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VIVE CAFÉ: el café de Colombia vive en Costa Rica

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Los cafés de Colombia son famosos y exquisitos, refinados y escogidos en el mundo entero. Su geografía se aposenta en las cercanías del Ecuador, con climas tropicales, temperaturas elevadas y constantes, y una marcada influencia de los Andes; todas estas características que suman y le dan al café su perfil de alta montaña (donde las cerezas maduran más lentamente otorgando bebidas con más aroma, acidez y sabor).

Colombia posee 4 cafés con denominación de origen: Cauca (montañoso y volcánico), Santander al norte (templado y seco), Huila (de valles y volcanes) y Antioquia; pero además hay otras zonas bien cafeteras que según sus características de tierras y altitudes le otorgan a este país diversidad en sabores y aromas de cafés. Entre ellas podemos nombrar a Nariño, Tolima, Boyacá, Casanare, Cesar, Caquetá, La Guajira, Caldas y Arauca. Entre estas y varias otras (19 regiones productoras en total) hacen que más de 500 mil familias produzcan y vivan del mercado del café (más de 800 mil puestos de trabajo).

Así mismo, Colombia es uno de los principales productores de café del mundo, cultiva solo Arábica, en su mayoría de beneficio lavado y en una gran parte, los cafetos crecen sombreados. Esto da un perfil de aromas pronunciados, con una acidez característica y brillante (quizás su toque distintivo), cuerpo medio alto, dando una bebida equilibrada y suave. Este equilibrado sabor y alta calidad de producción y producto hacen que los granos sean considerados con altas puntuaciones (SCA) y sean de los más solicitados.

En Argentina podemos encontrar varios lugares donde conseguir Café de Especialidad colombiano, uno de ellos es Vive Café. Esta cafetería ubicada en Palermo Hollywood tiene características de un pequeño garaje desde afuera (donde se pueden encontrar sillones cómodos). Adentro se perfila un colectivo de muebles diversos, distintas sillas y mesas en madera, alacenas, estantes, y un popurrí de muchos adornos abstractos y modernos sumados a pizarrones con la carta que ofrecen, que dan una mezcla de bar antiguo y bohemio, otorgando un ambiente cálido y familiar. Se oye buena música.

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Paredes blancas y amarillas con diferentes texturas, sin una barra central, solo un mostrador en donde se atiende y reposa la máquina Rina de Rilo (industria nacional), también hay una breve barra con asientos altos sobre uno de sus ventanales. El lugar es pequeño, con sus dueños colombianísimos muy atentos y amables. Se puede pedir en la mesa que elija uno para sentarse o también cuentan con take away. El tiempo de espera del servicio es muy adecuado.

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En cuanto a la carta tienen exprimidos, licuados, cerveza, jugos, tés y leche de soja (también usada en sus preparaciones de café si se solicita). Los granos que usan son todos de origen colombiano. Hay Excelso, Guanes, Blend de estos dos últimos, Valle de Cocora, Planadas Tolima y Santander de Mesa de Santos, entre otros. La mayoría orgánicos y con puntuaciones altas de SCA. Con ellos (van rotando el tipo de grano) hacen todas las preparaciones calientes de una cafetería de especialidad, cafés fríos como cold brew, frappé, iced latte, coffe tonic, milk shake café y affogato. También preparan café en aeropress y café turco. Se pueden acompañar con muffins, croissant, sándwiches, tostados, cookies y chocolate colombiano.

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El blend es muy bueno, aromático, maderas y frutas, crema dorada, cuerpo redondo, sabor ácido y frutos rojos, amargor bueno, retrogusto suave de persistencia normal.

El Planadas Tolima de exquisito sabor, complejo, aromático suave y muy distinto a lo que nos tiene acostumbrados los cafés colombianos. Gran descubrimiento.

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Los capuccinos y mocaccinos son exquisitos y cremosos.

Tienen granos para llevar y compramos el de Valle de Cocora, intenso, de acidez marcada y gran cuerpo.

El precio es normal y hacen facturación.

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Un lugar apacible, como un pedacito de Colombia en aires porteños. Una buena experiencia y gran posibilidad de probar la variedad de sabores de esta tierra cafetera de calidad. Distinto y distintivo, Vive Café se destaca.

 

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Vive Café

Costa Rica 5722 (Palermo)

CABA.

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CAFÉ REGISTRADO: la “fábrica” de café

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El café es una bebida compleja porque, desde su origen, la planta del cafeto es una especie compleja. El cinturón cafetero ocupa una relativamente angosta franja que se extiende rodeando el Ecuador, entre los trópicos. Fuera de ese margen, muy pocas regiones son aptas para el cultivo de este preciado arbusto. Asimismo, no solo el clima es crucial a la hora de obtener una buena cosecha, sino que la altura determina muchas de sus características organolépticas. Y como si esto fuera poco, no todas las bayas maduran al mismo tiempo, por lo que la recolección mecanizada, tal como se la plantea en la cosecha de cereales es poco menos que impensable. Por esta y algunas otras razones, la mayoría de los cultivos se encuentran en manos de fincas, cuyos administradores se encargan de obtener los mejores granos a través de un cuidado cultivo, nunca exento de riesgos ambientales o biológicos.

En cada gota de café que cae en nuestra taza se refleja el cultivo milenario, el trabajo de centenares de campesinos encargados de la recolección y de los complejos procesos que llevan a “transformar” la baya colorada del cafeto en el grano más seleccionado y cuidado que llega en bolsas de arpillera viajando desde remotísimos lugares, hasta su tostado y posterior extracción ya sea a través de la máquina espresso o de los numerosos métodos de filtrado.

CAFÉ REGISTRADO, desde su amplio local de Costa Rica y Ravignani, supo entender al café desde el interior de la tierra, mucho antes del inicio de la plántula bendita. En contacto con las fincas nos trae las diferentes variedades de café: Limu, Guji (también de excelente performance en filtrados como V60) y Abyssinian mocca sundried, desde la finca Moplaco, propiedad de Heleanna en Etiopía, o desde la Finca Los Pirineos, propiedad de Gilberto Baraona en El Salvador, los Bourbon, Orange y red, con beneficio Honey y Washed respectivamente. Recientemente incorporaron un Brasil, variedad Red Catuaí de proceso natural (finca de Augusto Borges). Todos estos de excelente calidad y tostados por ellos mismos, en su sala de tostados a través de la DIEDRICH IR12 con el software Cropster, garantía de tostado perfecto.

Para no dejar nada librado al azar, el predio cuenta con un laboratorio propio en donde permanentemente se realizan análisis exhaustivos tanto del grano verde como del grano tostado. Y para completar, una escuela con certificación de la SCA (Specialty Coffee Association) a través de la cual se capacita a todo aquel interesado en aprender y formarse como profesional del café (y por lo que se experimenta también a su propio personal).

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Como simples consumidores, al entrar advertimos la profesionalidad. Un espacio ambientado para la comodidad que nunca reniega de su origen de antigua fábrica, reciclada como tantos predios del barrio de Palermo. Tres islas de servicio, la principal, la barra de preparados y la sala de tostado, presiden el lugar, delimitando las áreas de consumo en donde se reparten cómodas mesas, altas y bajas, un living con un sector de exposición de productos y en un entrepiso, la escuela y el laboratorio. El aroma de buen café invade los sentidos y la buena predisposición del personal es un plus que no se puede soslayar.

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Desde su carta se pueden elegir todos los tipos de café, calientes y fríos. Espressos, filtrados y también licuados y jugos. En horas del mediodía y de la noche también existen opciones de comidas, que reservaremos para una reseña posterior.

 

CAFE REGISTRADO es diferente en muchos aspectos. Entre ellos, el más importante es que todos los camareros saben lo que ofrecen. No hay dudas a la hora de responder las preguntas y las recomendaciones que dan son siempre calificadas. Otro de los aciertos es que no hay necesidad de pedirles agua y además ofrecen un bocado de cortesía (en este caso un bombón de merengue achocolatado de gran sabor). Suelen ofrecer dos variedades de grano al día que van rotando, con las cuales preparan todos sus cafés. Tienen la mayor opción de filtrados de casi cualquier cafetería de especialidad incluyendo la Vandola (artefacto hecho de arcilla, con un porta filtro, mango y boquilla, con cuello angosto para que el filtro encaje. Con inspiración en arte Precolombino. Resultan cafés de sabores delicados).

 En cuanto al café, pedimos un espresso Limu (de Etiopía), cuyo aroma a madera y campos de cereales nos invadió, dejando para después el frescor de la miel recién cosechada. Con una crema dorada y persistente, nos adentramos a degustarlo incrementando la experiencia. En boca, parecía que todas las notas se agolpaban al mismo tiempo, con una acidez de frutos intercalada con el dulzor similar a las cañas de azúcar, dejando un regusto muy agradable como de cacao. También pedimos un Caramel Machiato, muy correcto, con una espuma persistente.

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Como acompañamientos, pedimos unas medialunas de excelente calidad (todo un logro en la bollería de hoy en día) y un budín de limón y amapola memorable.

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Todas las variedades de café que se sirven en el local, también se pueden llevar para consumir en casa, ya sea en granos o molido como lo desees.

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Los precios están un poco por arriba de la media, pero vale la pena la experiencia. Aceptan tarjetas de débito y hay sillas altas para los más pequeños y mucho espacio en las veredas para los fumadores y amantes del aire libre. Tenemos entendido que abrirán una sucursal en Palermo.

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La esquina de Costa Rica y Ravignani fue el lugar de alguna antigua fábrica que hoy luce remozada y con olor a café. Es una esquina más de Palermo, como tantas otras, pero para nosotros es la esquina en donde se unen las ganas de tomar buen café con los que saben lo que hacen a la hora de ofrecerlo.

 

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Café Registrado

Costa Rica 5901 (Villa Crespo)

CABA.

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FERIA FECA: solo café!

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Las ferias suelen mezclar sentimientos, sabores, tradiciones y a mucha gente. En este caso la Feria FECA organizada por el GCBA en la plaza República del Perú, nos trajo una interesante mezcla de cafés, cafeterías, pastelería y bollería. Cafés (de diversos orígenes, calidades, blends), bares notables, cafés más comerciales, pero todos unidos para promocionar y dar a descubrir las distintas variantes de cómo se puede tomar esta bebida revolucionaria y tan arraigada a la cultura porteña.

Atinadamente se llevaron a cabo distintas charlas sobre todos los aspectos del café y talleres con la participación del público. Se habló del espresso correcto y sobre el café que tomábamos en Argentina (amargo, largo y sobreextraído, preparado así nomás); que desde la irrupción del Barista profesional se está cambiando la forma de pedir y exigir un café elaborado de manera adecuada, sin perjudicar el producto, tratando de sustituir los paradigmas vigentes en donde por un alto precio nos acostumbramos a tomar un café de baja calidad. En esta charla participaron gente de Illy, Tienda de Café y la cafetería de especialidad Negro.

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También hubo charlas sobre los distintos tipos de filtrados y su forma de prepararlos en el hogar. Se habló sobre los diversos orígenes del café y el cinturón cafetero (regiones donde crece el cafeto), e incluso sobre la sustentabilidad en la producción del café. También sobre la salud y el café, y el auge del café frío.

Hubo tiempo para charlas sobre el café que se toma en Italia con la participación amena y llena de anécdotas del chef Donato de Santis.

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Participaron en esta segunda edición varias cafeterías de especialidad (obviamente a las que fuimos sin dudar y con las que en la mayoría coincidimos en su visión de cómo se debe preparar y tomar el café), las cuales ofrecieron los mejores cafés del fin de semana:

MOTOFECA, ya hicimos una reseña de su local y en esta oportunidad charlamos de café con uno de sus dueños y con gran disposición nos contó que hacen cursos en su local del Centro, en donde también se pueden ver las jornadas de tostado. Bebimos un Bolivia muy bueno. Croissant de almendras relleno con crema pastelera excelente. Con un Nicaragua en versión filtrado. El domingo tenían un Brasil de Minas sacado en formato espresso.

BOTE, siempre con su buena onda. Probamos un espresso Sierra Nevada, colombiano riquísimo, a un precio muy conveniente. Tenían los latte de otoño (tuneados, con muy buenas combinaciones). Pastelería de las mejores.

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CIGALÓ, (del cual ya hicimos una reseña de su local), presentaron solo aeropress y chemex, el sábado y el domingo sumaron su exquisito blend (El Salvador, Etiopia Goji, Etiopia Limu). Además su pastelería lograda. El Nitro Cold Brew (modalidad temperatura ambiente) y su cremosidad se llevó nuestros aplausos. Su atención como siempre fue muy amable.

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HÁBITO, con su buena predisposición, y un Nicaragua de beneficio Natural excelente, un lujo para la feria, también ofrecido para la venta. Pastelería insuperable, incluso tenían budín de choco y alfajores sin TACC.

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ZAVALIA CAFÉ, una de las grandes sorpresas fue poder conocer esta cafetería y la buena atención de su dueño y empleados que amablemente charlaron un rato con nosotros. Presentaron un Honduras, beneficio lavado, aromático, picoso, tostado por ellos, de los mejores de ese origen que hemos probado. Sirve para espresso y filtrados (lo tenían a la venta). Contaban con pastelería.

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IMPORT COFFEE COMPANY, conocidos por su rico café Illy y sus chocolates, esta vez no probamos su café, para nosotros ninguna novedad.

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USINA CAFETERA, con pastelería que se veía muy bien y uno de los pocos que no pudimos probar (fuimos el domingo a por eso, pero la cantidad de gente que llenaba casi todos los stands no nos permitió llega a ese café, aunque ya conocemos su buen producto del local de Av. Triunvirato).

LA UNION, tenía una muy buena pastelería y café Puerto Blest de garantía.

De nuestros preferidos y uno de los pioneros que nos han enseñado a tomar café del bueno, NEGRO con su blend nos ofreció la calidad de siempre.

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PUERTO BLEST, uno de los precursores en traer a la Argentina distintos orígenes, allanando el camino para el café de especialidad, y sus artículos para café como máquinas espresso y elementos cafeteriles.  Tenían a la venta pavas, cafeteras de filtrado (aeropress, chemex, V60), papel de filtro, tampers, termómetros, etc. Ofrecían una experiencia sensorial del RITUAL DE CAFÉ LAVADO NATURAL con dos filtrados distintos. Presentaron también un Cóctel de café, cafés de orígenes americanos a la venta y Cold Brew.

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Notables: LOS GALGOS, LAS VIOLETAS, GATO NEGRO, de los cuales no probamos el café, pero estaban muy bien presentados y destacaba su excelente pastelería y chocolatería.

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TOSTADO CAFÉ, la patisserie LA MARGUERITE, CABRALES, entre otros, ofrecían sus productos.

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CAFETERAS ASCASO, mostraba sus máquinas espresso para el hogar de 20 bares de presión.

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La Asociación de hoteleros, restaurantes, confiterías y café (HRCC) mostraba un breve Camino Sensorial desde el café verde pasando por el tostado, hasta el molido, de Brasil y Colombia.

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EXIGÍ BUEN CAFÉ, con artículos, libros, tazas, cafeteras, completaba la diversidad de stands.

Los FOOD TRUCK acompañaban con helados, chocolates, burgers, tequeños, arepas, sándwiches, pizzas, etc: COMPAÑÍA DE CHOCOLATES, PIZZA PARADISO, NOMADE, COCINA INQUIETA, por nombrar algunas de las alternativas.

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En resumen, una buena jornada de feria, con el foco puesto en lograr un café de calidad y que la gente se acostumbre a ello. Mucho café con leche (aproximadamente por lo que se dijo en las charlas, un 70 % lo consume así), por lo que todavía queda un largo trecho para poder apreciar el café de una manera diferente, obviamente respetando los gustos de todo el mundo.

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Una feria que trató de que la gente aprecie un café con sus aromas y sabores a pleno, con su dulzor propio, tratando de educar sobre el café de especialidad y las forma de preparar el café. Mucha gente la disfrutó, especialmente abarrotado el domingo siendo el sábado una mañana fría y tranquila donde el sabor del café nos cobijó plenamente del viento y el sueño sabatino (y hablando de eso, estuvo presente Gaby Sabatini fanática del café).

 

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Feria FECA – 2da. Edición

Plaza de La Republica del Perú (Palermo)

CABA.

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PLÁCIDO CAFÉ BAR: una plácida pausa

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Iniciar y mantener un emprendimiento relacionado con el café de especialidad no es algo fácil. Acceder al buen café, se está volviendo cada vez más asequible. Importadores y tostadores ofrecen sus mejores productos. Los baristas están cada vez más capacitados para extraer lo mejor de cada grano. Pero esto solo no basta. Una buena cafetería debe implicar también una buena ubicación, un ambiente confortable, una variedad de preparaciones, acompañamientos de calidad y una lograda atención, producto del amor por lo que se hace y de la paciencia suficiente como para “educar” a los clientes a la hora de ofrecer la mejor manera de disfrutar el café.

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“Plácido, café bar” en la esquina de Juncal y Uriburu, reúne todas estas condiciones desde hace casi un año. El buen café y el buen tostado lo ofrece Puerto Blest, garantía de calidad y variedad. Tomamos un espresso de Perú (Cajamarca), aromático con notas de almendra y chocolate (y unas sutiles notas florales) con una acidez presente y agradable, proveniente de frutos cítricos, que se profundiza a medida que la temperatura va descendiendo. Buen cuerpo. La extracción fue muy correcta, con excelente crema, dorada y persistente servido en tradicionales pocillos de porcelana blanca que permite apreciar los colores. Hay también variedades de Nicaragua y Colombia para llevar en grano o molido. Pedimos también un cappuccino, muy bien preparado, con una espuma duradera, aterciopelada y de rico sabor, decorado con un cuidado arte latte.

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El ambiente es sencillo y agradable. Mesas con sillas cómodas alternan con una barra central (con sillas altas en madera pintada) y otra barra frente al ventanal desde donde desfila el ritmo de la esquina ante nuestros ojos. Tras la barra muy ordenada y minimalista, una cafetera Appia II de Simonelli, donde se crean los cafés de Plácido. Destaca dentro de la ambientación bicromática, una pared con un gran mural colorido y moderno que le da una impronta personal al local. Hay música, pero no invade. Nada perturba la calma del lugar (incluso en un día muy lluvioso, como en el que nos tocó visitarlo).

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En cuanto a los acompañamientos, se exhiben budines, alfajores, cookies, medialunas, brownies. Destacamos el carrot cake, esponjoso, húmedo y realmente delicioso, y la cookie maorí de chocolate, almendrada y con un original crocante de cereales, un gran logro. Con lo poco que probamos nos arriesgamos a aseverar que es unos de los mejores lugares en cuanto a la pastelería/bollería que puede acompañar a nuestra bebida estrella. Todas las variantes de café habituales se presentan en la carta escueta pero completa: una tabla con las hojas abrochadas y coloridas, con una innovación que pocos tienen: se puede pedir leche de almendras para quien no tolera la lactosa o simplemente la leche no le gusta. Completan la carta, variedad de sándwiches, tostados (incluso de pan integral), jugos naturales, yogures y barras de cereal (opciones sin TACC) y demás bebidas clásicas.

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La atención es esmerada y con la paciencia necesaria, teniendo en cuenta que abundan los “sacrílegos” que aún piden el famoso americano en jarrito o que le calienten el café porque está frío. Con buena predisposición explican los diferentes tipos de elaboración del café (y las formas correctas de prepararlo para resaltar las características del producto) y están siempre atentas a lo que el cliente necesita.

Establecidos en una zona donde no abundan las buenas opciones cafeteriles, cuentan con un amplio horario de atención y abren también los sábados.

Y para todos aquellos que quieran adentrarse un poco más en el maravilloso mundo del buen café, Plácido ofrece cursos de filtrado con diferentes métodos (chemex, V60, aeropress y prensa francesa), estrechando de esta manera la relación entre barista y cliente.

Las condiciones para un buen emprendimiento se cumplen en su totalidad. Solo resta pasar por la esquina de Uriburu y Juncal y detenerse un rato en una plácida pausa. Plácido se encarga de poner el café y todo lo demás. Inclusive si llueve, aquí hay un acogedor resguardo.

 

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PLÁCIDO Café Bar

Juncal 2107 (Recoleta)

CABA.

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Full City Coffee House: Palermo entre dos continentes

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Corre el año 1580, unos 40 años después de la destrucción de la primitiva Buenos Aires, Juan de Garay decide que valía la pena intentar una segunda fundación. Una vez labrada el acta correspondiente, se encargó de otorgar mercedes (títulos gratuitos) a quienes quisieran establecerse en ese lodazal que por entonces era el estuario del Río de la Plata. Uno de los afortunados fue Miguel Gómez, un criollo nacido en Asunción y que tuviera una extensa participación en aquellos años duros que siguieron a la primera fundación. Diez años más tarde, un apuesto maduro de 30 años llega a estas tierras, estableciéndose en unos terrenos linderos que compra de su propio patrimonio. Su nombre es Juan Domínguez, nacido en la ciudad de Palermo (en lo que hoy es Italia), militar de mucha experiencia en la conquista de los Pirineos. No queda claro por qué viene a parar a estas tierras tan remotas, ni qué fue lo que vio en Isabel, hija de don Gómez, su vecino. Lo cierto es que la suerte no estuvo del lado de Juan, quien muy pronto queda viudo, heredando las tierras que ya había recibido su esposa, una vez fallecido su padre. En los mapas posteriores, ambas chacras fusionadas fueron llamadas las “tierras de Palermo” y así quedaron a lo largo del tiempo. Buenos Aires es inmigración desde el arranque, pero los que consideran que el nombre del barrio proviene de los italianos llegados en las olas de inmigración de los siglos XIX y XX están equivocados.

Pasaron los años. La enorme extensión de este predio fue asiento de inmigrantes que añadieron al barrio una interesante impronta de casas de techos altos y frentes europeos, alternado con las famosas casas chorizo, con amplios patios y galerías cubiertas. Sus calles fueron testigos de florecientes bailongos en donde el resoplo de cientos de bandoneones, convivieron con el humilde organito de la suerte; y al mismo almacén concurrían las señoras de la alta sociedad y las mujeres oscuras, en una armonía no exenta de reproches provenientes de ambas partes. Borges situaba la fundación de Buenos Aíres en la mítica manzana comprendida por Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga. Solo una cosa faltó: “la vereda de enfrente”.

Pero como todo tiene su ciclo, Palermo no escapó a la declive vejez de sus habitantes. El empedrado salpicó sus charcos, borrando el cincel de las fachadas y la sordidez comenzaba a ganarle al esplendor. Sin embargo, en las últimas décadas y gracias a la gentrificación (proceso de rehabilitación de un lugar para aumentar su valor), a alguien se le ocurrió que Palermo podría volverse un lugar de amplios lofts a partir de talleres y fábricas desusadas y un polo gastronómico que mereciera la pena el reciclado de las casonas antiguas a punto de ser demolidas. La propuesta comenzó a crecer vertiginosamente y los descendientes de los primitivos inmigrantes vieron a las casas de sus ancestros convertidas en pubs de techos altos, entrepisos utilitarios, o cafeterías de patios añosos, en donde la tranquilidad de la siesta se vio transformada en un devenir incesante de jóvenes, familias, turistas que no terminan de recorrer las calles del barrio.

Los agentes inmobiliarios comenzaron a delimitar el barrio en zonas, comparables con homónimos foráneos. El Soho londinense y su par neoyorkino, le dieron el nombre al sector comprendido desde la Av. Juan B. Justo hasta los límites con Villa Crespo (infelizmente bautizada como Palermo Queens, otra historia), nuestro criollo Palermo Soho, que ni siquiera Juan Domínguez hubiera imaginado. Y más acá de la avenida en cuestión, se erige el Palermo Hollywood, cercano a los estudios de televisión, tal como el barrio americano, asiento de la farándula de por allí. En poco tiempo Palermo dejó de ser el Bosque, el Rosedal, el Hipódromo, el Botánico y el casi extinto Zoológico para ser una suerte de “ciudad dentro de la ciudad”. El sueño de Borges como barrio fundante, “colmado de auroras y lluvias y suestadas” pasó a ser el paseo obligado de turistas y de todos los que buscamos tanto la tranquilidad como el desenfreno. Hay para todos y de todo.

Fue así que hace algún tiempo, recorriendo las calles del Soho, bajando por la calle Thames, como quien busca un refugio cerca de la orilla del otro Támesis, entre la neblina y el frío porteño nos encontramos con ese lugar que resume todas las historias. Una típica casona que guarda seguramente los aromas de cocina de madre y de glicinas perdidas recorriendo el viejo patio en el que todavía se reúnen los remotos fantasmas de la memoria.

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Full City Coffee House alude a ese refugio en donde el aroma del café nos permite abstraernos de los embates de una ciudad cada vez más colmada. Y la historia dentro de la historia nos habla de alguien que abandonó el lejano Támesis para arribar a la calle Thames (“simétrica porfía”, volviendo a Borges), de la mano de una mujer que trasladó las riquezas de su propia tierra en forma de granos de café, para aromar a todo un barrio.

Nomás entrar, el aire se vuelve café. Hay sonrisas desde el comienzo. Un salón ambientado eclécticamente, en donde hay ladrillos, madera, hierro, un sillón, libros, todo regado por una buena música, nos invita a entrar y permanecer. Hay una barra tímida desde donde sucede la magia. La Marzocco aporta el método, Colombia aporta el café y todos se esmeran porque cada taza sea única. Dicen que se puede conocer Colombia a través de su café. Y en Full City Coffee House encontramos muchas variedades de diferentes regiones, tanto para consumir en el lugar, ya sea el espresso como todos los métodos de filtrado, o para llevar a casa en granos o molido en el momento. Excelso, Supremo, Guanes, Nariño, Huila; diferentes regiones, altitudes y varietales que otorgan las experiencias más variadas en nuestro paladar. También hay lugar para algún blend creado en la casa.

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En Palermo se albergan muchas cafeterías de especialidad, todas ellas muy buenas, aunque no siempre ofrecen algo diferente como para atraer clientes que procuran dar una vuelta de tuerca a la pasión cafetera. Y el origen binacional de Full City nos entrega desayunos de arepas y huevos revueltos con aires colombianos y el típico inglés, compuesto por salchichas, porotos y huevos, que nos harán enfrentar el día con toda la energía. Sea la hora que fuere, se verán jóvenes extranjeros que lo han elegido por las opciones, las variedades y el buen café. Y para los amantes de los espacios abiertos, hace algunos meses, han habilitado un bonito patio trasero, con dos niveles, en donde cuchichean los amables fantasmas de los antiguos moradores de barrio.

En cuanto a café, la carta nos ofrece todas las variantes frías y calientes. El capuccino es uno de los más correctos que hemos probado. Cremoso y artero como una seda acariciando el paladar. Con buen asesoramiento nos adentramos en algunos filtrados, método Chemex, Clever, prensa francesa, Aeropress y V60.

Pioneros, tanto como café de especialidad como también en enseñaros a comprender que el azúcar es obsoleto en el café de origen, en amar los distintos métodos de filtrado y a disfrutar del café correctamente preparado.

Y si de cosas dulces se trata, recomendamos una exquisita deconstrucción de un tiramisú cuyo único defecto es que se termina enseguida. Hay croissants de calidad, lemon pie, crumble de manzana, brownie (con helado), postre tres leches, entre otros. También ensaladas, sándwiches varios y desayunos muy recomendables y convenientes; tés, jugos, limonada de coco y cervezas.

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Dictan cursos de barista, cupping (catas de café) y tuestan ellos mismos sus granos.

En definitiva, si andás pateando callejones en Palermo con ganas de tomar un buen café, navegá por Thames y quedate en la vieja casona de Full City Coffe House. Un buen libro o algún trabajo con la compu serán apenas una excusa para quedarte y probar lo mejor de Colombia.

 

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Full City Coffee House

Thames 1535 (Palermo)

CABA.

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ÖSS KAFFE, la arquitectura del café

 

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Una cafetería invadida por jazz que inquieta mansamente el tiempo. Un café que se escabulle en el diseño admirable. Aquí hay vanguardia. Un café para todos los gustos, porque si elegís filtrados, capuccinos, lattes, cold brew o espresso los hay, pero también hay más. Una carta simple pero directa. ¿Vos qué tomás?

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Armado de un ventanal y diseño avant, un garaje cuadrado en su geometría que mutó hacia un café de especialidad al mejor estilo europeo o americano, donde en un espacio acajonado y una barra abierta ocurre la hermosa arquitectura del café. Anaqueles, libros, cafeteras de filtrados, un Universo en escasos metros…

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Como retazos de arte distribuidos por los rincones se gesta la amalgama del diseño estructural que embelesa los ojos mientras bebemos como se prepara nuestro amado brebaje (muy en vivo, muy cara a cara).

Y no estamos en el parisino Bercy ni en las cercanías de la Piazza Navona. Un tren nos atraviesa. Nos sacude. Nos despierta en la periferia del más acá.

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Su dueño Fernando prepara y comercializa el tan bueno y conocido café Puerto Blest. Hay Nicaragua (nanolote exclusivo, variedad Javánica), tan rico como equilibrado. También un Colombia de 2100 m. que en filtrados (lo probamos en V60, construido por el dueño quien explica la receta paso a paso) es un manjar de miel, frutos y granos. También había Honduras y cada tanto llegan otros orígenes.

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Para acompañar bollería potente y delicada, torta galesa de singular ricor. Panes de semillas e integrales, roles, panes de queso, etc.

Una Appia II de Simonelli es la nueva integrante de la familia del cafecito de la cortada o paso a nivel, según evolucione el tiempo. Por al lado pasa otro tren, por adentro el café recorre nuestras vías.

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A veces transcurre la intrincada arquitectura del arte, a veces suenan clarinetes invitados, bandoneones hurgadores de oídos, algún trovador de mundos y decidores de palabras. También se gesta el espacio para los cursos y las demos. Hay tiempo (suspendido, armónico, lento, paciente) para contar historias. Cuentos sobre sueños y aromas de café recién enhebrado.

Aquí, en Öss Kaffe, donde ocurre día a día la sorprendente arquitectura del café.

 

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Öss Kaffe

Franklin D. Roosevelt 1894 (Belgrano)

CABA.

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COFFEE TOWN: la ruta del café

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¿Quién pudiere probar todos los cafés del mundo? Americanos: Colombia, Brasil, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bolivia, Perú, Hawái, entre otros. Africanos: Etiopía, Kenia, Tanzania, Malawi, Burundi, Ruanda, Uganda y algunos más. De Asia: Sumatra, Java, Papua, Malasia, India, etc. Para todos los aromas, alturas, colores y paladares, con distintos tostados y para diversos métodos de filtrado o como un sutil espresso. Esa pregunta se contesta con un: “Cualquiera que esté cerca de Coffetown”, porque Coffetown nos acerca el mundo del café o los cafés del mundo a su cafetería (hay dos locales más, el original en el mercado de San Telmo y en Recoleta). Este pionero en el café de especialidad en la Argentina logró crecer a base de la calidad y diversidad de su producto, sin dejar de lado la esencia de lo que difunden: el café cuidado en todas sus formas. Ofrecen muchísimas combinaciones de cafés de numerosos orígenes y distintas formas de extracción por lo que lo hace un lugar casi único para poder degustar todas las variantes de la bebida en cuestión y así disfrutar las tantísimas propiedades organolépticas que otorga.

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Nuestra experiencia discurre en Barrancas de Belgrano a pocos metros del Barrio Chino. El local tiene su típica fachada negra con un amplio ventanal para el take away. Dentro trasciende una gran barra de madera reciclada, sillas altas acolchonadas para estar cerca de donde ocurre la acción, sillas bastantes cómodas y algún sillón enmarcando a mesas de madera clara. Un interesante aroma a café corre por el aire. Al igual que una música que se escabulle en el ambiente. Paredes en negro con los distintivos orígenes del cafeto y alusiones a la populosa bebida. Luces como tuberías enriqueciendo los aires moderno-industrial.

Atienden en la mesa que uno elija. A veces puede tocar una camarera que recién empieza (y es compresible, y hay que ser paciente, el lugar lo vale y no tiene por qué saber todas las inquisiciones sobre el café, allí entra en juego el barista).

La carta es muy completa, en donde destaca como dijimos, las amplias variedades de café (explicados detalladamente) y sus convenientes formas de extracción para que se disfruten al máximo. V60, Aeropress, sifón chino, Chemex (distintos filtrados, distintos cuerpos, aromas, etc.). Hay espresso, lattes, capus, licuados, y quizás uno de los frapuccinos de dulce de leche más ricos de la historia. Varias cosas dulces para acompañar: bollos, budines y medialunas. Y algún que otro costado salado.

La atención, en general, es bastante correcta. Sus empleados son muy jóvenes y llevan el barco más que bien. El barista estuvo muy atento y dispuesto a asistirnos para recomendarnos el V60 (ratio 1:15, proporción entre gramos de café molido y gramos de agua) como método de filtrado para el Sumatra que habíamos elegido (Mandheling de la región de Aceh), y así poder apreciar sus tan ricos aromas: complejo, muy perfumado, alicorado en frutos y cereales. Servido en copa destacaba su color profundo. El sabor arribaba con notas dulces, frutos rojos, áspero al final, acidez ligera, poco amargor. De los mejores cafés en V60 que hemos probado (variedad superlativa).

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Es un lugar muy interesante, donde destaca la inmensa cantidad de orígenes que se pueden probar. Quizás no es el tipo de ambiente que elegiríamos seguido aunque ya nos acercamos varias veces (preferimos algo más intimista donde el trato con el barista sea de una interacción fluida y personalizada, pero es un gusto sumamente personal). En precios es algo más elevado que el promedio, pero el local está en Belgrano y además la exclusividad del producto lo vale. Tuestan ellos mismos y se pueden comprar varios de sus granos para llevar entre algunas otras chucherías relacionadas con el mundillo cafetero. Nosotros llevamos el Sumatra pues es imprescindible.

 

En síntesis, un lugar bien ubicado, más cómodo que el de San Telmo, donde destaca la posibilidad de poder recorrer la Ruta del Café, un viaje que, aunque no nos movamos, está compuesto de curvas aromáticas y sabores emergentes alrededor del mundo. Único y altamente recomendable.

 

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Coffe Town – Specialty Coffee Roasters

Juramento 1717 (Barrancas de Belgrano y sucursales)

CABA.

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LA MOTOFECA, tomalo como quieras

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Hace más de 500 años, se dice que un pastor de la lejana Abisinia (hoy Etiopía) perdió una cabra, la cual apareció a la mañana siguiente, con inusual energía, como después de haber dormido muchas horas. A la noche siguiente pasó lo mismo, esta vez con 2 cabras. El asombrado pastor decidió perseguir a las desviadas, y escondido, pudo ver que más que irse de juerga, las astutas habían descubierto un arbusto de bayas rojas y al parecer muy sabrosas para ellas, que por alguna causa las mantenía despiertas toda la noche, sin demostrar cansancio al día siguiente. La historia se pierde en los recovecos de la memoria. Ya no importa si el pobre pastor presentó su descubrimiento al monasterio sufí, o si el monje advirtiendo el sabor amargo de tales bayas, considerándolas venenosas, las echó al fuego y fue allí que el aroma cautivó hasta al mismo Alá que de lejos observaba hombres y arbustos que él mismo había creado. Lo cierto es que, desde el principio, el café se asoció a la insistencia, a la compañía y al vigor. A partir de entonces, el café tuvo adeptos y detractores. Hubo quienes aprovecharon sus propiedades energizantes para mantenerse despiertos en sus oraciones, o en sus estudios. Muchos, al igual que las cabras abisinias, decidieron que la mejor manera de disfrutarlo era compartiéndolo en demoradas charlas, o prefirieron la rapidez de un pocillo para seguir viaje. La palabra espresso que acuñaron los italianos adhiere a la rapidez en extraer la infusión para tomarlo en el momento, y tal vez a la rapidez que uno adquiere después de incorporarlo.

 La motocicleta aparece en la historia 300 años después y muy pronto comenzó a asociársela al vértigo y la velocidad. Ya en el siglo XX, Enrico Piaggio creo la primera Vespa, una moto cómoda, rápida y económica. Otra vez los italianos encargados de mejorar y simplificar las ideas.

 Mucho más cerca en la historia, a alguien se le ocurrió cargar una máquina espresso italiana arriba de una Vespa para llevar el buen café a los lugares distantes en donde hubiera gente que adorara el café. Ya las cabras no necesitaban deambular por las noches para consumir las bayas del cafeto. El café venía raudo arriba de una moto.

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La Motofeca nace de esa manera cumpliendo doblemente su objetivo. Preparar el mejor café, llevándolo hacia lugares alejados.

 Pero debemos de reconocer que el ser humano es un individuo de costumbres sedentarias, producto de tantos siglos de quieta agricultura, y perseguir una motocicleta para tomar un buen café está más allá de las posibilidades de cualquiera. Por eso, cuando pasamos por Paraguay al 600, Buenos Aires parece detenerse frente a la vidriera de un local que guarda recuerdos de cara al futuro que ya está y al que seguramente se habrá de arribar.

 “Tomalo como quieras” es la frase impresa en los vidrios y en la cabeza de Gastón, cara visible del local, un adorable personaje que parece subido en esa histórica Vespa, llena de recuerdos y emociones, contagiando su ritmo y su amor por lo que allí se hace. En tal reducto, las posibilidades se multiplican: el salón de cómodas mesas, la barra de algo así como el mármol y todas las opciones que se ofrecen para consumir dentro, o para llevar la infusión y degustarla entre el rebaño de la ciudad, o para disfrutar en casa, llevando los granos de los más variados orígenes que ellos tuestan ahí mismo, algunos días por la mañana (los dioses agradecidos).

 

No encontramos una carta, aunque Gastón la hizo innecesaria. Al poco tiempo La Marzocco (otra italiana ilustre) nos entrega un brebaje proveniente de las vecinas tierras de Bolivia que mediante un proceso Honey (en parte lavado y en otra, secado natural), nos invade con un aroma a maderas y frutos secos, experimentándose en boca un inicio dulzón y unas bienvenidas notas ácidas que se incrementan a medida que baja la temperatura, al igual que las notas frutales. Todo esto con un buen cuerpo que hace del café un espléndido exponente de su variedad.

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Nos tentamos con unos alfajores de maicena al chocolate con un delicioso borde de cacao amargo, un excelente pan de chocolate y un scon de queso (con sabor a queso), suave y sabroso.

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Nos quedamos con ganas de llevarnos un par de granos entre los que podíamos elegir Etiopía, Java, Costa Rica, Vietnam, Yemen, Jamaica, Kenia, Colombia, India, Bolivia, Brasil, México, Indonesia u Honduras. Joyas tostadas y embolsadas por las que regresaremos muy pronto.

 Si andás por la zona, cabra amiga, no te pierdas en los vetustos jardines de Florida. Hacé unos pasos más y metete de lleno en el mundo del café de la mano de los que saben. No dejes pasar el tren. O la moto.

 

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La Motofeca 

Paraguay 627 (Microcentro)

CABA.

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ROOT COFFEE HOUSE, la curvatura del café.

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La semilla se sembró hace solo 2 semanas. Plantado el cafeto asoma la plántula, un brote se estira dejando atrás la tierra, abrazando el cálido terruño que eligió un otoño de Buenos Aires que recién inicia. Aquí no hay fotosíntesis, a través de sus conductos solo fluye café: cold brew que baja de algún deshielo, espressos de cuerpo portentoso, capuccinos con copos de cielo. Todo transita sobre el pasaje curvo Santos Discépolo, tan escondido como apacible.

La planta en cuestión se llama Root, y claro que, hecha sus primeras raíces sobre el café de especialidad, sobre una Buenos Aires que busca el café absoluto.

En esta peculiar búsqueda, donde los brotes cada vez se diseminan más y nosotros no damos abasto en cosecharlos, en un día que el sol iluminaba de lleno a una lluvia que nos acariciaba algunas canas, llegamos a la puerta de este nuevo bastión del café de calidad.

Fachada típica, concepto minimalista como por dentro, con ventanales grandes que dejan vislumbrar la curvatura del paisaje allí afuera. Un adentro amplio, alto, con ladrillos bruscos que apaciguan lo rústico, con algunas paredes y la barra impregnadas de negro. Se abre en una especie de loft con una mínima selva de lámparas que cuelgan y se dejan arrullar por una suave brisa desde la puerta, descargando su luz sobre 7 mesas redondas tan blancas y sillas Tolix tan negras, más una super mesa comunitaria para que la gente se acostumbre a la gente. También hay lugar para una lejana estantería con libros cafeteriles y novelas gráficas para inspeccionar. La barra es amplia con 4 sillas cómodas para poder admirarla. Una cafetera La Marzocco hace su gracia y la secundan varios molinillos, cafeteras de filtrados varios y cosillas dulces de todo tipo para acompañar al actor principal.

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Buen ambiente, aires de tranquilidad y ostracismo suave, música armoniosa y presente como el hermoso aroma a café.

En las paredes tras la barra se enciende el menú, porque literalmente un proyector que cuelga sutilmente del techo nos indica qué podemos tomar y comer (hasta en inglés de ser necesario).

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Nos atendieron muy amablemente en la barra y luego nos sirvieron el café en la mesa que elegimos. Por suerte el barista nos informó que dentro de los orígenes que ofrecían: blend de la casa (Bolivia 60%, Colombia 30% y Brasil 10%) y su Etiopía (Guji de 1850 m. de altura, tostado por Café Registrado) también contaban con un poco de Ruanda cortesía de un amigo que lo trajo de Alemania. Ni lo dudamos: dos espressos Ruanda por favor.

Además de los distintos cafés tradicionales típicos de especialidad, hay batidos, exprimidos, lattes fríos, filtrados en V60 y la turbulenta Aeropress.

Para comer ofrecían budines varios, croissant, entre otras comidas dulces, pan de queso, tostados, y unos llamativos Stroopwafel (waffle de origen holandés, con caramelo y especias o su versión vernácula con nutela) que obviamente elegimos para probar (el original es de especias). Este doble barquillo redondo como un waffle más blando, muy rico, suave y especiado, marida muy bien con cafés poderosos.

 

El Ruanda (lavado, 1600 m.), fue uno de los mejores espressos que hemos probado, sin dudas. El carácter típico de los cafés africanos, con mucho cuerpo, intenso, aroma a maderas, caña, azucarado, almendra, chocolate. En boca se presentó dulce, de acidez suave pero marcada, amaderado, frutos secos, afrutado y picoso. Una bomba excelente que esperemos alguna vez poder volver a degustar. Correctamente preparado.

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El lugar es muy acogedor, tranquilo, alejado de las vorágines ajenas y propias, en pleno lugar céntrico, con una atención personalizada en donde explican con amabilidad a cualquier preguntador inquisidor como nosotros que amamos el café. Una experiencia que nos invita a volver y volver.

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Root es un café casi oculto, claramente hay que descubrirlo, pues recién brota con todo y sus aromas, y por supuesto, ya echó raíces.

 

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ROOT Coffee House

Pasaje Santos Discépolo 1830 (San Nicolás)

CABA.

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