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CARNE: exaltación de las verduras

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Nunca es bueno comparar, pero es divertido.

No se discute que Jennifer Aniston y Jennifer López son dos de las actrices más hermosas del cine. La revista People las han distinguido con ese título en diferentes años. La revista Forbes las ha incluido dentro de las personalidades del arte más influyentes de las últimas décadas. Comparten un mismo nombre, un éxito parecido y son amadas por gran parte del planeta masculino y también femenino.  Sin embargo, hay algunas diferencias que las hacen únicas e irrepetibles: la Aniston es una rubia, cuyo glamour, discreta inocencia y estudiada ingenuidad la han hecho famosa dentro del mundo cool de principios de este siglo, siendo objeto de imitación de muchas chicas que aspiraban a su pelo siempre perfecto, a su aura angelical y por qué no, al hecho de tener al lado un rubio como Brad Pitt, un tanto insulso, pero extremadamente buen mozo. La López, en cambio, gana por ser la latina fogosa, de curvas irresistibles, cuya genética lleva ritmo y un conocimiento de todos los aspectos de la vida real, más allá de los cuentos de hadas.

Salvando las enormes distancias, las Burgers tampoco deberían ser objeto de correlación, aunque es gracioso compararlas. En los últimos tiempos, la oferta de hamburgueserías de la nueva generación nos lleva a darle una vuelta de tuerca al concepto del Burger como algo rápido, grasoso, sabroso y omnipresente en todo reducto callejero o semicallejero en las grandes ciudades. Es así como los típicos acompañamientos de queso derretido y verduras tradicionales se transformaron en “toppings” y los condimentos del Patty de cancha pasaron de la mayonesa caliente de pomo y la Savora de sachet, al alioli de cilantro, la mostaza de Dijon y la barbacoa Jack Daniels.

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Como último topetazo de glamour, llegó CARNE, de la mano de Mauro Colagreco, un chef superfamoso y reconocido que intenta combinar la asepsia de los productos orgánicos con el sabor de una buena burger, consumida en un templo preparado ad hoc. Es así como desde sus diferentes locales viene a ofrecer un producto cuidado desde los mismos orígenes. Pequeñas fincas productoras de verduras sin abonos, pesticidas ni cosas raras; carnes de la mejor calidad, panes artesanales, fabricados con el mejor esmero y una ambientación acorde al concepto.

Visitamos el local de San Telmo (en varias ocaciones), en donde se respira un aire de hamburguesería americana, muy limpia, en donde la ecología parece estar presente en todos los rincones. Mesas bajas, altas, mostradores pulcros, organización esmerada en las filas para cuando el local se llena y un patio ambientado como un quincho en donde disfrutar cuando hace calor. La cocina a la vista, empleados por doquiera para explicar y dirigir, y hasta un periódico propio en donde te comentan la política de la empresa mientras esperás tu orden. Una caja en donde te toman el pedido y un beeper con capacidad de vibrar te separan de los escasos 20 minutos que se toman en concluir tu deseo.

La oferta de hamburguesas es acotada, lo cual se percibe como una ventaja en comparación con ciertos lugares que ostentan largas listas de combinaciones de Burgers que no difieren mucho entre sí. Una clásica, otra completa, una opción choriburger, con hongo y caurtirolo y una vegetariana de girgolas de cultivo y queso grillado Halloumi (de la quesería Juan Grande). Poco y bien pensado.

A la hora de enfrentarnos con el producto, las paralelas comienzan a divergir. Es indudable que las verduras son excelentes, lechugas inmaculadas, como recién cortadas del interior del capullo, el tomate (no era época, por lo tanto, era una cuidadosa conserva preparada durante la estación correspondiente), sabía a tomate y olía como tal. El pan muy cuidado, miga exacta, contenedor, con la cantidad justa de semillas. Las papas, además de seleccionadas, tienen un proceso de triple cocción que las convierten en las verdaderas estrellas del lugar; aquello que hace que todo lo demás valga la pena.

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¡¿Y la carne?!

Un poco perdida en el conjunto, no difería mucho del típico medallón industrial, (de los buenos, pero industrial al fin), demasiado compacto para lo que estamos acostumbrándonos y aunque de buen sabor, resultó un poco seco.

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No decepciona del todo; pero uno espera un poco más, teniendo en cuenta la calidad del resto de los ingredientes. A la hamburguesa Homenaje al Queso (que preparan en ciertos horarios), le falta un poco más de queso para que el homenajeado se sienta agasajado. (No se puede hacer doble, ni agregar más queso).

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Los combos vienen sin condimentos (en muchos casos no hace falta), pero hay algunos potes esparcidos por el local: mayonesa de sabor normal, un kétchup de elaboración propia con tomates orgánicos y una mostaza de Dijon cuyo sabor a acetona no fue de nuestros preferidos a pesar de que muchos se enloquecen cuando la prueban.

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“Contra gustos no hay disputas” dice el tema de Serrat. Hay fanáticos de Jennifer Aniston y hay fanáticos de Jennifer López. Ambas son hermosas y si alguna tiene un poco de silicona en alguna parte del cuerpo, no se puede juzgar teniendo en cuenta que el conjunto es lo que debe importar.

CARNE es eso, por más que lo más flojo sea justamente el ingrediente que le da nombre al lugar, la experiencia global es buena. Destacamos el cuidado en los detalles, la limpieza, la atención correcta y la calidad de sus productos (en especial las papas fritas).

La carne te la debo.

 

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CARNE

Defensa 269 (San Telmo)

CABA.

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FAT BRODER: el hermano gordo que puede seguir subiendo

 

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En Palermo (¿cuándo no?) hay una hamburguesería fuera del circuito habitual de locales de comidas. Fat Broder se erige como un típico pub de aires industriales, de luces tenues, mesas y sillas altas, bien cerveceras y mucha onda, desde su música ecléctica (suena bastante reggae) hasta la muy buena atención de sus dueños (con sus remeras coloridas características). Es un lugar pequeño pero ordenado, una casona que fue meticulosamente reciclada, en donde todo está muy bien distribuido. Hay bancos grandes afuera y adentro, en madera y hierro, y las mesas están sutilmente decoradas con unas macetitas con gramíneas. La cocina está a la vista, se ve y huele bien (muy ordenada y limpia). Los precios son normales y los combos ventajosos (carne+fritas+bebida). Aceptan tarjetas.

En el menú hay un corto pero certero listado de burgers (incluyendo una vegetariana, una de keppe de cordero, una sin TACC y otra de pollo crispy), papas tuneadas, bastones de pollo crispy de entrada, cervezas artesanales con refill, tragos, aguas y gaseosas. Toda la carta está en un cartel detrás de la caja donde se hacen los pedidos y luego te llaman para que lo retires en la barra.

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Todas las Burger son dobles de 180 g en total y el pan es de papa salpicado con semilla de amapola.

Los pedidos salen bastante rápido (fuimos tipo 19 hs, y no había mucho público) con una adecuada porción de papas fritas las cuales son ricas, buena crocancia, bastante saladas.

El pan es muy bueno, buen sabor, con un correcto tostado interno, buen alveolado de miga y sostiene correctamente.

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El conjunto entre pan y patty es un tanto pequeño en comparación con otras hamburgueserías, pero apagan el hambre. La carne en sí está bien cocida, un punto justo de cocción, buen gramaje, tierna y con gustillo a pimienta. El problema es que la Juicy Lucy (doble carne separada por queso cheddar, doble panceta, pepino agridulce y cebolla morada cruda, con alguna salsa no declarada) estaba un tanto salada y la Criolla (lechuga tomate, provolone y cebolla colorada cruda) carecía de sal.

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La Burger en general es buena, no le falta mucho para estar arriba en el ranking. El bacon está muy bien, el queso cheddar es muy bueno pero las burgers, además del tema de sazón, se muestran con un porcentaje algo mayor de grasa que lo aceptable, obviamente que para nuestro gusto. Y sería bastante mejor que la cebolla sea cortada estilo pluma, en pedazos más pequeños, ya que los aros son dificultosos de comer, quedan como hilos que uno tiene que ir capturando con la boca (detalles nomás).

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Un apartado merece los aderezos que son todos muy logrados, en especial el de berenjena, de un ahumado y picor persistente y especial (todos caseros y de buena factura).

Se nota que tienen un producto redondo, y lo pueden seguir mejorando. El local es muy lindo e invita a quedarse, sumado al buen servicio tiene todo para estar bien arriba. Este hermano gordo puede seguir subiendo.

 

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FAT BRODER Palermo

Charcas 3787 (Palermo)

CABA.

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BURGER JOINT: mi vieja mula ya no es lo que era…

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Paredes con graffitis, música al palo, corridas de gente y gritos a viva voz, tiene más similitud con la casa de Charly García que con su “prima hermana” neoyorquina. Burger Joint aparece en la cosmopolita Palermo Soho como una de las hamburgueserías con más tradición (5 años desde su apertura), aunque no por eso es una elección de primer orden a la hora de querer saborear una buena hamburguesa en compañía de amigos.

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Con algunas mesas en la vereda, un lindo y amplio patio trasero, y un salón principal con recovecos, el ambiente adquiere vida en una vorágine que ya se introduce en tu cerebro a la hora de hacer el pedido. Frente a la caja, el acostumbrado pizarrón con las variantes de comida se contrapone con el apuro del cajero quien te obliga a hacer “ta-te-ti” antes de que pase al siguiente aspirante que está atrás soplándote la nuca. La buena noticia es que se manejan con combos (todos ellos a $200, excelente precio, pero solo efectivo) que incluyen la gaseosa en lata o cerveza (varias canillas de tirada artesanal) y las papas fritas.

 Hay mesas y barras. Los asientos son incómodos como en casi todos los lugares de su especie. No hay servicio de mesa. Los vasos plásticos, sorbetes y condimentos (sobres) se encuentran en una repisa en un solo punto del local y luego de una corta espera (ESO ESTA MUY BUENO) te llaman a viva voz, repitiendo tu nombre 3 o 4 veces hasta que llegás a la barra luego de haber pisado unos cuantos clientes.

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Curiosidad: los baños eclécticos.

 Fuimos unos cuantos para poder probar varias opciones. Nos sentíamos en New York: al fin conoceríamos el espíritu americano resbalándose por nuestras papilas gustativas.

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Las órdenes llegaron en decentes bandejas de aluminio. Las papas, en ecológicas bolsitas de papel madera, normales, con gusto a papa frita aunque mejorables. Mientras las íbamos degustando, la hamburguesa otorgaba sus jugos (demasiado colorados, a pesar de que las pedimos un poco más que “a punto”) al pan, humedeciéndolo irremediablemente. Aunque declaran que es casero el pan parece de tipo industrial, no muy diferente del que comemos en BK o Mac (quizás un poco más alveolado).

 Al ir probando la “Americana”, la ansiada explosión de sabores haciendo el amor con los receptores del gusto nunca llegó. La barbacoa obstaculizando los demás sabores no difería del desarmónico colorido de los grafitis de las paredes y las mesas. No se puede decir que estaba mala, pero decepcionó bastante. Es una Burger correcta.

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Los que comieron la opción con queso roquefort (la línea de las famosas BLEU) asistieron a uno de los defectos imperdonables de una hamburguesa, los ingredientes caían inexorablemente. Y otra vez por lo mismo, un pan hecho para acompañar y no como coprotagonista de la Burger. Una hamburguesa correcta, pero de mitad de tabla. Hubo quien probó la opción vegetariana (de garbanzos) y dijo que estaba rica (dentro de lo que se puede considerar en una hamburguesa sin carne, pero es una buena opción).

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En resumen, le daríamos otra oportunidad más adelante a esta hamburguesería de culto. Hay muchas opciones mejores que se encuentran encabezando la punta de la tabla hamburgueseril. Dicen que fue decayendo con el tiempo. Sería bueno que se recuperara.

 

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 Burger Joint

Borges 1766 (Palermo).

CABA.

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ABOCADO CANTINA: Hamburguesas y algo más…

 

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A pocos metros de la Avenida Pueyrredón, por Calle French encontramos algunos comercios que alternan con edificios y viviendas típicas del barrio de Recoleta. “Abocado Cantina” se destaca en su cuadra por su fachada sencilla, pero a través de un amplio ventanal intenta mantener presente su pasado de casa reciclada.

 Si bien la estética de su ambientación (barra y mesas con sillas muy altas, mucha madera y hierro negro, un muy lindo patio trasero, techos altos) no difiere de las demás hamburgueserías actuales, Abocado no es solamente una “hamburguesa”. En su carta aparecen wraps, ensaladas, rabas y variedades de papas fritas, algo que no es fácil encontrar en otros restaurantes de su especie. Otra de las innovaciones que descubrimos es que todas sus opciones de hamburguesas se acompañan de una guarnición de coleslaw al plato, de excelente preparación y que sabe fresca, con el equilibrio en aderezos y crocantez.

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Hay opciones de menú ejecutivo, una especialidad que cambia una vez por semana (nos quedamos con las ganas del Benedicto, asomaba muy bueno) y ocho variedades de Burgers en pan tipo brioche, con opciones de pollo, salmón y vegetarianas (lentejas) son presentadas personalmente por uno de sus propietarios de manera muy agradable.

Curiosidad: en una de sus paredes destaca un cuadro de honor con los pocos valientes que con su apetito superaron una megahamburguesa múltiple, un reto de Abocado.

 El pedido se toma en la mesa, lo cual puede ser muy ventajoso para los que nos disgusta elegir la orden frente a un cajero y tratando de enfocar la vista desde un lejano y exiguo pizarrón. La carta de bebidas incluye gaseosas (en lata), agua y cuatro canillas de cerveza artesanal (la próxima las degustaremos).

 El tiempo de espera es el adecuado, teniendo cuenta que la visita fue pasado el mediodía, resultó bastante rápido.  No hay aderezos en las mesas porque están donde deben: en la HELADERA.

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Probamos la Ámsterdam (carne de 180 gr., hongos, cebolla morada, tomates confitados, queso azul, queso cremoso y rúcula) y la Jimbo James (carne de 180 gr., cheddar, panceta, BBQ, cebolla caramelizada, sweet relish y rúcula) y un cono de papas. El pan de excelente sabor (la miga se desgrana un poco más de lo aceptable) acompaña la experiencia en boca. Nos contaron que era una nueva receta.

La carne estaba en su punto exacto (dentro de la subjetividad en este tema las pedimos apenas un poco más que “a punto”), con poco amasado, jugosas y sabor muy logrado. El equilibrio de la Ámsterdam es excelente: cada ingrediente parece estar armonizado con el otro, de tal manera que ningún sabor sobresale del que lo acompaña. El contraste de la rúcula (fresca y crocante) con el queso cremoso es más que original. Los champiñones tal vez no influyen demasiado y el queso azul es suave, nada invasivo. Quizás una de las mejores hamburguesas del segmento “blue” (queso azul, champiñones, etc.). En el caso de la Jimbo James (y esto es un gusto personal), los sabores de la barbacoa y el relish se encontraban demasiado presentes, ocultando un poco a la carne y especialmente al cheddar que apenas parecía insinuarse. Se podría pedir sin la BBQ (parece haber una manía muy americana de ponerle mucha barbacoa a las hamburguesas, modas) y agregarle luego a gusto. En líneas generales una buena hamburguesa.

 

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Jimbo James

Las papas fritas estaban correctas aunque al servirlas en recipientes altos de metal, la evaporación no se produce y si no se comen rápido, el vapor se acumula en la papa frita, ablandándola. Se pueden pedir algunos aderezos artesanales que acompañan bien (kétchup con morrones, por ejemplo).

 

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Abocado cantina

En resumen, hay opciones para todos los gustos, en un ambiente agradable que invita a regresar. Rescatamos la atención personalizada, la calidad de los productos, la rapidez, ser atendidos en una mesa (casi un milagro hoy en día) y la relación precio/producto, lo cual resulta muy conveniente cuando se quiere salir a comer en familia. ¿Las hamburguesas? Bastante arriba en el ranking, para nuestro gusto obviamente.

 Nuestra recomendación: la Amsterdam, equilibrada, apetitosa, sin necesidad de agregarle ni quitarle nada.

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“ABOCADO CANTINA”

French 2316 (Recoleta).

CABA.

 

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