café, panadería, pastelería

RÚSTICA, la pastelería. Siempre es bueno volver a casa

Hablamos de “rústico” cuando nos referimos al campo, en contraposición al vocablo “urbano”, alusivo a la ciudad y a todos los que habitan en ella. Muchas veces, en sentido peyorativo, apelamos a decir que algo es rústico cuando es ordinario o poco refinado. Nada más alejado de la realidad. Y “Rústica, la pastelería” es una prueba concreta de ello.

En pleno barrio de Belgrano Residencial, a pocas cuadras de la estación, el campo y la ciudad se unen en un recinto antiguo, con una exquisita decoración que abre puertas ante un antiguo mueble de madera que ofrece opciones tentadoras de panes y delicias que cavan los canales más primitivos de nuestro olfato. Sillones tapizados con alegres motivos, alternan con una delicada ambientación con teteras antiguas y ornamentados juegos de té y café que nos transportan al mobiliario de nuestras abuelas y al recuerdo de sus delicias, autóctonas y europeas. Y como no podía faltar, el fondo es un patio, el encuentro de los juegos y las plantas que ascienden al cielo a través de un jardín vertical.

Según la página del lugar, su creadora Mariana Ginyaume, Licenciada en Gastronomía, nos explica su concepto del lugar, aferrado a las tradiciones familiares. Exquisiteces que se pueden comer en casa, pero con una vuelta de tuerca que hacen que siempre existan nuevos horneados además de los clásicos budines, muffins, cuadrados, alfajores y tortas de excelente presentación y tamaño.

Nuestra experiencia nos convocó a desayunar en el lugar. Con una atención muy correcta hemos visto desfilar generosas tostadas de pan suculento y todo tipo de acompañamientos. Nuestras preferidas fueron las medialunas con el típico saborcito de Mar del Plata que todos llevamos en el recuerdo y un Scon de queso bien caserito y pródigo en tamaño.

 

 

 

 

Carta

El café es un párrafo aparte. Desde la carta nos enseñan que trabajan con un café Guanés colombiano, cuyas características, origen, altura, datos de cosecha, perfiles de cata, figuran en la descripción como ocurre en muchas cafeterías de especialidad. Probamos un espresso servido de manera correcta, a una temperatura ideal, en cuyo aroma se percibían ciertas notas chocolatosas y con una agradable acidez cítrica que permanecía en boca durante un tiempo discreto. Tal vez un poco más de cuerpo se agradecería. El cappuccino tenía buena cremosidad, correcto y de buen sabor.

Para consumir en el lugar, además de desayunos y meriendas, waffles, licuados, ofrecen brunchs y almuerzos, cada cual con sus características y vertientes de tentación. Para llevar, hay panes y panificados, dulces y salados, bombonería y la excelente pastelería que hacen de Rústica, el lugar ideal para rescatar algunas tradiciones campestres en el medio urbano que nos convoca a diario.

 

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Rústica. La Patelería.

Zapiola 2125 (Belgrano)

CABA.

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MALAGRINO/ BIKE & COFFEE: café con aroma a olivos

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El norte de la provincia de Bs. As., colindante a la Ciudad de Bs. As., ofrece una variedad de barrios distinguidos, de arquitecturas llamativas y con un poder adquisitivo mayor a la media del resto de la provincia. En el partido de Vicente López, a 1 hora en colectivo (fin de semana), se yergue el pintoresco barrio de Olivos. Oficializado en el año 1770 bajo el nombre de “Paraje de los Olivos”, que desde 1939 se apropió del designio de barrio.

En 1941 se erigió la quinta presidencial de Olivos, ahora sin su famoso paredón (predio donado por los Olaguer).

Más recientemente en el tiempo, un breve polo gastronómico se asienta en las cercanías del Puerto de Olivos (Av. Libertador y Corrientes), bajo monstruosas torres bañadas de modernidad. Para llegar a él, hay que transitar por hermosas casas con vastos jardines, ornamentaciones finas y, a veces, pompas de clásico lujo. La tranquilidad lo invade todo, los inmensos árboles operan para mover sus verdes y así dejar entrepasar la resolana. Calles empedradas cruzan las cuadras más céntricas, plagadas de panaderías y quietud dominguera. También se puede atravesar una gran plaza dominada como un faro costero por la Capilla “Jesús en el Huerto de los Olivos”, fundada en 1897 y abrigada por enredaderas resecas.

El puerto y sus calles linderas, típicas de ciudad costera, tienen la tranquilidad y agitación, de aguas y veleros arracimados, y de gente y food trucks de feria enmarcando el río. Bares y restaurantes circundan la escasa costanera y también se apropian de los halls de edificios magnánimos e innovadores.

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Por estas calles, a dos cuadras del río, nos encontramos con MALAGRINO. Una cafetería que abrió hace unos escasos días, inserta bajo un edificio, con grandes ventanales, del estilo de las grandes cafeterías australianas de hoy en día. Posee una barra amplia en donde su cafetera “Victoria Arduino” negra es la protagonista principal y no para de “sacar” distintos tipos de cafés. Además, en este espacio con forma de L chanfleada hay mesas grandes en madera, algunas comunitarias, otras redondas más familiares, y largas barras fundidas a las ventanas con sillas altas. Todo está muy cuidado y bien estructurado, con paredes adornadas por diseño corrugado. El lugar se presenta cómodo pero al ir sumándose gente resulta un tanto ruidoso.

Tiene un espacio trasero, con varias opciones más de mesas amplias y hasta un breve rincón de venta/muestra de marroquinería y bisutería.

El servicio es muy correcto (recién empiezan y se están acomodando), los precios normales, y cuenta con una carta de “Brunch” con distintos platos originales o reversiones de clásicos. Ofrecen una amplia opción en materia de cafetería de especialidad y tés. Tragos, bebidas y vinos completan su buena carta.

El café es un blend tostado por Ninina, sumamente equilibrado en espresso, muy bien preparado, con buena crema, aromático en cebadas, acidez baja y cuerpo medio. Rico, con la sutileza y falta de profundidad características de muchos blends, pero muy cumplidor. 

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La Burger casera con queso cheddar, pepinos encurtidos deliciosos y cebollas acarameladas, sorprende gratamente, con una carne de buen gramaje y sabrosa, de intensidad sugestiva y que en conjunto logra un gran sabor. El pan si bien es contenedor y de buena factura, no destaca; resaltaría al conjunto si se usara uno tipo brioche más suave y esponjoso.

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Otro de los platos excelentemente logrados, es su Burrata: de berenjena asada, tabule, burrata y avellanas. Una mezcla de sabores impresionantes, la cremosidad del queso, el crocante de las avellanas que explotaban en la boca y lo sustancioso del trigo burgol bien ejecutado.

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Tienen una buena pastelería. El café fue acompañado de un cuadradito de brownie sencillamente delicioso y del tamaño justo.

Pedimos un alfajor Jackson, con dos tapas de cookies de chocolate tostado conteniendo una especie de crema tofi. Rico pero demasiado crujiente y empalagoso (para nuestro gusto).

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Una buena oferta, bruncheo para todos los gustos, buen café y cercanía al paseo del río, otorgan una grata experiencia culinaria global y perfilan a Malagrino como una opción indudable como cafetería de especialidad integrada en el norte bonaerense.

 

 

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También visitamos a BIKE & COFFEE. Una cafetería que se encuentra incrustada en la estación Borges del Tren de la Costa, con un aire de galpón colonial, en blanco y gris, amplísima, y con estilo de casa de té, elegante y a su vez relajada. El lugar es clásico, con diseño y distribución que acercan al confort. Ventanales que antaño eran la estación, ahora adornan el paisaje de las vías cuidadas. Fuera y frente a los rieles hay más lugar para sentarse con el regocijo del sol.

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El salón consta de una gran barra cuadrada, con la isla para café. Tienen café de especialidad de origen Colombia (también están por agregar Brasil) que tuestan ellos mismos. Los espressos fueron servidos correctamente, mostrando un café interesante, de crema correcta, de aromas tostados y achocolatados, de cuerpo medio, sabor profundo a frutos rojos, y acidez media, que se acentúan a medida que la temperatura cede. Acompañamos con deliciosos macarrons que maridan perfectamente. Sirven un vaso con agua para acompañar la experiencia (lo destacamos porque no suele suceder).

La pastelería es de lujo, hay opciones de merienda, almuerzo y desayunos, los precios un tanto por encima de la media, pero el lugar lo vale.

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Una grata sorpresa escondida entre las casonas y las vías, de ambiente familiar, con tranquilidad y buen servicio, relajación de fin de semana, y sobre todo un rico café.

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En resumen, Olivos se presenta como una atractiva opción de tour gastronómico, donde el café de especialidad va in crescendo y apuesta a que su costa y el café crucen sus aromas en una experiencia diferente.

 

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Malagrino

Corrientes 321 (Olivos)

Bs. As.

 

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Bike & Coffee

Ricardo Gutiérrez 911 (Olivos)

Bs. As.

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