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FU-KING BAR: el maravilloso oriente de neón 賦

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“La palabra FU se define como un sinograma o carácter han (chino tradicional: 漢字, chino simplificado: 汉字, pinyin: hànzì) y es un logograma originario de China. Los sinogramas eran utilizados antiguamente por las naciones de Asia del Este para escribir textos en chino clásico, y posteriormente lo han sido en la escritura china y la japonesa, así como en la coreana, en la vietnamita y en otros idiomas.”

 

Una esquina que huele bien, con luces que encandilan el cielo de neones bien brillantes, muestra una fachada típica de algún barrio taiwanés, chino o por qué no, japonés. Las culturas asiáticas tradicionales tienden a lo despojado pero cómodo, a las filosofías y a los significados de las cosas con las que se comprometen. Los neones, abrazan, llaman la atención de cualquiera que roce la mirada con esta esquina. Una cantina asiática con todas las letras y con pocos asiáticos.

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Una vez adentro, uno se sumerge aún más en aguas coreanas, cantonesas o las fusiones logradas de oriente, entre lo tradicional y lo modernamente culinario. Las olas de información pasan por las retinas, barra de tragos descontracturada, la cocina con parrillas humeantes que no paran de sacar platillos sinuosos y foráneos para el argentino medio, tachos grandes que emulan mesas, barras altas y sillas cerveceras estratégicamente dispuestas. No hay mucho confort; eso se deja más para lo auditivo, lo brutalmente visual, el olfato (los aromas arrullan el aire): la gama de sentidos interactúa con la sorpresa y nos dejan más que gratificados con un todo donde las sillas altas pasan a un segundo plano.

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Madera, ladrillos, enrejados por donde cunden enredaderas, empapelados nipones y la galería de neones (el ámbito es rojo y verde) atraviesan nuestras mentes, así como también todos los detalles orientales (lámparas chinas, adornos) que a modo de juguetes nos depositan inmediatamente en una dimensión asiática distinta. La música (con dj en vivo) aporta entorno disco-glam, barullo y sofisticación. Ambiente e identidad no faltan en este restobar. A la gente se la ve alegre y con disfrute, y no es un detalle menor.

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Se ofrecen tragos de autor, aguas, gaseosas y variedad de cervezas (hasta asiáticas). De postre: créme brulée (como caída del espacio exterior) y helados melona.

Pero claro está que lo que nos comuna en Fu-King Bar es su comida. Salida de una película del sudeste asiático el varieté que ofrecen es interesante, original y muy cuidado. Hay dumpligs (ravioles chinos a la plancha), wantons (ravioles chinos), springrolls (empanadas chinas), yakitoris (pinchos de pollo a la parrilla), ceviches, pokes (mix de carnes, con shari y vegetales), yakimeshi (wok de arroz y vegetales), entre otros platos. Recorriendo así la comida china, coreana, japonesa y hasta vietnamita, pasando por las fusiones nikkei y obviamente con las pequeñas variantes y adaptaciones argentinas, pero respetando bastante lo tradicional.

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Pedimos Dumplings (rellenos de cerdo, nira y verdeo) que sabían al mismo sudor de Dios, con un nivel superior y magistralmente sabrosos (tuvimos que pedir otra vuelta). El jiaozi o dumpling chino común consiste generalmente en carne y verduras picadas finas y envueltas por un trozo fino y elástico de masa. Entre los rellenos populares se cuentan el cerdo picado, la carne picada, el pollo, la gamba e incluso el pescado. También son populares mezclas como cerdo con repollo chino, cerdo con cebollino, cerdo y gamba con verdura, cerdo con cebolleta, cebollino con huevo revuelto, etc. Las mezclas del relleno varían según los gustos personales y la región. El jiaozi suele hervirse o cocerse al vapor. En este caso fueron preparados a la plancha y acompañados de una salsa a base de soja y brotes. En el norte de China, los dumplings se comen con una salsa para mojar hecha con vinagre y aceite o pasta de guindilla, y ocasionalmente con algo de salsa de soja añadido.

El Nira, también llamado cebollino chino o cebollino ajo, se trata de un ingrediente muy utilizado en la gastronomía asiática con un sabor más parecido al ajo que al cebollino. Es una verdura de la familia del cebollino y del ajo, con hojas largas y planas de color verde oscuro, tienen un sabor algo más potente, a mitad entre ajo y cebollino.

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Exquisitos Wantons chinos rellenos de langostinos, verdeo y hakusai (una variante de repollo asiático). Los wontons son otro tipo de dumplings, típicamente cocidos en un caldo o sopa claro y hechos con un relleno cárnico. La cubierta exterior es diferente (más gruesa y menos elástica) a la del dumpling. Aquí los sirven fritos.

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Springrolls (de cerdo y langostinos) imposibles de igualar en el barrio chino, de corte más moderno y fusionado, muy ricos y picosos. Conocidos en América como rollitos primavera, parecido a la lumpia,  son unos  rollos elaborados de una pasta, rellenos de diferentes verduras picadas en juliana y algo de carne picada. El springroll tiene una masa (que hace la función de envoltorio) elaborada con harina de arroz, estilo vietnamita y tailandés, mientras que en China se utiliza sólo harina de trigo. Existen variantes de este plato en casi todas las cocinas asiáticas: Tailandia, Corea, Vietnam, Indonesia y Japón. En Filipinas e Indonesia este plato es conocido como lumpiá (lumpia en indonesio).

 

Yakitoris (pinchos de pollos con salsa teriyaki) de un sabor absoluto, de los mejores que se pueden encontrar en Buenos Aires. El ají picoso estilo tailandés estaba endiablado.

Niku yaki (pinchos de ojo de bife a la parrilla marinados en salsa de soja, mirin y jengibre), tiernos y con el típico picor oriental que tanto nos gusta.

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Como plato principal, nos tentamos con un Yakimeshi (wok de vegetales, huevo y arroz), correcto y bien condimentado. Básicamente un arroz salteado. Su verdadero origen proviene de china. La manera tradicional es cocerlo frito. En la receta original se saltean diversos ingredientes, como arroz estilo japonés hervido y enfriado, omelette (o huevo revuelto), carne y/o vegetales. Nosotros lo pedimos con pollo.

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Ofrecen también como especialidad, y nos quedaron pendientes, los Poke. El auge del pescado crudo, la moda del bol como recipiente estético y la combinación de superalimentos hacen de este plato una interesante apuesta gastronómica como ya lo fueron en su día el sushi, el tartar o el ceviche. Aunque ahora se sirva en un bol condimentado con otros ingredientes inspirados en la comida japonesa y de otros países asiáticos (también está el estilo hawaiano), lo cierto es que el Poke (pronunciado poh-kay) era un pescado crudo marinado que sobraba del día y que se aprovechaba como aperitivo. Aunque suele hacerse con ahi –el ‘ahi poke’, hecho de atún–, las nuevas versiones admiten el pulpo (‘tako poke’), el salmón y otros tipos de sashimi cortados en dados, en ocasiones sobre una base de arroz (Shari). Como ocurre con la comida oriental el corte de la pieza importa, no en vano su nombre quiere decir algo así como ‘cortar transversalmente en trozos’.

Las presentaciones y la estética están muy logradas, cuidando cada detalle, pero de manera relajada en platitos enlosados pintorescos.

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Hay que reservar si se quiere comer a la hora planificada. La atención es esmerada. Las camareras están siempre atentas, brindan orientación y en general los tiempos de espera no son muy grandes. Los precios de los platos promedian los $250, lo cual no parece muy caro en comparación con otros restaurantes, pero hay que tener en cuenta que, para el panzón promedio argentino, no habrá una completa satisfacción antes de los 3 o 4 platos.

Nos quedaron algunas opciones para las próximas visitas, que serán frecuentes en los proximos tiempos.

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Si nosotros empezamos este camino de Patyando con la escusa de conocer experiencias culinarias superiores, y además con el objetivo de recomendar lugares novedosos y de alta calidad, Fu-King cumple con ambas premisas con creces. La experiencia fue sobresaliente, y al lugar le sobra “onda” (el mismo nombre del emprendimiento es un guiño apropiado), lo que hace que al traspasar sus puertas uno deje atrás sus últimos rastros de occidentalidad.

 

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Fu-King Bar

Thames 1402 (Palermo)

CABA.

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TORI TORI – YAKITORI: viaje al sabor de Japón

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A veces es bueno viajar de vez en cuando; claro que es extraordinario conocer otros países, navegar por diversas culturas y sobretodo hacer experiencia con nuevos sabores de distintas cocinas.

A veces no es necesario viajar tan lejos, siquiera tantos kilómetros para depositarse en otro país, pues quizás, si observamos bien, si nos aconsejan sabiamente, y si olfateamos los aromas de las calles, podemos explorar un destino no tan remoto, pero sumamente distinto. Este concepto nos puede llevar hacia los recovecos de Japón donde la comida callejera es una constante, sus rincones con olor a frituras, los pescados que invaden el aire, por distintos pasadizos en donde se encuentran pequeños restaurantes con capacidad para no más de 5 comensales en donde sirven los sushis más sabóreos y también algunas casas que se especializan en los Yakitoris (brochetas de pollo grillado). Para ello no tuvimos que perdernos en la vorágine de Tokio, sino apenas arribar al barrio de Recoleta y adentrarnos en el pequeño espacio que ofrece Tori Tori. En un contexto minúsculo, en donde todo lo remembra a Japón y sus calles inundadas de olores, se genera el ambiente intimista de este restaurant de especialidades japonesas, con un pequeño espacio para unas parrillas estrechas y largas donde se aposentan las deliciosas brochetas de múltiples gustos y estilos, las cuales se encuentran rodeadas en todo su contorno por una barra con varios asientos de madera altos y pequeños. Culmina el breve local con una barra más apartada para 6 personas y dos mesas con sillas altas para 2 personas. 20 cubiertos (conviene hacer reservas). Banderas de Japón, letras orientales, la brevedad del humo y una mezcla de olores que van mutando a medida que el tiempo camina con fatiga. Invade el sésamo tostado, el humo parrillero, dorados dulces, amargos. El sonido: música de rock nipona.

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El menú consta de las vedettes de la casa: Yakitoris (pinchos o brochetas) de pollo en su mayoría, cerdo, lomo, vegetales, pescado y huevos de codorniz. También hay ensaladas, los Onigiris (bolas de arroz envueltas con alga y de rellenos varios) y algunas sopas como acompañamientos, postres mayormente a base de Matcha y gaseosas, vinos, cervezas y bebidas asiáticas.

Nosotros pedimos el menú de degustación de 14 pinchos (con dos ensaladas) para dos personas. Abundante y con una cadencia que permite disfrutar las distintas variedades y sabores cargados de contrapuntos con intervalos que hacen apreciar las bondades de la parrilla y cómo la aceleración cotidiana pasa a un segundo plano. Estamos en Japón y no queremos volver.

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Este menú de degustación es a elección del chef dentro de las variedades que se ofrecen ese día. Él o la camarera van sirviendo (previamente presentaron las ensaladas: de brotes de soja con salsa ponzu, bastante neutra, y de repollo con salsa de soja, pepino y alga, fresca y crujiente) 3 o 4 brochetas por tandas espaciadas de aproximadamente 10 minutos.

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Los yakitoris que nos ofrecieron fueron:

Pollo y cebolla con tare, ricos pedacitos de pollo asado a las brasas con salsa tare (salsa de soja endulzada y espesa) que le da un dulzor y profundidad a cada bocado.

Tsukune albóndigas de pollo con tare, también bañadas en salsa de tare, exquisitas y suaves.

Alitas de pollo con salsa de sésamo, con una rica salsa tostada de sésamo que le daba un punto de sabor particular, acaramelado y dulzón ahumado.

Pollo y cebolla con salsa de curry japonés, la cual le otorgaba un picor justo, es un curry más verde, fresco.

Pechuga con yuzu-kosho, una de las estrellas de la noche, con un picor tangencial y el cítrico misterioso que ofrecía el yuzo (una especie de naranja japonesa, esta vez con agregado de algún pimiento de bastante intensidad).

Lomo y verdeo con tare, excelente carne caramelizada y tierna. Gran punto de cocción.

Cerdo y cebolla con tare de miso, buen gusto parrillero y agridulce.

Portobello relleno con panceta y queso, muy ricos y bien cocidos, con sutil gusto a brasa y con la suavidad del queso bien presente.

Salmón rosado, quizás uno de los más ricos de la noche, un salmón tierno, sabroso y laqueado con un punto agridulce. Sublime.

Zuquinis, grillados, acompañaban bien.

Huevos de codorniz con tare, suaves y con la contraposición del tare agregando complejidad.

Kawa piel de pollo con sal marina y tare, crocante, bien preparado.

Pollo y cebolla con sal marina, gran punto del pollo y suavemente alimonado.

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En cuanto a los postres, pedimos:

Flan cremoso de matcha (Té verde), sin querer herir susceptibilidades, el matcha (en las variedades que lo hemos probado) es un sabor que no logramos acomodar a nuestro gusto. Es verdad que el flan estaba cremoso, pero la pátina verde además de darle un simpático colorido también da un aspecto a pintura corrediza. El gusto, como hemos mencionado antes, es el de un té pronunciado con un preponderante sabor a alga (o eso los que nos proponen nuestras papilas). Hay que probar las cosas diferentes, tiene muchas propiedades y toda una cultura detrás, pero digamos que el matcha, es demasiado diferente.

Nostalgia de chocolate, un postre de mousse de chocolate amargo con riquísimos malvaviscos grillados, crocante de caramelo y un toque de umeshu o licor del fruto del Prunus ume (ciruelo japonés). Suave y bastante logrado.

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El servicio es muy ameno, aceptan tarjeta de débito y cuentan con take-away.

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En definitiva, un lugar con una buena atención, ambiente distendido, buenos precios ($945, con un 5% de descuento por pago en efectivo), con comida extremadamente cuidada, frescura de alimentos, preparados a la vista y de excelente sabor, que nos acerca un poco a vernos sumergidos por las calles japonesas, sin tener que viajar demasiadas millas, para cultivar una gran experiencia culinaria.

 

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Tori Tori

Ecuador 1175 (Recoleta)

CABA.

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