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ROCK AND BLUES CAFÉ: Sencillo y contundente

Los fuegos siempre son bienvenidos en cuanto a la transformación de sabores. Como una alquimia reveladora, los ahumados y la parrilla (al carbón, leña, chips de cortezas, etc.), logran modificar proteínas e internalizarse en cualquier alimento impregnándole identidad, potencia y claro que un estado de conservación superior (en el caso del ahumado).

La música, en especial el rock, también tiene la virtud y capacidad de alterar, gracias a su alquimia sensorial, conciencias y estados de ánimo, y así como la parrilla y su producto ahumado final, provocan alteraciones químicas en la gente.

En los comensales, buenos sabores, fuertes y potentes, combinados con rock clásico y sin tiempo dan como resultado una plena satisfacción en la experiencia culinaria.

Y esto sucede plenamente en un café que no es café pues Rock and Blues Café pese a su mote es un híbrido, también alquímico en su función de ofrecer poderosas hamburguesas a la leña a la par de música roquera en su breve recinto campechano, pero lleno de comodidad auditivo-gastronómica. ¿Es un bar, es una casa de hamburguesas, es un pub?

La breve carta (que es un volante conciso) ofrece además deliciosas papas rústicas, de lo mejor que se pueda encontrar en el ambiente hamburguesero, normales, tuneadas con cheddar y también cheddar y panceta (para dos). Bebidas típicas: gaseosas, tragos y cervezas varias, pero los hits del lugar son sus 5 burgers a las brasas: todas con un sabor ahumado y parrillero impresionante, único, y de sabores distintivos. Un producto muy distinto a todos los demás. Las que probamos nosotros fueron la Bacon Crush: carne, cheddar, panceta, cebollas asadas, papas crocante y alioli; la Bacon Burger: carne, chédar, panceta, cebolla y alioli, y también degustamos la Rock and Cheese, simplemente carne, cheddar y alioli, simple pero contundente y revelador. Todas de primer nivel, con gramaje y punto excelente y un sabor superior. Todas con un buen pan que acompaña perfectamente y puede ser simples o dobles (100 g cada medallón) y el combo incluye papas fritas solas o especiadas (ajo y orégano). El alioli casero es magistral. Completan el acotado plantel: la Rock and Classic con lechuga y tomate, y la Caraqueña con palta y salsa de ajo como ingredientes estrella. Para qué más, para qué embarullarse, si con estas 5 se hace mucho ruido, mucho rock and roll.

Lo precios son acordes y menores que la media, cuentan con delivery.

Con una atención buena, hay que pedir en la caja primero y luego sentarse en mesas cerveceras bajas, apreciando un decorado en madera de pallets reciclados, luces pendiendo de cuerdas, guitarras pegadas a las paredes y banderas mundiales que cuelgan dando matices de color. Un pequeño espacio que es poblado por música: Nirvana, Pearl Jam, Stone Temple Pilots y el gran olor ahumado roquero que sacude el ambiente. Altamente recomendable, sencillo y contundente.

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Rock and Blues Café

Mariano Acha 2559 (Villa Urquiza)

CABA.

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ALOHA Beer & Food: la oportunidad de barrio

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Luego de comentarios errados, de populismos indiscriminados, de influencers veletoides, de eventos fallidos, de lejanas cercanías y muchas vicisitudes que pudimos dejar de lado, visitamos Aloha, quizás en un contexto más social, pero al fin y al cabo logramos apreciar de lleno el producto que ofrecen.

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En pleno Parque Patricios y en una esquina antigua yace este bar (bodegón, cafetín y un largo etc.) devenido a restó con sugerente preponderancia en el armado de hamburguesas. El lugar no es muy grande, una barra ocupa un gran territorio y detrás, la geografía de una cocina amplia que deja vislumbrar un trabajo un tanto caótico, pero no por eso malo. El resto: mesas y sillas de madera bien de bar en un entorno con pinturas advenedizas, sartenes colgando de techos y una divertida rusticidad (con indicios de pulpería de las de antes, pero antes que antes…).

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La atención es muy buena, se destaca por sobre muchos similares de su rubro. Esmerada, eficaz y amable.

Ofrecen una carta amplia con variedad de platos: sándwiches, rolls, ensaladas, también hay lugar para la cafetería y cosillas de panadería; cervezas, aguas, gaseosas y por supuesto las tan afamadas hamburguesas.

Pedimos la Cheese Bacon Burger y la Le France acompañadas con un fuentón de papas fritas al verdeo y queso. Estas últimas buenas y cremosas, acompañando muy bien al plato principal.

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La Cheese Bacon tiene unos abundantes 240 g de blend de carne distribuidos en dos pattys, los cuales ostentaban un punto ideal, un gramaje de manual, nada de amasado y un gusto que pocos logran; en pocas palabras, una excelente ejecución. El queso era de buena calidad y sabroso, el bacon quizás, fue el punto flojo, con una cocción poco óptima, mientras que el pan acompañaba muy bien, aún sin ser maravilloso. La de estilo francés, sin embargo, con la misma calidad de carne, y el mismo buen pan, si bien es un global correcto, el tomate seco invadiendo un poco el todo, hacía que se perdiera el sabor del queso brie y sumado a esto, escaseaba la cebolla caramelizada. Igualmente aprobaba notoriamente.

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Según fuimos viendo la evolución por dichos propios, ajenos y por historial, aquí se nota un trabajo minucioso para superarse y definitivamente lo han logrado. Les juega en contra una zona despojada y un tanto lejana, pero creemos que si siguen en progreso esto no sería impedimento para que la gente se acerque a probar la caterva de opciones que se presentan como muy tentadoras. Es un lugar atípico por su ambiente más familiar de bodegón que el de las clásicas industrialoides instalaciones que en el afán de correr tras la moda, nos tienen acostumbrados.

Recomendamos darle una oportunidad.

 

 

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THE BURGER COMPANY: Compañía original y moda

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Nos costó mucho hacer una reseña de Burger Co. Tuvimos que volver 2, 3 y hasta 4 veces para poder apreciar su calidad y vislumbrar si no era solo una moda. Costó porque a pesar (y ya anticipamos algo) de su buena calidad de productos, de su moderno y enorme local y sus buenas intenciones, aun hablando estrictamente de comida, nos queda a mitad de camino.

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No dudamos de la originalidad de sus propuestas, que constantemente van renovando o proponiendo ediciones limitadas o menús ocultos (la caterva de hamburguesas que sacaron para el mundial, con ingredientes que representaban a cada país, fue un logro interesante y gran movida publicitaria), inteligencia en difusión y marketing, cautividad de público joven, modernidad y espacios cómodos (cuentan con un gran salón principal, 1er. piso, terraza y hermoso patio trasero).

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También destacamos la calidad de la comida, es muy buena, bien pensada y con combinaciones singulares y casi únicas.

El lugar acentúa ser tipo hamburguesería americana, grandes espacios sectorizados, neones, ladrillos y diseño enfocado a lo industrial. Mesas altas y bajas en madera y hierro (la moda cerveceril dejando su huella nuevamente), convirtiéndolo en un fast food con todas las letras (pertenece más a este segmento que a lo gourmet, lo parrillero o la cantina-cervecero).

Hay variedad de hamburguesas (muchas no se encuentran en su página), ricos nuggets, paletas de helados, aros de cebolla, ensaladas y hasta “café” Nespresso. Ofrecen aguas, gaseosas y 4 canillas de cervezas.

La atención siempre fue correcta y no mucho más. El pedido se hace en cajas bajo una cartelera con las opciones, y luego se entrega mediante el soniquete y luminosidad de un beeper.

Ahora bien, a nosotros no nos interesa las modas gastronómicas, las grandes colas (vayan temprano fuera de horarios picos porque si no es una experiencia tediosa), tampoco los condimentos Heinz son por si solos una tentación (sí un aporte que no nos vuelve locos), la excentricidad de la “onda food porn”, las suculencias incongruentes u obsoletas, solo el disfrute de comer una buena hamburguesa con calidad de ingredientes que hagan una experiencia gastronómica inigualable (aquí, en Argentina, no hay estrellas Michellin y tampoco lo pedimos, pero quizás siempre hay alguna “estrella”).

Esto último se cumple parcialmente en Burger Co. Todo es muy correcto, buenos tamaños de hamburguesa, el pan mejoró bastante sin ser la panacea, la carne tiene buen gusto en general pero se desarma horrores (una falla que se da en todas sus burgers y debería ser mejorable, la última vez se desprendió la mitad de una de nuestras Love Co. hacia el piso cual deshielo del Perito Moreno).

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A decir verdad, la mejor Burger con al que cuentan es la Love Co. Muy buena, con la carne en su punto, sabor parrillero ahumado por su salsa baconaise, buen queso, con cebolla colorada bien presente dando frescor, pero como dijimos se desarma. Las demás como la Duchess (que termina destruida por el aporte también de la escasa continencia del pan a la carne desmoronable, quizás por falta de tueste o por contextura propia) y la de pollo (Crispy Chicken) son dignas pero se quedan en buenas intenciones.

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Las papas afortunadamente fueron evolucionando (por suerte las últimas veces se frieron con aceite nuevo) hacia unas muy buenas fritas. Aquí se refleja un crecimiento.

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Por lo demás, resulta un buen local fast food (muy superior a otros), con buenas intenciones y bastante por mejorar sobre todo en el armado de las hamburguesas. ¿Es recomendable? Sí, sin ser de nuestras preferidas es una buena opción. ¿Es moda? También, pero ese es otro cantar.

 

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The Burger Company

Honduras 4733 (Palermo)

CABA.

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THE FOOD TRUCK STORE: una de las mejores del barrio

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Un food truck dentro de un restaurant, un galpón bien reciclado, un gran patio, cerveza, paninis preliminares y la apuesta fuerte con hamburguesas de diseño. Eso es The Food Truck Store.

Chapas, ladrillos, caños que circulan a través de las paredes terminando en luces. Todo industrialoide, muy bien armado. Hasta un rústico escenario parece vislumbrarse al fondo y arriba del gran local.

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El food truck arranca en su alargada estructura con la caja y la cocina detrás de un armazón, a modo de truck verdadero. La gran carta choca con los ojos y aparecen las elecciones: paninis, hot dogs, papas fritas varias, cafetería y 11 burgers solas o en combos, más 3 homenajes (hay algunos más que se “deben” ir adivinando en qué día se dispensan, son solo 30 las que se manufacturan).

Frente a la cocina, un apartado-barra para tragos y 5 canillas de cervezas, y más allá, el salón amplio, alto y poblado de mesas de madera y sillas coloridas, mesas más elongadas y junto, a la derecha, un patio al aire libre muy acogedor.

Las luces, irregulares luces que cuelgan, macetas, semáforos, carteles escritos en tiza con leyendas: “La Emily”, “la mejor de Recoleta”, “las papas más ricas” etc. Cartelillos en madera, en chapa, con nombres de calles recoleteras desperdigados por las paredes (negras, oscuridad de medio día), piso de adoquines emulando una calle. Un hermoso caos ordenado.

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En resumen, un lindo lugar con acertada onda cerveceril, relajado, buena música… pero ¿y las hamburguesas tan en auge, tan renombradas desde hace unos 3 meses?

Pedimos 2 de los 3 homenajes que había ese sábado a las 12 hs. La famosa Emily (homónima de la pizzería neoyorquina) y la Smoke (tributo a Shake Shack). La primera venía en un gran tamaño de pan de pretzel (un formato de pan que antes de hornearse se hierve unos instantes en agua con soda cáustica), el cual nos resultó un tanto seco. Los dos pattys vienen con abundante cebolla correctamente caramelizada, un queso perdido en el espacio que abarca todo el montón de la gustosa y picosa salsa Emily (bastante picosa). El conjunto resulta rico, pero nada de panaceas ni descubrimientos “epopéyicos” para el paladar. Algunos dicen que la recreación es bastante acertada y lo aplaudimos, y aunque no es una hamburguesa que pique bien en punta, aprueba totalmente.

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Por otro lado, en el caso de la Smoke sale con pan de papa (un poco más fresco que el anterior) el cual debemos dejar en claro que le da cierta textura, pero la papa no aporta sabor en estos panes (en panes de papa en general), lo encontramos adecuado y soportaba bien al monopatty, el cheedar abundante, la correcta panceta, los morrones asados y la salsa shake que agregaba humedad. Una burger clásica, que, si nos guiamos por el nombre, poco sabor ahumado encontramos; solo una hamburguesa con queso rica y muy bien hecha. Productos buenos, buena textura de carne, excelente punto de cocción.

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Las papas bastante bien, pero algunas se aunaban en un racimo de varias de ellas y a medida que perdían calor se tornaban un tanto duras. Pese a la forma original ondulada, podrían mejorar bastante.

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Con todo, nos pareció un lugar digno para probar hamburguesas; se nota el esfuerzo de superarse en sus recetas, la calidad de materia prima y originalidad en ofrecer paninis y burgers (se la juegan como casi ninguno en los homenajes). Habría que confirmar la premisa de la mejor del barrio pues tiene otros grandes rivales con productos audaces y sabrosos. Un bar temático, canchero, con buena comida (hay que probar otras cosas del menú). Si están por la zona podrían ir a testear a una de las mejores burgers del barrio (¿la mejor?).

 

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The Food Truck Store PANINI

Av. Callao 2092 (Recoleta)

CABA.

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LA BIRRA BAR (LA BIRRA NIGHT): ¿Un asado entre dos panes?

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Hablar de LA BIRRA BAR es remontarse a la típica casa de comida familiar en un barrio bohemio de la ciudad, alejado del circuito de los grandes restaurantes céntricos. El pequeño lugar de la Avenida San Juan al 4300 fue asistiendo a los cambios en el paladar de los porteños (y tal vez formaron parte como patrocinadores de dicho cambio), confeccionando hamburguesas que comenzaron a seguir el manual de los que saben y considerando a la unión de la carne y el pan, no tanto como compartimientos independientes sino como un verdadero núcleo indivisible en el que si falla uno falla el todo. Más tarde, de la mano de una imponente máquina espresso Simonelli y un producto de Puerto Blest, las comidas se completaban con un café de especialidad cerrando el circuito de las delicias.  Desde luego, en un principio sin más marketing que el “boca a boca” (primero en el barrio, después mucho más allá), los protofanáticos del lugar comenzaron a exigir un local más amplio para evitar las aglomeraciones y un horario más extendido para no privarse de la apetecible burger casi de culto.

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A pocas cuadras del primitivo templo, surge LA BIRRA NIGHT, en calle Carlos Calvo, un local mucho más grande, acompañado de mejores inversiones y un conocimiento mucho mayor del marketing. El hijo que nace de la experiencia y que entra en la adolescencia con todo el empuje y los desenfrenos típicos de esta etapa de la vida.

La ambientación se olvida del estilo “bar de barrio” y se vuelve una suerte de cervecería con mucha onda, al estilo de las nuevas tendencias, con mesas altas de incómoda actualidad y otras más bajas, alternando lo tradicional con lo innovador. Algunas mesas en la vereda, con sombrillas completan el cuadro en el que habitarán los comensales (si tienen suerte de conseguir sitio). Como buen adolescente, la decoración apela a la propia autovaloración, con una pantalla gigante que no deja de emitir videos autorreferenciales que se repiten hasta el hartazgo (y este llega muy pronto), e innumerables referencias a las buenas reseñas de influencers que han salido satisfechos con la experiencia.

La carta es amplia. Casi imposible de abarcar de un solo vistazo desde una cartelera por encima de la caja. Si no sabes lo que vas a pedir estás perdido. El sistema de expendio es por pedido en la caja, para luego obtener la orden mediante el llamado de un beeper vibrador. La espera en horarios no pico es adecuada, con el acompañamiento de un buen aire acondicionado, el buen tino de pochoclos salados en las mesas y una buena música a un volumen que no llega a saturar.

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Las estrellas son las burger, pero también hay otras opciones que no existen en otras hamburgueserías (bife de chorizo, ribs, langostinos rebozados, postres, etc.). La extensa variedad de combinaciones suele ser una bendición para algunos aunque las mínimas diferencias entre un tipo y otro, a la larga, terminan confundiendo. Hay clásicos y no tan clásicos. Fuimos varias veces y probamos muchas opciones: Cheese burger (carne, queso cheddar y queso dambo), la Doble (doble carne, doble queso, cheddar y panceta), Burger kid (doble carne, doble cheddar, panceta y cebolla crispy), las variantes desmechadas, el Lomo pulled (lomo desmechado, queso dambo, cebolla crispy y mayonesa de salvia), Pulled pork sandwich (cerdo desmechado ahumado, Jack Daniel´s BBQ, cheddar, tomate, pepinos agridulces y cebolla crocante) y la rara estilo Wisconsin (cebolla especial, doble queso cheddar y manteca).

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Ninguna de ellas constituyó una decepción, el pan es realmente el adecuado al producto total, aireado, contenedor (aunque si la burger es muy contundente suele fallar un poco), de muy buen sabor (de los mejores del mercado). La carne es una sabrosa mezcla, con la textura indicada, el punto justo de cocción y se deshace en la boca (no está condimentada y eso está muy bueno aunque faltaría un “gustito a parrilla” dado que uno de sus principales slogans habla de un asado entre dos panes). Las papas fritas más que correctas, fueron mejorando desde la primera vez que fuimos. Con respecto al Pulled pork resultó uno de los mejores que probamos, aunque el Lomo desmechado requería un poco de ayuda para ser deglutido (hay 11 canillas de cerveza, lo que para este caso resultó excelente). La opción Wisconsin lleva medio pan de manteca fría sobre un medallón de carne, no lo suficientemente caliente como para derretir el bloque. Para los amantes de la comida colesterolosa es la gloria, pero a nuestro paladar resultó un tanto shockeante. En términos generales resultan excelentes hamburguesas.

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Como suele suceder en muchas hamburgueserías, en el caso de que quieras incorporar algún aderezo a tu combo, deberás recorrer las mesas, interrumpir conversaciones, dar explicaciones a los novios celosos y jurar a los desconfiados comensales que lo único que querés es un poco de ketchup o mostaza (Heinz) a tu hamburguesa.

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Sin embargo, si nos preguntamos qué cambió desde aquel primigenio local en la Avenida San Juan a este de la calle Carlos Calvo, seríamos capaces de enumerar algunas cosas que evolucionaron para bien (el horario nocturno, la mayor variedad de opciones, la incorporación del beeper, la amplitud del local, la excelente relación precio-calidad, etc.) y otras que permanecieron igual, en especial las largas filas de gente en la vereda, lo cual los dueños parecerían no querer modificar, en virtud de una discutible estrategia de marketing. Existe una morbosa soberbia en mostrar y recorrer con una cámara las colas de gente con la temperatura sobreimpresa en las pantallas de las redes sociales que ellos manejan (entendemos las modas de los más jóvenes de socializar en la calle y la destreza de marketing de mostrar una cuadra de cola, pero a fines prácticos es incómodo y no se justifica). El crecimiento empresarial es una muy buena recompensa al esfuerzo, pero los clientes no son eternamente fieles y las modas pasan y los influencers “corren” hacia otros lugares muy rápidamente. Una mejor organización de la atención evitaría los inconvenientes. En horas pico, el tiempo de espera se hace imposible, habiendo colas increíbles afuera y también resultando complicado conseguir una mesa. Para nosotros el gran producto no lo es todo y por eso marcamos estos inconvenientes. Por suerte parecería que se está advirtiendo este problema, proponiendo solucionarlo con el lanzamiento de franquicias. Hasta tanto ocurra, los que no toleramos las grandes esperas, tendremos que ir cerca de la hora de apertura o visitar otras opciones hasta tanto se concreten las nuevas franquicias. Lo cual es una pena porque consideramos a LA BIRRA BAR como una de las 5 mejores hamburgueserías de Buenos Aires.

 

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La Birra Bar

Av, San Juan 4359 (Boedo)

La Birra Night

Carlos Calvo 4315 (Boedo)

CABA.

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MI BARRIO: LA hamburguesa porteña

 

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La Ciudad de Buenos Aires, la de los “100 barrios”, en realidad cuenta con 48 barrios formales (la mitad de los barrios que se hayan en Ushuaia, por ejemplo, la que realmente se podría jactar de tener 100 barrios) en sus 203 kilómetros de superficie. Cada uno de ellos acreedor de alguna singularidad que lo destaca, por su patrimonio histórico, los pulmones verdes, construcciones icónicas o por ver el nacimiento de algún personaje notorio. Sin embargo, la mayoría de estas zonas comparten una misma identidad: el tango, el fútbol y los clásicos bares, estas características son parte de la idiosincrasia local y se convirtieron con el tiempo en atractivos turísticos.

Así es el caso del barrio de Boedo. Este barrio debe su nombre a Mariano Joaquín Boedo, prócer de la independencia argentina y diputado nacional por la provincia de Salta. Se desempeñó como vicepresidente del Congreso de Tucumán y fue uno de los firmantes del Acta de la Independencia. La Ciudad rescató su recuerdo y lo incorporó al catastro municipal el 6 de marzo de 1882, dando origen a la calle que hoy lleva su nombre.

Con el correr del tiempo la zona semi-rural que rodeaba la calle Boedo se fue transformando. Era una importante vía de circulación utilizada por vehículos de tracción a sangre y por tropillas de animales arriadas hacia los antiguos mataderos. Más adelante, y con la llegada de los primeros tranvías, la zona se pobló, se convirtió en barrio y fue habitado por inmigrantes que pronto comenzaron a organizarse.

El barrio de Boedo es un fiel testimonio de esta identidad porteña tan arraigada. Posee una gran riqueza cultural y junto al Abasto es una de las áreas más arrabaleras que posee la Capital Federal. Fue en algunos de sus bares donde músicos y compositores como Homero Manzi y Osvaldo Pugliese les dieron forma a famosos tangos argentinos.

Boedo fue cuna de los primeros teatros independientes de origen proletario y el sitio que eligieron grandes artistas y escritores, como Discépolo, Roberto Arlt, Enrique González Tuñón y César Tiempo, entre otros.

Además de tango y teatro, Boedo también fue sede del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, uno de los cinco equipos de fútbol más famosos de la Argentina.IMG_20180816_213008493_LL

 

En Boedo también se encuentra una de las franquicias más recientes de la hamburguesería Mi Barrio (que ya cuenta con 14 locales, incluyendo uno en Mendoza). Ubicado en la avenida Boedo, en las cercanías con el cruce con la avenida Independencia, este local se muestra como un exponente más de fachada cervecera, de banquillos altos en madera y hierro, con mesas largas, comunales e informales. Aquí predominan el blanco y negro como contrapuntos de identidad, con grandes murales que aducen alegorías del barrio que representan (así también es la decoración de otras tantas franquicias, incluida la de Palermo que también hemos visitado). Cuenta con mesas y sillas en la vereda con sombrillas y sillas plegables. (Palermo es igual pero un poco más pequeño y situado en una esquina).

La carta es un pizarrón a tono con el marco de las paredes, en donde se pueden apreciar las distintas burgers o “barrios” (cada una representa el espíritu de algunos barrios porteños), las cuales van desde los 170 g de carne hasta dobles de un total de 400 gramos.

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El servicio es muy correcto, aunque puede llegar a ser caótico en horas picos (sumados a los take away de apps).

Tienen aguas, gaseosas, cerveza Patagonia tirada que sirven en longilíneos y pitucos vasos.

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En las mesas nos encontramos con servilletas, mostazas, kétchup y cuentan con bbq picantes. Las mayonesas se piden aparte pues están refrigeradas (como debe ser). Las burgers se pueden pedir solas o en combo con papas (son de calidad) y bebida a precios razonables (alrededor de 300 pesos). También hay papas tuneadas con queso cheddar derretido y panceta crocante o las papas fritas Bourbon, servidas con una especial salsa BBQ con Whisky Bourbon, carne picada salteada con cebolla, crema agria, jalapeños y ciboulette.

Para la confección de esta reseña elegimos dos de las franquicias (Boedo y Palermo) y comprobamos que no existen diferencias importantes en cuanto a la calidad y preparado del servicio. Tal vez, la de Palermo nos resultó más amigable por la mayor rapidez del expendio y el contacto más estrecho con el personal (en otra entrada de este mismo blog hemos hablado de la historia del barrio de Palermo).

Elegimos algunas opciones del menú:

La Boca, 170 gramos de carne vacuna, cheddar con cerveza (melt), doble panceta, cebolla crispy y salsa Jameson bbq. Muy buena, bien quesosa.

Palermo, carne vacuna, cheddar, panceta, huevo a la plancha, cebolla y salsa bbq.

Puerto Madero, nachos, cheedar, mayonesa de palta, jalapeños, frijoles, cholo, cilantro. Original y diferente.

El pan es muy adecuado, acompaña bien, esponjoso y con semillas de sésamo blanco y negro. La carne (un blend de tres cortes) en su punto, con poco amasado y jugosa. En cada opción, los toppings están equilibrados y son de calidad. Ninguno falta y ninguno sobra.

Cada mes, la firma presenta alguna Burger novedosa que representa a un barrio fuera de los fijos. En este caso probamos la Vicente López:  en donde el pan se reemplazó por un exquisito croissant, pata de jamón natural, mayonesa de trufa negra, duxelle de champiñones, doble queso brie (de impresionante sabor). Un digno exponente de lo que debe ser una burger gourmet bien pensada y equilibrada. Ojalá la incorporen al menú fijo.

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Mi Barrio es más que una cadena de hamburguesas. Destacamos la variedad, el propósito de innovación y el cuidado de sus productos. Solo fuimos a dos franquicias y la experiencia fue buena en ambas, sin encontrar diferencias. Es excelente que los que vivimos en alguno de los barrios de Buenos Aires no tengamos que desplazarnos hacia los lugares céntricos para comer una buena burger. ¡Dos franquicias más que recomendables!

 

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Mi Barrio

Av. Boedo 784 (Boedo)

Uriarte 1504 (Palermo)

CABA.

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MALAGRINO/ BIKE & COFFEE: café con aroma a olivos

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El norte de la provincia de Bs. As., colindante a la Ciudad de Bs. As., ofrece una variedad de barrios distinguidos, de arquitecturas llamativas y con un poder adquisitivo mayor a la media del resto de la provincia. En el partido de Vicente López, a 1 hora en colectivo (fin de semana), se yergue el pintoresco barrio de Olivos. Oficializado en el año 1770 bajo el nombre de “Paraje de los Olivos”, que desde 1939 se apropió del designio de barrio.

En 1941 se erigió la quinta presidencial de Olivos, ahora sin su famoso paredón (predio donado por los Olaguer).

Más recientemente en el tiempo, un breve polo gastronómico se asienta en las cercanías del Puerto de Olivos (Av. Libertador y Corrientes), bajo monstruosas torres bañadas de modernidad. Para llegar a él, hay que transitar por hermosas casas con vastos jardines, ornamentaciones finas y, a veces, pompas de clásico lujo. La tranquilidad lo invade todo, los inmensos árboles operan para mover sus verdes y así dejar entrepasar la resolana. Calles empedradas cruzan las cuadras más céntricas, plagadas de panaderías y quietud dominguera. También se puede atravesar una gran plaza dominada como un faro costero por la Capilla “Jesús en el Huerto de los Olivos”, fundada en 1897 y abrigada por enredaderas resecas.

El puerto y sus calles linderas, típicas de ciudad costera, tienen la tranquilidad y agitación, de aguas y veleros arracimados, y de gente y food trucks de feria enmarcando el río. Bares y restaurantes circundan la escasa costanera y también se apropian de los halls de edificios magnánimos e innovadores.

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Por estas calles, a dos cuadras del río, nos encontramos con MALAGRINO. Una cafetería que abrió hace unos escasos días, inserta bajo un edificio, con grandes ventanales, del estilo de las grandes cafeterías australianas de hoy en día. Posee una barra amplia en donde su cafetera “Victoria Arduino” negra es la protagonista principal y no para de “sacar” distintos tipos de cafés. Además, en este espacio con forma de L chanfleada hay mesas grandes en madera, algunas comunitarias, otras redondas más familiares, y largas barras fundidas a las ventanas con sillas altas. Todo está muy cuidado y bien estructurado, con paredes adornadas por diseño corrugado. El lugar se presenta cómodo pero al ir sumándose gente resulta un tanto ruidoso.

Tiene un espacio trasero, con varias opciones más de mesas amplias y hasta un breve rincón de venta/muestra de marroquinería y bisutería.

El servicio es muy correcto (recién empiezan y se están acomodando), los precios normales, y cuenta con una carta de “Brunch” con distintos platos originales o reversiones de clásicos. Ofrecen una amplia opción en materia de cafetería de especialidad y tés. Tragos, bebidas y vinos completan su buena carta.

El café es un blend tostado por Ninina, sumamente equilibrado en espresso, muy bien preparado, con buena crema, aromático en cebadas, acidez baja y cuerpo medio. Rico, con la sutileza y falta de profundidad características de muchos blends, pero muy cumplidor. 

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La Burger casera con queso cheddar, pepinos encurtidos deliciosos y cebollas acarameladas, sorprende gratamente, con una carne de buen gramaje y sabrosa, de intensidad sugestiva y que en conjunto logra un gran sabor. El pan si bien es contenedor y de buena factura, no destaca; resaltaría al conjunto si se usara uno tipo brioche más suave y esponjoso.

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Otro de los platos excelentemente logrados, es su Burrata: de berenjena asada, tabule, burrata y avellanas. Una mezcla de sabores impresionantes, la cremosidad del queso, el crocante de las avellanas que explotaban en la boca y lo sustancioso del trigo burgol bien ejecutado.

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Tienen una buena pastelería. El café fue acompañado de un cuadradito de brownie sencillamente delicioso y del tamaño justo.

Pedimos un alfajor Jackson, con dos tapas de cookies de chocolate tostado conteniendo una especie de crema tofi. Rico pero demasiado crujiente y empalagoso (para nuestro gusto).

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Una buena oferta, bruncheo para todos los gustos, buen café y cercanía al paseo del río, otorgan una grata experiencia culinaria global y perfilan a Malagrino como una opción indudable como cafetería de especialidad integrada en el norte bonaerense.

 

 

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También visitamos a BIKE & COFFEE. Una cafetería que se encuentra incrustada en la estación Borges del Tren de la Costa, con un aire de galpón colonial, en blanco y gris, amplísima, y con estilo de casa de té, elegante y a su vez relajada. El lugar es clásico, con diseño y distribución que acercan al confort. Ventanales que antaño eran la estación, ahora adornan el paisaje de las vías cuidadas. Fuera y frente a los rieles hay más lugar para sentarse con el regocijo del sol.

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El salón consta de una gran barra cuadrada, con la isla para café. Tienen café de especialidad de origen Colombia (también están por agregar Brasil) que tuestan ellos mismos. Los espressos fueron servidos correctamente, mostrando un café interesante, de crema correcta, de aromas tostados y achocolatados, de cuerpo medio, sabor profundo a frutos rojos, y acidez media, que se acentúan a medida que la temperatura cede. Acompañamos con deliciosos macarrons que maridan perfectamente. Sirven un vaso con agua para acompañar la experiencia (lo destacamos porque no suele suceder).

La pastelería es de lujo, hay opciones de merienda, almuerzo y desayunos, los precios un tanto por encima de la media, pero el lugar lo vale.

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Una grata sorpresa escondida entre las casonas y las vías, de ambiente familiar, con tranquilidad y buen servicio, relajación de fin de semana, y sobre todo un rico café.

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En resumen, Olivos se presenta como una atractiva opción de tour gastronómico, donde el café de especialidad va in crescendo y apuesta a que su costa y el café crucen sus aromas en una experiencia diferente.

 

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Malagrino

Corrientes 321 (Olivos)

Bs. As.

 

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Bike & Coffee

Ricardo Gutiérrez 911 (Olivos)

Bs. As.

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BURGER MOOD: de terrazas y hamburguesas

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Integrado hasta ahora por dos locales (ofrecen franquicias) Burger Mood es un viejo conocido en el gremio de las hamburguesas. El local más nuevo (de Palermo) es amplísimo, con fachada vidriada e interior estilo semi industrial, moderno, con onda reggae/rock, relajado y tranquilo. Como todas las casas recicladas de Palermo, también se exhiben tuberías y paredes antiguas de ladrillos expuestos y remozados, con un patio trasero con una sección hermosamente vidriada y el detalle de un jardín vertical. Una barra principal amplia, (con sillones altos rústicos y de hierro) recorre la planta baja, donde abundan las mesas y sillas de hierro tipo cerveceril, y las luces tenues cuelgan de techos altos. Toda esta ambientación y la longitud de la estructura de entrada conducen a la unión de su patio interno con la escalera que nos introduce a otro mundo. Una terraza amplia, decorada como patio cervecero y un pequeño quincho que la secunda. Barras y mesas largas de hierro y madera (¿cuándo no?), amplios sillones tipo decks bordeando mesas bajas. Todo con aire jovial, relajado, la buena música circunda el ambiente. Una terraza espectacular para disfrutar con amigos birrautas, muy cómoda y para los cultores de ella, con mucha “onda”.

La atención es buena. El menú variado, tienen 5 cervezas tiradas, cócteles, gaseosas, aguas, wraps originales de pollo y veggie, kebas, salchipapas y thai porkballs (bocados exóticos para tentempié), ensaladas y hasta postres.

En materia de hamburguesas, las hay para todos los gustos y bastantes originales. Tienen 4 de carne vacuna, 2 de cerdo asado, 2 de pollo y una veggie de lentejas y avena. Se pueden acompañar con papas fritas que pueden venir tuneadas (con huevo, con guacamole o con cheddar-bacon-verdeo). Y también te podés armar tu propia aventura de Burger (single 100 p, doble 130 p y cada topping 10 p, salvo los toppings premiun 15 p, más las salsas diversas sin cargo).

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Cabe destacar que los miércoles es el día de 2×1 en burgers de las casa (las ya pre-armadas). Aprovechamos y pedimos la Cosanostra, blend de tres cortes, tomates secos, provoleta, rúcula y el fatídico pesto casero. La carne estaba bastante bien, pero el pesto tapa mucho, camufla todo el sabor del conjunto y la comunión entre carne-pan se aleja dando paso al pesto y a los tomates secos que se eyectan enteros al primer mordisco. Una lástima, calidad de productos frescos hay, es llenadora, y original. La Moodur viene con blend de carne, lomo ahumado, cheddar, huevo y aderezo de mostaza y miel. Abundante y gustosa, nada espectacular. Quizás la carne un tanto secona y el pan no destaca demasiado. Las papas acompañan muy bien, están bien hechas, sabrosas y crocantes.

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Los precios son más que accesibles y las promociones juegan un papel fundamental. Tienen comida mata hambre así que se justifica ir. El lugar es de los más amplios y no hace falta hacer grandes colas. Las burgers nos dejan con ganas de más. (Por ahí, el autoarmado hubiera mejorado la experiencia). Buenos productos, pero queda un poco a mitad de camino. A veces la originalidad hace que se impongan productos de sabores pronunciados que pueden invadir al conjunto. A veces, inclusive, es bueno poner solo una pequeña pincelada de salsa, de pestos, de tomates confitados; no todo es salsa bourbon, no siempre es kétchup en toneladas. Para nosotros, y es nuestro gusto, lo importante es poder apreciar el sabor de la carne, su textura, su gramaje, la mezcla con la sinergia del pan, algún vegetal sutil y un rico queso trivial. Al menos para empezar y ver cómo cranea un lugar sus hamburguesas.

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Burger Mood es una buena opción, que quizás antaño fue un poco más (dicen los que saben, ¿saben?), pero si querés un lugar cervecero con burgers que acompañan bien, sentir una brisa de la noche con amigos, es tu lugar seguro.

 

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Burger Mood

Thames 1627 (Palermo)

CABA.

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DISTRITO BURGER: si no sabés que pedir, pedí una burga

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Para los amantes de los mapas, Almagro se despliega como una alfombra en el medio de la ciudad, entre Palermo, Balvanera, Villa Crespo, Recoleta, Caballito y Boedo. Una alfombra atravesada por tres avenidas (Corrientes, Rivadavia y Díaz Vélez), dos líneas de Subte (la pionera Línea A y la céntrica Línea B) y las vías del Ferrocarril Sarmiento, que como prudentes puñales le han conferido una esencia de barrio de transición, en donde el tango, la inmigración y el progreso se mezclan entre algunos empedrados, unos cuantos pasajes atractivos y una única plaza en donde conviven los extremos junto a los medios. Almagro tuvo privilegios y decepciones. Desde una estación de trenes que se desmanteló muy pronto, hasta una de las Basílicas más antiguas y pintorescas de la ciudad, pasando por un club de fútbol que supo disfrutar de los aires de la primera A y aún lucha por volver; sin olvidarnos de los clubes tradicionales de Box, la histórica Confitería Las Violetas, la vieja Confitería Gildo (que se perdió entre otras tantas), junto al Mercado de Flores que devino en una mediática Iglesia Evangélica.

Almagro supo ser un barrio de italianos (cuyo antiguo Hospital continúa expandiéndose y aún se pueden oír las campanas de su primitiva capilla los domingos por la mañana), con almacenes que perduraron hasta que fueron cediendo paso a los mercaditos chinos y a las remozadas fiambrerías Gourmet, al igual que sus bares, hoy proclamados como históricos. Sin dejar de ser un “barrio”, los últimos años han venido atravesando sus calles con numerosos teatros pequeños, salas de cultura y algún que otro emprendimiento gastronómico que todavía no han hecho que Almagro “explote” al igual que su vecino Palermo, ya consagrado como polo de atracción turística, repleto de bares, restaurantes y referente de la mejor comida. A nuestro entender, es solo una cuestión de tiempo.

En nuestro blog hemos tratado de destacar todos aquellos emprendimientos que se apartan de la “zona de confort” que significa poblar los ya atestados lugares céntricos, Palermo, Puerto Madero o el mismo Microcentro, cada vez más difíciles de acceder y de encontrar lugares para estacionar. Y mucho más, tratándose del barrio en el cual vivimos desde hace mucho tiempo. Y es aquí, donde caminando por la Avenida Diaz Vélez, nos encontramos con un espacio nuevo, que contiene todo lo que uno está acostumbrado a experimentar en otros polos barriales más privilegiados.

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DISTRITO BURGER, al igual que la avenida que lo hospeda, atraviesa el barrio en el preciso cruce temporal en que el viejo bodegón debe ceder su decadencia hacia las nuevas necesidades del paladar de los más exigentes. Y es aquí en donde se destaca como pionero en lo que esperamos, sea el comienzo de una nueva transformación.

En un ambiente agradable, tipo industrial moderno, en donde todo está a la vista (no hay mostradores atestados de cachivaches ni cocinas ocultas), la decoración del salón se reparte en mesas y sillas altas, bajas, barras laterales en madera y hierro, y barriles de cerveza. Paredes casi despojadas; solo lo exacto para brindar espacio a lo que más importa, el producto.

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La carta es simple, para tomar: cerveza (IPA, Golden Ale muy buena), gaseosas y aguas y para comer ensaladas, wraps y hamburguesas. Pero en lo simple está implícita la complejidad y es a partir de esta complejidad en donde DISTRITO BURGER se destaca de todas las demás. La comida está diseñada por alguien que conoce de gastronomía y eso se respira en cada uno de los conceptos.

En cuanto a las hamburguesas, todas ellas pesan 220 gr. (se agradece) y pueden ser acompañadas de papas o de batatas fritas. Sus nombres evocan ciudades o lugares turísticos: New York (la típica burger americana con cheddar, panceta y cebolla crispy), Buenos Aires (provoleta, huevo, panceta ahumada, lechuga, tomate y cebolla morada), Capri (provoleta, tomate confitado, cebolla, marrón asado, rúcula y alioli), Jalisco (con opción a medallón de pollo crispy o de ternera, cheddar, guacamole, pico de gallo, tomate y mostaza a la miel), París (queso azul, cebolla caramelizada, hongos de estación y panceta), Montevideo (queso Dambo, jamón cocido, lechuga, tomate y huevo), Barcelona (carne de cordero, queso Brie, tomate confitado, pepinos encurtidos y emulsión de morrón), Istambul (la vegetariana con medallón de arroz yamaní y calabaza, hongos al oporto, queso provolone, mix de verdes y pesto italiano de rúcula sin ajo) y la de la casa, la Distrito Burger (doble medallón, cheddar, dambo, pepinos, panceta, huevo, cebolla caramel y BBQ). Si preferís los sándwiches, encontrarás la variante Cuba (bondiola de cerdo braseada y desmenuzada, queso doble Dambo, coleslaw y BBQ Jack Daniels) y la Milán (milanesa de ternera, jamón cocido, queso Dambo, huevo, lechuga, tomate y mostaza con miel). Recientemente abrieron la opción de doble medallón en las hamburguesas.

A la hora de elegir los acompañamientos, las papas, las batatas y las cebollas toman protagonismo y las podrás ver escoltadas de cheddar, panceta y verdeo, o huevo revuelto y jamón cocido, o queso crema y cibulette. Los aros de cebollas vienen con salsa BBQ y coleslaw.

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Si te estás cuidando, las ensaladas son tu opción: la Ensalada Distrito, con base pollo, queso y vegetales o la Santa Teresa con jamón crudo, mango y otros vegetales. Y si de wraps se trata, hay uno que está inspirado en la ensalada CAESAR y otro más oriental, el Tokio, con cerdo al teriyaki y arroz yamaní.

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Al principio por cercanía y después por absoluta elección fuimos varias veces y pedimos diferentes opciones de burger para ampliar nuestra reseña. Todas ellas fueron una excelente experiencia. Consideramos que la Burger es una estructura indivisible, pero por algún lugar debemos empezar. El pan es un gran logro. Uno de los 5 mejores panes de los que probamos, miga excelente (aireado, suave y esponjoso), contiene al conjunto desde el principio hasta el final y su sabor acompaña sin restar protagonismo. La carne es un excelente blend, con el condimento y la manipulación exacta, al igual que el punto de cocción, dando por resultado un medallón jugoso, con buena experiencia en boca, sin resabios grasosos ni quemados. Destacamos la Capri (una opción bien equilibrada en donde nada falta ni nada sobra, con un ambiente a parrilla otorgado por el morrón y el tomate confitado) y la París (en donde el queso azul se mantiene en su lugar sin invadir el resto y los hongos otorgan la experiencia de estar saboreándola a orillas del Sena).

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Las papas están en su punto exacto y el gran logro es conseguir que las batatas fritas tengan una textura y un sabor óptimos. Muchos lo intentan y pocos lo consiguen (aquí, sin dudas, están una de las mejores). La cantidad es justa constituyendo un buen combo que funciona como almuerzo o cena y no como un simple tentempié. El servicio es muy atento y los precios más que razonables. Y la música excelente.

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DISTRITO BURGER forma parte de una nueva tendencia, pero se destaca de muchas otras a la hora de ofrecer un producto armado con la “cabeza” y con la experimentación, y no en base a las improvisaciones tan de moda en donde se piensa que acumular toppings junto a un medallón de carne encerrado entre dos panes es hacer una buena Burger.

Y arriesgarse a emprender en un barrio alejado del circuito vigente le suma muchos puntos más. Auguramos un auspicioso porvenir y ante la duda, pídanse una hamburguesa.

 

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Distrito Burger

Av. Díaz Vélez 4076 (Almagro)

CABA.

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180 BURGER BAR: por peso propio

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¿Cuánto debe pesar el medallón de carne de una hamburguesa?

La hamburguesa ideal oscila entre 140 y 200 g. (según muchos chefs). Las cadenas de comida rápida suelen partir de 80 a 125 g., mientras que las hamburgueserías especializadas arman sus pattys con un peso que ronda entre los 140 y 220 g (sin contar las combinaciones especiales o las megaburgers para golosos o retos). No es conveniente superar estas cantidades porque la carne no llega a tomar la temperatura deseada en el interior, y no se alcanzará el punto justo de cocción. Con medallones de mayor peso, muy probablemente, sin las manos de un cocinero perspicaz, se quemaría demasiado por fuera y quedaría cruda por dentro.

El cuarto de libra consta exactamente de 113,4 g. El de MD tiene 126 g de carne (es una variante de cheeseburger), que puesta en parrilla termina con un peso promedio de 95 g.

Con estos pesos sugeridos la caramelización de los jugos propios de la carne hace que tome ese gusto característico, potenciando el sabor de esta. Quizás por eso se recomienda el uso de una plancha industrial, según George Motz, especialista en hamburguesas entre otros (aunque hay varios locales que con la parrilla hacen maravillas).

Para alcanzar el equilibrio adecuado entre sabor y porcentaje grasoso se pueden ensayar muchos Blends o se puede usar un solo tipo de corte. No más de 20 % de grasa en la mezcla (algunos usan 30%). Las carnes más magras deben evitarse por sí solas, pues no liberan los jugos aprovechables.

Gran parte del contenido de agua de la carne y de la grasa se evaporan al cocerse y por ende la hamburguesa pierde peso con respecto a lo que se declara inicialmente (alrededor de un 10%). Si disipa más peso, entonces, su contenido de grasa es muy alto.

Como curiosidad, de acuerdo con el científico Stuart Ferrimond, la hamburguesa perfecta según sus estudios debería llevar 120 g de carne, 9.2 g de lechuga, 20 g de tomate, 13.3 g de queso y 5.7 g de ketchup. Incluso hilvanó una fórmula:

PB (perfect burger o hamburguesa perfecta) = m, (carne) + (m/13) l (lechuga) + (m/6) t (tomate) + (m/9) c (queso) + (m/21) k (kétchup).

Debe ser cocinada por 4 minutos y 45 segundos de cada lado, con una temperatura de cocción de entre 150 y 180 grados Celsius y los toppings deben pesar el 60 % del sándwich mientras que el restante 40 % constará del pan y la carne. Todo un entusiasta y cientificista. Lo importante es la calidad de los productos, y las ecuaciones no resuelven el buen sabor, solo buenas recetas.

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Más allá de todo esto, la hamburguesa perfecta es muy personal, pero la técnica y la calidad de producto nos acercarán a ella.

Quizás la hamburguesa perfecta debe llevar 180 g. de carne, en un medallón o dos, y en 180 Burger Bar usan 180 g. de carne en cada una de sus burgers, de ahí viene su nombre y todo el concepto. Y este último lo vimos desplegado en nuestra visita por su local de la calle Tucumán (tienen dos sucursales más, bien céntricas).

El mismo nos refugió en una tarde/noche bastante caótica debido a una marcha en las inmediaciones del lugar. Este bálsamo (por circunstancia) tiene ambientación minimalista en blanco y negro, recibiéndonos con una barra principal detrás de la cual, a modo de pizarrón, sus paredes nos mostraban el menú, e incluye en el resto del bar un perímetro de amplias barras de madera sobre las cuales se asientan los condimentos típicos y tubos portadores de servilletas, con cómodas sillas altas en madera y hierro. Típico estilo cervecero moderno.

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El ambiente es pequeño pero acogedor (en el piso de abajo hay más lugar aunque en ese momento no estaba habilitado), despojado pero efectivo. En 180 BB importa la hamburguesa y allí todo es un culto a esta comida. Ofrecen 5 combinaciones “Intocables” (vienen con papas fritas, 145 pesos cada una) y también la posibilidad de armar una Burger (de carne, pollo o vegetariana) personalizada que incluye lechuga, tomate y una salsa (a partir de 120 pesos y se le van sumando adicionales). Tienen también algunas ensaladas, sándwiches de bondiola y de salmón, papas tuneadas y para beber: 2 líneas de cerveza tirada, latas de gaseosa y aguas.

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Cuentan con take away y tarjetas.

El servicio es muy correcto y la comida llegó a nuestras manos bastante rápido (era un miércoles 19.30 h).

En cuanto a las hamburguesas pre-armadas, tienen La Chili con salsa pico de gallo, chile de porotos rojos y provolone, La Francesa con cebolla, queso brie y salsa tártara, La Tana con alioli, pesto de albahaca, queso blanco, panceta y tomates secos, y además, La Yankee y La 4 Quesos, estas últimas, las que pedimos.

La Yankee proponía una mixtura de lechuga, tomate, salsa barbacoa, cebolla caramelizada (bien hecha), cheddar y panceta (no tan crujiente como les gusta a algunos). Una Burger bastante grande, con buena combinación de sabores y muy lograda. Efectiva.

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La 4 Quesos incluía provolone, cheddar, queso blanco, queso azul, lechuga y tomate más un chimichurri de tomates secos. Otra buena combineta, de buen sabor, tal vez un tanto opacada por el huracanado picor del chimi, y quizás, para nuestro gusto, debería llevar un poco más de cantidad de la mezcla de quesos (que es lo que uno espera de una cheeseburger). Pero realmente una rica hamburguesa.

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En ambos casos la carne tenía buen sabor, estaba poco condimentada, y dueña de un buen gramaje. Una carne que se desarma bien en la boca y porta un punto de cocción muy logrado. Los toppings son de calidad (a lo mejor algunos desparejos) y el pan, si bien era de estilo industrial, acompañaba bien y sostenía al conjunto.

La porción de papas rústicas era abundante y con respetable sabor y textura.

Cabe destacar que en general tienen un producto muy logrado y con un precio menor a la media, por lo que en relación precio-calidad los convierte en una alternativa más que asequible y ventajosa.

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Un lugar tranquilo y cómodo (dentro de lo que un ambiente cervecero puede ofrecer), pionero en cuanto de hamburguesas se trate, sin tanta propaganda como otros, pero saben sin dudas lo que hacen. Muy recomendado. No será la hamburguesa perfecta, pero si está muy bien hecha y pesa 180 gramos.

 

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180 Burger Bar

Tucumán 1579 (Centro)

CABA.

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