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CAMINO MOTOR COFFEE: restaurante motoquero o el abrumador instante de recuerdos motorizados

Un buen menú, sencillo, pero bien pensado, un camino. Y el camino nos lleva a San Isidro, a la ribera del Río de la Plata, donde por la calle Primera Junta, un pequeño polo gastronómico se eleva como un faro apuntando hacia la costa (ese mismo faro en el que hoy funciona una heladería).

En un hangar enorme, plagado de curiosidades modernas y antiguas, motos y más motos, chucherías y mecanismos, rodados y juegos de azar del antaño querido, escaparates, luces que ambientan un aroma a pasado y presente fierrero, se impone Camino Motor Coffee, con un rastro de taller de motos de las buenas.

Allí hay lugar para una barra suculenta con tragos inspirados en la nocturnidad misma, una cafetera Saeco semiprofesional que asoma detrás de su propia barra como promesa de buen café (aunque no lo probamos). Estanterías y vitrinas con cascos, curiosidades, juguetes, gorras, recorren el gran salón de techado abrumador culminado por chapas arqueadas dando la sensación de estar en un gran taller donde se oculta alguna nave alienígena o las mismas vicisitudes del tiempo. La turba de mesas, sillas y sillones cómodos salpicadas por todo el ambiente es interrumpida por motos de exposición y demás objetos legendarios y alguna que otra chatarra pintoresca. Hay un primer piso con más novedades y un salón aparte, con juegos como el sapo, flipper, tejo y metegol para recordar otras épocas. De noche, con las luces en su esplendor debe ser una sinfonía de estímulos sensoriales, que nuestra hora de visita no nos dejó apreciar. En esta época un lugar así de ecléctico es poco menos que cautivador.

La comida es bien sencilla, wraps, una docena de platos principales elaborados, bastantes hamburguesas, ensaladas, finger food en general, cervezas tiradas, gaseosas, tragos y aguas. Las burgers son motoqueras y esto se observa desde su presentación con un pan cuadrado y casi de otro tipo de plato (inferimos que no usan siempre el mismo, y además nos contaron que la noche anterior quedaron detonados por tanta cantidad de gente y no tenían algunos ingredientes, bien por avisar). El medallón es decente no muy amasado, de buen sabor, con toppings bien pensados (simple con cheddar, huevo y cebolla y otra con brie, rúcula, originales papas pay de buen sabor), y con un pan que no resistió del todo la humedad global (un punto a mejorar). En definitiva, una buena Burger que podríamos categorizar como de paso o motoquera (una parada obligatoria para los fans de las dos ruedas).

También nos deleitamos con sus quesadillas de pollo acompañadas con verdes y guacamole, de buena masa y exquisito relleno. Una ensalada completísima estilo italiano cumplido muestra buena experiencia gastronómica general.

La cocina tiene sus platos fijos, pero van agregando o sacando platos especiales y bastante sofisticados por períodos y los findes hacen algunas delicias al horno como pizzas a la leña ya que recientemente armaron un hermoso horno de barro y ladrillo que emerge como un domo (un Sauron que nos mira con su ojo) en la parte posterior del salón.

No nos queda más que decir que fue una grata experiencia, en un lugar que se asemeja a un museo con retazos de circo, salón de antigüedades y cruza con taller mecánico, pero es ni más ni menos que un restopub que no los va a dejar de asombrar cuando entren y se pierdan en cada instante de recuerdos motorizados.

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Camino Motor Coffee

Primera Junta 1118 (San Isidro)

Buenos Aires.

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MENENGA RESTAURANT: la revelación de la hamburguesa de oro

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Quizás un presagio, un vaticinio, una gema en un camino que empezamos este año, siempre en busca de lugares de excelencia, pues cuando se paga por un plato en gastronomía es bueno que la devolución tenga calidad, que haya un diseño de carta, buenos productos y por supuesto una atención perfecta. Si no, para los que nos defendemos al cocinar, nos quedamos en casa y se termina la historia, la reseña y la receta de turno. Puede ser un hallazgo, un local cuya apertura fue hace poco más de un mes, en Caballito, en las cercanías de la cancha de Ferro, en un pequeño polo que se formó en pleno barrio. También, y como una maldición/bendición queda a 8 cuadras de donde practicamos el arte del bonsái (si también somos fanáticos de eso), por los que no nos queda otra que aseverar que, en el mejor de los casos, es una revelación…

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Inserto en una cuadra bien de barrio, la fachada de Menenga Restaurant no impresiona más que la de un restó moderno. Al entrar se abre camino un pequeño living para 6 personas (sillón incluido), que se antepone a una cocina abierta que incluye una barra con varios asientos. Contiguo, formando una L con la cocina, sigue el salón tipo bodegón actual, onda industrial con parciales ladrillos a la vista y cemento desgastado estilo rústico. Cuenta con 3 mesas para 4 personas y 3 mesas para dos comensales. Luces intimistas. Una gran vidriera hacia el exterior. Buena música y gran ambiente, curioso y cómodo.

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El chef tenía un proyecto a puertas cerradas llamado Arengreen, un proto-Menenga que lo catapultó a la apertura de este nuevo bistró.

La atención es muy cordial, por gente joven (incluido el chef). Ambiente descontracturado sin dejar de ser muy profesional y sumamente cuidado.

El menú cuenta con pocas recetas que son originales, a los que se suman platos del día (Goulash con spätzle o panceta ahumada envuelta en entraña más batatas pay con salsa de queso azul). Divididas en platos chicos o entradas, platos grandes estilo bodegón/minuta, 3 burgers o sándwiches, postres, bebidas y tragos (acotadamente eficaz, para qué complicarse).

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El sistema de servicio es en mesa por mozo y también cuentan con take away (tipo vianda). El tiempo de espera fue adecuado.

Para beber hay gaseosas, cervezas, vino, tragos, soda de sifón (a la vieja usanza).

Pedimos hamburguesas, las dos de la carta. Una Doble Bacon con queso cheddar (le sacamos los pepinillos) y la otra, Doble Oklahoma (un estilo americano con cebolla cocida junto a los medallones, también con cheddar). Ambas servidas en lajas de piedra negra.

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La carne es excelente, buen punto, poco condimentada, un gramaje genial y muy jugosa. Sumamente llamativo es el Pan que realizan en el lugar, elaborado a base de zapallo Cabutia, el cual le otorga un color dorado/amarillento a la miga y corteza que abrazan al Patty (la hamburguesa de oro). Es esponjoso, sostienen muy bien el contenido, y le brinda un toque dulzón al conjunto. Muy original, destacando mucho por sobre otros lugares.

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Los toppings son muy buenos, queso excelente, panceta con un buen dorado y llevando un relish sutil de pepino que le daba un gusto global soberbio. Vienen con papas fritas que acompañan bien.

Nos sorprendió muchísimo el sabor del conjunto, con un pan que aporta un toque distintivo y una carne realmente sabrosa, entrando para nuestro gusto en un lugar bien alto en nuestra tabla virtual de hamburguesas/hamburgueserías.

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Además del plus de contar con otras variantes en cuanto a platos, se evidencia un restaurante con pensamiento gastronómico por parte del chef, sumando así originalidad y técnica a las preparaciones. Nos falta probar otros platos por los que regresaremos.

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Realmente un hallazgo y creemos que es, sin dudas, la sorpresa hamburguesina en lo que va del año para nuestro gusto y humilde parecer. En una zona en crecimiento gastronómico, destacan por sus productos frescos y elaboración sumamente cuidada. Calidad más atención más sabor más originalidad: una total revelación para no ser un lugar dedicado solamente a las hamburguesas. ¡¡¡La de oro garpa!!!

 

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Menenga Restaurant

Espinosa 480 (Caballito)

CABA.

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PARIS BURGER: La reinvención de la hamburguesa.

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Si sos de los que piensan que un buen Burger es una rodaja triste de carne aplastada, con una feta de cheddar encima y un poco de kétchup intentando ablandar un pan seco que la esconde, no pases nunca por la esquina de Suipacha y Perón. Si lograste dar un paso más allá y te volcaste a las hamburguesas tipo caseras con un poco de cheddar, un buen pan y algunos ingredientes y aderezos raros servidos en locales con mucha onda y cervezas de orígenes diversos, permanecé allí. Es tu lugar en el mundo. Los americanos robaron la hamburguesa y la casaron con su propio queso como si ese matrimonio fuera indestructible (aunque se dan algún que otro permitido y se abren a la panceta), y usan la barbacoa como el lubricante universal que intenta penetrar la lujuria más desconsolada. Y en ese momento es cuando entra en acción Paris Burger para rematar las supuestas delicias de una pareja en vías de jubilación.

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Allí no vas a encontrar un local amplio en donde puedas enchufar tu Macbook y permanecer debatiendo los pormenores de la política vernácula. Tampoco podrás usar el baño porque no lo hay. En cambio, de este lado de la barra vas a disputarte alguna de las pocas sillas altas que cuando logres sentarte aún estará caliente por el trasero del cliente anterior y del otro lado, en medio de una tímida decoración que tiene gusto francés, vas a toparte con personas amables, que siempre están dispuestos a atenderte (aunque el franspañol es el idioma que predomina), para tomarte el pedido y fundamentalmente para cocinarte.

Entendiste bien, cocinarte. Porque en Paris Burger nada está hecho de antemano. Si vas en hora pico vas a tener que esperar tu lugar. Nosotros fuimos a las 2 de la tarde, no esperamos casi nada, y hasta tuvimos oportunidad de intercambiar algunas palabras con el chef Christ Arrighi, el hombre con menos stress del mundo. Porque sabe lo que hace y lo hace con alegría.

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¿Cuál es la propuesta de Paris Burger? 4 variantes de hamburguesas clásicas y 6 de estilo francés. Hay carnes de res (de tres cortes diferentes, en un blend propio de roast beef, lomo y alguno de turno que aporte grasa), cordero patagónico y búfalo. Todos los medallones pesan 200 generosos gramos. Si hablamos de quesos, tenés para elegir como si estuvieras en una sobremesa de un elegante restaurant de la avenida Champs Elysses, queso camembert negro, morbier, reblochon, tomme (una joya), brie, roquefort, cremoso y también cheddar. La panceta es ahumada artesanal, nada que ver con la que comprás en el Jumbo como si fuera excelente. Hay cebollas caramelizadas preparadas como se debe (no con un montón de azúcar como lo hacen en otros lugares), diferentes salsas propias (Víctor, Gustave, masala, etc), especias indias, mostaza de hierbas, etc. También lugar para aderezos picantes y una Dijon sumamente especial. Y si de papas se trata, las tradicionales, con piel y otras variantes (probá las de panceta con cebolla caramelizada o las “des aravis” con jamón crudo y reblochon). Para entretenerse.

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Si te parece muy sofisticado, permitite la licencia de probar. Nosotros pedimos la Quartier Latin (queso tomme, panceta ahumada artesanal, salsa masala, la original con 200 gramos de cordero patagónico), aunque con carne de res porque se había terminado la otra. El queso le aporta un sabor sublime (posiblemente una de las 2 o 3 mejores hamburguesas de Bs. As).

La Eiffel (queso reblochon, lard o manteca de cerdo, rúcula, echalotte, culatu o salsa a base de tomates, salsa Gustave). Un ahumado que abraza y deja lugar para la amalgama del resto de los sabores.

Y la Lyonnais (salsa de mostaza a las finas hierbas, panceta, cheddar, cebolla caramelizada de excelente calidad). En nuestra opinión una de las más sobresalientes del segmento “tipo americana”.

Acompañamos con papas tradicionales y las “parisienne” (con queso roquefort, panceta y cebollas caramelizadas), con una combinación de sabor agridulce que casi nos hace llorar (de alegría, claro).

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El pan artesanal es brillante, esponjoso, contenedor, no se desmigaja y dura todo el tiempo que tardás en comerte la burger. La carne sale en su punto exacto, jugosa por dentro y con una cocción perfecta por fuera. El logro de cualquiera de las opciones es que todo entra en la boca de manera equilibrada, pudiéndose degustar cada uno de los ingredientes de manera separada y en conjunto siguiendo una armonía pocas veces experimentada en este tipo de comidas. Nada sobra y nada falta. El queso se siente, la panceta tiene la crocantez justa, las salsas son adecuadas y balanceadas. Desde la primera mordida te sentís privilegiado de poder experimentar esta orquesta de instrumentos perfectamente afinados. El único inconveniente es que después de masticar el último bocado te invade una sensación de tristeza, como si el mundo perdiera su sabor.

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¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por semejante experiencia? No te asustes, la relación calidad precio es irrisoria. Los precios varían entre 120 a 160 pesos cada hamburguesa. Las papas 80. Ojo, las bebidas también están a buen precio. Tenés opciones de cerveza artesanal e importada (envasada), gaseosas, aguas y limonadas artesanales muy sabrosas.

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¿Y cuál es el secreto del éxito? Productos de excelente calidad, recetas pensadas concienzudamente y elaboradas por un profesional que ama lo que hace. Nada puede fallar.

Muy difícil de comparar con otras hamburgueserías ya que es un estilo y concepto diferente. Está en un podio virtual por sello propio. ¿Lo llevarán a otros barrios?

Bon appétit.

 

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Paris Burger

Suipacha 180 (Microcentro)

CABA

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hamburguesas

ABOCADO CANTINA: Hamburguesas y algo más…

 

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A pocos metros de la Avenida Pueyrredón, por Calle French encontramos algunos comercios que alternan con edificios y viviendas típicas del barrio de Recoleta. “Abocado Cantina” se destaca en su cuadra por su fachada sencilla, pero a través de un amplio ventanal intenta mantener presente su pasado de casa reciclada.

 Si bien la estética de su ambientación (barra y mesas con sillas muy altas, mucha madera y hierro negro, un muy lindo patio trasero, techos altos) no difiere de las demás hamburgueserías actuales, Abocado no es solamente una “hamburguesa”. En su carta aparecen wraps, ensaladas, rabas y variedades de papas fritas, algo que no es fácil encontrar en otros restaurantes de su especie. Otra de las innovaciones que descubrimos es que todas sus opciones de hamburguesas se acompañan de una guarnición de coleslaw al plato, de excelente preparación y que sabe fresca, con el equilibrio en aderezos y crocantez.

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Hay opciones de menú ejecutivo, una especialidad que cambia una vez por semana (nos quedamos con las ganas del Benedicto, asomaba muy bueno) y ocho variedades de Burgers en pan tipo brioche, con opciones de pollo, salmón y vegetarianas (lentejas) son presentadas personalmente por uno de sus propietarios de manera muy agradable.

Curiosidad: en una de sus paredes destaca un cuadro de honor con los pocos valientes que con su apetito superaron una megahamburguesa múltiple, un reto de Abocado.

 El pedido se toma en la mesa, lo cual puede ser muy ventajoso para los que nos disgusta elegir la orden frente a un cajero y tratando de enfocar la vista desde un lejano y exiguo pizarrón. La carta de bebidas incluye gaseosas (en lata), agua y cuatro canillas de cerveza artesanal (la próxima las degustaremos).

 El tiempo de espera es el adecuado, teniendo cuenta que la visita fue pasado el mediodía, resultó bastante rápido.  No hay aderezos en las mesas porque están donde deben: en la HELADERA.

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Probamos la Ámsterdam (carne de 180 gr., hongos, cebolla morada, tomates confitados, queso azul, queso cremoso y rúcula) y la Jimbo James (carne de 180 gr., cheddar, panceta, BBQ, cebolla caramelizada, sweet relish y rúcula) y un cono de papas. El pan de excelente sabor (la miga se desgrana un poco más de lo aceptable) acompaña la experiencia en boca. Nos contaron que era una nueva receta.

La carne estaba en su punto exacto (dentro de la subjetividad en este tema las pedimos apenas un poco más que “a punto”), con poco amasado, jugosas y sabor muy logrado. El equilibrio de la Ámsterdam es excelente: cada ingrediente parece estar armonizado con el otro, de tal manera que ningún sabor sobresale del que lo acompaña. El contraste de la rúcula (fresca y crocante) con el queso cremoso es más que original. Los champiñones tal vez no influyen demasiado y el queso azul es suave, nada invasivo. Quizás una de las mejores hamburguesas del segmento “blue” (queso azul, champiñones, etc.). En el caso de la Jimbo James (y esto es un gusto personal), los sabores de la barbacoa y el relish se encontraban demasiado presentes, ocultando un poco a la carne y especialmente al cheddar que apenas parecía insinuarse. Se podría pedir sin la BBQ (parece haber una manía muy americana de ponerle mucha barbacoa a las hamburguesas, modas) y agregarle luego a gusto. En líneas generales una buena hamburguesa.

 

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Jimbo James

Las papas fritas estaban correctas aunque al servirlas en recipientes altos de metal, la evaporación no se produce y si no se comen rápido, el vapor se acumula en la papa frita, ablandándola. Se pueden pedir algunos aderezos artesanales que acompañan bien (kétchup con morrones, por ejemplo).

 

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Abocado cantina

En resumen, hay opciones para todos los gustos, en un ambiente agradable que invita a regresar. Rescatamos la atención personalizada, la calidad de los productos, la rapidez, ser atendidos en una mesa (casi un milagro hoy en día) y la relación precio/producto, lo cual resulta muy conveniente cuando se quiere salir a comer en familia. ¿Las hamburguesas? Bastante arriba en el ranking, para nuestro gusto obviamente.

 Nuestra recomendación: la Amsterdam, equilibrada, apetitosa, sin necesidad de agregarle ni quitarle nada.

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“ABOCADO CANTINA”

French 2316 (Recoleta).

CABA.

 

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LA VERDAD DE LA HAMBURGUESA

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La historia de la hamburguesa es un tanto confusa, mítica y disputada entre la ciudad alemana de Hamburgo y los Estados Unidos.

Dicen los que saben que el antecesor natural de la hamburguesa que conocemos hoy día nació en algún o algunos bares de comida de Hamburgo hacia finales del siglo 19. Ese sándwich de carne de cerdo que sobraba del día anterior, y que servían entre dos panes redondos con algunos vegetales, pudo haber sido el inicio de una de las comidas más populares del mundo. Este sándwich, luego llamado filete de Hamburgo, se trasladó a USA junto con la inmigración alemana. Y al parecer en las ciudades portuarias, este filete alemán fue adoptado por algunos establecimientos de comida al paso, creando así la tan afamada hamburguesa americana, donde a la carne de vaca picada y sazonada se le agregaban vegetales, panceta, quesos y salsas, que daban las ventajas de comerse rápido en parates laborales y también se podía ir degustando por la calle. Esta protohamburguesa hacia principios del siglo 20 ya era furor en Estados Unidos y se distribuiría fácilmente por el resto del mundo.

Hoy este famoso sándwich alemán/americano conquistó hace varios años, tanto las cadenas de comida rápida (principalmente) como algunos restaurantes de cocina gourmet, así como también hamburgueserías especializadas en ese único producto (la última ola en concepto de hamburguesas) con sus múltiples variantes y agregado de toppings (ingredientes) exóticos y combinaciones que uno nunca acaba por terminar de descubrir, lo que puede ser maravilloso o resultar tedioso.

En la actualidad hay mucha demanda de hamburguesas, mucha oferta de puestos especializados, pero nuestra pregunta (y quizás el disparador para crear esta página) es si hay calidad. No todas las hamburguesas son preparadas con poco amasado de la carne, con los condimentos justos, con vegetales y quesos de calidad, con una cocción ideal; no todas tienen ese gusto a carne característico que uno idealiza, y pretende de manera subjetiva también.

En busca de hamburguesas de calidad y por qué no otras comidas, cafés, bollería, etc., intentaremos recorrer distintos establecimientos de comidas; no queremos gastar en malos productos (sí, vamos a hacer críticas, pero vamos a pagar por los productos), disfrutar las comodidades del lugar, patyando Buenos Aires; porque siempre nos preguntamos lo que vos te preguntás: “¿dónde vamos a comer?”

Nuestra idea es diferenciarnos de las demás páginas de Burger, proporcionando la mirada de un consumidor nato del producto (que es lo que somos) y no la de una página publicitaria o exagerada en cuanto a virtudes o defectos, evaluando, según nuestra lupa, tanto los esfuerzos del local como los del cliente para vivir esta experiencia.

Bienvenidos!!!

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