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IMPORT COFFEE COMPANY (BELGRANO): vive la experiencia del café

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Hace algunos años (no muchos más de 130), si te encontrabas en el centro de la ciudad y deseabas llegar al “partido” de Belgrano debías atravesar el arroyo Maldonado, cruzando algún puentecito precario, acompañado de los ecos de “la Maldonado”, una bravía española que según cuenta la leyenda arribó junto a Pedro de Mendoza y quién sabe por qué causa, fue abandonada en las márgenes de este río, sobreviviendo a los yaguaretés , a los querandíes y otras incongruencias.  Belgrano conserva aún el extraño privilegio de haber sido la Capital del País, durante un corto período de antiguas grietas que siempre se recrean como el eterno retorno de los estoicos.

Por el norte, esa Antigua Belgrano era recorrida por el arroyo Vega que traía hilos de agua desde lo que hoy es Agronomía con sus ubicuos bañados, y el Arroyo Medrano, cuya pestilencia recorría unos cuantos kilómetros desde La Matanza. Mucho antes de que se convirtiera en el barrio de los caserones de tejas y de los aljibes que eternizara Cátulo Castillo en el famoso tango. Y mucho antes de la llegada del tango, José Hernández vino a vivir al barrio, adquiriendo una casona en la que murió luego de proferir sus últimas palabras: “Buenos Aires, Buenos Aires!” Y en la que posiblemente escribiera su obra magna, el Martín Fierro.

Poco antes de su muerte, el escritor donó parte de sus tierras para favorecer a los humildes productores que no podían acceder a los costosos puestos del antiguo Mercado Modelo, un poco antes de la creación del Mercado de Abasto. Se creó así la Feria Modelo de Belgrano, una precaria toldería de lonas y tinglados que fue creciendo hasta convertirse en lo que conocemos como Mercado de Belgrano, en medio de la plaza Noruega, en la intersección de las calles Ciudad de la Paz y Amenabar.

A partir de 2017, resultado de un esfuerzo entre una cooperativa de comerciantes y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el antiguo mercado se transformó en un espacio gastronómico de varios locales y un patio de comidas, que, pese al remozado, aún conserva el secreto encanto del barrio antiguo, en congruencia con locales de comidas gourmet, de autor, verduras orgánicas, carnes y pescados, vinos y productos de una excelente calidad.

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Como amantes del café de especialidad, nos adentramos en Import Coffee Company, una isla en donde descansar luego de las compras y disfrutar de uno de los mejores cafés de la ciudad. A diferencia de otros locales de la firma, en donde solo sirven el Café Illy (de tueste tipo italiano, fuerte y cenizo, buen café, excelente para bebidas con leche, pero no es de nuestra preferencia en espresso), en este caso se nos permite zambullirnos en el universo de los cafés tostados (con un tostado más adecuado a nuestro gusto) por Preto, que verdaderamente marcan la diferencia. De las muchas veces que fuimos, hemos probado variedades de Uganda (en Chemex y V60 es la gloria), Brasil (rico y equilibrado) y Colombia (buen dulzor, ácido y chocolatoso), en excelentes espressos, de los mejores capuccinos que hemos probado (cremoso, dulce y bien ejecutado) y también filtrados realizados por la mano siempre eficiente de su barista Gabriel (ganador de premios y excelente en su trato y predisposición). Con su humildad enseña, guía y ofrece incansables charlas sobre el maravilloso mundo del café. Barista de verdad y no de mote.

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Las dimensiones del local invitan a rodear la barra, que es la verdadera estrella del lugar. Una brillante máquina “La Marzoco” preside la magia, si bien también se comercializan máquinas de espresso marca “Ascaso” para uso familiar. Si la barra no es tu lugar, hay un par de mesas rodeadas de estantes para tentarte con los diferentes cafés que podés llevar a tu casa, chocolates importados, cookies y algunas delis. Minimalismo con ambiente blanco y luces cálidas con sillas cómodas.

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Si el café te despierta el apetito, no podrían faltar las medialunas, o los rolls de canela, alfajorcitos, cookies, scons, todo de muy buen sabor y frescura. Y si tu espíritu se alimenta de más café y querés adentrarte en las profundidades del conocimiento, se ofrecen talleres durante el año para todos los niveles, clínicas para la preparación de un buen espresso, o de los diferentes tipos de filtrados o de aproximación a las experiencias sensoriales que el café te puede brindar; siempre de la mano de especialistas calificados en el tema. Seriedad garantizada.

Import Coffee de Belgrano es el encuentro obligado, no solo para los vecinos del barrio sino para todos aquellos que disfruten de un paseo por el mercado más glamoroso de Buenos Aires o deseen culminar su rutina gastronómica con el mejor café. Una luz en el camino, un atalaya entre tanto asfalto: vive la experiencia del café.

 

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Import Coffee Company – Mercado de Belgrano

Juramento 2527 (Belgrano)

CABA.

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La Plata: diagonal del café

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Todavía no corren ríos de café por las calles y diagonales de La Plata, pero los frutos del cafeto están madurando para expandir su bendita adicción hacia todos los platenses.

Patyando recorrió tres de las cafeterías de especialidad en esta bonita ciudad, obteniendo una excelente experiencia que colmó nuestras expectativas y deleitó nuestras papilas ávidas de notas cafeteriles.

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LLAMA COFFEE ROASTERS: Originario de la vecina City Bell, (que visitaremos muy pronto para reseñar), tiene una sucursal a modo de pequeña barra en el complejo “EL Callejón” (calle10 725), desde donde pudimos apreciar el blend de Brasil y Panamá que ellos mismos tuestan en una máquina Probat, para darle un cuerpo perfecto y un sabor complejo que va cambiando (para bien) a medida que baja la temperatura de la bebida, brindándonos en cada sorbo una experiencia diferente. ****

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NAT, Sabores Dulces: (calle49 461) Un local apacible, luminoso, con una decoración country naïve que da gusto permanecer. Si bien está orientado a la excelente pastelería que preparan, el café de origen Guatemala (1600m. Puerto Blest), con la excelente extracción de la barista, nos dio una experiencia que nada tiene que envidiarles a otras consagradas cafeterías porteñas. Una acidez cítrica con notas achocolatadas, buen cuerpo y un aroma floral típico de la región. Probamos un scon y una cookie de pistacho que afirmó nuestra grata experiencia. Tienen opciones veganas y sin TACC. ****

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BIG SIBERIA: Fusión de una librería y una cafetería, visitamos la sucursal de calle 10-889.  La ambientación nos sorprendió desde la llegada. Se respira un aire de biblioteca moderna, descontracturada, luminoso y con mesas y sillas cómodas. La estrella es el patio trasero, con césped, árboles y una enredadera que en época de verano otorga un hermoso respiro. Nos decepcionó un poco el espresso. Si bien era un buen blend de “Coffe Town” (con granos de Mexico, Papua Nueva Guinea y Brasil), en el primer intento el barista nos ofreció un pocillo largo que devolvimos al instante. En el segundo intento comprobamos las bondades del blend, aunque la temperatura de la máquina restó algunas notas de sabor que se expresaron en el regusto demasiado intenso (en los límites del café quemado). Entendemos que el gusto del cliente habitual de bar ya está establecido desde siempre, pero estaría bueno que el barista tenga más presencia a la hora de educar acerca de la mejor manera de respetar y apreciar un buen café (sobre todo si la cafetería especifica que es de especialidad). Merece revancha y una visita a la sede original. ***

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En resumen, la experiencia global fue más que satisfactoria y auguramos un mayor auge del café de especialidad en la ciudad. Bregamos por más orígenes y la incorporación de diversos métodos de filtrado para que la aventura gustativa sea completa.

Cuando puedan péguense una vuelta por La Plata ya que la variedad y calidad de las cafeterías está en alza. Nos quedaron pendientes, se vendrá la segunda vuelta.

 

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CIGALÓ, Specialty Coffee. Barrios de pie

 

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Hubo una vez una autopista que no fue. Cientos de casas expropiadas, algunas demolidas. La tristeza de un barrio partido al medio por la absurda conjunción entre la megalomanía y la burocracia. Muchos años después a alguien se le ocurrió rescatar los restos de la vergüenza y comenzar a renovar ese sector de la ciudad en donde Villa Urquiza camina hacia Belgrano en una galería de casas bajas y veredas decoradas con diferentes especies de árboles. Y justo en una esquina, como en la mayoría de los tangos, se erige el bar en donde el barrio se detiene alrededor de un pocillo de café. Solo que el acostumbrado cafetín, en este caso, cambió la sordidez de las baldosas percudidas y la vidriera triste que recibe el resoplo del malevo traicionado, por una imponente estructura de vidrio y cemento en donde el sol de la mañana se entrecruza con las paredes blancas y las hojas siempre verdes de las plantas.

Cigaló apostó al barrio, transformando el insulso cafecito sin pretensiones en un auténtico templo en donde el café es un objeto para adorar, entre los agradecidos habitantes de un barrio que vuelve. Con una estética renovadora, en donde todo parece vincularse, observamos un afuera que apenas se diferencia del adentro. Los vidrios enormes configuran un sitio de unión, en lugar de separar. El salón está repartido entre un abajo y un arriba, entrepiso que se extiende sin dejar de pertenecer al todo. Al igual que la barra, centro de lugar y punto de encuentro de todos los focos de la mirada. Un loft integrando la calle con las columnas.

El amplio pizarrón nos muestra las diferentes variantes de lo que se ofrece. En el área cafetería, las opciones de espresso y los cold brew. Los filtrados con casi todos los métodos más comunes y una inusual variedad de tés y bebidas frías. A la hora de comer, hay opciones de ensaladas y sándwiches fríos y tostados, con carne o veggies. Amplia bollería fabricada in situ.

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Pedimos un espresso, un cappuccino, un machiato acompañado por croissant, pan de chocolate y pan de queso. El sistema de expendio es por ticket y tienen un inteligente sistema de información para los que recién se aproximan al mundo del café de especialidad: te muestran una tacita igual a la que vas a recibir en tu pedido. Sin sorpresas posteriores para los que se quejan de que es corto o piden que le llenen el pocillo.

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Ese día ofrecían un blend propio: 50% El Salvador y el resto (no dijeron el porcentaje) repartido entre dos varietales de Etiopía. En taza presentaba una buena crema, dorada y persistente. El aroma predominante era a madera y frutos. Llama la atención la sensación aterciopelada en boca, algo dulce, predominando la acidez en una etapa posterior, recordando frutos frescos, para dejar lugar a un amargor suave y persistente. Buen cuerpo. Buen blend.

Las variantes con leche que probamos, el machiatto y el cappuccino, ejecutadas adecuadamente con las características del café. Una buena extracción y en la proporción justa. Arte latte simpático.

La pastelería se destaca por su elaboración. Buenos ingredientes y de calidad hacen la diferencia a la hora de comparar. El pan de queso (en realidad era un chipa) fue uno de los más ricos que probamos: en donde el queso estaba presente y no era una sutileza como en muchos otros lugares.

La atención es muy cordial. Se preocupan por brindarte información acerca de lo que pedís. El barista está a mano y sabe muy bien su profesión. Se guarda algunos secretitos cuando el cliente es algo preguntón como nosotros, pero es comprensible a la hora de tener que atender a mucha gente. Facturan y aceptan tarjetas de crédito.

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En definitiva, Cigaló apostó al barrio y ganó. Hace muy poco tiempo que están, pero se les augura una buena permanencia en el difícil propósito de llevar el buen café a los barrios.

 

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Cigaló Specialty Coffee

Holmberg 2004 (Villa Urquiza)

CABA.

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