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HELLO FRANK: la alternativa fiel.

 

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Entre los límites de Boedo y Caballito no todo es la afamada hamburguesería de culto con nombre de bebida alcohólica. Queda lugar para otras propuestas de nivel. Fieles a nuestro leit motif llegamos a Hello Frank patyando y nos fuimos de ídem manera. Como muchas es una esquina de casona restaurada para su función de hamburguesería, con grandes ventanales, letrero con bombillas luminosas de la marca, varias mesas afuera acordonando el local y mucha onda desde la entrada. Llegamos temprano, pero había gente, luego se fue llenado, aunque no es tan congestionado ni caótico como otros lugares.

Dentro un amplio local, de techos estilizados, muchas mesas altas y bajas, para todos los gustos, sillas cómodas, paredes con ladrillo a la vista, de corte industrial, entre lo moderno tipo cadena y lo original ecléctico, con impronta de casona, como aspirando el barrio. Toda la moda cerveceril. Cuenta con un buen aire y una gran cocina a la vista donde se puede ser testigo de todo lo que preparan.

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Muy buen ambiente en general y excelente música. ¿Qué más? Si hay buena comida es un golazo.

La atención es muy correcta, personalizada con camarera que te sirve en la mesa, donde cuentan con servilletas y salero.

En la carta tienen hamburguesas varias, hasta veganas, wraps, ensaladas, y en termino de bebidas, cervezas tiradas Patagonia y otras marcas, pomeladas y limonadas, además de gaseosas claro.

Nos pedimos una Cheese Burger y una Clásica, cada una venía acompañada con fritas, y para beber una jarra de limonada con romero y miel (excelente bebida, marida muy bien).

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No tardaron en entregarnos el pedido más de 10 minutos y nos acercaron un cajón con los distintos aderezos originales: kétchup, mayo, alioli, cebolla agridulce, remolacha y zanahoria (todo casero).

En cuanto a las papas de estilo rústico, doble cocción, corte grueso, eran normales y abundantes, con algunas excepciones un poco crudas.

El pan de la hamburguesa todo un hallazgo, buena miga, buen gusto (rico) y sostenedor (de los mejores que hemos probado, top 5).

La burger viene junto con las papas en bandeja de loza muy canchera.

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En cuanto al Patty propiamente dicho (justo le preguntamos a una mesera vegetariana que nos averiguo amablemente, un colmo muy gracioso), es un blend de la casa: roast beef, picaña y nalga. La carne sale con el punto justo, se siente el sabor profundo en boca y con un regusto a pimienta que le va muy bien. Un poco amasada para nuestro gusto. Un medallón alto de 180 gramos, verdaderamente sabroso.

La Cheese con kétchup no invasivo (¡por fin una!), mezcla muy buena con el cheddar de calidad y los demás quesos. Buena combinación en general. Rica.

La Clásica, buena mixtura con queso filante, cebollas en su punto. Típica burger con lechuga y tomate, con un interesantísimo topping de mayonesa al chimichurri. Buen gusto.

Como balance precio calidad es excelente.

Cuentan con happy hour de cervezas martes y miércoles de 18 a 20.30 hs. Y también con take away.

Quizás sin estar entre las de la cima de la tabla de las Burger, tuvimos una muy buena experiencia, tienen un buen producto y seguramente cada vez será mejor, gran atención, propuestas originales y un excelente ambiente. Probá perderte una tardecita por las callejuelas de Caballito y encontrá a Hello Frank, vas a saber de qué hablamos…

 

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Hello Frank

Doblas 601 (Caballito)

CABA.

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DELLEPIANE BAR, entre el sonido y la furia.

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Da la impresión de que en cualquier momento pasará una carreta destartalada o algún paisano dejará su caballo atado al palenque imaginario del frente de la pulpería. Y es que el Pasaje Dellepiane conserva algún resto perdido de una Buenos Aires de lustroso empredrado y un ritmo no tan vertiginoso como el de ahora.

Dellepiane Bar es una mezcla de pasado y presente, en la mitad de un pasaje de los pocos que quedan, en donde los ruidos del mediodía se zambullen en la buena música que se deja escuchar paredes adentro. Ambiente penumbroso, casi oscuro, con aires de bodegón reciclado; muchas mesas muy juntas, un desnivel elevado con sillones más cómodos. Un dibujo del inmortal Luca nos pone a tono con el bullicio y el soportable calor que se vive en el ambiente de fonda del pasado. Vértigo de mozos que esquivan los estrechos espacios entre las sillas sin molestar a nadie y con la amabilidad que el apuro exige, nos lleva a detenernos en la carta, tan informal como el lugar. Apenas unas hojas plastificadas sostenidas por un aro se despliegan ante los ojos, ofreciéndonos las diferentes opciones de burgers, para todos los gustos, desde la “Clásica” con aires bigmakianos hasta las inefables “Veggies”, pasando por las de la zona de México (El Paso), con jalapeños y guacamole; las tendenciosas francesas (La Blu) con su queso azul o las italianas como la Alioli, en armonía con las más criollas con el agregado de chorizo asado. Todas ellas de 160 gr. servidas con papas caseritas.

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Es necesario mencionar la Doble Dellepiane con doble medallón, doble queso, doble panceta, cebollas y salsas varias que te hará salir de allí corriendo en busca de un donante de hígado, pero con gran placer.

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Si no te gustan las hamburguesas (mereces la pena de muerte), también hay otras opciones para picar: papas tuneadas, aros de cebolla, nachos con salsas diversas, jalapeños, nuggets, etc. y si optás por un sandwichito, tendrás algunos de pollo, o de milanesa o el pulled pork sandwich.

También hay opciones para la sed, cerveza tirada, algunas artesanales, aguas y gaseosas.

Pedimos una Bacon (panceta, huevo frito, pepinillo, queso cheddar, lechuga y tomate) y una Le Blu (panceta, hongos portobello grillados, queso azul, mostaza dijon, cebolla a la plancha). Llegaron bastante veloces, acompañadas de un tarro de metal con papas fritas.

La carne en su punto justo, nada roja y si jugosa, producto del mínimo amasado (yo le agregaría algunos gramos más para disfrutarla mejor), encerradas en un pan fabricado en el lugar, esponjoso y adecuado al conjunto. La Bacon conservaba todos los sabores de sus componentes, aunque el huevo pasaba un poco desapercibido (tal vez se olvidaron de agregarle un poco de sal), un poco por lo avinagrado de los pepinos que por momentos tomaban demasiado protagonismo. Una buena experiencia en la boca.

La Blu conformaba una buena combinación en boca entre la carne, el queso azul (que no ocultaba el sabor de los hongos) y en donde los condimentos acompañan, pero no obstruyen el sabor de todo lo demás. No pica en punta, aunque es una buena matahambre.

Un párrafo aparte merecen las papas. Normalmente cuando las papas fritas vienen en el combo, los cocineros no se esmeran en hacerlas bien. No es este el caso. Nada de olor ni gusto a aceite rancio; en su punto justo, ricas, crocantes por fuera, suaves por dentro y en buena cantidad para aquellos que tienen el TOC de alternar los bocados de hamburguesa y de papas. Nada sobra ni nada falta (de las mejores).

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En fin, un lugar tradicional que no pierde calidad con el transcurso del tiempo. Buena ambientación, algo ruidoso, te atienden rápido y bien. Aceptan tarjetas de crédito. Amplio rango horario. Ideal para juntarse con amigos. Aunque el ambiente es oscuro, por el ruido no es ideal para una velada íntima. Un lugar para volver con o sin romanticismo.

 

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Dellepiane Bar

Pasaje Luis Dellepiane 685 (San Nicolás)

CABA.

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