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CAFÉ HAUS: de arepas, waffles y cafeces colombianísimos…

 

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“Tanto en Colombia como en Venezuela le llaman “arepa” a una masa redonda hecha con maíz blanco. Para muchos dentro de estos territorios, es un alimento indispensable (como el pan de cada día) y se disputan el origen entre ambos países.

Se puede decir que todo comenzó en la época precolombina en donde las mujeres indígenas comenzaron a remojar los granos de maíz y luego de quitarle la cáscara, procedían a moler los granos hasta alcanzar una textura similar a la harina. Al mezclarla con agua se creaba lo que hoy se conoce como masa de arepas para luego darle forma (chata y esférica) y cocerlas en ollas de barro.”
 

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Si uno deseara tomar buen café, con un buen acompañamiento para comer y un lugar amplio y aislado de la vorágine urbana, nosotros recomendaríamos CAFÉ HAUS.

Casi bar oculto, restaurante escondido, esta cafetería es muy distinta a sus pares de café de especialidad. Se encuentra atrás de un maxikiosco, luego de un pasillo, y se abre como un mundo nuevo alejado de toda rutina molestosa. Un salón largo y amplio con distintas disposiciones y comodidades. Es tan extenso que a veces parecería que faltan muebles. La calma cunde por estos lares y se agradece como compañera de estas aventuras. Aquí se respira algo de Colombia, por sus empleados amables y bien dispuestos, por el ambiente cargado de pinturas alusivas (cafeteras), por los sacos de café que adornan el lugar. Hay acento colombiano en los labios y en el aire.

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Dispone de un mostrador-exhibidor (con las distintas delicias que se ofrecen), en donde se encuentra la máquina Rhina de Rilo, la que no para de “sacar” los diferentes cafés. Hay un primer sector del salón con sillas y mesas muy cómodas y sillones con mesas ratonas, todo muy propicio para instalarse a tomar algo o trabajar con la PC. Más atrás, un entrepiso suave abre hacia más mesas y sobre la otra pared, unos boxes para alejarse aún más de la ruidosa avenida Santa Fe.

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Siguiendo con Colombia (y por fuera de las disputas acerca del origen) la arepa es la vedette del lugar; CAFE HAUS ofrece muchas variantes y las hace muy bien (aquí nos comenzó a gustar este delicioso plato extranjero). Además hay wraps, sándwiches, ensaladas, omelettes, huevos revueltos de todo tipo, etc. Todos estos deleites se ofrecen en almuerzos con toques originales y a precios muy convenientes. Hay combos muy apropiados (con gaseosa en vaso, :c ) Para beber, gaseosas, jugos, limonadas, aguas.

Probamos varias arepas y todas son rellenas, con varios ingredientes. La de carne mechada es muy rica y sin llegar a ser un pan, cumple esa función (aunque el tostado y la textura en boca son distintas, más áspera al paladar y opone más resistencia), el wrap de pollo es sabroso y llenador. Los combos de wrap y arepas vienen con ensalada y gaseosa por precios muy accesibles. Es ventajoso para el bolsillo y para probar comidas que quizás no estamos muy acostumbrados. Las arepas suelen salir con carne de varios tipos, que están mechadas (con cocciones largas, condimentadas y deshebradas) que le dan mucho sabor y textura muy suave.

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Para dulceros hay muffins, tortas, medialunas, budines, donas y brownies, entre otros. Pero los waffles son una bendición en esta tierra. Al probar el de nutella con helado y crema fue una avalancha de buen gusto y exquisita combinación de delicado placer. Un canto a dejar la dieta. Recomendadísimo!!!

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En cuanto al café, sirven los clásicos capus, espresso, flat white, latte frío, affogatos, y varias cosas originales como su capuccino rainbow, con un arte latte multicolor llamativo. Recientemente incorporaron arte latte 3D, pioneros en esta empresa, que aporta un colorido más, sobre todo si el café es bueno (lo principal). Hemos probado otras veces un Excelso de Colombia muy interesante y la última vez habían cambiado a un Nariño colombiano (tostado por All Saints) cultivado a 1900 m., de beneficio lavado y cosechado este mismo año, frescura total. Es un café muy rico, fino, equilibrado, con aroma chocolatoso, acidez frutal justa y un finish de pasas.

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En definitiva, un lugar altamente recomendable, que si bien es cafetería de especialidad, parece más un bar-restaurante colombiano con detalles de autor. Aquí el café no lo es todo, pero es importante. Aquí hay mucho lugar para la introspección y un esparcimiento solitario o con mucha compañía. Café, arepas y waffles, como una triada que apuntala, esperan bocas ansiosas de sabores diferentes pero no por ello menos exquisitos.

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Café Haus

Av. Santa Fé 3618 (Palermo)

CABA.

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VIVE CAFÉ: el café de Colombia vive en Costa Rica

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Los cafés de Colombia son famosos y exquisitos, refinados y escogidos en el mundo entero. Su geografía se aposenta en las cercanías del Ecuador, con climas tropicales, temperaturas elevadas y constantes, y una marcada influencia de los Andes; todas estas características que suman y le dan al café su perfil de alta montaña (donde las cerezas maduran más lentamente otorgando bebidas con más aroma, acidez y sabor).

Colombia posee 4 cafés con denominación de origen: Cauca (montañoso y volcánico), Santander al norte (templado y seco), Huila (de valles y volcanes) y Antioquia; pero además hay otras zonas bien cafeteras que según sus características de tierras y altitudes le otorgan a este país diversidad en sabores y aromas de cafés. Entre ellas podemos nombrar a Nariño, Tolima, Boyacá, Casanare, Cesar, Caquetá, La Guajira, Caldas y Arauca. Entre estas y varias otras (19 regiones productoras en total) hacen que más de 500 mil familias produzcan y vivan del mercado del café (más de 800 mil puestos de trabajo).

Así mismo, Colombia es uno de los principales productores de café del mundo, cultiva solo Arábica, en su mayoría de beneficio lavado y en una gran parte, los cafetos crecen sombreados. Esto da un perfil de aromas pronunciados, con una acidez característica y brillante (quizás su toque distintivo), cuerpo medio alto, dando una bebida equilibrada y suave. Este equilibrado sabor y alta calidad de producción y producto hacen que los granos sean considerados con altas puntuaciones (SCA) y sean de los más solicitados.

En Argentina podemos encontrar varios lugares donde conseguir Café de Especialidad colombiano, uno de ellos es Vive Café. Esta cafetería ubicada en Palermo Hollywood tiene características de un pequeño garaje desde afuera (donde se pueden encontrar sillones cómodos). Adentro se perfila un colectivo de muebles diversos, distintas sillas y mesas en madera, alacenas, estantes, y un popurrí de muchos adornos abstractos y modernos sumados a pizarrones con la carta que ofrecen, que dan una mezcla de bar antiguo y bohemio, otorgando un ambiente cálido y familiar. Se oye buena música.

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Paredes blancas y amarillas con diferentes texturas, sin una barra central, solo un mostrador en donde se atiende y reposa la máquina Rina de Rilo (industria nacional), también hay una breve barra con asientos altos sobre uno de sus ventanales. El lugar es pequeño, con sus dueños colombianísimos muy atentos y amables. Se puede pedir en la mesa que elija uno para sentarse o también cuentan con take away. El tiempo de espera del servicio es muy adecuado.

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En cuanto a la carta tienen exprimidos, licuados, cerveza, jugos, tés y leche de soja (también usada en sus preparaciones de café si se solicita). Los granos que usan son todos de origen colombiano. Hay Excelso, Guanes, Blend de estos dos últimos, Valle de Cocora, Planadas Tolima y Santander de Mesa de Santos, entre otros. La mayoría orgánicos y con puntuaciones altas de SCA. Con ellos (van rotando el tipo de grano) hacen todas las preparaciones calientes de una cafetería de especialidad, cafés fríos como cold brew, frappé, iced latte, coffe tonic, milk shake café y affogato. También preparan café en aeropress y café turco. Se pueden acompañar con muffins, croissant, sándwiches, tostados, cookies y chocolate colombiano.

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El blend es muy bueno, aromático, maderas y frutas, crema dorada, cuerpo redondo, sabor ácido y frutos rojos, amargor bueno, retrogusto suave de persistencia normal.

El Planadas Tolima de exquisito sabor, complejo, aromático suave y muy distinto a lo que nos tiene acostumbrados los cafés colombianos. Gran descubrimiento.

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Los capuccinos y mocaccinos son exquisitos y cremosos.

Tienen granos para llevar y compramos el de Valle de Cocora, intenso, de acidez marcada y gran cuerpo.

El precio es normal y hacen facturación.

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Un lugar apacible, como un pedacito de Colombia en aires porteños. Una buena experiencia y gran posibilidad de probar la variedad de sabores de esta tierra cafetera de calidad. Distinto y distintivo, Vive Café se destaca.

 

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Vive Café

Costa Rica 5722 (Palermo)

CABA.

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RANGITOTO COFFEE: a la vuelta de la esquina…

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Las modas, los circuitos gastronómicos y hasta algunas concepciones a veces no importan tanto. Una cafetería de especialidad no tiene que ser siempre tan igual a las demás, tan “cool”, tan cercana a las oficinas de pleno Centro porteño o inmersa en la sofisticación del barrio de Palermo. A veces una buena puesta, con un buen producto y una excelente atención es suficiente para funcionar y aportar calidad al servicio y una propuesta diferente.

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Este es el caso de Rangitoto Coffee, sumergido en las cercanías de Once, en donde el predominio de sinagogas, calles invadidas de telas y camiones de carga, oficinas no tan a la vista y sobre todo mucha gente, dan una urbanidad que este café al paso sabe aprovechar de la mejor manera, alejado de las demás cafeterías de especialidad. Formula un ambiente sencillo. El local es alargado, cómodo, con paredes blancas haciendo juego con los azulejos que tapizan algunos sectores. Cuenta con una barra lateral con 6 bancos altos, 5 mesas para dos personas y 1 para cuatro comensales. Todo en madera de pino clara y natural. La barra ubicada en el fondo posee una máquina Rancilio de dos grupos, y toda la parafernalia cafeteril. También muestra el panorama de pastelería: muffins, cookies y medialunas. Al costado de esta, una heladera exhibidora aporta una buena selección de tartas, tortas, sándwiches y ensaladas.  Las luces son altas y francas.

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Apenas ingresamos nos dio la sensación de entrar a una casa de comidas con alguna vuelta de tuerca. Y claramente, anclado en la calle Pasteur, frente a la AMIA, Rangitoto se adaptó perfectamente a la vorágine y gustos de la gente de un barrio de corte comercial. Es una cafetería de especialidad y muestra varias opciones bien caseras para comer. Es de especialidad porque su café es especial, colombiano 100%, de la región de Santander, un Excelso tostado por Full City Coffee y es servido de la manera correcta.

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La carta de café posee todas las variantes calientes sumadas a algunas alternativas para los más acostumbrados a la vieja usanza de tomar café. Tienen take away de café y jugos. Ofrecen variedades en gaseosas y aguas.

La atención, que fue muy cordial, es por mozo (en este caso también barista) que nos comentó que hace un año y dos meses que abrieron.

Nos pedimos sendos espressos, una cookie con choco y una medialuna de manteca.

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El café: aromático con notas ahumadas, con buen cuerpo, acidez frutal, con dulzor de caña quemada y algo chocolatoso. Retrogusto agradable. Bien servido y muy rico. Con mucha personalidad. Acompañado acertadamente por vaso con soda, como debe ser. 

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En cuanto a la pastelería, buena medialuna, se notaba artesanal. La estrella, sin dudas, la cookie con chispas de chocolate. Con forma de galletita, pero de un sabor espectacular, se desarmaba en boca como un budín, con una humedad única. Sin dudas una pastelería de lo mejor, sin ser pretenciosa. Un hallazgo.

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Los precios son acertados, un poco por debajo de la media. Si se toma en cuenta la buena calidad de productos es un lugar bastante único.

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No tenemos más que decir tan solo que se acerquen y prueben este lugar casi perdido, que, si bien no es tan glamoroso como otros antros hípsters, para los amantes del café de especialidad es una gran alternativa. Se destaca su simplicidad, una gema para la zona, su atención personalizada y su salteado de estándares preconcebidos (no hacen una pantomima de propaganda). Puede parecer un bar más y pasar desapercibido, pero estén bien atentos, el buen café puede estar a la vuelta de la esquina.

 

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Rangitoto Coffee

Pasteur 672 (Once)

CABA.

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Full City Coffee House: Palermo entre dos continentes

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Corre el año 1580, unos 40 años después de la destrucción de la primitiva Buenos Aires, Juan de Garay decide que valía la pena intentar una segunda fundación. Una vez labrada el acta correspondiente, se encargó de otorgar mercedes (títulos gratuitos) a quienes quisieran establecerse en ese lodazal que por entonces era el estuario del Río de la Plata. Uno de los afortunados fue Miguel Gómez, un criollo nacido en Asunción y que tuviera una extensa participación en aquellos años duros que siguieron a la primera fundación. Diez años más tarde, un apuesto maduro de 30 años llega a estas tierras, estableciéndose en unos terrenos linderos que compra de su propio patrimonio. Su nombre es Juan Domínguez, nacido en la ciudad de Palermo (en lo que hoy es Italia), militar de mucha experiencia en la conquista de los Pirineos. No queda claro por qué viene a parar a estas tierras tan remotas, ni qué fue lo que vio en Isabel, hija de don Gómez, su vecino. Lo cierto es que la suerte no estuvo del lado de Juan, quien muy pronto queda viudo, heredando las tierras que ya había recibido su esposa, una vez fallecido su padre. En los mapas posteriores, ambas chacras fusionadas fueron llamadas las “tierras de Palermo” y así quedaron a lo largo del tiempo. Buenos Aires es inmigración desde el arranque, pero los que consideran que el nombre del barrio proviene de los italianos llegados en las olas de inmigración de los siglos XIX y XX están equivocados.

Pasaron los años. La enorme extensión de este predio fue asiento de inmigrantes que añadieron al barrio una interesante impronta de casas de techos altos y frentes europeos, alternado con las famosas casas chorizo, con amplios patios y galerías cubiertas. Sus calles fueron testigos de florecientes bailongos en donde el resoplo de cientos de bandoneones, convivieron con el humilde organito de la suerte; y al mismo almacén concurrían las señoras de la alta sociedad y las mujeres oscuras, en una armonía no exenta de reproches provenientes de ambas partes. Borges situaba la fundación de Buenos Aíres en la mítica manzana comprendida por Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga. Solo una cosa faltó: “la vereda de enfrente”.

Pero como todo tiene su ciclo, Palermo no escapó a la declive vejez de sus habitantes. El empedrado salpicó sus charcos, borrando el cincel de las fachadas y la sordidez comenzaba a ganarle al esplendor. Sin embargo, en las últimas décadas y gracias a la gentrificación (proceso de rehabilitación de un lugar para aumentar su valor), a alguien se le ocurrió que Palermo podría volverse un lugar de amplios lofts a partir de talleres y fábricas desusadas y un polo gastronómico que mereciera la pena el reciclado de las casonas antiguas a punto de ser demolidas. La propuesta comenzó a crecer vertiginosamente y los descendientes de los primitivos inmigrantes vieron a las casas de sus ancestros convertidas en pubs de techos altos, entrepisos utilitarios, o cafeterías de patios añosos, en donde la tranquilidad de la siesta se vio transformada en un devenir incesante de jóvenes, familias, turistas que no terminan de recorrer las calles del barrio.

Los agentes inmobiliarios comenzaron a delimitar el barrio en zonas, comparables con homónimos foráneos. El Soho londinense y su par neoyorkino, le dieron el nombre al sector comprendido desde la Av. Juan B. Justo hasta los límites con Villa Crespo (infelizmente bautizada como Palermo Queens, otra historia), nuestro criollo Palermo Soho, que ni siquiera Juan Domínguez hubiera imaginado. Y más acá de la avenida en cuestión, se erige el Palermo Hollywood, cercano a los estudios de televisión, tal como el barrio americano, asiento de la farándula de por allí. En poco tiempo Palermo dejó de ser el Bosque, el Rosedal, el Hipódromo, el Botánico y el casi extinto Zoológico para ser una suerte de “ciudad dentro de la ciudad”. El sueño de Borges como barrio fundante, “colmado de auroras y lluvias y suestadas” pasó a ser el paseo obligado de turistas y de todos los que buscamos tanto la tranquilidad como el desenfreno. Hay para todos y de todo.

Fue así que hace algún tiempo, recorriendo las calles del Soho, bajando por la calle Thames, como quien busca un refugio cerca de la orilla del otro Támesis, entre la neblina y el frío porteño nos encontramos con ese lugar que resume todas las historias. Una típica casona que guarda seguramente los aromas de cocina de madre y de glicinas perdidas recorriendo el viejo patio en el que todavía se reúnen los remotos fantasmas de la memoria.

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Full City Coffee House alude a ese refugio en donde el aroma del café nos permite abstraernos de los embates de una ciudad cada vez más colmada. Y la historia dentro de la historia nos habla de alguien que abandonó el lejano Támesis para arribar a la calle Thames (“simétrica porfía”, volviendo a Borges), de la mano de una mujer que trasladó las riquezas de su propia tierra en forma de granos de café, para aromar a todo un barrio.

Nomás entrar, el aire se vuelve café. Hay sonrisas desde el comienzo. Un salón ambientado eclécticamente, en donde hay ladrillos, madera, hierro, un sillón, libros, todo regado por una buena música, nos invita a entrar y permanecer. Hay una barra tímida desde donde sucede la magia. La Marzocco aporta el método, Colombia aporta el café y todos se esmeran porque cada taza sea única. Dicen que se puede conocer Colombia a través de su café. Y en Full City Coffee House encontramos muchas variedades de diferentes regiones, tanto para consumir en el lugar, ya sea el espresso como todos los métodos de filtrado, o para llevar a casa en granos o molido en el momento. Excelso, Supremo, Guanes, Nariño, Huila; diferentes regiones, altitudes y varietales que otorgan las experiencias más variadas en nuestro paladar. También hay lugar para algún blend creado en la casa.

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En Palermo se albergan muchas cafeterías de especialidad, todas ellas muy buenas, aunque no siempre ofrecen algo diferente como para atraer clientes que procuran dar una vuelta de tuerca a la pasión cafetera. Y el origen binacional de Full City nos entrega desayunos de arepas y huevos revueltos con aires colombianos y el típico inglés, compuesto por salchichas, porotos y huevos, que nos harán enfrentar el día con toda la energía. Sea la hora que fuere, se verán jóvenes extranjeros que lo han elegido por las opciones, las variedades y el buen café. Y para los amantes de los espacios abiertos, hace algunos meses, han habilitado un bonito patio trasero, con dos niveles, en donde cuchichean los amables fantasmas de los antiguos moradores de barrio.

En cuanto a café, la carta nos ofrece todas las variantes frías y calientes. El capuccino es uno de los más correctos que hemos probado. Cremoso y artero como una seda acariciando el paladar. Con buen asesoramiento nos adentramos en algunos filtrados, método Chemex, Clever, prensa francesa, Aeropress y V60.

Pioneros, tanto como café de especialidad como también en enseñaros a comprender que el azúcar es obsoleto en el café de origen, en amar los distintos métodos de filtrado y a disfrutar del café correctamente preparado.

Y si de cosas dulces se trata, recomendamos una exquisita deconstrucción de un tiramisú cuyo único defecto es que se termina enseguida. Hay croissants de calidad, lemon pie, crumble de manzana, brownie (con helado), postre tres leches, entre otros. También ensaladas, sándwiches varios y desayunos muy recomendables y convenientes; tés, jugos, limonada de coco y cervezas.

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Dictan cursos de barista, cupping (catas de café) y tuestan ellos mismos sus granos.

En definitiva, si andás pateando callejones en Palermo con ganas de tomar un buen café, navegá por Thames y quedate en la vieja casona de Full City Coffe House. Un buen libro o algún trabajo con la compu serán apenas una excusa para quedarte y probar lo mejor de Colombia.

 

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Full City Coffee House

Thames 1535 (Palermo)

CABA.

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BILBO CAFÉ: En busca del anillo.

 

Atardecer. Las casonas del barrio de Caballito están lejos de ser los pintorescos agujeros Hobbit que soñara J.J. Tolkien, con sus tranquilos habitantes y la siempre verde pastura de la Comarca. Sin embargo, aquí, en la esquina de Beláustegui y Nicolás Repetto se encuentra Bilbo, una cafetería con grandes ventanales, ambientada en color celeste y blanco con unas cuantas kokedamas decorando las mesas y mostrador.  La amabilidad del camarero nos alentó a esperar en la vereda hasta que se desocupara una mesa, lo cual ocurrió algunos minutos después. Ahí fue que nos enteramos de que existía un sótano, que lejos de ser el confortable montículo Hobbit, con ventanales y calidez, no era más que un sótano bien ambientado, con algunos sillones, sillas y mesas de diferente origen (un tanto bullicioso).

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Tanto en su página de Facebook como en la carta se aprecia una marcada tendencia a destacar el café de especialidad, con gran detalle sobre las variedades y origen del café que sirven (blend de Colombia, origen: Huila). Una megalomanía que muy pronto se derrumba.

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De la extensa carta, con opciones de desayunos y meriendas, sandwichería, bollería para todos los gustos, elegimos un espresso, un cappuccino, un tostado de jamón y queso y un scon de queso provolone y tomillo. El camarero nos pregunta cómo queremos el espresso (como si hubiera muchas formas de prepararlo, atendiendo a que se decían un café de especialidad) y luego de un tiempo prudencial nos alcanzaron el pedido.

Decepción es una palabra que no alcanza a definir el momento. Todos llegamos al lugar, convencidos de que ya no tendríamos que ir al microcentro o a Palermo para saborear un buen café. Al fin el barrio traía una cafetería de la tercera ola.

El café: se sabe que un correcto espresso debe tener una temperatura tomable, una crema (la espuma que se forma al salir de la máquina) dorada y persistente y las características dependientes del origen o el blend que se esté presentando. En este caso, la crema era un pequeño aro alrededor del brebaje (¿el anillo de Bilbo?), rápidamente evanescente. En cuanto el aroma, si bien era muy leve podían distinguirse algunas notas. En boca daba un sabor levemente acido no astringente y un pequeño sabor amargo que se iba enseguida sin retrogusto en absoluto. El cuerpo del café era muy liviano, como si no se hubiera respetado los mínimos 7 gramos que necesita el espresso. En fin, un café muy plano, no tanto por el café en sí mismo sino por errores en la extracción. Algo imperdonable en una cafetería de especialidad.

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El cappuccino: lejos de respetar la proporción del tercio, era un muy buen café con leche aunque el nombre de cappuccino le quedaba algo holgado.

Scon: de buen tamaño aunque plano (como el café) como una galleta. El provolone apenas se dibujaba entre el tomillo y le faltaba un poco de humedad a la masa.

 

El tostado: fue lo mejor. Un pan tipo árabe con jamón y queso de buena calidad. Como debe ser.

En resumen, un buen lugar pero no nos dio una buena experiencia. Tal vez, Bilbo ese día se hubiera escapado con sus amigos enanos a buscar el anillo. Puede pasar que se haya tenido un mal día, el barista no concurrió o se desbordaron de trabajo.

Si no sos exigente con el café es un lugar agradable como para el té de amigas o un almuerzo sencillo sin salir del barrio. Si buscas una cafetería de especialidad te recomendaría que hagas tu propia experiencia para darle una segunda oportunidad. Nosotros iremos a otra Comarca.

 

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Bilbo Café

Dr. Luis Belásutegui 802 (Villa Crespo)

CABA.

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