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ALOHA Beer & Food: la oportunidad de barrio

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Luego de comentarios errados, de populismos indiscriminados, de influencers veletoides, de eventos fallidos, de lejanas cercanías y muchas vicisitudes que pudimos dejar de lado, visitamos Aloha, quizás en un contexto más social, pero al fin y al cabo logramos apreciar de lleno el producto que ofrecen.

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En pleno Parque Patricios y en una esquina antigua yace este bar (bodegón, cafetín y un largo etc.) devenido a restó con sugerente preponderancia en el armado de hamburguesas. El lugar no es muy grande, una barra ocupa un gran territorio y detrás, la geografía de una cocina amplia que deja vislumbrar un trabajo un tanto caótico, pero no por eso malo. El resto: mesas y sillas de madera bien de bar en un entorno con pinturas advenedizas, sartenes colgando de techos y una divertida rusticidad (con indicios de pulpería de las de antes, pero antes que antes…).

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La atención es muy buena, se destaca por sobre muchos similares de su rubro. Esmerada, eficaz y amable.

Ofrecen una carta amplia con variedad de platos: sándwiches, rolls, ensaladas, también hay lugar para la cafetería y cosillas de panadería; cervezas, aguas, gaseosas y por supuesto las tan afamadas hamburguesas.

Pedimos la Cheese Bacon Burger y la Le France acompañadas con un fuentón de papas fritas al verdeo y queso. Estas últimas buenas y cremosas, acompañando muy bien al plato principal.

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La Cheese Bacon tiene unos abundantes 240 g de blend de carne distribuidos en dos pattys, los cuales ostentaban un punto ideal, un gramaje de manual, nada de amasado y un gusto que pocos logran; en pocas palabras, una excelente ejecución. El queso era de buena calidad y sabroso, el bacon quizás, fue el punto flojo, con una cocción poco óptima, mientras que el pan acompañaba muy bien, aún sin ser maravilloso. La de estilo francés, sin embargo, con la misma calidad de carne, y el mismo buen pan, si bien es un global correcto, el tomate seco invadiendo un poco el todo, hacía que se perdiera el sabor del queso brie y sumado a esto, escaseaba la cebolla caramelizada. Igualmente aprobaba notoriamente.

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Según fuimos viendo la evolución por dichos propios, ajenos y por historial, aquí se nota un trabajo minucioso para superarse y definitivamente lo han logrado. Les juega en contra una zona despojada y un tanto lejana, pero creemos que si siguen en progreso esto no sería impedimento para que la gente se acerque a probar la caterva de opciones que se presentan como muy tentadoras. Es un lugar atípico por su ambiente más familiar de bodegón que el de las clásicas industrialoides instalaciones que en el afán de correr tras la moda, nos tienen acostumbrados.

Recomendamos darle una oportunidad.

 

 

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MOSCATO, OTILIA Y FAINA: la planificación de la hamburguesa

 

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A veces hay que moverse para buscar lo bueno, lo que a uno le llegue y le haga feliz. Así emprendimos un viaje de 56 km con rumbo a “la ciudad de las diagonales”. Cuando al arquitecto y urbanista Pedro Benoit se le encomendó la planificación de la ciudad de La Plata a fines del siglo XIX, su Departamento de Ingenieros creó una cuadrícula que ocupa 25 km cuadrados, la cual contiene numerosas avenidas y diagonales. Desde la perspectiva de las aves es un cuadrado perfecto, con cuadrados más pequeños encerrados dentro de él y atravesados en perfecta simetría por calles diagonales que se dejan caer en plazas formando rombos perfectos y equidistantes.

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Cuenta con un punto central, Plaza Moreno, a partir de donde se disparan dos diagonales que atraviesan de norte-sur y este-oeste toda la cuidad. El trazado de las calles tanto de norte-sur como este-oeste se compone de calles, que cada 6 cuadras se transforman en avenidas. Las intersecciones de las avenidas abren lugar a plazas y parques de las cuales también se prolongan dos diagonales menores quedando las plazas y parques intersectados por dos avenidas y dos diagonales. Una avenida de circunvalación bordea la ciudad, formando las aristas perimetrales de este cuadrado ideal que consistió en el plano urbano original e incluye cuatro avenidas curvas que evitan los vértices del “cuadrado”, llamadas Boulevards. Este romántico y perfecto diseño hace a la construcción más que original en cuanto a la urbanidad de esta ciudad y un modelo de planificación.

Una de las características que identifican a la misma son sus calles numeradas facilitando (para los foráneos es otro tema) la ubicación de los caminantes y conductores. Los diferentes tipos de calles fueron pensadas para que queden identificadas con bandas de colores formadas por las baldosas de las aceras. Los diversos colores dan a conocen calles pares e impares.

Otro aspecto planificado fue la disposición de los árboles. Se plantaron estratégicamente distintos tipos de estos para diferenciar las calles, avenidas y diagonales: tilos, jacarandas, arces americanos, naranjos, palos borrachos, etc., para que, entre otras cosas, las personas con algún impedimento visual pudieran orientarse a través del aroma de los árboles. Un nivel de adelantamiento envidiable.

Eso sí, para unos sencillos gorditos porteños que arriban por primera vez a la ciudad, la experiencia concurre a atravesarnos como cien diagonales que ni el mismo Euclides, como padre de la geometría, podría imaginar. Las calles con números, las diagonales con números, las casas con números y los colectivos de cifras impronunciables, podrían ser el paraíso de un aritmomaníaco, y para los platenses es su día a día y algo que engalana a la ciudad. Por suerte aún conservamos el olfato; fuimos a buscar hamburguesas y para eso no hay números que se interpongan.

Pateando números y baldosas hemos descubierto muchas zonas de restaurantes, comida callejera y fusión, cervecerías y espacios culturales. Nos encontramos con una gran ciudad con una gran actitud. Logramos visitar varias cafeterías de especialidad (esa aventura quedará para otra reseña), pero ayer fuimos a disfrutar de la celebración del cumpleaños número cuatro de una hamburguesería casi de culto en la ciudad: “Moscato, Otilia y Fainá”.

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Las expectativas eran grandes, por comentarios, por fotos, por el largo trayecto que nos hacía idealizar aún más estos nuevos sabores para nuestras papilas. Cabe aclarar que esta hamburguesería dispone de dos locales, uno con delivery y take away, y otro, donde se venden los mismos productos, inserto dentro de un patio de comidas llamado El Callejón.

El Callejón es un proyecto innovador, a la manera de un enorme predio conformado por un amplio pasillo central, rodeado por un lado y al fondo por pequeñas cabinas desde donde se expenden diferentes tipos de comidas y por el otro, mesas altas con comodidades para disfrutarlas. Como un patio de comidas casi al aire libre o bien un playón de food-trucks sin camiones. El sistema de expendio, y de ahí la innovación, opera a través de una caja central, ubicada cerca de la entrada en donde uno carga el dinero que considera que gastará a cambio de un ticket, desde el que se descontará (número de DNI de por medio) lo consumido.

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“Moscato, Otilia y Fainá” se ubica a mitad del pasillo, aunque el aroma se distingue desde unos metros antes. En su cumpleaños, decidieron hacer su festejo, agasajando a sus fans con un descuento del 50% en todas sus burgers. La convocatoria fue multitudinaria.  Una larga cola de más de 50 metros permaneció dinámicamente durante un par de horas, sin desbordes, con alegría y hasta con una degustación de bocaditos dulces para almibarar la espera y una gran atención (algunos con colas enormes y tiempos de espera muy incómodos deberían venir a aprender a LP).

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Nos decidimos por lo clásico: la cheeseburger tradicional y la opción becon & cheddar. La carne proviene de un solo corte, tapa de asado, con un tratamiento correcto, el punto exacto que a todos nos gusta y un sabor realmente exquisito. El pan no solo es rico, sino que se lo ve rico. Tiene la miga exacta, la continencia justa, el sabor preciso que se aprecia en el conjunto sin obstruir el gusto de la carne (con un dejo a pimienta sabroso) y del queso y aportando un valor extra al conjunto. El cheddar abundante y el bacon de buena calidad y cocción. El complejo entra dentro de la infrecuente categoría de “no quiero que se me termine” para calificarla en pocas palabras. Si bien todavía nos queda degustar opciones con más toppings, dobles o hasta la que viene entre dos donas, con la siempre combinación carne-queso-cheddar (pensamos que con estos breves ingredientes debe saltar a la vista y al paladar el concepto gastronómico y la realidad del sabor), esta hamburguesería, pasa a ubicarse bien arriba en nuestro ranking subjetivísimo y virtual.

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Entendimos que la enorme convocatoria a través de las redes sociales no obedecía apenas al 50% de descuento, sino que la gente quería participar y saludar a quienes durante 4 años se dedicaron a estudiar, planificar, experimentar, y perfeccionar un producto que tiene sus fanáticos cada vez más exigentes. La Plata es planificación, simetría, inclusión y buen gusto. Moscato, Otilia y Fainá, como excelente exponente de la ciudad, cumple a la perfección con su origen. Nos contamos desde ya entre sus clientes, aunque debamos viajar varios kilómetros para disfrutar sus Burgers hasta que se decidan a arrasar con muchas de las “consagradas” e hiperpublicitadas hamburgueserías porteñas.

 

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Moscato, Otilia y Fainá

Calle 10 nro. 725 entre 46 y 47

La Plata (Bs. As.).

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