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HJ BURGER & GRIDDLE: sorpresa de hamburguesas y pepitos

Generalmente, y muchas veces, la movida hamburguesera o de comidas rápidas está dominada por los influencers y opinólogos de este tipo de gastronomía, un clásico en el que la juventud juzga y fundamenta sobre sus gustos y características cuasi morfológicas de estos platos compuestos por pan y carne a la plancha. También es sometido por fans, algunos tendenciosos y oportunistas que mueven sus arcas por conveniencia y negocios, dejando de lado algunas alternativas no tan populosas, de moda o que simplemente no participan o se subyugan ante estas tendencias.

Es el caso de HJ Burger, anclado en Palermo a pocas cuadras de la comercial avenida Santa Fe, pero lejos de los grandes monstruos hamburgueseros palermitanos que tanto clamor y fanatismo provocan, dispone de unas instalaciones sencillas con el tan afamado estilo cervecero, con mesas altas y baja en hierro y madera. Mucho delivery y sin tanto glamour del Soho, pero con una calidad de producto que sorprende desde el primer mordisco de una de sus hamburguesas.

Cuentan entre sus filas distintivas el clásico de la comida callejera venezolana: Los Pepitos, que son sándwiches con ingredientes principales de carnes o fiambres acompañados con abundantes rellenos de vegetales, salsas y todo lo que la imaginación del cocinero haga entrar en unos panes (entre baguetines y pan francés) abiertos a la mitad para rellenarlos hasta casi estallar, para luego sellarlos en papel a modo de rollo de sabor múltiple. El resultado es eso, sabor que invade la boca del comensal. HJ los presenta en versiones de carne, pollo o carne- pollo-cerdo todo a cuchillo, acompañados con lechuga, tomate, queso, cebolla, panceta, papas pay y salsas varias (bomba), en un pan de buena calidad con la crocancia justa. Algo muy sencillo pero muy logrado y casi único por estas latitudes del cual pueden comer dos personas tranquilamente. Aplausos.

Si a esto le sumamos sus salsas caseras para enriquecer el plato como la sublime de choclo, de berenjenas, kechup y mayo, el deleite sube de nivel.

Por otro lado, no tan afamadas ni con un sequito de aduladores propagandiando o haciendo filas incansables, sus hamburguesas (ojo que siempre vienen con queso, cebolla, lechuga y tomate, aunque sea Cheese Burger, valga la aclaración, por lo que hay que pedir que saquen ingredientes si no les simpatizan) son de muy buena faena, de 180 gramos de buen sabor a carne de gramaje excelente, con calidad en el queso y la panceta y con un pan de primera. Pueden salir simples, dobles o triples y se pueden sacar o agregar ingredientes al igual que los pepitos. Todo ejecutado en vivo tras un vidrio que muestra toda la cocina. La definición de las papas fritas: ricas.

Disponen de aguas, gaseosas y cervezas para acompañar.

A veces hay solo propagandas, o calidad y falta de humildad, en HJ Burger se combina la calidad con la humidad, y con la originalidad, con pocos productos, pero cuidados y respetándolos al detalle. Una grata sorpresa y constancia de las varias veces que fuimos, por eso lo recomendamos ampliamente para que hagan su propia experiencia, otra y sin tanto populismo de por medio.

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HJ Burger & Griddle

Araoz 2403 (Palermo)

CABA.

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LA ESQUINA: de la Burger roquera

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¿Bar?

Una ochava entera donde se susurra música deleitable, conocida. Pintada de negro. Adentro, sillas de metal coloridas, colorinche. Etiquetas, pegatinas de todo tipo, que recuerdan que el hardcore estuvo haciendo fuerza en los noventas y que el punk siguió viviendo.

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Lo multifacético del lugar tiene tiempo para plantas que cuelgan como junglas y dan vida a un ambiente rockero de cemento, cervezas y hamburguesas. Pero no es una cervecería ni una hamburguesería, aunque se codee con ello. Si bien en su carta hay una jugosa oferta de burgers carnívoras y veggies con originales toppings, panchos tuneados y papas inundadas de ingredientes, el lugar nos recibe con música alta pero plausible, con estímulos sensoriales que nos retrotraen (a los más jovatos al menos) a las noches de Cemento y Die Schule, al rock y la bebida, a lo oscuro y por qué no, a lo prohibido. ¿Qué hay en esos antros que atrapa a la gente? La Esquina, sin llegar a tener esa opacidad y misterio, cumple completamente con la semejanza, como stopeada en el tiempo, como sumida en formol, con la premisa roquera y lugar de encuentro y relajo (para amigos, parejas, y solitarios y sus remembranzas), de noctambulaje etéreo sin tiempo y ¿de pecado?

Claro que hay pecado con un buen menú de hamburguesas con misteriosos y originales ingredientes (que llaman, que atraen y nos dejan dudando por cuál decidirnos) de estos edificios de carne y acompañamientos gourmet: fontina, provolone, ananá, coleslaw, sirachas, aderezos maleables, todos están invitados.

Y desde que fuimos las primeras veces (el ambiente no cambia, la atención es buena), desde aquellas Cheese Burgers ricas, de buen gramaje y abundantes pesajes, pero con demasiado mostakechup embadurnando el todo, pero dejando denotar un buen producto, hasta las novedosas burgers más contundentes (un medallón alto) que recientemente probamos. La denominada “La Esquina”, con el coleslaw que lo dice todo, acidez, cremosidad, frescor; el fontina de calidad, rico, y más rico, panceta y el crispy de la cebolla que acierta la crocancia, la carne en su punto irrumpe en la boca como una llamarada de sabor. Muy bien casi 10, felicitado (originalísima). Y “La King”, clásica, con lechuga, tomate (rodajones demasiado grandes), panceta, pepino, cheddar, cebolla fresca, mayo y kétchup, cumplidora (emula a un Whopper pero bien hecho, caserito y logrado).

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¿Las papas? Rústicas y de buena faena, acompañan bien sin ser de alto octanaje.

Hay buena birra, ofrecen media pinta (¡¡¡al fin alguien!!!) y con precios acordes. Tragos clásicos de bar de antes (noventas también). Gaseosas y aguas.

Ensaladas por las dudas y lo mejor de todo es el precio: Burger con papas y bebida sin alcohol $250, con birra $300. No abunda esta oferta por algo bien hecho y de calidad. Un bar (porque en definitiva es un bar) que cumple, sin ser su función la de competir con las grandes hamburgueserías, pero juega bien en un ambiente distinto y descontracturado.

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Creemos que hay que darle oportunidades a las cocinas que están fuera de los circuitos clásicos y de moda. Hay otra luz, otros terrenos como La Esquina, rockeros, que remembran no solo las hamburguesas clásicas y las gourmets reversionadas sino también un pasado melancólico, pero orgullosamente actualizado.

 

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La Esquina

Gorriti 5608 (Palermo)

CABA,

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SWEET PEPPER COMPANY: donde la hamburguesa ruge

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A 32 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentra la ciudad de Tigre, donde toda la vida sucede en torno al Delta del Río Paraná.

Se cree que su popular nombre fue acogido dada la temible presencia del yaguareté o tigre americano a lo largo de sus islas en épocas de la conquista.

Tierras antaño de pueblos querandíes y guaraníes, comarca de contrabandistas portugueses en el siglo XVII, pasa luego a ser llamado “Pago de las Conchas”, tomando este nombre del río local (ahora Reconquista) desde el siglo XVIII hasta 1920, cuando el arroyito Tigre abrió sus fauces con una sudestada que enterró el pueblo viejo y desde allí recibe la denominación de “Tigre”.

En 1916, el tren eléctrico llegó por estos lares, fomentando así el aumento del comercio y más tarde, los soplos turísticos.

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El nombre “Puerto de Frutos (sitio obligado en la recorrida turística) proviene del hecho que otrora desembarcaban en la zona, todas las producciones frutales de las islas del Delta.

La remería y la navegación son moneda corriente en esta región. Pintorescos viajes en catamarán develan los recovecos naturales e históricos de la felina ciudad y los articulados brazos del río marrón.

Artesanías, muebles, mimbres, inciensos, comidas, sol en la ribera y mucha gente componen el paisaje del Tigre costero, que en esta visita nos ensartó sus garras afiladas de rayos asfixiantes dado el día terriblemente caluroso.

Hay un Museo de Arte y uno del Mate tan argento, pero también hay hamburguesas que merecen estar en un museo aunque no pasen de moda:

Sweet Pepper Company es un food truck que abrió su suerte en el año 2013. Su lugar geográfico (casi inserto en el “Puerto de Frutos” y a orillas del río, con sus mesas y sombrillas admirando los barcos) le da una posición estratégica inigualable, convirtiéndolo (no solo por eso) casi, en la exclusiva opción para probar hamburguesas de calidad en el Tigre.

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Cuentan con un menú tipo americano de burgers, sandwiches, aros de cebolla y papas bastante clásico.

Algunas de sus burgers son: la Cheese Burger, la Double Bacon Cheese Burger, la Sweet Pepperoni con mozzarella rebozada, la OMG con 4 pattys y multitud de queso, pero también hay pulled pork, sándwiches, etc., todo a precios razonables. La Canasta para Dos trae papas fritas que acompañan muy bien, crocantes y más que decentes, aros de cebolla, una Cheeseburger y una Burger del menú a elección. Y esto mismo fue lo que pedimos para tener un claro panorama. Todas las hamburguesas vienen en dos pattys finitos, a excepción de una (la OMG).

Para la sed gaseosas y aguas.

Pese al gran calor, al probar la combinación carne-queso (Cheese Burger), nos olvidamos de los 36 grados y nos enfocamos en las papilas degustando un conjunto enriquecedor. Todo suma, queso cheddar de calidad; la carne de excelente gramaje y sabor, saladita y con pimienta estaba en un gran punto de cocción. El pan tipo brioche de primera contuvo hasta el final de la función. La Doble Bacon llevaba una buena panceta gruesa y de buena ejecución, al queso cheddar se le sumaba un cremoso Dambo, picoso, que le daba carácter al todo, y unas cebollas caramelizadas bien logradas que no invadían.

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Gran carne, con mucho sabor, un tanto parrillero con la caramelización superficial justa y sabrosa. No se puede describir más que lo que las fotos dicen, y dicen que para nosotros las burgers de Sweet Pepper juegan en las grandes ligas y ni se despeinan por las hamburgueserías porteñas, y también dicen que hay una Burger OMG de casi un kilo con 4 pattys y mucho pero mucho queso que espera por hambrientos en busca de proezas, otra gran excusa para visitar este gran y sorprendente food truck que ruge buena gastronomía.

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Sweet Pepper – American Grill

Los Mimbres 1220 (Tigre)

Buenos Aires.

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KEVIN BACON: el rey del bacon en el Soho

 

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Palermo Soho, Hollywood,  Queens y no sabemos cuántos chamuyos más para designar geografías y modas que categorizan y nomenclan a este barrio porteño (de los más concurridos y grandes).

Kevin Bacon es un actor de Hollywood, no de Palermo. Un norteamericano que protagonizó múltiples films y tienen un llamativo apellido que es a la vez un ingrediente vital en la composición de una hamburguesa.

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En Palermo hay un montón de espacios de comida de distinta índole; además se siguen abriendo opciones, y en líneas generales los que sirven buenos productos, hechos con concepto gastronómico, atención de jerarquía y buena relación precio-calidad, son los menos. Específicamente hablando de la zona del Soho, los locales brotan día a día y se imponen casi siempre por una cuestión de novedad más que por servicio o producto; muchos ofrecen cervezas y gente bebiéndolas fuera, otros ofrecen hamburguesas con decenas de personas haciendo cola para una Burger que tiene más fama y marketing que calidad, y otros, sirven una atención “a cara de perro” que, más que seducir, ahuyenta, aunque a otros los atrapa porque se les considera “cool”.

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Las aperturas de hamburgueserías son una celebración para influencers, pero también un riesgo, una aventura que se debate entre copiar y ser más de lo mismo u ofrecer productos con poco asesoramiento o demasiado lanzados. Un caso excepcional de hace muy poco tiempo es Kevin Bacon, una hamburguesería que cuenta con pocas semanas de apertura, pero a nuestro parecer ya está pisando fuerte.

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El por qué de esta aseveración es muy sencilla, un gran producto de pattys de 110 g smasheados (aplastados con espátula para una mejor caramelización), con un buen sabor, levemente parrillero, muy buenos toppings abundantes, un gran pan estilo brioche esponjoso y con sabor, y fundamentalmente una atención al público insuperable (tan simple pero difícil de encontrar).

Las hamburguesas vienen dobles o hasta triples; están las típicas con lechuga, tomates; las cheeseburger; las que tienen cebolla crispy o cruda como las más tradicionales; pero también tienen las de segmento blue que además de queso azul le agregan cheddar, rúcula, cebolla frita y alioli; hay otra estilo Wisconsin con manteca provenzal, otra tipo mexicana con pico de gallo, palta frita, mayo de chipotle y de todo; una original de mac & cheesee tan de moda en Australia y USA; una de BBQ Jack con aros de cebolla y hasta una vegetariana de guisantes con hummus y una de pollo rebozado. Todas muy bien armadas y logradas.

El menú se cierra con ensaladas, pollo frito rebozado con especias y salsas, papas fritas tuneadas con quesos, mac & cheese, carne, etc.

Para beber hay cerveza tiradas, gaseosas y aguas.

El pedido se hace en la caja y se retira luego de que suena el bíper que te entregan.

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Nosotros probamos la Kevinator y la #KevinBacon, esta última con doble cheddar, doble bacon, cebolla morada, cebolla crispy y salsa KB: muy buena, carne suave, con gran gusto y gramaje, el queso presente, la panceta de calidad y una salsa interesante pero no invasiva. La única crítica es que, pese a que el pan era bueno y sostuvo bastante, la sección de abajo se mojaba mucho (quizás demasiado) por los jugos que soltaba la Burger, pero igualmente es una excelente hamburguesa. Algo parecido sucede con la Kevinator: doble cheddar, doble bacon y alioli, de gran factura y sabor (con menos suelta de jugos). Ambas vienen con sendas porciones de papas onduladas de buen sabor y crocancia.

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El lugar, amplio y despojado, minimalista en amarillos, grises y negros, con un primer piso en la misma sintonía, con banquetas y sillas (de madera y hierro típicos, altas y bajas) bastante cómodas. Buen ambiente y música acompañan.

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Lo importante es que el producto final es muy bueno y casi tan importante es que la atención es excelente, son agradecidos de las opiniones, cuidan que la gente se vaya satisfecha y vuelva y claro que volveremos siempre con tan buena experiencia. Las modas, las largas colas, las caras largas no siempre son efectivas. Las buenas hamburguesas de Palermo Soho están en Kevin Bacon que de gastronomía saben y bastante, otros se quedarán en moda y nada más que eso.

 

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Kevin Bacon

Gorriti 4788 (Palermo)

CABA.

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THE BURGER COMPANY: Compañía original y moda

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Nos costó mucho hacer una reseña de Burger Co. Tuvimos que volver 2, 3 y hasta 4 veces para poder apreciar su calidad y vislumbrar si no era solo una moda. Costó porque a pesar (y ya anticipamos algo) de su buena calidad de productos, de su moderno y enorme local y sus buenas intenciones, aun hablando estrictamente de comida, nos queda a mitad de camino.

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No dudamos de la originalidad de sus propuestas, que constantemente van renovando o proponiendo ediciones limitadas o menús ocultos (la caterva de hamburguesas que sacaron para el mundial, con ingredientes que representaban a cada país, fue un logro interesante y gran movida publicitaria), inteligencia en difusión y marketing, cautividad de público joven, modernidad y espacios cómodos (cuentan con un gran salón principal, 1er. piso, terraza y hermoso patio trasero).

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También destacamos la calidad de la comida, es muy buena, bien pensada y con combinaciones singulares y casi únicas.

El lugar acentúa ser tipo hamburguesería americana, grandes espacios sectorizados, neones, ladrillos y diseño enfocado a lo industrial. Mesas altas y bajas en madera y hierro (la moda cerveceril dejando su huella nuevamente), convirtiéndolo en un fast food con todas las letras (pertenece más a este segmento que a lo gourmet, lo parrillero o la cantina-cervecero).

Hay variedad de hamburguesas (muchas no se encuentran en su página), ricos nuggets, paletas de helados, aros de cebolla, ensaladas y hasta “café” Nespresso. Ofrecen aguas, gaseosas y 4 canillas de cervezas.

La atención siempre fue correcta y no mucho más. El pedido se hace en cajas bajo una cartelera con las opciones, y luego se entrega mediante el soniquete y luminosidad de un beeper.

Ahora bien, a nosotros no nos interesa las modas gastronómicas, las grandes colas (vayan temprano fuera de horarios picos porque si no es una experiencia tediosa), tampoco los condimentos Heinz son por si solos una tentación (sí un aporte que no nos vuelve locos), la excentricidad de la “onda food porn”, las suculencias incongruentes u obsoletas, solo el disfrute de comer una buena hamburguesa con calidad de ingredientes que hagan una experiencia gastronómica inigualable (aquí, en Argentina, no hay estrellas Michellin y tampoco lo pedimos, pero quizás siempre hay alguna “estrella”).

Esto último se cumple parcialmente en Burger Co. Todo es muy correcto, buenos tamaños de hamburguesa, el pan mejoró bastante sin ser la panacea, la carne tiene buen gusto en general pero se desarma horrores (una falla que se da en todas sus burgers y debería ser mejorable, la última vez se desprendió la mitad de una de nuestras Love Co. hacia el piso cual deshielo del Perito Moreno).

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A decir verdad, la mejor Burger con al que cuentan es la Love Co. Muy buena, con la carne en su punto, sabor parrillero ahumado por su salsa baconaise, buen queso, con cebolla colorada bien presente dando frescor, pero como dijimos se desarma. Las demás como la Duchess (que termina destruida por el aporte también de la escasa continencia del pan a la carne desmoronable, quizás por falta de tueste o por contextura propia) y la de pollo (Crispy Chicken) son dignas pero se quedan en buenas intenciones.

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Las papas afortunadamente fueron evolucionando (por suerte las últimas veces se frieron con aceite nuevo) hacia unas muy buenas fritas. Aquí se refleja un crecimiento.

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Por lo demás, resulta un buen local fast food (muy superior a otros), con buenas intenciones y bastante por mejorar sobre todo en el armado de las hamburguesas. ¿Es recomendable? Sí, sin ser de nuestras preferidas es una buena opción. ¿Es moda? También, pero ese es otro cantar.

 

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The Burger Company

Honduras 4733 (Palermo)

CABA.

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MOSCATO, OTILIA Y FAINA: la planificación de la hamburguesa

 

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A veces hay que moverse para buscar lo bueno, lo que a uno le llegue y le haga feliz. Así emprendimos un viaje de 56 km con rumbo a “la ciudad de las diagonales”. Cuando al arquitecto y urbanista Pedro Benoit se le encomendó la planificación de la ciudad de La Plata a fines del siglo XIX, su Departamento de Ingenieros creó una cuadrícula que ocupa 25 km cuadrados, la cual contiene numerosas avenidas y diagonales. Desde la perspectiva de las aves es un cuadrado perfecto, con cuadrados más pequeños encerrados dentro de él y atravesados en perfecta simetría por calles diagonales que se dejan caer en plazas formando rombos perfectos y equidistantes.

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Cuenta con un punto central, Plaza Moreno, a partir de donde se disparan dos diagonales que atraviesan de norte-sur y este-oeste toda la cuidad. El trazado de las calles tanto de norte-sur como este-oeste se compone de calles, que cada 6 cuadras se transforman en avenidas. Las intersecciones de las avenidas abren lugar a plazas y parques de las cuales también se prolongan dos diagonales menores quedando las plazas y parques intersectados por dos avenidas y dos diagonales. Una avenida de circunvalación bordea la ciudad, formando las aristas perimetrales de este cuadrado ideal que consistió en el plano urbano original e incluye cuatro avenidas curvas que evitan los vértices del “cuadrado”, llamadas Boulevards. Este romántico y perfecto diseño hace a la construcción más que original en cuanto a la urbanidad de esta ciudad y un modelo de planificación.

Una de las características que identifican a la misma son sus calles numeradas facilitando (para los foráneos es otro tema) la ubicación de los caminantes y conductores. Los diferentes tipos de calles fueron pensadas para que queden identificadas con bandas de colores formadas por las baldosas de las aceras. Los diversos colores dan a conocen calles pares e impares.

Otro aspecto planificado fue la disposición de los árboles. Se plantaron estratégicamente distintos tipos de estos para diferenciar las calles, avenidas y diagonales: tilos, jacarandas, arces americanos, naranjos, palos borrachos, etc., para que, entre otras cosas, las personas con algún impedimento visual pudieran orientarse a través del aroma de los árboles. Un nivel de adelantamiento envidiable.

Eso sí, para unos sencillos gorditos porteños que arriban por primera vez a la ciudad, la experiencia concurre a atravesarnos como cien diagonales que ni el mismo Euclides, como padre de la geometría, podría imaginar. Las calles con números, las diagonales con números, las casas con números y los colectivos de cifras impronunciables, podrían ser el paraíso de un aritmomaníaco, y para los platenses es su día a día y algo que engalana a la ciudad. Por suerte aún conservamos el olfato; fuimos a buscar hamburguesas y para eso no hay números que se interpongan.

Pateando números y baldosas hemos descubierto muchas zonas de restaurantes, comida callejera y fusión, cervecerías y espacios culturales. Nos encontramos con una gran ciudad con una gran actitud. Logramos visitar varias cafeterías de especialidad (esa aventura quedará para otra reseña), pero ayer fuimos a disfrutar de la celebración del cumpleaños número cuatro de una hamburguesería casi de culto en la ciudad: “Moscato, Otilia y Fainá”.

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Las expectativas eran grandes, por comentarios, por fotos, por el largo trayecto que nos hacía idealizar aún más estos nuevos sabores para nuestras papilas. Cabe aclarar que esta hamburguesería dispone de dos locales, uno con delivery y take away, y otro, donde se venden los mismos productos, inserto dentro de un patio de comidas llamado El Callejón.

El Callejón es un proyecto innovador, a la manera de un enorme predio conformado por un amplio pasillo central, rodeado por un lado y al fondo por pequeñas cabinas desde donde se expenden diferentes tipos de comidas y por el otro, mesas altas con comodidades para disfrutarlas. Como un patio de comidas casi al aire libre o bien un playón de food-trucks sin camiones. El sistema de expendio, y de ahí la innovación, opera a través de una caja central, ubicada cerca de la entrada en donde uno carga el dinero que considera que gastará a cambio de un ticket, desde el que se descontará (número de DNI de por medio) lo consumido.

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“Moscato, Otilia y Fainá” se ubica a mitad del pasillo, aunque el aroma se distingue desde unos metros antes. En su cumpleaños, decidieron hacer su festejo, agasajando a sus fans con un descuento del 50% en todas sus burgers. La convocatoria fue multitudinaria.  Una larga cola de más de 50 metros permaneció dinámicamente durante un par de horas, sin desbordes, con alegría y hasta con una degustación de bocaditos dulces para almibarar la espera y una gran atención (algunos con colas enormes y tiempos de espera muy incómodos deberían venir a aprender a LP).

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Nos decidimos por lo clásico: la cheeseburger tradicional y la opción becon & cheddar. La carne proviene de un solo corte, tapa de asado, con un tratamiento correcto, el punto exacto que a todos nos gusta y un sabor realmente exquisito. El pan no solo es rico, sino que se lo ve rico. Tiene la miga exacta, la continencia justa, el sabor preciso que se aprecia en el conjunto sin obstruir el gusto de la carne (con un dejo a pimienta sabroso) y del queso y aportando un valor extra al conjunto. El cheddar abundante y el bacon de buena calidad y cocción. El complejo entra dentro de la infrecuente categoría de “no quiero que se me termine” para calificarla en pocas palabras. Si bien todavía nos queda degustar opciones con más toppings, dobles o hasta la que viene entre dos donas, con la siempre combinación carne-queso-cheddar (pensamos que con estos breves ingredientes debe saltar a la vista y al paladar el concepto gastronómico y la realidad del sabor), esta hamburguesería, pasa a ubicarse bien arriba en nuestro ranking subjetivísimo y virtual.

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Entendimos que la enorme convocatoria a través de las redes sociales no obedecía apenas al 50% de descuento, sino que la gente quería participar y saludar a quienes durante 4 años se dedicaron a estudiar, planificar, experimentar, y perfeccionar un producto que tiene sus fanáticos cada vez más exigentes. La Plata es planificación, simetría, inclusión y buen gusto. Moscato, Otilia y Fainá, como excelente exponente de la ciudad, cumple a la perfección con su origen. Nos contamos desde ya entre sus clientes, aunque debamos viajar varios kilómetros para disfrutar sus Burgers hasta que se decidan a arrasar con muchas de las “consagradas” e hiperpublicitadas hamburgueserías porteñas.

 

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Moscato, Otilia y Fainá

Calle 10 nro. 725 entre 46 y 47

La Plata (Bs. As.).

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LA BIRRA BAR (LA BIRRA NIGHT): ¿Un asado entre dos panes?

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Hablar de LA BIRRA BAR es remontarse a la típica casa de comida familiar en un barrio bohemio de la ciudad, alejado del circuito de los grandes restaurantes céntricos. El pequeño lugar de la Avenida San Juan al 4300 fue asistiendo a los cambios en el paladar de los porteños (y tal vez formaron parte como patrocinadores de dicho cambio), confeccionando hamburguesas que comenzaron a seguir el manual de los que saben y considerando a la unión de la carne y el pan, no tanto como compartimientos independientes sino como un verdadero núcleo indivisible en el que si falla uno falla el todo. Más tarde, de la mano de una imponente máquina espresso Simonelli y un producto de Puerto Blest, las comidas se completaban con un café de especialidad cerrando el circuito de las delicias.  Desde luego, en un principio sin más marketing que el “boca a boca” (primero en el barrio, después mucho más allá), los protofanáticos del lugar comenzaron a exigir un local más amplio para evitar las aglomeraciones y un horario más extendido para no privarse de la apetecible burger casi de culto.

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A pocas cuadras del primitivo templo, surge LA BIRRA NIGHT, en calle Carlos Calvo, un local mucho más grande, acompañado de mejores inversiones y un conocimiento mucho mayor del marketing. El hijo que nace de la experiencia y que entra en la adolescencia con todo el empuje y los desenfrenos típicos de esta etapa de la vida.

La ambientación se olvida del estilo “bar de barrio” y se vuelve una suerte de cervecería con mucha onda, al estilo de las nuevas tendencias, con mesas altas de incómoda actualidad y otras más bajas, alternando lo tradicional con lo innovador. Algunas mesas en la vereda, con sombrillas completan el cuadro en el que habitarán los comensales (si tienen suerte de conseguir sitio). Como buen adolescente, la decoración apela a la propia autovaloración, con una pantalla gigante que no deja de emitir videos autorreferenciales que se repiten hasta el hartazgo (y este llega muy pronto), e innumerables referencias a las buenas reseñas de influencers que han salido satisfechos con la experiencia.

La carta es amplia. Casi imposible de abarcar de un solo vistazo desde una cartelera por encima de la caja. Si no sabes lo que vas a pedir estás perdido. El sistema de expendio es por pedido en la caja, para luego obtener la orden mediante el llamado de un beeper vibrador. La espera en horarios no pico es adecuada, con el acompañamiento de un buen aire acondicionado, el buen tino de pochoclos salados en las mesas y una buena música a un volumen que no llega a saturar.

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Las estrellas son las burger, pero también hay otras opciones que no existen en otras hamburgueserías (bife de chorizo, ribs, langostinos rebozados, postres, etc.). La extensa variedad de combinaciones suele ser una bendición para algunos aunque las mínimas diferencias entre un tipo y otro, a la larga, terminan confundiendo. Hay clásicos y no tan clásicos. Fuimos varias veces y probamos muchas opciones: Cheese burger (carne, queso cheddar y queso dambo), la Doble (doble carne, doble queso, cheddar y panceta), Burger kid (doble carne, doble cheddar, panceta y cebolla crispy), las variantes desmechadas, el Lomo pulled (lomo desmechado, queso dambo, cebolla crispy y mayonesa de salvia), Pulled pork sandwich (cerdo desmechado ahumado, Jack Daniel´s BBQ, cheddar, tomate, pepinos agridulces y cebolla crocante) y la rara estilo Wisconsin (cebolla especial, doble queso cheddar y manteca).

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Ninguna de ellas constituyó una decepción, el pan es realmente el adecuado al producto total, aireado, contenedor (aunque si la burger es muy contundente suele fallar un poco), de muy buen sabor (de los mejores del mercado). La carne es una sabrosa mezcla, con la textura indicada, el punto justo de cocción y se deshace en la boca (no está condimentada y eso está muy bueno aunque faltaría un “gustito a parrilla” dado que uno de sus principales slogans habla de un asado entre dos panes). Las papas fritas más que correctas, fueron mejorando desde la primera vez que fuimos. Con respecto al Pulled pork resultó uno de los mejores que probamos, aunque el Lomo desmechado requería un poco de ayuda para ser deglutido (hay 11 canillas de cerveza, lo que para este caso resultó excelente). La opción Wisconsin lleva medio pan de manteca fría sobre un medallón de carne, no lo suficientemente caliente como para derretir el bloque. Para los amantes de la comida colesterolosa es la gloria, pero a nuestro paladar resultó un tanto shockeante. En términos generales resultan excelentes hamburguesas.

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Como suele suceder en muchas hamburgueserías, en el caso de que quieras incorporar algún aderezo a tu combo, deberás recorrer las mesas, interrumpir conversaciones, dar explicaciones a los novios celosos y jurar a los desconfiados comensales que lo único que querés es un poco de ketchup o mostaza (Heinz) a tu hamburguesa.

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Sin embargo, si nos preguntamos qué cambió desde aquel primigenio local en la Avenida San Juan a este de la calle Carlos Calvo, seríamos capaces de enumerar algunas cosas que evolucionaron para bien (el horario nocturno, la mayor variedad de opciones, la incorporación del beeper, la amplitud del local, la excelente relación precio-calidad, etc.) y otras que permanecieron igual, en especial las largas filas de gente en la vereda, lo cual los dueños parecerían no querer modificar, en virtud de una discutible estrategia de marketing. Existe una morbosa soberbia en mostrar y recorrer con una cámara las colas de gente con la temperatura sobreimpresa en las pantallas de las redes sociales que ellos manejan (entendemos las modas de los más jóvenes de socializar en la calle y la destreza de marketing de mostrar una cuadra de cola, pero a fines prácticos es incómodo y no se justifica). El crecimiento empresarial es una muy buena recompensa al esfuerzo, pero los clientes no son eternamente fieles y las modas pasan y los influencers “corren” hacia otros lugares muy rápidamente. Una mejor organización de la atención evitaría los inconvenientes. En horas pico, el tiempo de espera se hace imposible, habiendo colas increíbles afuera y también resultando complicado conseguir una mesa. Para nosotros el gran producto no lo es todo y por eso marcamos estos inconvenientes. Por suerte parecería que se está advirtiendo este problema, proponiendo solucionarlo con el lanzamiento de franquicias. Hasta tanto ocurra, los que no toleramos las grandes esperas, tendremos que ir cerca de la hora de apertura o visitar otras opciones hasta tanto se concreten las nuevas franquicias. Lo cual es una pena porque consideramos a LA BIRRA BAR como una de las 5 mejores hamburgueserías de Buenos Aires.

 

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La Birra Bar

Av, San Juan 4359 (Boedo)

La Birra Night

Carlos Calvo 4315 (Boedo)

CABA.

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MI BARRIO: LA hamburguesa porteña

 

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La Ciudad de Buenos Aires, la de los “100 barrios”, en realidad cuenta con 48 barrios formales (la mitad de los barrios que se hayan en Ushuaia, por ejemplo, la que realmente se podría jactar de tener 100 barrios) en sus 203 kilómetros de superficie. Cada uno de ellos acreedor de alguna singularidad que lo destaca, por su patrimonio histórico, los pulmones verdes, construcciones icónicas o por ver el nacimiento de algún personaje notorio. Sin embargo, la mayoría de estas zonas comparten una misma identidad: el tango, el fútbol y los clásicos bares, estas características son parte de la idiosincrasia local y se convirtieron con el tiempo en atractivos turísticos.

Así es el caso del barrio de Boedo. Este barrio debe su nombre a Mariano Joaquín Boedo, prócer de la independencia argentina y diputado nacional por la provincia de Salta. Se desempeñó como vicepresidente del Congreso de Tucumán y fue uno de los firmantes del Acta de la Independencia. La Ciudad rescató su recuerdo y lo incorporó al catastro municipal el 6 de marzo de 1882, dando origen a la calle que hoy lleva su nombre.

Con el correr del tiempo la zona semi-rural que rodeaba la calle Boedo se fue transformando. Era una importante vía de circulación utilizada por vehículos de tracción a sangre y por tropillas de animales arriadas hacia los antiguos mataderos. Más adelante, y con la llegada de los primeros tranvías, la zona se pobló, se convirtió en barrio y fue habitado por inmigrantes que pronto comenzaron a organizarse.

El barrio de Boedo es un fiel testimonio de esta identidad porteña tan arraigada. Posee una gran riqueza cultural y junto al Abasto es una de las áreas más arrabaleras que posee la Capital Federal. Fue en algunos de sus bares donde músicos y compositores como Homero Manzi y Osvaldo Pugliese les dieron forma a famosos tangos argentinos.

Boedo fue cuna de los primeros teatros independientes de origen proletario y el sitio que eligieron grandes artistas y escritores, como Discépolo, Roberto Arlt, Enrique González Tuñón y César Tiempo, entre otros.

Además de tango y teatro, Boedo también fue sede del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, uno de los cinco equipos de fútbol más famosos de la Argentina.IMG_20180816_213008493_LL

 

En Boedo también se encuentra una de las franquicias más recientes de la hamburguesería Mi Barrio (que ya cuenta con 14 locales, incluyendo uno en Mendoza). Ubicado en la avenida Boedo, en las cercanías con el cruce con la avenida Independencia, este local se muestra como un exponente más de fachada cervecera, de banquillos altos en madera y hierro, con mesas largas, comunales e informales. Aquí predominan el blanco y negro como contrapuntos de identidad, con grandes murales que aducen alegorías del barrio que representan (así también es la decoración de otras tantas franquicias, incluida la de Palermo que también hemos visitado). Cuenta con mesas y sillas en la vereda con sombrillas y sillas plegables. (Palermo es igual pero un poco más pequeño y situado en una esquina).

La carta es un pizarrón a tono con el marco de las paredes, en donde se pueden apreciar las distintas burgers o “barrios” (cada una representa el espíritu de algunos barrios porteños), las cuales van desde los 170 g de carne hasta dobles de un total de 400 gramos.

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El servicio es muy correcto, aunque puede llegar a ser caótico en horas picos (sumados a los take away de apps).

Tienen aguas, gaseosas, cerveza Patagonia tirada que sirven en longilíneos y pitucos vasos.

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En las mesas nos encontramos con servilletas, mostazas, kétchup y cuentan con bbq picantes. Las mayonesas se piden aparte pues están refrigeradas (como debe ser). Las burgers se pueden pedir solas o en combo con papas (son de calidad) y bebida a precios razonables (alrededor de 300 pesos). También hay papas tuneadas con queso cheddar derretido y panceta crocante o las papas fritas Bourbon, servidas con una especial salsa BBQ con Whisky Bourbon, carne picada salteada con cebolla, crema agria, jalapeños y ciboulette.

Para la confección de esta reseña elegimos dos de las franquicias (Boedo y Palermo) y comprobamos que no existen diferencias importantes en cuanto a la calidad y preparado del servicio. Tal vez, la de Palermo nos resultó más amigable por la mayor rapidez del expendio y el contacto más estrecho con el personal (en otra entrada de este mismo blog hemos hablado de la historia del barrio de Palermo).

Elegimos algunas opciones del menú:

La Boca, 170 gramos de carne vacuna, cheddar con cerveza (melt), doble panceta, cebolla crispy y salsa Jameson bbq. Muy buena, bien quesosa.

Palermo, carne vacuna, cheddar, panceta, huevo a la plancha, cebolla y salsa bbq.

Puerto Madero, nachos, cheedar, mayonesa de palta, jalapeños, frijoles, cholo, cilantro. Original y diferente.

El pan es muy adecuado, acompaña bien, esponjoso y con semillas de sésamo blanco y negro. La carne (un blend de tres cortes) en su punto, con poco amasado y jugosa. En cada opción, los toppings están equilibrados y son de calidad. Ninguno falta y ninguno sobra.

Cada mes, la firma presenta alguna Burger novedosa que representa a un barrio fuera de los fijos. En este caso probamos la Vicente López:  en donde el pan se reemplazó por un exquisito croissant, pata de jamón natural, mayonesa de trufa negra, duxelle de champiñones, doble queso brie (de impresionante sabor). Un digno exponente de lo que debe ser una burger gourmet bien pensada y equilibrada. Ojalá la incorporen al menú fijo.

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Mi Barrio es más que una cadena de hamburguesas. Destacamos la variedad, el propósito de innovación y el cuidado de sus productos. Solo fuimos a dos franquicias y la experiencia fue buena en ambas, sin encontrar diferencias. Es excelente que los que vivimos en alguno de los barrios de Buenos Aires no tengamos que desplazarnos hacia los lugares céntricos para comer una buena burger. ¡Dos franquicias más que recomendables!

 

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Mi Barrio

Av. Boedo 784 (Boedo)

Uriarte 1504 (Palermo)

CABA.

logo

 

 

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CARNE: exaltación de las verduras

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Nunca es bueno comparar, pero es divertido.

No se discute que Jennifer Aniston y Jennifer López son dos de las actrices más hermosas del cine. La revista People las han distinguido con ese título en diferentes años. La revista Forbes las ha incluido dentro de las personalidades del arte más influyentes de las últimas décadas. Comparten un mismo nombre, un éxito parecido y son amadas por gran parte del planeta masculino y también femenino.  Sin embargo, hay algunas diferencias que las hacen únicas e irrepetibles: la Aniston es una rubia, cuyo glamour, discreta inocencia y estudiada ingenuidad la han hecho famosa dentro del mundo cool de principios de este siglo, siendo objeto de imitación de muchas chicas que aspiraban a su pelo siempre perfecto, a su aura angelical y por qué no, al hecho de tener al lado un rubio como Brad Pitt, un tanto insulso, pero extremadamente buen mozo. La López, en cambio, gana por ser la latina fogosa, de curvas irresistibles, cuya genética lleva ritmo y un conocimiento de todos los aspectos de la vida real, más allá de los cuentos de hadas.

Salvando las enormes distancias, las Burgers tampoco deberían ser objeto de correlación, aunque es gracioso compararlas. En los últimos tiempos, la oferta de hamburgueserías de la nueva generación nos lleva a darle una vuelta de tuerca al concepto del Burger como algo rápido, grasoso, sabroso y omnipresente en todo reducto callejero o semicallejero en las grandes ciudades. Es así como los típicos acompañamientos de queso derretido y verduras tradicionales se transformaron en “toppings” y los condimentos del Patty de cancha pasaron de la mayonesa caliente de pomo y la Savora de sachet, al alioli de cilantro, la mostaza de Dijon y la barbacoa Jack Daniels.

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Como último topetazo de glamour, llegó CARNE, de la mano de Mauro Colagreco, un chef superfamoso y reconocido que intenta combinar la asepsia de los productos orgánicos con el sabor de una buena burger, consumida en un templo preparado ad hoc. Es así como desde sus diferentes locales viene a ofrecer un producto cuidado desde los mismos orígenes. Pequeñas fincas productoras de verduras sin abonos, pesticidas ni cosas raras; carnes de la mejor calidad, panes artesanales, fabricados con el mejor esmero y una ambientación acorde al concepto.

Visitamos el local de San Telmo (en varias ocaciones), en donde se respira un aire de hamburguesería americana, muy limpia, en donde la ecología parece estar presente en todos los rincones. Mesas bajas, altas, mostradores pulcros, organización esmerada en las filas para cuando el local se llena y un patio ambientado como un quincho en donde disfrutar cuando hace calor. La cocina a la vista, empleados por doquiera para explicar y dirigir, y hasta un periódico propio en donde te comentan la política de la empresa mientras esperás tu orden. Una caja en donde te toman el pedido y un beeper con capacidad de vibrar te separan de los escasos 20 minutos que se toman en concluir tu deseo.

La oferta de hamburguesas es acotada, lo cual se percibe como una ventaja en comparación con ciertos lugares que ostentan largas listas de combinaciones de Burgers que no difieren mucho entre sí. Una clásica, otra completa, una opción choriburger, con hongo y caurtirolo y una vegetariana de girgolas de cultivo y queso grillado Halloumi (de la quesería Juan Grande). Poco y bien pensado.

A la hora de enfrentarnos con el producto, las paralelas comienzan a divergir. Es indudable que las verduras son excelentes, lechugas inmaculadas, como recién cortadas del interior del capullo, el tomate (no era época, por lo tanto, era una cuidadosa conserva preparada durante la estación correspondiente), sabía a tomate y olía como tal. El pan muy cuidado, miga exacta, contenedor, con la cantidad justa de semillas. Las papas, además de seleccionadas, tienen un proceso de triple cocción que las convierten en las verdaderas estrellas del lugar; aquello que hace que todo lo demás valga la pena.

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¡¿Y la carne?!

Un poco perdida en el conjunto, no difería mucho del típico medallón industrial, (de los buenos, pero industrial al fin), demasiado compacto para lo que estamos acostumbrándonos y aunque de buen sabor, resultó un poco seco.

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No decepciona del todo; pero uno espera un poco más, teniendo en cuenta la calidad del resto de los ingredientes. A la hamburguesa Homenaje al Queso (que preparan en ciertos horarios), le falta un poco más de queso para que el homenajeado se sienta agasajado. (No se puede hacer doble, ni agregar más queso).

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Los combos vienen sin condimentos (en muchos casos no hace falta), pero hay algunos potes esparcidos por el local: mayonesa de sabor normal, un kétchup de elaboración propia con tomates orgánicos y una mostaza de Dijon cuyo sabor a acetona no fue de nuestros preferidos a pesar de que muchos se enloquecen cuando la prueban.

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“Contra gustos no hay disputas” dice el tema de Serrat. Hay fanáticos de Jennifer Aniston y hay fanáticos de Jennifer López. Ambas son hermosas y si alguna tiene un poco de silicona en alguna parte del cuerpo, no se puede juzgar teniendo en cuenta que el conjunto es lo que debe importar.

CARNE es eso, por más que lo más flojo sea justamente el ingrediente que le da nombre al lugar, la experiencia global es buena. Destacamos el cuidado en los detalles, la limpieza, la atención correcta y la calidad de sus productos (en especial las papas fritas).

La carne te la debo.

 

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CARNE

Defensa 269 (San Telmo)

CABA.

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DISTRITO BURGER: si no sabés que pedir, pedí una burga

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Para los amantes de los mapas, Almagro se despliega como una alfombra en el medio de la ciudad, entre Palermo, Balvanera, Villa Crespo, Recoleta, Caballito y Boedo. Una alfombra atravesada por tres avenidas (Corrientes, Rivadavia y Díaz Vélez), dos líneas de Subte (la pionera Línea A y la céntrica Línea B) y las vías del Ferrocarril Sarmiento, que como prudentes puñales le han conferido una esencia de barrio de transición, en donde el tango, la inmigración y el progreso se mezclan entre algunos empedrados, unos cuantos pasajes atractivos y una única plaza en donde conviven los extremos junto a los medios. Almagro tuvo privilegios y decepciones. Desde una estación de trenes que se desmanteló muy pronto, hasta una de las Basílicas más antiguas y pintorescas de la ciudad, pasando por un club de fútbol que supo disfrutar de los aires de la primera A y aún lucha por volver; sin olvidarnos de los clubes tradicionales de Box, la histórica Confitería Las Violetas, la vieja Confitería Gildo (que se perdió entre otras tantas), junto al Mercado de Flores que devino en una mediática Iglesia Evangélica.

Almagro supo ser un barrio de italianos (cuyo antiguo Hospital continúa expandiéndose y aún se pueden oír las campanas de su primitiva capilla los domingos por la mañana), con almacenes que perduraron hasta que fueron cediendo paso a los mercaditos chinos y a las remozadas fiambrerías Gourmet, al igual que sus bares, hoy proclamados como históricos. Sin dejar de ser un “barrio”, los últimos años han venido atravesando sus calles con numerosos teatros pequeños, salas de cultura y algún que otro emprendimiento gastronómico que todavía no han hecho que Almagro “explote” al igual que su vecino Palermo, ya consagrado como polo de atracción turística, repleto de bares, restaurantes y referente de la mejor comida. A nuestro entender, es solo una cuestión de tiempo.

En nuestro blog hemos tratado de destacar todos aquellos emprendimientos que se apartan de la “zona de confort” que significa poblar los ya atestados lugares céntricos, Palermo, Puerto Madero o el mismo Microcentro, cada vez más difíciles de acceder y de encontrar lugares para estacionar. Y mucho más, tratándose del barrio en el cual vivimos desde hace mucho tiempo. Y es aquí, donde caminando por la Avenida Diaz Vélez, nos encontramos con un espacio nuevo, que contiene todo lo que uno está acostumbrado a experimentar en otros polos barriales más privilegiados.

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DISTRITO BURGER, al igual que la avenida que lo hospeda, atraviesa el barrio en el preciso cruce temporal en que el viejo bodegón debe ceder su decadencia hacia las nuevas necesidades del paladar de los más exigentes. Y es aquí en donde se destaca como pionero en lo que esperamos, sea el comienzo de una nueva transformación.

En un ambiente agradable, tipo industrial moderno, en donde todo está a la vista (no hay mostradores atestados de cachivaches ni cocinas ocultas), la decoración del salón se reparte en mesas y sillas altas, bajas, barras laterales en madera y hierro, y barriles de cerveza. Paredes casi despojadas; solo lo exacto para brindar espacio a lo que más importa, el producto.

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La carta es simple, para tomar: cerveza (IPA, Golden Ale muy buena), gaseosas y aguas y para comer ensaladas, wraps y hamburguesas. Pero en lo simple está implícita la complejidad y es a partir de esta complejidad en donde DISTRITO BURGER se destaca de todas las demás. La comida está diseñada por alguien que conoce de gastronomía y eso se respira en cada uno de los conceptos.

En cuanto a las hamburguesas, todas ellas pesan 220 gr. (se agradece) y pueden ser acompañadas de papas o de batatas fritas. Sus nombres evocan ciudades o lugares turísticos: New York (la típica burger americana con cheddar, panceta y cebolla crispy), Buenos Aires (provoleta, huevo, panceta ahumada, lechuga, tomate y cebolla morada), Capri (provoleta, tomate confitado, cebolla, marrón asado, rúcula y alioli), Jalisco (con opción a medallón de pollo crispy o de ternera, cheddar, guacamole, pico de gallo, tomate y mostaza a la miel), París (queso azul, cebolla caramelizada, hongos de estación y panceta), Montevideo (queso Dambo, jamón cocido, lechuga, tomate y huevo), Barcelona (carne de cordero, queso Brie, tomate confitado, pepinos encurtidos y emulsión de morrón), Istambul (la vegetariana con medallón de arroz yamaní y calabaza, hongos al oporto, queso provolone, mix de verdes y pesto italiano de rúcula sin ajo) y la de la casa, la Distrito Burger (doble medallón, cheddar, dambo, pepinos, panceta, huevo, cebolla caramel y BBQ). Si preferís los sándwiches, encontrarás la variante Cuba (bondiola de cerdo braseada y desmenuzada, queso doble Dambo, coleslaw y BBQ Jack Daniels) y la Milán (milanesa de ternera, jamón cocido, queso Dambo, huevo, lechuga, tomate y mostaza con miel). Recientemente abrieron la opción de doble medallón en las hamburguesas.

A la hora de elegir los acompañamientos, las papas, las batatas y las cebollas toman protagonismo y las podrás ver escoltadas de cheddar, panceta y verdeo, o huevo revuelto y jamón cocido, o queso crema y cibulette. Los aros de cebollas vienen con salsa BBQ y coleslaw.

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Si te estás cuidando, las ensaladas son tu opción: la Ensalada Distrito, con base pollo, queso y vegetales o la Santa Teresa con jamón crudo, mango y otros vegetales. Y si de wraps se trata, hay uno que está inspirado en la ensalada CAESAR y otro más oriental, el Tokio, con cerdo al teriyaki y arroz yamaní.

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Al principio por cercanía y después por absoluta elección fuimos varias veces y pedimos diferentes opciones de burger para ampliar nuestra reseña. Todas ellas fueron una excelente experiencia. Consideramos que la Burger es una estructura indivisible, pero por algún lugar debemos empezar. El pan es un gran logro. Uno de los 5 mejores panes de los que probamos, miga excelente (aireado, suave y esponjoso), contiene al conjunto desde el principio hasta el final y su sabor acompaña sin restar protagonismo. La carne es un excelente blend, con el condimento y la manipulación exacta, al igual que el punto de cocción, dando por resultado un medallón jugoso, con buena experiencia en boca, sin resabios grasosos ni quemados. Destacamos la Capri (una opción bien equilibrada en donde nada falta ni nada sobra, con un ambiente a parrilla otorgado por el morrón y el tomate confitado) y la París (en donde el queso azul se mantiene en su lugar sin invadir el resto y los hongos otorgan la experiencia de estar saboreándola a orillas del Sena).

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Las papas están en su punto exacto y el gran logro es conseguir que las batatas fritas tengan una textura y un sabor óptimos. Muchos lo intentan y pocos lo consiguen (aquí, sin dudas, están una de las mejores). La cantidad es justa constituyendo un buen combo que funciona como almuerzo o cena y no como un simple tentempié. El servicio es muy atento y los precios más que razonables. Y la música excelente.

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DISTRITO BURGER forma parte de una nueva tendencia, pero se destaca de muchas otras a la hora de ofrecer un producto armado con la “cabeza” y con la experimentación, y no en base a las improvisaciones tan de moda en donde se piensa que acumular toppings junto a un medallón de carne encerrado entre dos panes es hacer una buena Burger.

Y arriesgarse a emprender en un barrio alejado del circuito vigente le suma muchos puntos más. Auguramos un auspicioso porvenir y ante la duda, pídanse una hamburguesa.

 

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Distrito Burger

Av. Díaz Vélez 4076 (Almagro)

CABA.

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