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LA ESQUINA: de la Burger roquera

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¿Bar?

Una ochava entera donde se susurra música deleitable, conocida. Pintada de negro. Adentro, sillas de metal coloridas, colorinche. Etiquetas, pegatinas de todo tipo, que recuerdan que el hardcore estuvo haciendo fuerza en los noventas y que el punk siguió viviendo.

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Lo multifacético del lugar tiene tiempo para plantas que cuelgan como junglas y dan vida a un ambiente rockero de cemento, cervezas y hamburguesas. Pero no es una cervecería ni una hamburguesería, aunque se codee con ello. Si bien en su carta hay una jugosa oferta de burgers carnívoras y veggies con originales toppings, panchos tuneados y papas inundadas de ingredientes, el lugar nos recibe con música alta pero plausible, con estímulos sensoriales que nos retrotraen (a los más jovatos al menos) a las noches de Cemento y Die Schule, al rock y la bebida, a lo oscuro y por qué no, a lo prohibido. ¿Qué hay en esos antros que atrapa a la gente? La Esquina, sin llegar a tener esa opacidad y misterio, cumple completamente con la semejanza, como stopeada en el tiempo, como sumida en formol, con la premisa roquera y lugar de encuentro y relajo (para amigos, parejas, y solitarios y sus remembranzas), de noctambulaje etéreo sin tiempo y ¿de pecado?

Claro que hay pecado con un buen menú de hamburguesas con misteriosos y originales ingredientes (que llaman, que atraen y nos dejan dudando por cuál decidirnos) de estos edificios de carne y acompañamientos gourmet: fontina, provolone, ananá, coleslaw, sirachas, aderezos maleables, todos están invitados.

Y desde que fuimos las primeras veces (el ambiente no cambia, la atención es buena), desde aquellas Cheese Burgers ricas, de buen gramaje y abundantes pesajes, pero con demasiado mostakechup embadurnando el todo, pero dejando denotar un buen producto, hasta las novedosas burgers más contundentes (un medallón alto) que recientemente probamos. La denominada “La Esquina”, con el coleslaw que lo dice todo, acidez, cremosidad, frescor; el fontina de calidad, rico, y más rico, panceta y el crispy de la cebolla que acierta la crocancia, la carne en su punto irrumpe en la boca como una llamarada de sabor. Muy bien casi 10, felicitado (originalísima). Y “La King”, clásica, con lechuga, tomate (rodajones demasiado grandes), panceta, pepino, cheddar, cebolla fresca, mayo y kétchup, cumplidora (emula a un Whopper pero bien hecho, caserito y logrado).

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¿Las papas? Rústicas y de buena faena, acompañan bien sin ser de alto octanaje.

Hay buena birra, ofrecen media pinta (¡¡¡al fin alguien!!!) y con precios acordes. Tragos clásicos de bar de antes (noventas también). Gaseosas y aguas.

Ensaladas por las dudas y lo mejor de todo es el precio: Burger con papas y bebida sin alcohol $250, con birra $300. No abunda esta oferta por algo bien hecho y de calidad. Un bar (porque en definitiva es un bar) que cumple, sin ser su función la de competir con las grandes hamburgueserías, pero juega bien en un ambiente distinto y descontracturado.

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Creemos que hay que darle oportunidades a las cocinas que están fuera de los circuitos clásicos y de moda. Hay otra luz, otros terrenos como La Esquina, rockeros, que remembran no solo las hamburguesas clásicas y las gourmets reversionadas sino también un pasado melancólico, pero orgullosamente actualizado.

 

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La Esquina

Gorriti 5608 (Palermo)

CABA,

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SWEET PEPPER COMPANY: donde la hamburguesa ruge

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A 32 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentra la ciudad de Tigre, donde toda la vida sucede en torno al Delta del Río Paraná.

Se cree que su popular nombre fue acogido dada la temible presencia del yaguareté o tigre americano a lo largo de sus islas en épocas de la conquista.

Tierras antaño de pueblos querandíes y guaraníes, comarca de contrabandistas portugueses en el siglo XVII, pasa luego a ser llamado “Pago de las Conchas”, tomando este nombre del río local (ahora Reconquista) desde el siglo XVIII hasta 1920, cuando el arroyito Tigre abrió sus fauces con una sudestada que enterró el pueblo viejo y desde allí recibe la denominación de “Tigre”.

En 1916, el tren eléctrico llegó por estos lares, fomentando así el aumento del comercio y más tarde, los soplos turísticos.

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El nombre “Puerto de Frutos (sitio obligado en la recorrida turística) proviene del hecho que otrora desembarcaban en la zona, todas las producciones frutales de las islas del Delta.

La remería y la navegación son moneda corriente en esta región. Pintorescos viajes en catamarán develan los recovecos naturales e históricos de la felina ciudad y los articulados brazos del río marrón.

Artesanías, muebles, mimbres, inciensos, comidas, sol en la ribera y mucha gente componen el paisaje del Tigre costero, que en esta visita nos ensartó sus garras afiladas de rayos asfixiantes dado el día terriblemente caluroso.

Hay un Museo de Arte y uno del Mate tan argento, pero también hay hamburguesas que merecen estar en un museo aunque no pasen de moda:

Sweet Pepper Company es un food truck que abrió su suerte en el año 2013. Su lugar geográfico (casi inserto en el “Puerto de Frutos” y a orillas del río, con sus mesas y sombrillas admirando los barcos) le da una posición estratégica inigualable, convirtiéndolo (no solo por eso) casi, en la exclusiva opción para probar hamburguesas de calidad en el Tigre.

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Cuentan con un menú tipo americano de burgers, sandwiches, aros de cebolla y papas bastante clásico.

Algunas de sus burgers son: la Cheese Burger, la Double Bacon Cheese Burger, la Sweet Pepperoni con mozzarella rebozada, la OMG con 4 pattys y multitud de queso, pero también hay pulled pork, sándwiches, etc., todo a precios razonables. La Canasta para Dos trae papas fritas que acompañan muy bien, crocantes y más que decentes, aros de cebolla, una Cheeseburger y una Burger del menú a elección. Y esto mismo fue lo que pedimos para tener un claro panorama. Todas las hamburguesas vienen en dos pattys finitos, a excepción de una (la OMG).

Para la sed gaseosas y aguas.

Pese al gran calor, al probar la combinación carne-queso (Cheese Burger), nos olvidamos de los 36 grados y nos enfocamos en las papilas degustando un conjunto enriquecedor. Todo suma, queso cheddar de calidad; la carne de excelente gramaje y sabor, saladita y con pimienta estaba en un gran punto de cocción. El pan tipo brioche de primera contuvo hasta el final de la función. La Doble Bacon llevaba una buena panceta gruesa y de buena ejecución, al queso cheddar se le sumaba un cremoso Dambo, picoso, que le daba carácter al todo, y unas cebollas caramelizadas bien logradas que no invadían.

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Gran carne, con mucho sabor, un tanto parrillero con la caramelización superficial justa y sabrosa. No se puede describir más que lo que las fotos dicen, y dicen que para nosotros las burgers de Sweet Pepper juegan en las grandes ligas y ni se despeinan por las hamburgueserías porteñas, y también dicen que hay una Burger OMG de casi un kilo con 4 pattys y mucho pero mucho queso que espera por hambrientos en busca de proezas, otra gran excusa para visitar este gran y sorprendente food truck que ruge buena gastronomía.

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Sweet Pepper – American Grill

Los Mimbres 1220 (Tigre)

Buenos Aires.

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RONDÓ: de Guatemala a Guatemejor

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Café de Guatemala

Guatemala es un pequeño país de 108.890 kilómetros cuadrados el cual produce uno de los mejores cafés del mundo. Allí se originan increíbles variedades, con sus distintos climas y alturas, se puede cultivar buen café en casi todas las regiones del país. Los cafés guatemaltecos ofrecen una taza limpia, con un buen cuerpo y con diversos grados de acidez.

El café fue introducido en la región por los Jesuitas en el siglo XVIII e inmigrantes alemanes ayudaron a su desarrollo hacia mediados del siglo XIX.

Según Anacafé, actualmente Guatemala produce un 60% más de café que hace 30 años. Con una cosecha de 3,8 millones de sacos de 60 kilos en 2016, posicionándose en el segundo mayor productor de América Central. Hay más de 125.000 productores de café guatemaltecos distribuidos en 20 departamentos, con un total de 305.000 hectáreas de fincas cafeteras. El 30% de la población está dedicada a la industria del café.

Hay 8 regiones diferentes de cultivo, con más de 300 microclimas (aportados por volcanes, lagos, océanos, lluvias, etc.). Las precipitaciones varían de 800 a 5.000 mm/año, pero todo el país tiene una estación de lluvias bien definida. Además, una cadena de 34 volcanes recorre el país, paralela al Pacífico.

La altitud varía entre 1,300 y 2,000 m.s.n.m.

Regiones

Acatenango 

Situado en el sur, el café de Acatenango es conocido por su fragante aroma, cuerpo balanceado y un final limpio y persistente. Se cultiva bajo sombra en 1.300 a 2.000 m., y se beneficia de un suelo volcánico, arenoso y rico en minerales y una precipitación anual de 1.800 a 2.000 mm. La cosecha dura de diciembre a marzo.

Antigua

Antigua, que se encuentra cerca de Acatenango, es conocida por su café dulce, aromático y balanceado. Notas chocolatosas y de caramelo. Está rodeado por tres volcanes: Fuego, Agua y Acatenango, que generan un suelo nutritivo y que retiene humedad. Esto ayuda a compensar la baja precipitación de la región (800-1.200 mm. por año). Las fincas suelen tener entre 1.500 y 1.700 m., y la cosecha es de febrero a marzo.

Atitlán

El café de aquí es conocido por su cuerpo, aroma y acidez cítrica. Se cultiva en las montañas que rodean el lago de Atitlán, entre 1,500 y 2,000 m. El lago crea vientos fríos y suelo húmedo, mientras que la región tiene 1.600 a 2.000 mm. de lluvia al año. La cosecha es de diciembre a marzo.

Cobán

Un poco al norte del centro de Guatemala, está Cobán, un área marcada por intensas lluvias. Con 3.000 a 4.000 mm. de lluvia al año, secar el café es un desafío y muchos productores optan por utilizar secadoras mecánicas. El café, que se cultiva de 1.300 a 1.500 m., por lo general tiene distintas notas de fruta fresca, un cuerpo bien balanceado y un aroma agradable. La temporada de cosecha es de diciembre a marzo.

Fraijanes 

El café de Fraijanes es conocido por su acidez brillante y persistente y su cuerpo bien definido. El volcán más activo de Guatemala, el volcán Pacaya, crea un suelo rico en minerales, y la región tiene de 1,200 a 1,800 mm. de lluvia cada año. El café se cultiva entre 1.400 y 1.800 m., con un período de cosecha de diciembre a febrero.

Huehuetenango

Huehue, también conocido como Huehuetenango, produce cafés con una acidez intensa, un gran cuerpo y notas vinosas. Está en la frontera con México, y es una de las regiones cafeteras más nuevas, dominada por pequeños productores. El café prospera de 1.500 a 2.000 m., y hay precipitaciones entre 1.200 y 1.600 mm. cada año. La cosecha es un poco más tarde en las tierras altas de Huehue, que dura de enero a abril.

Nuevo Oriente

El café Nuevo Oriente tiende a ser bien equilibrado, con cuerpo y con notas a chocolate. Esta área se encuentra en la frontera con Honduras y El Salvador, y el clima local se ve afectado por el Océano Atlántico. Es una región nublada y montañosa con una distribución equitativa de lluvia (de 1.600 a 2.000 mm. por año). El café se cultiva entre 1.300 y 1.700 m.s.n.m. y la cosecha es de diciembre a marzo.

San Marcos

Esta región cuenta con café con delicadas notas florales, acidez pronunciada y buen cuerpo. Tiene la precipitación más alta en todo el país, con 3.000 a 5.000 mm. cada año. Las lluvias estacionales llegan antes que en otras áreas del país, causando cosechas más tempranas. Las fincas se ubican entre 1.300 a 1.800 m.

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Es cierto que los cafés con grandes altitudes tienden a tener mejores perfiles de sabor. Una gran altitud indica que el café crece más lento y se vuelve más denso, y la densidad tiene mucha relación con la calidad. Más del 90% del café de Guatemala se produce a 1.300 m. sobre el nivel del mar o a mayores alturas.

La sombra ayuda a regular la intensidad de la luz solar, por ende, modera el ritmo que las plantas de café absorben los rayos solares, esto ralentiza la fotosíntesis y respiración permitiendo la maduración lenta del café. De esta forma se complejizan sus azúcares. También tiene un efecto positivo en el perfil en taza específicamente con relación a la acidez y el cuerpo.

Los cafés de Guatemala cuentan con un gran apoyo por parte de la Asociación Nacional Guatemalteca de Café (Anacafé). Anacafé brinda diferentes servicios como Analab (un laboratorio de suelos, hojas y agua), laboratorio de catación, escuela de café, asistencia técnica y comercialización nacional e internacional. Las regiones cafetaleras han sido asignadas con asesores, de modo que los productores se pueden dirigir a ellos para obtener información y retroalimentación de su producción y técnicas de beneficiado. En un país en donde la mayoría son pequeños productores con un ingreso limitado, este apoyo es fundamental.

Métodos de Producción en Guatemala

Como en gran parte de América Central, el tamaño promedio de las fincas es relativamente pequeño, y predomina la recolección manual, especialmente entre los agricultores de especialidad.

Según Anacafé, el 98% del café de Guatemala se cultiva en sombra. El café de sombra está asociado con una serie de beneficios que van desde el aumento de la biodiversidad y, en consecuencia, una tierra más sana para una maduración más lenta de las cerezas de café que lleva a granos más densos y sabores más complejos.

Variedades de Cafés

En cuanto al café, el 20% del café cultivado es resistente a la roya, como el Sarchimor y Catimor.

Variedades tradicionales de Guatemala: Bourbon, Caturra, Catuai, Pache y Typica (en orden de preferencia).

Variedades introducidas más recientemente: Geisha, Pacamara, Maragogype y Maracaturra.

Existe una tendencia reciente hacia el Robusta de proceso húmedo en regiones de baja altitud, aunque todavía representa menos del 2% del cultivo del país.

Métodos de Procesamiento en Guatemala

El 98% del café guatemalteco es Arábica lavado.

El proceso Honey y natural son raros en Guatemala, pero crecen en popularidad.

La mayoría de las regiones secan su café al sol. Sin embargo, Cobán tiene niveles de humedad mucho más altos y por lo tanto seca de forma mecánica su café para protegerlo de la fermentación. En Huehue, Nuevo Oriente y San Marcos, se encuentra una combinación de ambos métodos de secado.

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¿Dónde podemos degustar el café de Guatemala?

Hay varios lugares que disponen de rico café guatemalteco, pero nosotros recomendamos uno en especial por sus aires especiales: Rondó (Rondddó). Y esta cafetería es especial en primer lugar por la calidez de la gente que lo atiende, con buena predisposición y servicio, y con ganas de explicar y hablar de café. También lo es por su ambientación novedosa, minimalista con sus blancas paredes y sus vivos detalles en negro, distintas texturas que acarician los sentidos. Con su decoración de azulejos hexagonales en modernas disposiciones, que dan cierto grado de sofisticación, y por qué no, alma al lugar.

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La cafetería, que abrió hace escasos meses, está, como ya dijimos, ambientada en un minimalismo sutil y blanquecino, tiene una forma de L, con una barra central donde se atiende a los clientes y una lateral en donde se dispensan comidas y jugos (ambas elegantemente revestidas por los mosaicos hexagonales). La luz es delicada e intensa a la vez, en paredes altas y cuidadas. Disponen de una barra con banquillos altos y cómodos mirando hacia el ventanal que acaricia la calle (escena de la lluvia una de las veces que fuimos). También cuenta con 7 mesas en madera natural y caño para dos personas y alguna para 4 (varias mesas forman una columna vertebral con una de las paredes donde un cómodo sillón continuo con almohadones a tono recorre el contorno), con sillas blancas muy cómodas. Buena disposición y con un sonido ambiental relajado.

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El estilo le da un cambio de aire a las cafeterías de especialidad, pues es de inspiración de las recientres cafeterías surgidas en Asia u Oceanía, simples y funcionales, pero siempre ponderando al café.

¿Qué pedir?

A pesar de ser una cafetería tiene menús de desayunos, almuerzos y meriendas varias y muy completos. Para los primeros hay croissant, scones saborizados, yogures tuneados, budines, budines FIT, tostadas, tortas variadas (la de carrot cake muy buena), huevos revueltos, muffins, cookies, etc. Y cuentan con alternativas veganas y saludables. Todo con mucha pinta y sumamente cuidado en detalle, dispuesto en una heladera exhibidora insertada entre las dos barras. También hay opciones contundentes de comidas para almuerzos o a la hora del hambre. Sándwiches, ensaladas varias, tartas, tostones a todo trapo, etc. (resaltando el cuidado y la calidad de los productos).

Para a acompañar: aguas, jugos, exprimidos y limonadas.

¿Cómo pedir?

Se puede hacer el pedido en la caja tras la barra principal y te lo llevan a la mesa o sentarse donde elijas y te toman el pedido. El tiempo de espera es muy adecuado.

¿¡Y el café!?

Espressos, lungos, macchiatos, flat white, capuccinos, lattes, americanos, mocaccinos, son toda la carta de café de especialidad (las versiones con leche pueden elegirse también con leche de almendras).

El café con el que cuentan es uno de Guatemala de la región de Antigua, variedad Bourbon, de beneficio lavado, cultivado a 1800m. de altura de la finca San Sebastián, tostado por Puerto Blest.

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Finca San Sebastián, Antigua, Guatemala. De aquí sale el café que estás tomando.

 

Lo probamos en espresso, es un café muy equilibrado, con aroma algo cítrico y dulzón, con una acidez justa, con notas cítricas y dejo chocolatoso, gran retrogusto, de cuerpo medio. Para empezar un gran café versátil y rico.

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Lo probamos en capuccino, con una gran crema, sedoso, de buen cuerpo, dulce, muy bien elaborado. Excelente.

Las preparaciones de café vienen acompañadas acertadamente con un agua levemente alimonada.

Quizás pronto se venga la barra de filtrados, eso esperamos ¡y por más orígenes de café!

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¿Precios, atención?

Los precios son los que se manejan normalmente en este tipo de cafeterías. La atención como anticipamos fue excelente las veces que visitamos el lugar, con grandes charlas cafeteras con su dueño y con una de sus grandes baristas (Verina). Es muy bueno para el cliente, que le expliquen, que lo asesoren, que lo mimen, y para nosotros charlar sobre café es enriquecedor.

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¿?

Para cerrar, Rondó es más que recomendable. Seguramente irá encontrando su camino, su estilo propio y sus distintos perfiles de cafés. No es una cafetería estática y resalta gente de empuje y con ganas. Es un lugar óptimo para aprender sobre café, está todo a la vista (incluso su Simonelli Aurelia II). Parece adaptada a sus clientes, y esperemos que esto retroalimente y sus clientes adquieran la fascinación por el café correctamente preparado.

La experiencia del conjunto es gratificante, en servicio, ambiente, calidez y sobre todo excelente café, en este caso de Guatemala (o Guatmejor).

 

(fuente: PDG español).

 

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Rondó

Uruguay 1048 (Recoleta)

CABA.

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DISTRITO BURGER: si no sabés que pedir, pedí una burga

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Para los amantes de los mapas, Almagro se despliega como una alfombra en el medio de la ciudad, entre Palermo, Balvanera, Villa Crespo, Recoleta, Caballito y Boedo. Una alfombra atravesada por tres avenidas (Corrientes, Rivadavia y Díaz Vélez), dos líneas de Subte (la pionera Línea A y la céntrica Línea B) y las vías del Ferrocarril Sarmiento, que como prudentes puñales le han conferido una esencia de barrio de transición, en donde el tango, la inmigración y el progreso se mezclan entre algunos empedrados, unos cuantos pasajes atractivos y una única plaza en donde conviven los extremos junto a los medios. Almagro tuvo privilegios y decepciones. Desde una estación de trenes que se desmanteló muy pronto, hasta una de las Basílicas más antiguas y pintorescas de la ciudad, pasando por un club de fútbol que supo disfrutar de los aires de la primera A y aún lucha por volver; sin olvidarnos de los clubes tradicionales de Box, la histórica Confitería Las Violetas, la vieja Confitería Gildo (que se perdió entre otras tantas), junto al Mercado de Flores que devino en una mediática Iglesia Evangélica.

Almagro supo ser un barrio de italianos (cuyo antiguo Hospital continúa expandiéndose y aún se pueden oír las campanas de su primitiva capilla los domingos por la mañana), con almacenes que perduraron hasta que fueron cediendo paso a los mercaditos chinos y a las remozadas fiambrerías Gourmet, al igual que sus bares, hoy proclamados como históricos. Sin dejar de ser un “barrio”, los últimos años han venido atravesando sus calles con numerosos teatros pequeños, salas de cultura y algún que otro emprendimiento gastronómico que todavía no han hecho que Almagro “explote” al igual que su vecino Palermo, ya consagrado como polo de atracción turística, repleto de bares, restaurantes y referente de la mejor comida. A nuestro entender, es solo una cuestión de tiempo.

En nuestro blog hemos tratado de destacar todos aquellos emprendimientos que se apartan de la “zona de confort” que significa poblar los ya atestados lugares céntricos, Palermo, Puerto Madero o el mismo Microcentro, cada vez más difíciles de acceder y de encontrar lugares para estacionar. Y mucho más, tratándose del barrio en el cual vivimos desde hace mucho tiempo. Y es aquí, donde caminando por la Avenida Diaz Vélez, nos encontramos con un espacio nuevo, que contiene todo lo que uno está acostumbrado a experimentar en otros polos barriales más privilegiados.

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DISTRITO BURGER, al igual que la avenida que lo hospeda, atraviesa el barrio en el preciso cruce temporal en que el viejo bodegón debe ceder su decadencia hacia las nuevas necesidades del paladar de los más exigentes. Y es aquí en donde se destaca como pionero en lo que esperamos, sea el comienzo de una nueva transformación.

En un ambiente agradable, tipo industrial moderno, en donde todo está a la vista (no hay mostradores atestados de cachivaches ni cocinas ocultas), la decoración del salón se reparte en mesas y sillas altas, bajas, barras laterales en madera y hierro, y barriles de cerveza. Paredes casi despojadas; solo lo exacto para brindar espacio a lo que más importa, el producto.

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La carta es simple, para tomar: cerveza (IPA, Golden Ale muy buena), gaseosas y aguas y para comer ensaladas, wraps y hamburguesas. Pero en lo simple está implícita la complejidad y es a partir de esta complejidad en donde DISTRITO BURGER se destaca de todas las demás. La comida está diseñada por alguien que conoce de gastronomía y eso se respira en cada uno de los conceptos.

En cuanto a las hamburguesas, todas ellas pesan 220 gr. (se agradece) y pueden ser acompañadas de papas o de batatas fritas. Sus nombres evocan ciudades o lugares turísticos: New York (la típica burger americana con cheddar, panceta y cebolla crispy), Buenos Aires (provoleta, huevo, panceta ahumada, lechuga, tomate y cebolla morada), Capri (provoleta, tomate confitado, cebolla, marrón asado, rúcula y alioli), Jalisco (con opción a medallón de pollo crispy o de ternera, cheddar, guacamole, pico de gallo, tomate y mostaza a la miel), París (queso azul, cebolla caramelizada, hongos de estación y panceta), Montevideo (queso Dambo, jamón cocido, lechuga, tomate y huevo), Barcelona (carne de cordero, queso Brie, tomate confitado, pepinos encurtidos y emulsión de morrón), Istambul (la vegetariana con medallón de arroz yamaní y calabaza, hongos al oporto, queso provolone, mix de verdes y pesto italiano de rúcula sin ajo) y la de la casa, la Distrito Burger (doble medallón, cheddar, dambo, pepinos, panceta, huevo, cebolla caramel y BBQ). Si preferís los sándwiches, encontrarás la variante Cuba (bondiola de cerdo braseada y desmenuzada, queso doble Dambo, coleslaw y BBQ Jack Daniels) y la Milán (milanesa de ternera, jamón cocido, queso Dambo, huevo, lechuga, tomate y mostaza con miel). Recientemente abrieron la opción de doble medallón en las hamburguesas.

A la hora de elegir los acompañamientos, las papas, las batatas y las cebollas toman protagonismo y las podrás ver escoltadas de cheddar, panceta y verdeo, o huevo revuelto y jamón cocido, o queso crema y cibulette. Los aros de cebollas vienen con salsa BBQ y coleslaw.

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Si te estás cuidando, las ensaladas son tu opción: la Ensalada Distrito, con base pollo, queso y vegetales o la Santa Teresa con jamón crudo, mango y otros vegetales. Y si de wraps se trata, hay uno que está inspirado en la ensalada CAESAR y otro más oriental, el Tokio, con cerdo al teriyaki y arroz yamaní.

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Al principio por cercanía y después por absoluta elección fuimos varias veces y pedimos diferentes opciones de burger para ampliar nuestra reseña. Todas ellas fueron una excelente experiencia. Consideramos que la Burger es una estructura indivisible, pero por algún lugar debemos empezar. El pan es un gran logro. Uno de los 5 mejores panes de los que probamos, miga excelente (aireado, suave y esponjoso), contiene al conjunto desde el principio hasta el final y su sabor acompaña sin restar protagonismo. La carne es un excelente blend, con el condimento y la manipulación exacta, al igual que el punto de cocción, dando por resultado un medallón jugoso, con buena experiencia en boca, sin resabios grasosos ni quemados. Destacamos la Capri (una opción bien equilibrada en donde nada falta ni nada sobra, con un ambiente a parrilla otorgado por el morrón y el tomate confitado) y la París (en donde el queso azul se mantiene en su lugar sin invadir el resto y los hongos otorgan la experiencia de estar saboreándola a orillas del Sena).

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Las papas están en su punto exacto y el gran logro es conseguir que las batatas fritas tengan una textura y un sabor óptimos. Muchos lo intentan y pocos lo consiguen (aquí, sin dudas, están una de las mejores). La cantidad es justa constituyendo un buen combo que funciona como almuerzo o cena y no como un simple tentempié. El servicio es muy atento y los precios más que razonables. Y la música excelente.

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DISTRITO BURGER forma parte de una nueva tendencia, pero se destaca de muchas otras a la hora de ofrecer un producto armado con la “cabeza” y con la experimentación, y no en base a las improvisaciones tan de moda en donde se piensa que acumular toppings junto a un medallón de carne encerrado entre dos panes es hacer una buena Burger.

Y arriesgarse a emprender en un barrio alejado del circuito vigente le suma muchos puntos más. Auguramos un auspicioso porvenir y ante la duda, pídanse una hamburguesa.

 

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Distrito Burger

Av. Díaz Vélez 4076 (Almagro)

CABA.

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PONY LINE Bar: estilo y sabor

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Se cuenta que los primeros ejemplares de ganado vacuno arribaron a estas tierras de la mano de los españoles, mucho antes de la fundación del Virreinato del Río de la Plata. Ya en el momento de la segunda fundación de Buenos Aires existían millones de cabezas distribuidas por toda la pampa húmeda y la Mesopotamia, lugares increíblemente aptos para su reproducción. En un principio, no existían estancias y las vacas no tenían dueño. Los incipientes gauchos y los indios organizaban las sangrientas vaquerías, aprovechando el interés de Europa por los cueros. Hoy nos parece inconcebible que, en tales maniobras, los gauchos comían apenas el matambre, la lengua y el interior de los huesos grandes de la vaca, luego de quitarles el cuero y dejando el resto para los animales carroñeros y los perros.

 Más allá de que existiera algún antepasado argento prehistórico, el consumo de carne bovina va de la mano con la organización de estas vaquerías. El asado se remonta a esa época, cuando los hombres improvisaban un asador en la tierra apelando a algunas estacas rodeando una hoguera. La carne era consumida casi cruda, sin más cubiertos que el trabajado facón que cada gaucho llevaba consigo a manera de la más sofisticada navaja suiza de supervivencia.

 Con el advenimiento de los saladeros y más tarde de los frigoríficos, la carne vacuna de nuestras tierras comenzó a manifestar un interés especial por parte de los europeos. Y es que aquí había extensión de sobra para que las criaturas caminaran varias leguas para conseguir su alimento, dando por resultado una musculatura más contundente y una grasa mucho más digerible que la de las sedentarias vacas europeas, criadas en establos.

 Comenzó la era de la exportación de carne refrigerada, beneficio que hizo crecer nuestra economía durante muchas décadas (la aftosa y la mala administración se encargaron de redondear el boicot, pero eso es otro tema). Y los viajeros fueron los que comenzaron a notar que la misma carne argentina consumida más allá del Atlántico tenía un sabor diferente; más profundo y redondo. Por entonces las carnes viajaban en buques refrigerados, demorando unos cuantos días en llegar a destino.

 En los últimos años ha comenzado a aprovecharse esa curiosidad para obtener carnes con mejor sabor. Surge entonces el proceso llamado Dry Aged, mediante el cual la carne faenada se estaciona en cámaras frigoríficas a una temperatura que varía entre 1 a 3 grados centígrados, controlando la humedad a valores específicos, las corrientes de aire y la flora bacteriana, todo ello durante un tiempo variable que puede ser de 45 días hasta varios meses. En este proceso natural pero controlado, la carne va sufriendo una serie de reacciones enzimáticas que hacen que las fibras musculares se vuelvan más suaves, dando como resultado una experiencia en boca diferente, una textura más suave y un sabor más intenso. Obviamente que nunca se deja que la carne entre en la etapa de putrefacción.

 La carne madurada de esta manera comienza a ser la nueva pasión de los argentinos. De la mano del Restaurante Elena y su bar Pony Line, se funda el primer club Dry aged de la Argentina del que participan cada vez más asociados (uno de los pioneros en el proceso de maduración de la carne).

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Pony Line, en el barrio de Retiro, como digno integrante del Hotel Four Seasons, está decorado siguiendo una temática bien argentina (en la página juran que la ambientación es de una caballería escocesa). Un establo de caballos de polo, en donde el lujo y la sencillez encuentran el punto exacto en que confluyen el buen gusto y la elegancia descontracturada de sus clientes. Un ambiente medido en donde nada sobra y nada falta. El cuero y el metal son los ladrillos fundantes de toda una estructura dedicada al confort de quien la visita. Microespacios con sillones y mesas bajas para quienes priorizan el relax, mesas compartidas para aquellos que se atreven a disfrutar de las relaciones sociales propias de un after-office, mesas altas para los que gozan de las nuevas tendencias y apartados cerrados a la manera de studs, en donde se puede conversar con la mayor intimidad. Todo esto acompañado de una atención increíble, en donde el personal (además de ser capacitado) se esfuerza por ofrecer un servicio exclusivo, sin invadir y hasta con la perspicacia de acercarse sin que uno se los pida, justo en el momento en que se los necesita.

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La carta es una ingeniosa barra de cuero de esas que se usan como rebenque, conteniendo todas las delicias, con forma de picadas, sándwiches, hamburguesas, pescados, metzes, street food y cocina internacional de altísima calidad; meriendas, patisserie, bollería fina y helados de marca propia; y la enorme variedad de cócteles con o sin alcohol, cervezas y hasta café de especialidad.

 

Con las bebidas, acercan unas papas tuneadas con pimentón que en combinación con la salsa estilo kétchup especiado resultan adictivas.

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Como hamburgueseros no quisimos irnos sin probar las dos opciones de Pony Line, famosas en el ambiente. La “Clásica Pony” con un medallón de carne de 250 gr. acompañada de queso Lincoln, panceta, cebolla crocante, pepinillos y barbacoa casera y la “Madurada 45 días, también de 250 gr. que viene con lechuga, tomate, relish casero, queso Lincoln y tomeya. El pan de ambas viene directo de la mano de los dioses, un brioche que contiene, acaricia y penetra sensual en tu boca en comunión sagrada con la carne y en actitud de bendita concupiscencia.

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La carne en el punto justo, la “Clásica Pony” es un blend de 40% de tapa de asado Wagyuy (carne Kobe de intenso marmoleado, infiltración de grasa en las fibras musculares, lo que entrega sus particulares atributos de sabor cuando es cocinada) y un 60% de roast beef y bife de chorizo Angus, mientras que la “Madurada (dryaged)” consta de un 40% roast beef y un 60% bife de chorizo, ambos madurados durante 45 días. La composición de esta Burger está pensada para realzar el sabor de la carne, ingredientes suaves y reconocibles para que el paladar sólo se ocupe de apreciar la textura y el sabor del medallón. Y vaya que esto ocurre. Se destaca la calidad de productos, la delicadeza y cuidado en el armado, lo crujiente, lo suave, lo fresco, la complejidad del conjunto. Hamburguesas super Premium, sabrosas y contundentes.

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Acompañamos el placer con un exquisito brebaje de manzana, menta, limón y huellas de cardamomo, llamado “Refresco oriental”, equilibrado y adecuado para maridar con la comida. Y para finalizar, quisimos probar el famoso helado de LA DOLCE MORTE. En este caso una bocha de helado “Chocolate blanco & Magic”, una curiosa combinación de chocolate blanco, café y mandarina que en la boca se descifra como una dulce sinfonía que le da significado a cada una de las papilas (quizás el helado más sublime que hayamos probado jamás).

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Los orientales hablan del vocablo CHOWA como la perfecta conjunción entre el cerebro, la mano y el corazón. Pony Line Bar expresa ese significado y no se puede pretender que la perfección vaya de la mano con un precio estándar. La diferencia no está en la billetera sino en la experiencia y la sabiduría está en apreciar las diferencias y hacer la mejor elección.

 

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Pony Line Bar

Posadas 1088 (Retiro)

CABA.

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cervecería, comida internacional, empanadas, hamburguesas, Uncategorized

MENENGA RESTAURANT: la revelación de la hamburguesa de oro

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Quizás un presagio, un vaticinio, una gema en un camino que empezamos este año, siempre en busca de lugares de excelencia, pues cuando se paga por un plato en gastronomía es bueno que la devolución tenga calidad, que haya un diseño de carta, buenos productos y por supuesto una atención perfecta. Si no, para los que nos defendemos al cocinar, nos quedamos en casa y se termina la historia, la reseña y la receta de turno. Puede ser un hallazgo, un local cuya apertura fue hace poco más de un mes, en Caballito, en las cercanías de la cancha de Ferro, en un pequeño polo que se formó en pleno barrio. También, y como una maldición/bendición queda a 8 cuadras de donde practicamos el arte del bonsái (si también somos fanáticos de eso), por los que no nos queda otra que aseverar que, en el mejor de los casos, es una revelación…

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Inserto en una cuadra bien de barrio, la fachada de Menenga Restaurant no impresiona más que la de un restó moderno. Al entrar se abre camino un pequeño living para 6 personas (sillón incluido), que se antepone a una cocina abierta que incluye una barra con varios asientos. Contiguo, formando una L con la cocina, sigue el salón tipo bodegón actual, onda industrial con parciales ladrillos a la vista y cemento desgastado estilo rústico. Cuenta con 3 mesas para 4 personas y 3 mesas para dos comensales. Luces intimistas. Una gran vidriera hacia el exterior. Buena música y gran ambiente, curioso y cómodo.

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El chef tenía un proyecto a puertas cerradas llamado Arengreen, un proto-Menenga que lo catapultó a la apertura de este nuevo bistró.

La atención es muy cordial, por gente joven (incluido el chef). Ambiente descontracturado sin dejar de ser muy profesional y sumamente cuidado.

El menú cuenta con pocas recetas que son originales, a los que se suman platos del día (Goulash con spätzle o panceta ahumada envuelta en entraña más batatas pay con salsa de queso azul). Divididas en platos chicos o entradas, platos grandes estilo bodegón/minuta, 3 burgers o sándwiches, postres, bebidas y tragos (acotadamente eficaz, para qué complicarse).

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El sistema de servicio es en mesa por mozo y también cuentan con take away (tipo vianda). El tiempo de espera fue adecuado.

Para beber hay gaseosas, cervezas, vino, tragos, soda de sifón (a la vieja usanza).

Pedimos hamburguesas, las dos de la carta. Una Doble Bacon con queso cheddar (le sacamos los pepinillos) y la otra, Doble Oklahoma (un estilo americano con cebolla cocida junto a los medallones, también con cheddar). Ambas servidas en lajas de piedra negra.

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La carne es excelente, buen punto, poco condimentada, un gramaje genial y muy jugosa. Sumamente llamativo es el Pan que realizan en el lugar, elaborado a base de zapallo Cabutia, el cual le otorga un color dorado/amarillento a la miga y corteza que abrazan al Patty (la hamburguesa de oro). Es esponjoso, sostienen muy bien el contenido, y le brinda un toque dulzón al conjunto. Muy original, destacando mucho por sobre otros lugares.

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Los toppings son muy buenos, queso excelente, panceta con un buen dorado y llevando un relish sutil de pepino que le daba un gusto global soberbio. Vienen con papas fritas que acompañan bien.

Nos sorprendió muchísimo el sabor del conjunto, con un pan que aporta un toque distintivo y una carne realmente sabrosa, entrando para nuestro gusto en un lugar bien alto en nuestra tabla virtual de hamburguesas/hamburgueserías.

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Además del plus de contar con otras variantes en cuanto a platos, se evidencia un restaurante con pensamiento gastronómico por parte del chef, sumando así originalidad y técnica a las preparaciones. Nos falta probar otros platos por los que regresaremos.

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Realmente un hallazgo y creemos que es, sin dudas, la sorpresa hamburguesina en lo que va del año para nuestro gusto y humilde parecer. En una zona en crecimiento gastronómico, destacan por sus productos frescos y elaboración sumamente cuidada. Calidad más atención más sabor más originalidad: una total revelación para no ser un lugar dedicado solamente a las hamburguesas. ¡¡¡La de oro garpa!!!

 

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Menenga Restaurant

Espinosa 480 (Caballito)

CABA.

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