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MOSCATO, OTILIA Y FAINA: la planificación de la hamburguesa

 

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A veces hay que moverse para buscar lo bueno, lo que a uno le llegue y le haga feliz. Así emprendimos un viaje de 56 km con rumbo a “la ciudad de las diagonales”. Cuando al arquitecto y urbanista Pedro Benoit se le encomendó la planificación de la ciudad de La Plata a fines del siglo XIX, su Departamento de Ingenieros creó una cuadrícula que ocupa 25 km cuadrados, la cual contiene numerosas avenidas y diagonales. Desde la perspectiva de las aves es un cuadrado perfecto, con cuadrados más pequeños encerrados dentro de él y atravesados en perfecta simetría por calles diagonales que se dejan caer en plazas formando rombos perfectos y equidistantes.

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Cuenta con un punto central, Plaza Moreno, a partir de donde se disparan dos diagonales que atraviesan de norte-sur y este-oeste toda la cuidad. El trazado de las calles tanto de norte-sur como este-oeste se compone de calles, que cada 6 cuadras se transforman en avenidas. Las intersecciones de las avenidas abren lugar a plazas y parques de las cuales también se prolongan dos diagonales menores quedando las plazas y parques intersectados por dos avenidas y dos diagonales. Una avenida de circunvalación bordea la ciudad, formando las aristas perimetrales de este cuadrado ideal que consistió en el plano urbano original e incluye cuatro avenidas curvas que evitan los vértices del “cuadrado”, llamadas Boulevards. Este romántico y perfecto diseño hace a la construcción más que original en cuanto a la urbanidad de esta ciudad y un modelo de planificación.

Una de las características que identifican a la misma son sus calles numeradas facilitando (para los foráneos es otro tema) la ubicación de los caminantes y conductores. Los diferentes tipos de calles fueron pensadas para que queden identificadas con bandas de colores formadas por las baldosas de las aceras. Los diversos colores dan a conocen calles pares e impares.

Otro aspecto planificado fue la disposición de los árboles. Se plantaron estratégicamente distintos tipos de estos para diferenciar las calles, avenidas y diagonales: tilos, jacarandas, arces americanos, naranjos, palos borrachos, etc., para que, entre otras cosas, las personas con algún impedimento visual pudieran orientarse a través del aroma de los árboles. Un nivel de adelantamiento envidiable.

Eso sí, para unos sencillos gorditos porteños que arriban por primera vez a la ciudad, la experiencia concurre a atravesarnos como cien diagonales que ni el mismo Euclides, como padre de la geometría, podría imaginar. Las calles con números, las diagonales con números, las casas con números y los colectivos de cifras impronunciables, podrían ser el paraíso de un aritmomaníaco, y para los platenses es su día a día y algo que engalana a la ciudad. Por suerte aún conservamos el olfato; fuimos a buscar hamburguesas y para eso no hay números que se interpongan.

Pateando números y baldosas hemos descubierto muchas zonas de restaurantes, comida callejera y fusión, cervecerías y espacios culturales. Nos encontramos con una gran ciudad con una gran actitud. Logramos visitar varias cafeterías de especialidad (esa aventura quedará para otra reseña), pero ayer fuimos a disfrutar de la celebración del cumpleaños número cuatro de una hamburguesería casi de culto en la ciudad: “Moscato, Otilia y Fainá”.

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Las expectativas eran grandes, por comentarios, por fotos, por el largo trayecto que nos hacía idealizar aún más estos nuevos sabores para nuestras papilas. Cabe aclarar que esta hamburguesería dispone de dos locales, uno con delivery y take away, y otro, donde se venden los mismos productos, inserto dentro de un patio de comidas llamado El Callejón.

El Callejón es un proyecto innovador, a la manera de un enorme predio conformado por un amplio pasillo central, rodeado por un lado y al fondo por pequeñas cabinas desde donde se expenden diferentes tipos de comidas y por el otro, mesas altas con comodidades para disfrutarlas. Como un patio de comidas casi al aire libre o bien un playón de food-trucks sin camiones. El sistema de expendio, y de ahí la innovación, opera a través de una caja central, ubicada cerca de la entrada en donde uno carga el dinero que considera que gastará a cambio de un ticket, desde el que se descontará (número de DNI de por medio) lo consumido.

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“Moscato, Otilia y Fainá” se ubica a mitad del pasillo, aunque el aroma se distingue desde unos metros antes. En su cumpleaños, decidieron hacer su festejo, agasajando a sus fans con un descuento del 50% en todas sus burgers. La convocatoria fue multitudinaria.  Una larga cola de más de 50 metros permaneció dinámicamente durante un par de horas, sin desbordes, con alegría y hasta con una degustación de bocaditos dulces para almibarar la espera y una gran atención (algunos con colas enormes y tiempos de espera muy incómodos deberían venir a aprender a LP).

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Nos decidimos por lo clásico: la cheeseburger tradicional y la opción becon & cheddar. La carne proviene de un solo corte, tapa de asado, con un tratamiento correcto, el punto exacto que a todos nos gusta y un sabor realmente exquisito. El pan no solo es rico, sino que se lo ve rico. Tiene la miga exacta, la continencia justa, el sabor preciso que se aprecia en el conjunto sin obstruir el gusto de la carne (con un dejo a pimienta sabroso) y del queso y aportando un valor extra al conjunto. El cheddar abundante y el bacon de buena calidad y cocción. El complejo entra dentro de la infrecuente categoría de “no quiero que se me termine” para calificarla en pocas palabras. Si bien todavía nos queda degustar opciones con más toppings, dobles o hasta la que viene entre dos donas, con la siempre combinación carne-queso-cheddar (pensamos que con estos breves ingredientes debe saltar a la vista y al paladar el concepto gastronómico y la realidad del sabor), esta hamburguesería, pasa a ubicarse bien arriba en nuestro ranking subjetivísimo y virtual.

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Entendimos que la enorme convocatoria a través de las redes sociales no obedecía apenas al 50% de descuento, sino que la gente quería participar y saludar a quienes durante 4 años se dedicaron a estudiar, planificar, experimentar, y perfeccionar un producto que tiene sus fanáticos cada vez más exigentes. La Plata es planificación, simetría, inclusión y buen gusto. Moscato, Otilia y Fainá, como excelente exponente de la ciudad, cumple a la perfección con su origen. Nos contamos desde ya entre sus clientes, aunque debamos viajar varios kilómetros para disfrutar sus Burgers hasta que se decidan a arrasar con muchas de las “consagradas” e hiperpublicitadas hamburgueserías porteñas.

 

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Moscato, Otilia y Fainá

Calle 10 nro. 725 entre 46 y 47

La Plata (Bs. As.).

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URBAN BURGESS: the beast burger bar?

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En un ámbito tan competitivo como lo es el polo gastronómico de Palermo, con sus restaurantes, pubs, cervecerías, cafeterías, cada vez más abundantes, tener una buena ubicación, una ambientación perfecta, una atención correcta no son suficientes si el producto que se ofrece no alcanza lo mínimamente esperable.  

 En calle Gurruchaga, casi en la esquina de Cabrera una atractiva cartelería decora la fachada de una casona reciclada en la que se erige Urban Burgess, muy al estilo de las hamburgueserías de otros lugares en donde el culto a la hamburguesa es algo serio. La barra iluminada con colores nos invita a elegir entre las abundantes variedades de burgers, panchos, ensaladas, las que se pueden solicitar solas o en combos de precios normales.

 

 

Llegamos alguno tiempo antes de la hora pico y nos dispusimos a observar los detalles de su ambientación. Paredes decoradas, algunas con carteles luminosos, varios sectores de barras, sillas y mesas altas, algunas bajas y comunitarias, con iluminación sectorizada. Un local bastante grande que a medida que pasaba el tiempo fuimos aprendiéndonos de memoria. Porque el tiempo pasa y aunque los comensales no entraban la comida no venía. Pedimos dos de las opciones de carta, una con doble cheddar, doble panceta y huevo a la plancha. Otra con jamón, queso azul, cebolla caramelizada (endulzada mejor dicho) y rúcula. Las íbamos imaginando a medida que los minutos corrían y corrían.

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Luego de casi 30 minutos, la realidad vino sopapeando las ilusiones que aún permanecían frente a la enorme mesa de madera lustrada. Las sillas altas, las mesas grandes, el espacio amplio y los techos altos fueron el espejo mal regulado de lo que la camarera dispuso frente a nuestros ojos.

 Lo primero que se veía era el pan, tambaleando en la soledad de su especie, llevándole una amplia ventaja al medallón apelmazado de carne que ocupaba a penas un centro tímido, como escondiéndose entre el manojo achicharrado de la rúcula y los pedazos ingentes de panceta mal cocinada, dando al conjunto una sensación de tristeza inconsolable. Todo lo que no es deseable en la confección de una buena burger parecía haberse respetado a rajatabla como si fuera un manual de instrucciones leído al revés. El pan (si bien tenía buen sabor) no contenía el combo y venía sin tostar. La carne había sido amasada con saña, dando como resultado una textura maciza similar a un pan de carne recocido, sin gusto a carne sino a condimento. En el cartel decía doble panceta, y era doble o triple no tanto en cantidad sino en grosor. Imposible de comer sin riesgo coronario. Tendría que haber venido con un stent incorporado. Los otros trozos estaban demasiado duros o demasiado gomosos. El queso tenía poco sabor y no aportaba nada al conjunto.

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Las papas fritas (estilo bien casero) no estaban mal. Algo húmedas pero aceptables en sabor. Los aros de cebolla tampoco estaban mal, aunque el pan rallado les resta la suavidad que tendrían si el empanado hubiera sido con harina. Elecciones personales.

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Como reseñistas gastronómicos nos hemos impuesto destacar los buenos lugares para recomendar, porque entendemos el esfuerzo que cuesta instalar y mantener un buen negocio para brindar un servicio para el esparcimiento de otros. Sin embargo, cuando la experiencia no es buena también somos conscientes de las variables instantáneas que pueden oscurecer el servicio. Un mal horario, un desborde de clientes, la ausencia de algún puesto clave del personal, todo es entendible y a cualquiera le puede ocurrir. Es por eso que la mayoría de las veces reseñamos después de la segunda o tercera visita. En este caso, los errores fueron tantos que nos pareció señalarlos porque el lugar, la ambientación, la atención fueron tan buenas que sería una pena que, por cuestiones mejorables, el esfuerzo dedicado pudiera perderse. Las fotos reseñan por si solas.

 

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Urban Burgess

Gurruchaga 1417 (Palermo)

CABA.

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