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MENENGA RESTAURANT: la revelación de la hamburguesa de oro

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Quizás un presagio, un vaticinio, una gema en un camino que empezamos este año, siempre en busca de lugares de excelencia, pues cuando se paga por un plato en gastronomía es bueno que la devolución tenga calidad, que haya un diseño de carta, buenos productos y por supuesto una atención perfecta. Si no, para los que nos defendemos al cocinar, nos quedamos en casa y se termina la historia, la reseña y la receta de turno. Puede ser un hallazgo, un local cuya apertura fue hace poco más de un mes, en Caballito, en las cercanías de la cancha de Ferro, en un pequeño polo que se formó en pleno barrio. También, y como una maldición/bendición queda a 8 cuadras de donde practicamos el arte del bonsái (si también somos fanáticos de eso), por los que no nos queda otra que aseverar que, en el mejor de los casos, es una revelación…

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Inserto en una cuadra bien de barrio, la fachada de Menenga Restaurant no impresiona más que la de un restó moderno. Al entrar se abre camino un pequeño living para 6 personas (sillón incluido), que se antepone a una cocina abierta que incluye una barra con varios asientos. Contiguo, formando una L con la cocina, sigue el salón tipo bodegón actual, onda industrial con parciales ladrillos a la vista y cemento desgastado estilo rústico. Cuenta con 3 mesas para 4 personas y 3 mesas para dos comensales. Luces intimistas. Una gran vidriera hacia el exterior. Buena música y gran ambiente, curioso y cómodo.

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El chef tenía un proyecto a puertas cerradas llamado Arengreen, un proto-Menenga que lo catapultó a la apertura de este nuevo bistró.

La atención es muy cordial, por gente joven (incluido el chef). Ambiente descontracturado sin dejar de ser muy profesional y sumamente cuidado.

El menú cuenta con pocas recetas que son originales, a los que se suman platos del día (Goulash con spätzle o panceta ahumada envuelta en entraña más batatas pay con salsa de queso azul). Divididas en platos chicos o entradas, platos grandes estilo bodegón/minuta, 3 burgers o sándwiches, postres, bebidas y tragos (acotadamente eficaz, para qué complicarse).

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El sistema de servicio es en mesa por mozo y también cuentan con take away (tipo vianda). El tiempo de espera fue adecuado.

Para beber hay gaseosas, cervezas, vino, tragos, soda de sifón (a la vieja usanza).

Pedimos hamburguesas, las dos de la carta. Una Doble Bacon con queso cheddar (le sacamos los pepinillos) y la otra, Doble Oklahoma (un estilo americano con cebolla cocida junto a los medallones, también con cheddar). Ambas servidas en lajas de piedra negra.

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La carne es excelente, buen punto, poco condimentada, un gramaje genial y muy jugosa. Sumamente llamativo es el Pan que realizan en el lugar, elaborado a base de zapallo Cabutia, el cual le otorga un color dorado/amarillento a la miga y corteza que abrazan al Patty (la hamburguesa de oro). Es esponjoso, sostienen muy bien el contenido, y le brinda un toque dulzón al conjunto. Muy original, destacando mucho por sobre otros lugares.

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Los toppings son muy buenos, queso excelente, panceta con un buen dorado y llevando un relish sutil de pepino que le daba un gusto global soberbio. Vienen con papas fritas que acompañan bien.

Nos sorprendió muchísimo el sabor del conjunto, con un pan que aporta un toque distintivo y una carne realmente sabrosa, entrando para nuestro gusto en un lugar bien alto en nuestra tabla virtual de hamburguesas/hamburgueserías.

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Además del plus de contar con otras variantes en cuanto a platos, se evidencia un restaurante con pensamiento gastronómico por parte del chef, sumando así originalidad y técnica a las preparaciones. Nos falta probar otros platos por los que regresaremos.

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Realmente un hallazgo y creemos que es, sin dudas, la sorpresa hamburguesina en lo que va del año para nuestro gusto y humilde parecer. En una zona en crecimiento gastronómico, destacan por sus productos frescos y elaboración sumamente cuidada. Calidad más atención más sabor más originalidad: una total revelación para no ser un lugar dedicado solamente a las hamburguesas. ¡¡¡La de oro garpa!!!

 

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Menenga Restaurant

Espinosa 480 (Caballito)

CABA.

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IPA CERVECERÍA: la hamburguesa que acompaña bien

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Las cervezas artesanales están tan de moda como las hamburguesas gourmet. La elaboración del estilo IPA (Indian Pale Ale) es uno de los más extendidos entre los maestros cerveceros. Las microcervecerías parecen haber tomado un vasto mercado y le compiten de igual a igual a las marcas más industriales. Para ello, se super especializan ante la gran cantidad de competidores que tienen y cada vez más gente sabe apreciar los distintos estilos y variedades, así como también afilan el paladar hacia las cervezas de calidad.

¿Por qué IPA? Ale es una cerveza de alta fermentación en la que las levaduras llevan a cabo sus procesos en la superficie (distinto a las Lager que son de fermentación baja). Ambos casos caracterizan el estilo de fermentación que llevan a cabo las levaduras.

La palabra Pale define a grandes rasgos los cereales malteados empleados en la elaboración de la cerveza, que en este caso son maltas de color claro que dan cervezas más pálidas.

Lo de Indian viene de la época colonialista de los ingleses en la India, que para poder conservar sus cervezas en el transporte a ese país tan lejano aumentaron la graduación alcohólica y añadieron más lúpulo a la mezcla como formas de conservación de la bebida. Así, estas cervezas, supieron traspasar fronteras.

Las IPA entonces se destacan por su amargor dado su nivel elevado de lúpulo (los IBU, unidades internacionales de amargor, no suelen bajar de 40 unidades). Además, hay varios subtipos de cervezas estilo IPA, pero ese es otro cantar (o tomar).

IPA también es una cervecería ubicada en los límites de los barrios de Paternal y Caballito. Ocupa toda una esquina, una ochava flaca y abierta que nos muestra luces cerveceras desde lejos. En el interior, con ventanales abiertos, se encuentran barriles y una barra cerrada con múltiples canillas de birra tirada y varias sillas altas que la acordonan. Un gran mural colorido destaca y enmarca el nombre del local. Afuera, cercando toda la esquina hacia las profundidades de las calles que la circundan, se disponen mesas y sillas altas bien cerveceras donde la gente se amucha y la pasa bien a la intemperie. Todo es bastante simple pero efectivo. Quizás sentándose en la barra uno también debe ir corriéndose a medida que salen las tandas de cerveza y la gente las viene a retirar o a rellenar sus botellas. El sistema es el de pedir y pagar en la barra y luego te acercan el pedido o se retira en la misma barra.

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En cuanto a las cervezas que ofrecen tienen muy buenas opciones, las Cheverry son muy buenas tanto su Porter como su Ale liviana, la Desafío Session IPA también (se sirven en un vaso distinto), afrutada y fresca. Completan las variantes las marcas Guira y la Darwin como muy gratificantes opciones. Todas las que probamos (nos acompañaron varios de nuestros amigos bonsaistas y además grandes gourmand) de muy buen sabor, bien servidas, y para nada sobrefermentadas o avinagradas.

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Un punto a parte fue la grata sorpresa de su comida, y es el tema que nos hace reseñar. Tienen buenas papas fritas y excelentes batatas fritas (de las mejores, gruesas, no quemadas y en punto redondísimo) que acompañan a las muy correctas burgers que destacan mucho por sobre otras cervecerías que ofrecen hamburguesas gourmet. Tienen nombres como Buenos Aires, Barcelona, New York, Cannes, Jalisco y otras ciudades más (sí, como en la “Casa de Papel”), y todas pueden ser de carne vacuna, pollo crispy o vegetariana. Combinaciones interesantes como la Beirut con humus, berenjenas asadas, vegetales y provoleta dándole a nuestro estilo criollo una vuelta de tuerca asiática, otra típica con bacon, queso cheddar, cebolla caramelizada (NY) de muy buena factura. La Barcelona con queso, huevo y jamón, era perfecta. La Cannes, con queso azul, es excelente y la Buenos Aires con mollejas como elemento estrella completan una buena cantidad de opciones clásicas y originales. El punto de la carne es genial, muy buen gramaje, 190 g. de patty, original sabor y los toppings son abundantes y de calidad. Si pudieran mejorar algo es el pan, aunque sostenía bien y no se desarmaba, con un brioche más casero la burger calificaría bien arriba. Pero es una cervecería, no una hamburguesería, así que no queremos ponernos en exquisitos. Para picar, además, hay nachos con cheddar, langostinos rebozados acompañados con alioli, pinchos de lomo con barbacoa y pinchos de pollo rebozados. Todo a un precio asequible.

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Cabe destacar los aderezos en una zona aparte, en los típicos pomos, pero FRIOS (como debe ser, en particular con la mayonesa). También unos maníes con pimentón ahumado de lujo.

Estaba muy concurrido cuando llegamos (sábado 20.30 hs.), el servicio es muy cordial y efectivo, y sirven la comida bastante rápido. Aceptan tarjetas.

Es un ambiente muy relajado, con buena música, local pequeño, pero para pasar un rato  agradable está muy bien. Prontamente inauguran un segundo local en la esquina contigua al original, también sobre Av. San Martín.

Las cervezas artesanales están tan de moda como las hamburguesas gourmet, claro que no todo tiene calidad y claro que muchos se suben a la ola del momento, y en las modas a veces el buen criterio y paladar se deja de lado. IPA, por lo contrario, es una cervecería donde todo está muy cuidado y en donde la comida acompaña más que bien. Con menos de un año de abierta, una gran sorpresa, una gran cervecería. Vayan y disfruten.

 

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Cervecería IPA

Av. San Martín 1555 (Caballito)

CABA.

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TIERRA DE NADIE: en la lejana parrilla…

 

“Terra nullius es una expresión latina que significa tierra de nadie y que se utiliza para designar la tierra o lugar que no es propiedad de ninguna persona.”

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Corría el año 2012 y por aquellos entonces la hamburguesa gourmet no era más que una corriente acunada en otros países con mucha más historia. En Argentina solo se estaba embrionando la idea de una hamburguesa de calidad, con productos bien pensados y desmitificando la idea de la cadena de fast food vendiendo burgers como comida chatarra.

Por esos tiempos en el lejano barrio de Caballito, más precisamente en las cercanías de las avenidas Acoyte y Avellaneda, en donde los negocios no abundaban (menos aún en los alrededores del Sanatorio Méndez) y la moda de bares y restó pasaba por otros barrios más “coquetos”, justamente allí, en esos lares tan desamparados y ajenos, es donde la tierra de nadie dio lugar a Tierra de Nadie. Nace así un mítico lugar de paso (y no tan de paso) para comer hamburguesas de las buenas y también otras comidas en un espacio tipo fonda Tex-Mex (en ese entonces las etiquetas no eran tan usuales ni precisas), en donde el respeto por el producto, el hacer toda la materia prima en el momento y la relación precio-calidad se tornó una constante.

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Luego el mito creció, en base al gran trabajo, ya que la gente se agolpaba y siempre estaba abarrotado; así fue como, desde el año pasado con la inauguración de su segundo local, a unos metros del primero (esta vez sobre la calle Acoyte), no solo mantuvo la regularidad de la propuesta elevadora de varas, sino que le dio una vuelta de tuerca, sacando los pattys en un grill de leña y en un espacio mucho más amplio para que los adeptos tengan más lugar. Se erigen así las opciones de TdN: a la plancha (en el local original de la calle Avellaneda) y a la parrilla.

Es precisamente esta última a la que fuimos unas cuantas veces ya y de la que hablaremos más extensamente en la reseña.

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Tierra de Nadie – La Villa (así es el nombre completo de la segunda parte de la novela), nos agasaja con un lugar amplio, tipo galpón, donde ya desde el afuera se puede apreciar la parrilla y toda la cocina íntegramente a la vista, más una barra para comer en la calle (frente a un ventanal que conecta a la cocina pintada en rojo). Por un pasillo que va bordeando, casi acariciando, la cocina se llega a un comedor enorme en donde toda la decoración es en madera y hierro negro, con mesas y sillas altas tipo cervecería y otras bajas. Una barra lateral como continuación de ese pasillo y una barra central donde se encuentra la caja y ancla con la amplia cocina en aluminio donde perfectamente se puede ver cómo se trabaja. En esta ambientación también hay lugar para algunas paredes con ladrillo a la vista. Completan el lugar, al fondo, un patio trasero bastante grande (abierto) y junto a él, los baños modernosos.

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El servicio es en las mesas con un mozo muy atento (fuimos siempre en la franja de 14-15 hs.), y la demora en expedir la comida es más que adecuada. Esa es una buena hora para ir y encontrar mesas, muy al mediodía o tirando a la noche hay que esperar (la comida lo vale). Aceptan tarjetas y no cobran servicio de mesa (un puntito más).

Sirven comida bastante variada y con algún toque distinto y criollo. Entradas, sándwiches, ensaladas, rolls, varias burgers, cerveza tirada (4 canillas), aguas, gaseosas línea Coca, tragos y vinos (no café). Las bebidas se sirven en unos carcelarios jarritos enlozados que completan el estilo fonda e informal del lugar (nosotros tomamos del pico, perdón). Los aderezos clásicos los trae el mesero a pedido.

En cuanto a las reinas del lugar, pedimos varias veces lo mismo, la Bad Horsie y La Villa, las cuales salen con papas fritas. La primera es un doble medallón de 100 g cada uno con cebolla morada pluma, provoleta al orégano, tomate asado y alioli (¡de las mejores burgers de la vida!). Una hermosa combinación de sabor en donde nada sobra y nos hace olvidar por un rato largo las hamburguesas clásicas con cheddar. La Villa es una hamburguesa de 200 g con provoleta ahumada de locura, cebolla crispy, relish, alioli, lechuga y tomate frescos. Una Burger también estilo más criollo que combina perfecta. Quizás es un poco grande y cuesta manipularla un poco pero el sabor es inmenso. Hay, además entre otras, una doble (alineadas, no una sobre otra) que viene entre dos panes de campo gratinado con queso Danbo, nuestra próxima aventura.

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Hay que decir que el sabor de la carne tiene ese toque de parrilla único, está poco amasada, se deshace en boca y sale con un punto glorioso. Esto es la esencia, el toque distintivo de TdN.

Tuvimos la grata oportunidad de charlar un rato con David, uno de sus dueños, y muy amablemente nos contó que la carne es un blend que va variando según la temporada para poder siempre ir subiendo en sabor y mantener la calidad. Nombró varios cortes que pueden ser apropiados (los típicos u otros), la cuestión es conseguir aquellos cortes en su máxima expresión de calidad. Adquirieron una picadora que también le da forma a los pattys que no solo agiliza el trabajo, sino que mantiene el producto congruente.

El pan es muy bueno, bastante alveolado y sostiene, viene con semillas de sésamo blanco. Si nos ponemos en quisquillosos podríamos pedir un toque más de miga por que lo de adentro es bastante violento. El dueño nos dijo que lo hacen todos los días en el local de manera artesanal.

En cuanto a las papas no destacan demasiado, teniendo en cuenta que la estrella es la hamburguesa. Por ahí dentro de la misma tanda son desparejas, siendo algunas bastantes buenas y otras no tanto. Le comentamos al dueño y nos dijo que hay épocas por lo que el producto en sí es bastante variable. Pero es algo que intentan mejorar.

También nos comentó que el hecho de estar alejados de toda la movida hamburguesera, geográfica y por propia decisión, se mantiene un poco la identidad de TdN. Tratan de cuidar el producto al máximo (y lo logran) y también organizan algunos eventos, en los que invitan a chefs amigos y bartenders para que hagan una burger versionada y un cóctel que maride. La idea, aseveró, es tratar de hacer uno de esos encuentros una vez por mes. La propuesta y la repercusión es muy buena. Es algo distinto y la gente del rubro se despereza y sale de sus cuevas.

El precio es normal y la relación precio/calidad muy buena.

Con todas estas consideraciones, y cotejando el producto, tenemos que decir que nos encontramos sin duda ante una de las 2 o 3 mejores hamburgueserías de Bs As. Sacándole varios cuerpos a los de atrás. Con un producto muy logrado y único, con su propia impronta y con la convicción de que las grandes cosas no suceden por moda o por instalarse en un barrio con “onda”. La mítica la da el producto y mantenerse en el tiempo, lo demás es chamuyo.

 

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Tierra de Nadie – La Villa

Av. Acoyte 263 (Caballito)

CABA.

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HELLO FRANK: la alternativa fiel.

 

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Entre los límites de Boedo y Caballito no todo es la afamada hamburguesería de culto con nombre de bebida alcohólica. Queda lugar para otras propuestas de nivel. Fieles a nuestro leit motif llegamos a Hello Frank patyando y nos fuimos de ídem manera. Como muchas es una esquina de casona restaurada para su función de hamburguesería, con grandes ventanales, letrero con bombillas luminosas de la marca, varias mesas afuera acordonando el local y mucha onda desde la entrada. Llegamos temprano, pero había gente, luego se fue llenado, aunque no es tan congestionado ni caótico como otros lugares.

Dentro un amplio local, de techos estilizados, muchas mesas altas y bajas, para todos los gustos, sillas cómodas, paredes con ladrillo a la vista, de corte industrial, entre lo moderno tipo cadena y lo original ecléctico, con impronta de casona, como aspirando el barrio. Toda la moda cerveceril. Cuenta con un buen aire y una gran cocina a la vista donde se puede ser testigo de todo lo que preparan.

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Muy buen ambiente en general y excelente música. ¿Qué más? Si hay buena comida es un golazo.

La atención es muy correcta, personalizada con camarera que te sirve en la mesa, donde cuentan con servilletas y salero.

En la carta tienen hamburguesas varias, hasta veganas, wraps, ensaladas, y en termino de bebidas, cervezas tiradas Patagonia y otras marcas, pomeladas y limonadas, además de gaseosas claro.

Nos pedimos una Cheese Burger y una Clásica, cada una venía acompañada con fritas, y para beber una jarra de limonada con romero y miel (excelente bebida, marida muy bien).

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No tardaron en entregarnos el pedido más de 10 minutos y nos acercaron un cajón con los distintos aderezos originales: kétchup, mayo, alioli, cebolla agridulce, remolacha y zanahoria (todo casero).

En cuanto a las papas de estilo rústico, doble cocción, corte grueso, eran normales y abundantes, con algunas excepciones un poco crudas.

El pan de la hamburguesa todo un hallazgo, buena miga, buen gusto (rico) y sostenedor (de los mejores que hemos probado, top 5).

La burger viene junto con las papas en bandeja de loza muy canchera.

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En cuanto al Patty propiamente dicho (justo le preguntamos a una mesera vegetariana que nos averiguo amablemente, un colmo muy gracioso), es un blend de la casa: roast beef, picaña y nalga. La carne sale con el punto justo, se siente el sabor profundo en boca y con un regusto a pimienta que le va muy bien. Un poco amasada para nuestro gusto. Un medallón alto de 180 gramos, verdaderamente sabroso.

La Cheese con kétchup no invasivo (¡por fin una!), mezcla muy buena con el cheddar de calidad y los demás quesos. Buena combinación en general. Rica.

La Clásica, buena mixtura con queso filante, cebollas en su punto. Típica burger con lechuga y tomate, con un interesantísimo topping de mayonesa al chimichurri. Buen gusto.

Como balance precio calidad es excelente.

Cuentan con happy hour de cervezas martes y miércoles de 18 a 20.30 hs. Y también con take away.

Quizás sin estar entre las de la cima de la tabla de las Burger, tuvimos una muy buena experiencia, tienen un buen producto y seguramente cada vez será mejor, gran atención, propuestas originales y un excelente ambiente. Probá perderte una tardecita por las callejuelas de Caballito y encontrá a Hello Frank, vas a saber de qué hablamos…

 

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Hello Frank

Doblas 601 (Caballito)

CABA.

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