café, panadería, pastelería

RÚSTICA, la pastelería. Siempre es bueno volver a casa

Hablamos de “rústico” cuando nos referimos al campo, en contraposición al vocablo “urbano”, alusivo a la ciudad y a todos los que habitan en ella. Muchas veces, en sentido peyorativo, apelamos a decir que algo es rústico cuando es ordinario o poco refinado. Nada más alejado de la realidad. Y “Rústica, la pastelería” es una prueba concreta de ello.

En pleno barrio de Belgrano Residencial, a pocas cuadras de la estación, el campo y la ciudad se unen en un recinto antiguo, con una exquisita decoración que abre puertas ante un antiguo mueble de madera que ofrece opciones tentadoras de panes y delicias que cavan los canales más primitivos de nuestro olfato. Sillones tapizados con alegres motivos, alternan con una delicada ambientación con teteras antiguas y ornamentados juegos de té y café que nos transportan al mobiliario de nuestras abuelas y al recuerdo de sus delicias, autóctonas y europeas. Y como no podía faltar, el fondo es un patio, el encuentro de los juegos y las plantas que ascienden al cielo a través de un jardín vertical.

Según la página del lugar, su creadora Mariana Ginyaume, Licenciada en Gastronomía, nos explica su concepto del lugar, aferrado a las tradiciones familiares. Exquisiteces que se pueden comer en casa, pero con una vuelta de tuerca que hacen que siempre existan nuevos horneados además de los clásicos budines, muffins, cuadrados, alfajores y tortas de excelente presentación y tamaño.

Nuestra experiencia nos convocó a desayunar en el lugar. Con una atención muy correcta hemos visto desfilar generosas tostadas de pan suculento y todo tipo de acompañamientos. Nuestras preferidas fueron las medialunas con el típico saborcito de Mar del Plata que todos llevamos en el recuerdo y un Scon de queso bien caserito y pródigo en tamaño.

 

 

 

 

Carta

El café es un párrafo aparte. Desde la carta nos enseñan que trabajan con un café Guanés colombiano, cuyas características, origen, altura, datos de cosecha, perfiles de cata, figuran en la descripción como ocurre en muchas cafeterías de especialidad. Probamos un espresso servido de manera correcta, a una temperatura ideal, en cuyo aroma se percibían ciertas notas chocolatosas y con una agradable acidez cítrica que permanecía en boca durante un tiempo discreto. Tal vez un poco más de cuerpo se agradecería. El cappuccino tenía buena cremosidad, correcto y de buen sabor.

Para consumir en el lugar, además de desayunos y meriendas, waffles, licuados, ofrecen brunchs y almuerzos, cada cual con sus características y vertientes de tentación. Para llevar, hay panes y panificados, dulces y salados, bombonería y la excelente pastelería que hacen de Rústica, el lugar ideal para rescatar algunas tradiciones campestres en el medio urbano que nos convoca a diario.

 

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Rústica. La Patelería.

Zapiola 2125 (Belgrano)

CABA.

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CAFE DE ESPECIALIDAD – Primera Parte

La SCA (Specialty Coffee Association) define al Café de Especialidad como, al que bajo rigurosas normas de catación,  se le es otorgado 80 puntos o más en una escala de 100 por catadores profesionales que evalúan aroma, gusto y defectos del grano de café. Según esta asociación, la cual rige y estandariza a los café de todo el mundo, un café de especialidad es aquel que no presenta defectos y tiene un sabor distintivo en la taza. Esto quiere decir que su sabor es notablemente bueno.

Según la página Infusionista: “Se refiere al café de excelente calidad que obtiene una calificación de 80 puntos o más en una escala de 100 otorgado por catadores profesionales, y que se distingue por su aroma, sabor, personalidad, carácter distintivo y ausencia de defectos.”

En la página Jocutla se indica que: “La definición de café de especialidad inicia desde el origen del café, la selección y plantación de una variedad en particular cultivada en una región específica del mundo. El término café de especialidad se refiere a granos de café verde de alta calidad tostados a su máximo potencial de sabor por verdaderos artesanos para después ser preparados adecuadamente bajo estándares determinados.”

En Perfect Daily Ground, nos explican que para conseguir un café de especialidad todo tiene que empezar desde el momento cero y pasar por unos puntos y procesos, que juntos harán que el café producido se pueda clasificar como café de especialidad.

Nosotros creemos que el café de especialidad es una experiencia de conocimientos y sensorialidad, desde la plantación del cafeto, la recolección y selección de la cereza, sus procesos de beneficio para obtención del grano verde, su arte de tostado, hasta la extracción de forma correcta por el barista quién asesora en todo lo referido a este café. Es cómo está pensado y es cómo es bebido el café.

Recogimos algunas opiniones de gente calificada en el tema:

Máximo Vazquez Brust (de Root Coffee House) nos dijo: “Es un conjunto de reglas, procedimientos y estándares enfocados a ofrecer un café de muy alta calidad cuidado desde el origen hasta la taza. El grano tiene que ser trazable hasta la finca de origen, donde se recolecta a mano y procesa con métodos que no van a afectar la calidad del café. Es catado por personas especialmente entrenadas y preparado también por baristas especialmente calificados.

El café de especialidad transporta al consumidor a diferentes regiones del mundo a través de sus sabores y el barista pone a disposición del consumidor información sobre el origen del café, como la finca de origen, el varietal, beneficio utilizado, caficultores, tostadores y sobre la preparación de la bebida.”

Agustín Abot (Bote Café): “El café de especialidad para nosotros es un estilo de vida, una forma de transmitir la pasión que genera el contacto con sabores y experiencias únicas que te brinda el estar inmerso en esto. Es una posibilidad de conexión y de crear lazos con clientes, baristas, productores, trabajadores de las fincas, tostadores y demás.”

Rocío Scha (coffee hunter) aporta: “Creo que es una pregunta que puede tener muchas respuestas. Justamente el otro día, filosofando con un amigo sobre café, llegamos a la conclusión de que “Sólo se, que no sé qué es el café de especialidad”.

El café de especialidad es el que tiene X efectos primarios, X secundarios, es arábico, es el que tiene más de 80 puntos; es lo que la “santa” SCA dice que es. Pero en realidad yo creo que es un conjunto de cosas lo que lo terminan de definir.

Obviamente se necesita un café de calidad, pero también creo que es la forma en que lo trabaja el tostador y barista, en cómo es presentado y hasta cómo es recibido por el consumidor.”

Gabriel Calleja (Import Coffee de Belgrano) aporta que: “Para mi el café de especialidad es el respeto por la materia prima y todos sus procesos hasta llegar a la taza. En donde se cuida la calidad de la planta, la semilla, la molienda, la máquina. Es por esto que el barista es el último eslabón de esta cadena de cuidados en donde el resultado final es sumamente superior a cualquier café.”

Agustin Quiroga (Café Puerto Blest/Tienda del Barista y referente de la escena local del café) opina: “Un café de especialidad es un café especial, que surge del trabajo, esfuerzo y compromiso enorme de mucha gente a lo largo de toda la cadena de valor.  Según la SCA (Specialty Coffee Association) el café de especialidad puede existir consistentemente gracias a la dedicación de personas que tienen la calidad como prioridad, no sólo en la etapa del cultivo sino en cada etapa del proceso, manteniendo el foco en la excelencia desde el inicio hasta el final. Estableció un puntaje para categorizarlo: un café que califica arriba de los 80 puntos (en una escala de 100) es un café de especialidad. El café verde debe tener cero defectos de categoría 1 y menos de cinco defectos de categoría 2 de acuerdo al protocolo SCA. Además del puntaje están los standards: la SCA cuenta con protocolos que establecen los requisitos para evaluar y calificar el café y sus procedimientos asociados: standards para Café Verde, Cupping, Tueste, Agua y Brewing. Además, hay estrictas guías de buenas prácticas. Todo con un mismo objetivo: garantizar la calidad. El control de calidad atraviesa cada etapa del camino que recorren los granos. En la inicial, con el cultivo, la cosecha y la selección, se prioriza calidad a cantidad, sólo los granos sin defectos llegan al final del proceso. Esos granos pasan a una exhaustiva etapa de cupping: más controles para elegir los mejores lotes que son seguidos por más pruebas para encontrar el perfil de tueste que maximice los atributos de los granos y el método de extracción que les permita expresarse al máximo. Así se llega al control final: el del consumidor.”

Muchas gracias a todos ellos por sus valiosos aportes y su tiempo. Seguirá en la Segunda Parte.

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BERNI DELI & BISTRO: el norte prometedor

La Lucila es un barrio del partido de Vicente López, ubicado a 12 km de Buenos Aires, antaño conocido por Punta de los Olivos, el cual supo ser un sitio clave para la defensa de las invasiones inglesas.

Más tarde la aristocracia porteña decidió llevar sus capitales a este enclave a orillas del Río de la Plata para instalarse en casas de descanso. Una de esas viviendas (denominada La Lucila) fue construida a principios del siglo XX por el militar Alfredo Urquiza en honor a su esposa Lucila Marcelina Anchorena de Urquiza, y fue inaugurada como mansión despampanante en 1915. Lamentablemente la dama solo la pudo disfrutar dos años pues falleció en 1917. Igualmente debido a su majestuosidad, la mansión fue muy popular y la zona comenzó a ser llamada “La Lucila” por los vecinos.

Lamentablemente, la elegante mansión “La Lucila” fue demolida en 1939, pero el barrio quedó en pie como uno de los más distinguidos y acaudalados del delta de Buenos Aires. Allí en la actualidad, hay pequeños destellos de polos gastronómicos esparcidos por la Av. del Libertador y en su pequeño centro de la calle Rawson, paralela a las vías del tren.

Allí nos encontramos con Berni Deli & Bistró, una cafetería moderna que ofrece algunas comidas, pastelería y recientemente, la incorporación del café de especialidad. Este último es un café de Puerto Blest, extraído con máquina Simonelli Appia II.

Lo primero que notamos del lugar es que su relación precio-calidad es muy buena, sobre todo por estar en un barrio de las características mencionadas anteriormente. Cuentan con una carta italiana de café dividida por tamaños (chicos, medianos y grandes), a precios inmejorables y en su carta aclaran sobre la temperatura a la cual preparan la leche: “tomable”.

Todas las preparaciones de café son servidas en pocillos y tazas artesanales de arcilla poco ortodoxas para cafetería, pero efectivas y que dejan impronta e identidad al lugar: Berni opta por estas tazas o estas tazas las tiene Berni. El espresso que probamos fue bueno sin sobresalir, con una destacada acidez cítrica y algo chocolatoso (por lo que entendimos era de origen Colombia). Los capu y lattes muy bien ejecutados, de buen sabor y más que correctos.

La pastelería es muy buena, ricas medialunas, deliciosas tostadas francesas (mejores que en muchas renombradas patisseries capitalinas), buenas tostadas para untar y excelentes scones de queso.

La carta se completa con muchas ensaladas, sándwiches, tortas, alfajores (y demás pastelería pequeña), snacks, desayunos completos y hasta delicatesen gourmet para llevar. Aguas, limonadas, cervezas, gaseosas y licuados completan sus bebidas. Hasta ofrecen tres hamburguesas que prometen (para otra ocasión).

El lugar de dimensiones medianas tiene aspecto moderno con decoraciones en madera, paredes en blanco y ladrillos. Mesas afuera y adentro en pino con sillas plegables, de caño y plásticas. Cuentan también con una barra. Luces sutiles y decoración mínima, orden y luminosidad. Por algo se mantuvo lleno en todo momento. La atención es correcta.

Un lugar para tener en cuenta, por precios, por un café bueno que puede mejorar en cuanto tengan rodaje. Por sus precios más que interesantes, por su ubicación en pleno centro lucilense, y por tener otras opciones a los ya acostumbrados cafés de especialidad clásicos, otros tantos repetitivos y algunos lejanos. Algo muy prometedor por el norte.

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Berni Deli & Bistró

Rawson 3707 (La Lucila)

Buenos Aires.

café

RIBERA CAFÉ: en las orillas de la perfección

La palabra “Ribera” alude a decenas de conceptos que se van multiplicando a medida que la experiencia otorga su impronta, y es ahí cuando diverge a otros cientos de significaciones, muchas veces alejadas de la orilla. Una ribera es una playa, ni más ni menos que eso: la zona que bordea el límite de un río o del mar. Pero también es periferia; un margen, un límite preciso o impreciso, o (yendo más lejos), la marginalidad que el parlante nos ejecuta cuando escuchamos el tema de la Bersuit. Ribera es también un apellido (de polémica ortografía), alguna aldea perdida de España y una Cafetería de Especialidad que desde hace unos meses se ha instalado justo en la ribera entre dos barrios emblemáticos de Buenos Aires: San Nicolás y Recoleta.

La calle es “Viamonte” (en homenaje a uno de los militares que luchó en la Invasiones Inglesas, defendiendo nuestras riberas), cerca de la esquina de “Rodriguez Peña” (otro defensor de nuestras costas en dichas invasiones). Buenos Aires suele serpentear las causalidades como quien advierte epifanías entre las cotidianas expresiones del azar. Dicen por ahí, que el nombre de la cafetería surge al mismo tiempo en el cerebro de sus dos propietarios, a la hora de ponerle nombre al proyecto.

Ribera Café es algo así como la playa que nos refugia del tormentoso océano de complejidades que significa una ciudad en brama, ansiosa de prisa y eficacia. Unas pocas sillas para que los elegidos del café puedan apartarse para merodear las orillas de una charla, de granos perfectos y bebidas de increíble precisión. Una barra protagonista en donde la ribera se hace difusa y uno ya no sabe si está tomando un café o se ha convertido en el café que toma. La mariposa de Chuang- tsu revoloteando entre los vapores de la tarde. El café se torna tiempo, muta en charlas entre adeptos milicianos del café que pueden ser extraños pero el oro negro los agrupa, los vuelve tiempo.

El espresso es Ninina, proveniente de Bolivia, dulzor y acidez frutal que pegan en la boca de manera sensual. Los filtrados pertenecen a Puerto Blest, y provienen de Guatemala (excelente aeropress con un varietal Antigua), Nicaragua, Brasil, Colombia, etc., pero la magia es argentina y de la mano de sus baristas. Si uno se queda con ganas de más, también se puede llevar en granos o molido en el momento. Por su puesto que hubo un lapso en que la boca tocó uno de los mejores Capuccinos de la Ciudad, de gran ejecución y en donde se puede sentir la férrea intensidad del café.

En opciones de comida se destacan sus sandwiches: bien pensados, bien ejecutados, armónicos y deliciosos: pulled pork en pan de ciabatta, pastrón en baguette con semillas y la estrella del día: humus de remolacha y berenjena en baguetin (picoso, cremoso, con el dulzor justo de la cebolla caramelizada y el frescor de la rúcula).

Para el segundo café (porque siempre hay más de uno), los dulces son la perfecta elección: desde las tradicionales croissants, los infaltables brownies y budines, hasta las poderosas cookies (de maní con sabor a abuela y a infancia, una fija) y las de pepitos de chocolate.

Un lugar pequeño, íntimo, pero que invita a permanecer por su ambiente, su música y la excelente atención de sus dueños, que no se limitan a servir café sino que le hacen honor a todo el ritual que se despliega alrededor de una taza.

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Ribera Café

Viamonte 1649 (Centro)

CABA.

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MALCRIADA CAFÉ: la caprichosa del café

Algo distinto, inquietudes en la boca y en el alma. Ganas de nuevas aventuras en gastronomía y café de especialidad. Somos caprichosos, queremos eso, queremos libertades y no atarnos a las modas, a los medios, ni a los influencers. Tampoco nos satisface desembocar en los barrios habituales para encontrar un buen café. Nadie que nos diga dónde ir, estamos malcriados y vamos a “Malcriada Café” a saciar tanto capricho.

Escenario relajado, con entrada de almacén antiguo (típico de la periferia de Palermo, en donde los fantasmas arrabaleros se codean entre Chacarita y Colegiales), mesas y sillas adentro y afuera en madera rústica, hasta espacio para plantas dando un matiz orgánico a la cosa. Ambientación clara con algunos ladrillos a la vista y un mural donde la Malcriada se hunde en el café. La barra nos recibe con máquina y molino “Ascaso” y algunas banquetas altas para ver la acción cafetera.

Café del bueno: tostado por Ninina, blend (bolivia 60%-Colombia 30%-Brasil 10%): espresso con acidez cítrica, frutal y retrogusto a chocolate. Capuccino excelente, dulce, cremoso y ejecutado de maravilla. Carta italiana completa con buenos tragos fríos, cold brew orange refrescante, matcha latte. Opción de leche de almendras. Opción take away (para llevar).

Filtrados: chemex, v60, aeropress, prensa francesa.

Rica y artesanal pastelería y comida casera in situ:

Carrot Cake, de las mejores tortas de zanahoria de la ciudad. Punto.

Avocado Toast: con pan de masa madre, palta, pera, queso azul y nueces (magistral). Obligatorio encapricharse con él.

Tostón alemán: con leber casero potente y rico, rúcula, pepinos y cebolla encurtida, excelente combinación.

Torta Matilda: como la de la película, chocolate y lujuria.

Medialunas, Cheese Cake de frutos rojos, alfajores, frolas, budines, cupcakes, etc.

Combos y brunch. Tostones y sandwiches. Todo a precios accesibles considerando que la calidad de lo casero es muy notoria.

Gaseosas, jugos, limonadas, cervezas completan la carta. Algunas tarde-noches funcionan como punto de mancomunión y refugio de otros duchos baristas de la ciudad. Tragos refrescantes y cerveza completan la velada.

Más alla de la simpleza del lugar, el orden y lo metódico se nos pega; hay tranquilidad en sus dueños, y eso se transmite. Juan Pablo está a cargo del café y la atención sumamente cuidadosa. Uno se sienta y te atienden en la mesa que elijas. Con muchas charlas de café en el medio, se toma el tiempo de explicar, asesorar sobre el café que se sirve y todo lo concerniente a la carta de bebidas y comida, con una pasión que pocos tienen (el tipo de naranja con el que se hace el cold brew orange fue un tema de discusión). Agustina generalmente se encuentra tras bastidores, cocinando y haciendo fluir la magia de sus tortas y salados, abundantes, caseros y sobre todo deliciosas opciones. También venden tartas y tortas para llevar.

Y nos siguen malcriando, te sirven y agasajan de una forma diestra y esmerada, con todos los detalles cuidados, se preocupan de que todo salga bien y en superarse. Nos malcrían. Con humildad y ganas nos hacen más caprichosos que lo de costumbre y eso convierte a Malcriada en un lugar donde siempre queremos volver.

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Malcriada Café

Bonpland 1367 (Palermo)

CABA.

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IMPORT COFFEE COMPANY (BELGRANO): vive la experiencia del café

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Hace algunos años (no muchos más de 130), si te encontrabas en el centro de la ciudad y deseabas llegar al “partido” de Belgrano debías atravesar el arroyo Maldonado, cruzando algún puentecito precario, acompañado de los ecos de “la Maldonado”, una bravía española que según cuenta la leyenda arribó junto a Pedro de Mendoza y quién sabe por qué causa, fue abandonada en las márgenes de este río, sobreviviendo a los yaguaretés , a los querandíes y otras incongruencias.  Belgrano conserva aún el extraño privilegio de haber sido la Capital del País, durante un corto período de antiguas grietas que siempre se recrean como el eterno retorno de los estoicos.

Por el norte, esa Antigua Belgrano era recorrida por el arroyo Vega que traía hilos de agua desde lo que hoy es Agronomía con sus ubicuos bañados, y el Arroyo Medrano, cuya pestilencia recorría unos cuantos kilómetros desde La Matanza. Mucho antes de que se convirtiera en el barrio de los caserones de tejas y de los aljibes que eternizara Cátulo Castillo en el famoso tango. Y mucho antes de la llegada del tango, José Hernández vino a vivir al barrio, adquiriendo una casona en la que murió luego de proferir sus últimas palabras: “Buenos Aires, Buenos Aires!” Y en la que posiblemente escribiera su obra magna, el Martín Fierro.

Poco antes de su muerte, el escritor donó parte de sus tierras para favorecer a los humildes productores que no podían acceder a los costosos puestos del antiguo Mercado Modelo, un poco antes de la creación del Mercado de Abasto. Se creó así la Feria Modelo de Belgrano, una precaria toldería de lonas y tinglados que fue creciendo hasta convertirse en lo que conocemos como Mercado de Belgrano, en medio de la plaza Noruega, en la intersección de las calles Ciudad de la Paz y Amenabar.

A partir de 2017, resultado de un esfuerzo entre una cooperativa de comerciantes y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el antiguo mercado se transformó en un espacio gastronómico de varios locales y un patio de comidas, que, pese al remozado, aún conserva el secreto encanto del barrio antiguo, en congruencia con locales de comidas gourmet, de autor, verduras orgánicas, carnes y pescados, vinos y productos de una excelente calidad.

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Como amantes del café de especialidad, nos adentramos en Import Coffee Company, una isla en donde descansar luego de las compras y disfrutar de uno de los mejores cafés de la ciudad. A diferencia de otros locales de la firma, en donde solo sirven el Café Illy (de tueste tipo italiano, fuerte y cenizo, buen café, excelente para bebidas con leche, pero no es de nuestra preferencia en espresso), en este caso se nos permite zambullirnos en el universo de los cafés tostados (con un tostado más adecuado a nuestro gusto) por Preto, que verdaderamente marcan la diferencia. De las muchas veces que fuimos, hemos probado variedades de Uganda (en Chemex y V60 es la gloria), Brasil (rico y equilibrado) y Colombia (buen dulzor, ácido y chocolatoso), en excelentes espressos, de los mejores capuccinos que hemos probado (cremoso, dulce y bien ejecutado) y también filtrados realizados por la mano siempre eficiente de su barista Gabriel (ganador de premios y excelente en su trato y predisposición). Con su humildad enseña, guía y ofrece incansables charlas sobre el maravilloso mundo del café. Barista de verdad y no de mote.

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Las dimensiones del local invitan a rodear la barra, que es la verdadera estrella del lugar. Una brillante máquina “La Marzoco” preside la magia, si bien también se comercializan máquinas de espresso marca “Ascaso” para uso familiar. Si la barra no es tu lugar, hay un par de mesas rodeadas de estantes para tentarte con los diferentes cafés que podés llevar a tu casa, chocolates importados, cookies y algunas delis. Minimalismo con ambiente blanco y luces cálidas con sillas cómodas.

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Si el café te despierta el apetito, no podrían faltar las medialunas, o los rolls de canela, alfajorcitos, cookies, scons, todo de muy buen sabor y frescura. Y si tu espíritu se alimenta de más café y querés adentrarte en las profundidades del conocimiento, se ofrecen talleres durante el año para todos los niveles, clínicas para la preparación de un buen espresso, o de los diferentes tipos de filtrados o de aproximación a las experiencias sensoriales que el café te puede brindar; siempre de la mano de especialistas calificados en el tema. Seriedad garantizada.

Import Coffee de Belgrano es el encuentro obligado, no solo para los vecinos del barrio sino para todos aquellos que disfruten de un paseo por el mercado más glamoroso de Buenos Aires o deseen culminar su rutina gastronómica con el mejor café. Una luz en el camino, un atalaya entre tanto asfalto: vive la experiencia del café.

 

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Import Coffee Company – Mercado de Belgrano

Juramento 2527 (Belgrano)

CABA.

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COFFEE TOWN (MERCADO DE SAN TELMO): María y su Reunión en San Telmo

 

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Como un domo conformado por vigas, columnas y arcadas en metal y hierro, techos de chapa y vidrios y una cúpula central, el mercado de San Telmo está en pie desde 1897. Conserva toda la fachada y estructura que originalmente diseñó el arquitecto italiano Juan Antonio Buschiazzo. Desde 2002 es un Monumento Histórico Nacional.

Plagado de coloridos puestos de antigüedades, carnicerías, verdulerías gourmet, especias, delicatesen y demás, ya hace algunos años ha incrementado su oferta con la incorporación acertada de puestos de todo tipo de comida: mexicana, libanesa, suiza, entre otros, y también cervecerías, parrillas, comida natural, hamburguesas, cafetines y hasta café de especialidad.

Allí se pueden encontrar productos importados, de difícil adquisición, rarezas, reliquias, y muchos extranjeros con sus flashes iluminando lo moderno y lo pretérito. Se puede pasear y recorrer y sorprenderse por la diversidad de productos y por lo bizarro de algunas ofertas que se exponen a la venta: muñecas de colección con miradas tristes, sifones, cucharas y cucharones, cucús que funcionan, vinilos con polvos de tiempo, etc.

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Pero también las comidas desbordan calidad, gourmet y al paso; un microclima cosmopolita de gastronomías eclécticas. Cafés para todos los gustos y para los nuestros, está Coffeetown. Unos pioneros en granos de especialidad en la Argentina, que forman baristas, tuestan en vivo en uno de sus varios locales del mercado, y tienen granos del mundo entero: Etiopía, Burundi, Tanzania, Perú, Colombia, Brasil, India, Papúa-Nueva Guinea, y muchos más. Uno puede beber un rico café mexicano y al instante tomarse un segundo café de Sumatra, al otro lado del mundo.

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Pero esta vez fuimos por uno de los cafés más prestigiosos, buscados y caros del mundo: el Bourbon Paintu o Laurina (Coffea Arabica varietal Laurina), una variedad exótica del grano arábica, de las más apreciadas y complejas de todos los tiempos. Este café, llamado “María” por la finca que importó el grano verde, es originario de la isla francesa de La Reunión (no es el único café de origen europeo).

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A lo largo de la historia, esta isla pasó de mano en mano hasta que Francia reclamó su jurisdicción en 1642. Fue entonces cuando el rey Luis XIII ordenó cambiar el nombre de la isla, entonces ‘Santa Apolonia’, por el de Bourbon, en honor al nombre de su dinastía.

En Java e Indonesia ya abundaban las primeras plantaciones de café y la demanda de este preciado producto era cada vez mayor. Los colonos pronto vieron una oportunidad al inspeccionar sus terrenos y descubrir los grandes atributos que ofrecía aquella tierra para el cultivo del cafeto. Aunque en 1715 se plantaron los primeros arbustos, la producción con fines comerciales no se inició hasta 1771.

Llamado Bourbon en honor al nombre de la isla (esta luego se llamaría definitivamente Reunión) y Pointu por su aspecto alargado y puntiagudo, enseguida se volvió muy apreciado por cortes europeas.

El científico Sieur Leroy descubrió que el café Laurina era en realidad una mutación natural del café arábica importado de Yemen. Por desgracia, la época dorada del Bourbon Pointu se acabó cuando en el siglo XVIII una fuerte plaga acabó con prácticamente todos los cafetales.

Durante más de medio siglo, el Bourbon Pointu dejó de existir. Sin embargo, una iniciativa del Consejo Regional de la Isla reunió fondos en el 2002 para investigar sobre las posibilidades de recuperarlo. Fue así como se inició la colaboración con el CIRAD (Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo) en el proyecto. En 2007 se creó la Coopérative Bourbon Pointu y muy pronto se hizo realidad la comercialización de la primera cosecha efectiva de este valioso café.

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Hoy en día, el Bourbon Pointu, crece en la falda del volcán Pitón Fournaise de La Reunión. Un suelo muy rico que produce un café complejo, bien balanceado y sorprendentemente sutil al paladar. Ha sido clasificado con el tipo Gran Reserva lo que significa que es uno de los mejores cafés del mundo.

El café Bourbon Pointu es cosechado manualmente con un gran cuidado para  seleccionar las cerezas en su punto de madurez óptimo. Generalmente el café es tratado mediante un proceso húmedo específico y luego secado 100% al sol antes de ser tostado de manera artesanal para conseguir que los aromas expresen perfectamente su sabor único. Se trata de un café típico naturalmente muy bajo en cafeína, de cuerpo moderado y de sabor acidulado que revela los aromas de frutas exóticas como el lichi, la naranja, el pomelo o incluso de flores como las orquídeas.

El María en particular (vía la finca Daterra Farm) es sometido a un proceso de semi-maceración carbónica, colocando las cerezas maduras en un tanque de fermentación anaeróbica por 51 horas en un ambiente enriquecido con dióxido de carbono. Luego se seca a sol directo. Creando lo que nosotros consideramos un elixir de café.

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En nariz es un café floral, ciruelo, avinado, altamente complejo. Ya en los aromas nos percatamos que no habíamos probado nada igual. Servido en un gran copón de coñac, esta bebida está hecha para el disfrute, y al agitar la copa los aromas brotan espaciales, impregnates y sutiles. Al probar el primer sorbo la explosión de sabores hace mella en la boca que queda desorientada e inmensamente desbordada. Para tener una idea, en la lengua receptora de todos los sabores, tocó puntos nuevos, como descubriendo otras realidades de gusto que nunca habíamos sentido: uvas, sensación licorosa, frutas dulces, dulce, dulce… luego al enfriar un poco, se advienen los alicorados, como un vino dulce regocijándose en la boca que lo apaña y no lo quiere soltar, para luego darle espacio a un final azucarado y herbal muy agradable. No hay lugar para el amargor, casi sin ningún resto de acidez, aquí solo hay deleite desde principio a fin, alicorado ámbar sabroso, fragrante, floral y frutal, una bebida con brillo, altamente singular e irrepetible. No probamos nada igual y recomendamos adquirir esta experiencia singular antes de que se acaben los pocos granos existentes en el país.

Si bien la copa de María es costosa, no es cara; y no lo es porque el paladar y los sentidos agradecen la experiencia vivida, y esta, realmente fue una de las mejores que hemos vivido en cuanto a cafés se refiere ¡Vale mucho la pena!

Un gran acierto de COFFEETOWN de poder facilitarnos lo remoto, lo exclusivo y lo inmensamente diverso, y por supuesto, esta bebida extraordinaria.

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Coffeetown

Mercado de San Telmo

Bolivar 970 (San telmo)

CABA.

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La Plata: diagonal del café

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Todavía no corren ríos de café por las calles y diagonales de La Plata, pero los frutos del cafeto están madurando para expandir su bendita adicción hacia todos los platenses.

Patyando recorrió tres de las cafeterías de especialidad en esta bonita ciudad, obteniendo una excelente experiencia que colmó nuestras expectativas y deleitó nuestras papilas ávidas de notas cafeteriles.

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LLAMA COFFEE ROASTERS: Originario de la vecina City Bell, (que visitaremos muy pronto para reseñar), tiene una sucursal a modo de pequeña barra en el complejo “EL Callejón” (calle10 725), desde donde pudimos apreciar el blend de Brasil y Panamá que ellos mismos tuestan en una máquina Probat, para darle un cuerpo perfecto y un sabor complejo que va cambiando (para bien) a medida que baja la temperatura de la bebida, brindándonos en cada sorbo una experiencia diferente. ****

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NAT, Sabores Dulces: (calle49 461) Un local apacible, luminoso, con una decoración country naïve que da gusto permanecer. Si bien está orientado a la excelente pastelería que preparan, el café de origen Guatemala (1600m. Puerto Blest), con la excelente extracción de la barista, nos dio una experiencia que nada tiene que envidiarles a otras consagradas cafeterías porteñas. Una acidez cítrica con notas achocolatadas, buen cuerpo y un aroma floral típico de la región. Probamos un scon y una cookie de pistacho que afirmó nuestra grata experiencia. Tienen opciones veganas y sin TACC. ****

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BIG SIBERIA: Fusión de una librería y una cafetería, visitamos la sucursal de calle 10-889.  La ambientación nos sorprendió desde la llegada. Se respira un aire de biblioteca moderna, descontracturada, luminoso y con mesas y sillas cómodas. La estrella es el patio trasero, con césped, árboles y una enredadera que en época de verano otorga un hermoso respiro. Nos decepcionó un poco el espresso. Si bien era un buen blend de “Coffe Town” (con granos de Mexico, Papua Nueva Guinea y Brasil), en el primer intento el barista nos ofreció un pocillo largo que devolvimos al instante. En el segundo intento comprobamos las bondades del blend, aunque la temperatura de la máquina restó algunas notas de sabor que se expresaron en el regusto demasiado intenso (en los límites del café quemado). Entendemos que el gusto del cliente habitual de bar ya está establecido desde siempre, pero estaría bueno que el barista tenga más presencia a la hora de educar acerca de la mejor manera de respetar y apreciar un buen café (sobre todo si la cafetería especifica que es de especialidad). Merece revancha y una visita a la sede original. ***

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En resumen, la experiencia global fue más que satisfactoria y auguramos un mayor auge del café de especialidad en la ciudad. Bregamos por más orígenes y la incorporación de diversos métodos de filtrado para que la aventura gustativa sea completa.

Cuando puedan péguense una vuelta por La Plata ya que la variedad y calidad de las cafeterías está en alza. Nos quedaron pendientes, se vendrá la segunda vuelta.

 

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CAFÉ HAUS: de arepas, waffles y cafeces colombianísimos…

 

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“Tanto en Colombia como en Venezuela le llaman “arepa” a una masa redonda hecha con maíz blanco. Para muchos dentro de estos territorios, es un alimento indispensable (como el pan de cada día) y se disputan el origen entre ambos países.

Se puede decir que todo comenzó en la época precolombina en donde las mujeres indígenas comenzaron a remojar los granos de maíz y luego de quitarle la cáscara, procedían a moler los granos hasta alcanzar una textura similar a la harina. Al mezclarla con agua se creaba lo que hoy se conoce como masa de arepas para luego darle forma (chata y esférica) y cocerlas en ollas de barro.”
 

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Si uno deseara tomar buen café, con un buen acompañamiento para comer y un lugar amplio y aislado de la vorágine urbana, nosotros recomendaríamos CAFÉ HAUS.

Casi bar oculto, restaurante escondido, esta cafetería es muy distinta a sus pares de café de especialidad. Se encuentra atrás de un maxikiosco, luego de un pasillo, y se abre como un mundo nuevo alejado de toda rutina molestosa. Un salón largo y amplio con distintas disposiciones y comodidades. Es tan extenso que a veces parecería que faltan muebles. La calma cunde por estos lares y se agradece como compañera de estas aventuras. Aquí se respira algo de Colombia, por sus empleados amables y bien dispuestos, por el ambiente cargado de pinturas alusivas (cafeteras), por los sacos de café que adornan el lugar. Hay acento colombiano en los labios y en el aire.

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Dispone de un mostrador-exhibidor (con las distintas delicias que se ofrecen), en donde se encuentra la máquina Rhina de Rilo, la que no para de “sacar” los diferentes cafés. Hay un primer sector del salón con sillas y mesas muy cómodas y sillones con mesas ratonas, todo muy propicio para instalarse a tomar algo o trabajar con la PC. Más atrás, un entrepiso suave abre hacia más mesas y sobre la otra pared, unos boxes para alejarse aún más de la ruidosa avenida Santa Fe.

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Siguiendo con Colombia (y por fuera de las disputas acerca del origen) la arepa es la vedette del lugar; CAFE HAUS ofrece muchas variantes y las hace muy bien (aquí nos comenzó a gustar este delicioso plato extranjero). Además hay wraps, sándwiches, ensaladas, omelettes, huevos revueltos de todo tipo, etc. Todos estos deleites se ofrecen en almuerzos con toques originales y a precios muy convenientes. Hay combos muy apropiados (con gaseosa en vaso, :c ) Para beber, gaseosas, jugos, limonadas, aguas.

Probamos varias arepas y todas son rellenas, con varios ingredientes. La de carne mechada es muy rica y sin llegar a ser un pan, cumple esa función (aunque el tostado y la textura en boca son distintas, más áspera al paladar y opone más resistencia), el wrap de pollo es sabroso y llenador. Los combos de wrap y arepas vienen con ensalada y gaseosa por precios muy accesibles. Es ventajoso para el bolsillo y para probar comidas que quizás no estamos muy acostumbrados. Las arepas suelen salir con carne de varios tipos, que están mechadas (con cocciones largas, condimentadas y deshebradas) que le dan mucho sabor y textura muy suave.

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Para dulceros hay muffins, tortas, medialunas, budines, donas y brownies, entre otros. Pero los waffles son una bendición en esta tierra. Al probar el de nutella con helado y crema fue una avalancha de buen gusto y exquisita combinación de delicado placer. Un canto a dejar la dieta. Recomendadísimo!!!

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En cuanto al café, sirven los clásicos capus, espresso, flat white, latte frío, affogatos, y varias cosas originales como su capuccino rainbow, con un arte latte multicolor llamativo. Recientemente incorporaron arte latte 3D, pioneros en esta empresa, que aporta un colorido más, sobre todo si el café es bueno (lo principal). Hemos probado otras veces un Excelso de Colombia muy interesante y la última vez habían cambiado a un Nariño colombiano (tostado por All Saints) cultivado a 1900 m., de beneficio lavado y cosechado este mismo año, frescura total. Es un café muy rico, fino, equilibrado, con aroma chocolatoso, acidez frutal justa y un finish de pasas.

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En definitiva, un lugar altamente recomendable, que si bien es cafetería de especialidad, parece más un bar-restaurante colombiano con detalles de autor. Aquí el café no lo es todo, pero es importante. Aquí hay mucho lugar para la introspección y un esparcimiento solitario o con mucha compañía. Café, arepas y waffles, como una triada que apuntala, esperan bocas ansiosas de sabores diferentes pero no por ello menos exquisitos.

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Café Haus

Av. Santa Fé 3618 (Palermo)

CABA.

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LA BIRRA BAR (LA BIRRA NIGHT): ¿Un asado entre dos panes?

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Hablar de LA BIRRA BAR es remontarse a la típica casa de comida familiar en un barrio bohemio de la ciudad, alejado del circuito de los grandes restaurantes céntricos. El pequeño lugar de la Avenida San Juan al 4300 fue asistiendo a los cambios en el paladar de los porteños (y tal vez formaron parte como patrocinadores de dicho cambio), confeccionando hamburguesas que comenzaron a seguir el manual de los que saben y considerando a la unión de la carne y el pan, no tanto como compartimientos independientes sino como un verdadero núcleo indivisible en el que si falla uno falla el todo. Más tarde, de la mano de una imponente máquina espresso Simonelli y un producto de Puerto Blest, las comidas se completaban con un café de especialidad cerrando el circuito de las delicias.  Desde luego, en un principio sin más marketing que el “boca a boca” (primero en el barrio, después mucho más allá), los protofanáticos del lugar comenzaron a exigir un local más amplio para evitar las aglomeraciones y un horario más extendido para no privarse de la apetecible burger casi de culto.

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A pocas cuadras del primitivo templo, surge LA BIRRA NIGHT, en calle Carlos Calvo, un local mucho más grande, acompañado de mejores inversiones y un conocimiento mucho mayor del marketing. El hijo que nace de la experiencia y que entra en la adolescencia con todo el empuje y los desenfrenos típicos de esta etapa de la vida.

La ambientación se olvida del estilo “bar de barrio” y se vuelve una suerte de cervecería con mucha onda, al estilo de las nuevas tendencias, con mesas altas de incómoda actualidad y otras más bajas, alternando lo tradicional con lo innovador. Algunas mesas en la vereda, con sombrillas completan el cuadro en el que habitarán los comensales (si tienen suerte de conseguir sitio). Como buen adolescente, la decoración apela a la propia autovaloración, con una pantalla gigante que no deja de emitir videos autorreferenciales que se repiten hasta el hartazgo (y este llega muy pronto), e innumerables referencias a las buenas reseñas de influencers que han salido satisfechos con la experiencia.

La carta es amplia. Casi imposible de abarcar de un solo vistazo desde una cartelera por encima de la caja. Si no sabes lo que vas a pedir estás perdido. El sistema de expendio es por pedido en la caja, para luego obtener la orden mediante el llamado de un beeper vibrador. La espera en horarios no pico es adecuada, con el acompañamiento de un buen aire acondicionado, el buen tino de pochoclos salados en las mesas y una buena música a un volumen que no llega a saturar.

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Las estrellas son las burger, pero también hay otras opciones que no existen en otras hamburgueserías (bife de chorizo, ribs, langostinos rebozados, postres, etc.). La extensa variedad de combinaciones suele ser una bendición para algunos aunque las mínimas diferencias entre un tipo y otro, a la larga, terminan confundiendo. Hay clásicos y no tan clásicos. Fuimos varias veces y probamos muchas opciones: Cheese burger (carne, queso cheddar y queso dambo), la Doble (doble carne, doble queso, cheddar y panceta), Burger kid (doble carne, doble cheddar, panceta y cebolla crispy), las variantes desmechadas, el Lomo pulled (lomo desmechado, queso dambo, cebolla crispy y mayonesa de salvia), Pulled pork sandwich (cerdo desmechado ahumado, Jack Daniel´s BBQ, cheddar, tomate, pepinos agridulces y cebolla crocante) y la rara estilo Wisconsin (cebolla especial, doble queso cheddar y manteca).

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Ninguna de ellas constituyó una decepción, el pan es realmente el adecuado al producto total, aireado, contenedor (aunque si la burger es muy contundente suele fallar un poco), de muy buen sabor (de los mejores del mercado). La carne es una sabrosa mezcla, con la textura indicada, el punto justo de cocción y se deshace en la boca (no está condimentada y eso está muy bueno aunque faltaría un “gustito a parrilla” dado que uno de sus principales slogans habla de un asado entre dos panes). Las papas fritas más que correctas, fueron mejorando desde la primera vez que fuimos. Con respecto al Pulled pork resultó uno de los mejores que probamos, aunque el Lomo desmechado requería un poco de ayuda para ser deglutido (hay 11 canillas de cerveza, lo que para este caso resultó excelente). La opción Wisconsin lleva medio pan de manteca fría sobre un medallón de carne, no lo suficientemente caliente como para derretir el bloque. Para los amantes de la comida colesterolosa es la gloria, pero a nuestro paladar resultó un tanto shockeante. En términos generales resultan excelentes hamburguesas.

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Como suele suceder en muchas hamburgueserías, en el caso de que quieras incorporar algún aderezo a tu combo, deberás recorrer las mesas, interrumpir conversaciones, dar explicaciones a los novios celosos y jurar a los desconfiados comensales que lo único que querés es un poco de ketchup o mostaza (Heinz) a tu hamburguesa.

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Sin embargo, si nos preguntamos qué cambió desde aquel primigenio local en la Avenida San Juan a este de la calle Carlos Calvo, seríamos capaces de enumerar algunas cosas que evolucionaron para bien (el horario nocturno, la mayor variedad de opciones, la incorporación del beeper, la amplitud del local, la excelente relación precio-calidad, etc.) y otras que permanecieron igual, en especial las largas filas de gente en la vereda, lo cual los dueños parecerían no querer modificar, en virtud de una discutible estrategia de marketing. Existe una morbosa soberbia en mostrar y recorrer con una cámara las colas de gente con la temperatura sobreimpresa en las pantallas de las redes sociales que ellos manejan (entendemos las modas de los más jóvenes de socializar en la calle y la destreza de marketing de mostrar una cuadra de cola, pero a fines prácticos es incómodo y no se justifica). El crecimiento empresarial es una muy buena recompensa al esfuerzo, pero los clientes no son eternamente fieles y las modas pasan y los influencers “corren” hacia otros lugares muy rápidamente. Una mejor organización de la atención evitaría los inconvenientes. En horas pico, el tiempo de espera se hace imposible, habiendo colas increíbles afuera y también resultando complicado conseguir una mesa. Para nosotros el gran producto no lo es todo y por eso marcamos estos inconvenientes. Por suerte parecería que se está advirtiendo este problema, proponiendo solucionarlo con el lanzamiento de franquicias. Hasta tanto ocurra, los que no toleramos las grandes esperas, tendremos que ir cerca de la hora de apertura o visitar otras opciones hasta tanto se concreten las nuevas franquicias. Lo cual es una pena porque consideramos a LA BIRRA BAR como una de las 5 mejores hamburgueserías de Buenos Aires.

 

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La Birra Bar

Av, San Juan 4359 (Boedo)

La Birra Night

Carlos Calvo 4315 (Boedo)

CABA.

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