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LA BIRRA BAR (LA BIRRA NIGHT): ¿Un asado entre dos panes?

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Hablar de LA BIRRA BAR es remontarse a la típica casa de comida familiar en un barrio bohemio de la ciudad, alejado del circuito de los grandes restaurantes céntricos. El pequeño lugar de la Avenida San Juan al 4300 fue asistiendo a los cambios en el paladar de los porteños (y tal vez formaron parte como patrocinadores de dicho cambio), confeccionando hamburguesas que comenzaron a seguir el manual de los que saben y considerando a la unión de la carne y el pan, no tanto como compartimientos independientes sino como un verdadero núcleo indivisible en el que si falla uno falla el todo. Más tarde, de la mano de una imponente máquina espresso Simonelli y un producto de Puerto Blest, las comidas se completaban con un café de especialidad cerrando el circuito de las delicias.  Desde luego, en un principio sin más marketing que el “boca a boca” (primero en el barrio, después mucho más allá), los protofanáticos del lugar comenzaron a exigir un local más amplio para evitar las aglomeraciones y un horario más extendido para no privarse de la apetecible burger casi de culto.

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A pocas cuadras del primitivo templo, surge LA BIRRA NIGHT, en calle Carlos Calvo, un local mucho más grande, acompañado de mejores inversiones y un conocimiento mucho mayor del marketing. El hijo que nace de la experiencia y que entra en la adolescencia con todo el empuje y los desenfrenos típicos de esta etapa de la vida.

La ambientación se olvida del estilo “bar de barrio” y se vuelve una suerte de cervecería con mucha onda, al estilo de las nuevas tendencias, con mesas altas de incómoda actualidad y otras más bajas, alternando lo tradicional con lo innovador. Algunas mesas en la vereda, con sombrillas completan el cuadro en el que habitarán los comensales (si tienen suerte de conseguir sitio). Como buen adolescente, la decoración apela a la propia autovaloración, con una pantalla gigante que no deja de emitir videos autorreferenciales que se repiten hasta el hartazgo (y este llega muy pronto), e innumerables referencias a las buenas reseñas de influencers que han salido satisfechos con la experiencia.

La carta es amplia. Casi imposible de abarcar de un solo vistazo desde una cartelera por encima de la caja. Si no sabes lo que vas a pedir estás perdido. El sistema de expendio es por pedido en la caja, para luego obtener la orden mediante el llamado de un beeper vibrador. La espera en horarios no pico es adecuada, con el acompañamiento de un buen aire acondicionado, el buen tino de pochoclos salados en las mesas y una buena música a un volumen que no llega a saturar.

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Las estrellas son las burger, pero también hay otras opciones que no existen en otras hamburgueserías (bife de chorizo, ribs, langostinos rebozados, postres, etc.). La extensa variedad de combinaciones suele ser una bendición para algunos aunque las mínimas diferencias entre un tipo y otro, a la larga, terminan confundiendo. Hay clásicos y no tan clásicos. Fuimos varias veces y probamos muchas opciones: Cheese burger (carne, queso cheddar y queso dambo), la Doble (doble carne, doble queso, cheddar y panceta), Burger kid (doble carne, doble cheddar, panceta y cebolla crispy), las variantes desmechadas, el Lomo pulled (lomo desmechado, queso dambo, cebolla crispy y mayonesa de salvia), Pulled pork sandwich (cerdo desmechado ahumado, Jack Daniel´s BBQ, cheddar, tomate, pepinos agridulces y cebolla crocante) y la rara estilo Wisconsin (cebolla especial, doble queso cheddar y manteca).

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Ninguna de ellas constituyó una decepción, el pan es realmente el adecuado al producto total, aireado, contenedor (aunque si la burger es muy contundente suele fallar un poco), de muy buen sabor (de los mejores del mercado). La carne es una sabrosa mezcla, con la textura indicada, el punto justo de cocción y se deshace en la boca (no está condimentada y eso está muy bueno aunque faltaría un “gustito a parrilla” dado que uno de sus principales slogans habla de un asado entre dos panes). Las papas fritas más que correctas, fueron mejorando desde la primera vez que fuimos. Con respecto al Pulled pork resultó uno de los mejores que probamos, aunque el Lomo desmechado requería un poco de ayuda para ser deglutido (hay 11 canillas de cerveza, lo que para este caso resultó excelente). La opción Wisconsin lleva medio pan de manteca fría sobre un medallón de carne, no lo suficientemente caliente como para derretir el bloque. Para los amantes de la comida colesterolosa es la gloria, pero a nuestro paladar resultó un tanto shockeante. En términos generales resultan excelentes hamburguesas.

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Como suele suceder en muchas hamburgueserías, en el caso de que quieras incorporar algún aderezo a tu combo, deberás recorrer las mesas, interrumpir conversaciones, dar explicaciones a los novios celosos y jurar a los desconfiados comensales que lo único que querés es un poco de ketchup o mostaza (Heinz) a tu hamburguesa.

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Sin embargo, si nos preguntamos qué cambió desde aquel primigenio local en la Avenida San Juan a este de la calle Carlos Calvo, seríamos capaces de enumerar algunas cosas que evolucionaron para bien (el horario nocturno, la mayor variedad de opciones, la incorporación del beeper, la amplitud del local, la excelente relación precio-calidad, etc.) y otras que permanecieron igual, en especial las largas filas de gente en la vereda, lo cual los dueños parecerían no querer modificar, en virtud de una discutible estrategia de marketing. Existe una morbosa soberbia en mostrar y recorrer con una cámara las colas de gente con la temperatura sobreimpresa en las pantallas de las redes sociales que ellos manejan (entendemos las modas de los más jóvenes de socializar en la calle y la destreza de marketing de mostrar una cuadra de cola, pero a fines prácticos es incómodo y no se justifica). El crecimiento empresarial es una muy buena recompensa al esfuerzo, pero los clientes no son eternamente fieles y las modas pasan y los influencers “corren” hacia otros lugares muy rápidamente. Una mejor organización de la atención evitaría los inconvenientes. En horas pico, el tiempo de espera se hace imposible, habiendo colas increíbles afuera y también resultando complicado conseguir una mesa. Para nosotros el gran producto no lo es todo y por eso marcamos estos inconvenientes. Por suerte parecería que se está advirtiendo este problema, proponiendo solucionarlo con el lanzamiento de franquicias. Hasta tanto ocurra, los que no toleramos las grandes esperas, tendremos que ir cerca de la hora de apertura o visitar otras opciones hasta tanto se concreten las nuevas franquicias. Lo cual es una pena porque consideramos a LA BIRRA BAR como una de las 5 mejores hamburgueserías de Buenos Aires.

 

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La Birra Bar

Av, San Juan 4359 (Boedo)

La Birra Night

Carlos Calvo 4315 (Boedo)

CABA.

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MI BARRIO: LA hamburguesa porteña

 

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La Ciudad de Buenos Aires, la de los “100 barrios”, en realidad cuenta con 48 barrios formales (la mitad de los barrios que se hayan en Ushuaia, por ejemplo, la que realmente se podría jactar de tener 100 barrios) en sus 203 kilómetros de superficie. Cada uno de ellos acreedor de alguna singularidad que lo destaca, por su patrimonio histórico, los pulmones verdes, construcciones icónicas o por ver el nacimiento de algún personaje notorio. Sin embargo, la mayoría de estas zonas comparten una misma identidad: el tango, el fútbol y los clásicos bares, estas características son parte de la idiosincrasia local y se convirtieron con el tiempo en atractivos turísticos.

Así es el caso del barrio de Boedo. Este barrio debe su nombre a Mariano Joaquín Boedo, prócer de la independencia argentina y diputado nacional por la provincia de Salta. Se desempeñó como vicepresidente del Congreso de Tucumán y fue uno de los firmantes del Acta de la Independencia. La Ciudad rescató su recuerdo y lo incorporó al catastro municipal el 6 de marzo de 1882, dando origen a la calle que hoy lleva su nombre.

Con el correr del tiempo la zona semi-rural que rodeaba la calle Boedo se fue transformando. Era una importante vía de circulación utilizada por vehículos de tracción a sangre y por tropillas de animales arriadas hacia los antiguos mataderos. Más adelante, y con la llegada de los primeros tranvías, la zona se pobló, se convirtió en barrio y fue habitado por inmigrantes que pronto comenzaron a organizarse.

El barrio de Boedo es un fiel testimonio de esta identidad porteña tan arraigada. Posee una gran riqueza cultural y junto al Abasto es una de las áreas más arrabaleras que posee la Capital Federal. Fue en algunos de sus bares donde músicos y compositores como Homero Manzi y Osvaldo Pugliese les dieron forma a famosos tangos argentinos.

Boedo fue cuna de los primeros teatros independientes de origen proletario y el sitio que eligieron grandes artistas y escritores, como Discépolo, Roberto Arlt, Enrique González Tuñón y César Tiempo, entre otros.

Además de tango y teatro, Boedo también fue sede del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, uno de los cinco equipos de fútbol más famosos de la Argentina.IMG_20180816_213008493_LL

 

En Boedo también se encuentra una de las franquicias más recientes de la hamburguesería Mi Barrio (que ya cuenta con 14 locales, incluyendo uno en Mendoza). Ubicado en la avenida Boedo, en las cercanías con el cruce con la avenida Independencia, este local se muestra como un exponente más de fachada cervecera, de banquillos altos en madera y hierro, con mesas largas, comunales e informales. Aquí predominan el blanco y negro como contrapuntos de identidad, con grandes murales que aducen alegorías del barrio que representan (así también es la decoración de otras tantas franquicias, incluida la de Palermo que también hemos visitado). Cuenta con mesas y sillas en la vereda con sombrillas y sillas plegables. (Palermo es igual pero un poco más pequeño y situado en una esquina).

La carta es un pizarrón a tono con el marco de las paredes, en donde se pueden apreciar las distintas burgers o “barrios” (cada una representa el espíritu de algunos barrios porteños), las cuales van desde los 170 g de carne hasta dobles de un total de 400 gramos.

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El servicio es muy correcto, aunque puede llegar a ser caótico en horas picos (sumados a los take away de apps).

Tienen aguas, gaseosas, cerveza Patagonia tirada que sirven en longilíneos y pitucos vasos.

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En las mesas nos encontramos con servilletas, mostazas, kétchup y cuentan con bbq picantes. Las mayonesas se piden aparte pues están refrigeradas (como debe ser). Las burgers se pueden pedir solas o en combo con papas (son de calidad) y bebida a precios razonables (alrededor de 300 pesos). También hay papas tuneadas con queso cheddar derretido y panceta crocante o las papas fritas Bourbon, servidas con una especial salsa BBQ con Whisky Bourbon, carne picada salteada con cebolla, crema agria, jalapeños y ciboulette.

Para la confección de esta reseña elegimos dos de las franquicias (Boedo y Palermo) y comprobamos que no existen diferencias importantes en cuanto a la calidad y preparado del servicio. Tal vez, la de Palermo nos resultó más amigable por la mayor rapidez del expendio y el contacto más estrecho con el personal (en otra entrada de este mismo blog hemos hablado de la historia del barrio de Palermo).

Elegimos algunas opciones del menú:

La Boca, 170 gramos de carne vacuna, cheddar con cerveza (melt), doble panceta, cebolla crispy y salsa Jameson bbq. Muy buena, bien quesosa.

Palermo, carne vacuna, cheddar, panceta, huevo a la plancha, cebolla y salsa bbq.

Puerto Madero, nachos, cheedar, mayonesa de palta, jalapeños, frijoles, cholo, cilantro. Original y diferente.

El pan es muy adecuado, acompaña bien, esponjoso y con semillas de sésamo blanco y negro. La carne (un blend de tres cortes) en su punto, con poco amasado y jugosa. En cada opción, los toppings están equilibrados y son de calidad. Ninguno falta y ninguno sobra.

Cada mes, la firma presenta alguna Burger novedosa que representa a un barrio fuera de los fijos. En este caso probamos la Vicente López:  en donde el pan se reemplazó por un exquisito croissant, pata de jamón natural, mayonesa de trufa negra, duxelle de champiñones, doble queso brie (de impresionante sabor). Un digno exponente de lo que debe ser una burger gourmet bien pensada y equilibrada. Ojalá la incorporen al menú fijo.

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Mi Barrio es más que una cadena de hamburguesas. Destacamos la variedad, el propósito de innovación y el cuidado de sus productos. Solo fuimos a dos franquicias y la experiencia fue buena en ambas, sin encontrar diferencias. Es excelente que los que vivimos en alguno de los barrios de Buenos Aires no tengamos que desplazarnos hacia los lugares céntricos para comer una buena burger. ¡Dos franquicias más que recomendables!

 

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Mi Barrio

Av. Boedo 784 (Boedo)

Uriarte 1504 (Palermo)

CABA.

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HELLO FRANK: la alternativa fiel.

 

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Entre los límites de Boedo y Caballito no todo es la afamada hamburguesería de culto con nombre de bebida alcohólica. Queda lugar para otras propuestas de nivel. Fieles a nuestro leit motif llegamos a Hello Frank patyando y nos fuimos de ídem manera. Como muchas es una esquina de casona restaurada para su función de hamburguesería, con grandes ventanales, letrero con bombillas luminosas de la marca, varias mesas afuera acordonando el local y mucha onda desde la entrada. Llegamos temprano, pero había gente, luego se fue llenado, aunque no es tan congestionado ni caótico como otros lugares.

Dentro un amplio local, de techos estilizados, muchas mesas altas y bajas, para todos los gustos, sillas cómodas, paredes con ladrillo a la vista, de corte industrial, entre lo moderno tipo cadena y lo original ecléctico, con impronta de casona, como aspirando el barrio. Toda la moda cerveceril. Cuenta con un buen aire y una gran cocina a la vista donde se puede ser testigo de todo lo que preparan.

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Muy buen ambiente en general y excelente música. ¿Qué más? Si hay buena comida es un golazo.

La atención es muy correcta, personalizada con camarera que te sirve en la mesa, donde cuentan con servilletas y salero.

En la carta tienen hamburguesas varias, hasta veganas, wraps, ensaladas, y en termino de bebidas, cervezas tiradas Patagonia y otras marcas, pomeladas y limonadas, además de gaseosas claro.

Nos pedimos una Cheese Burger y una Clásica, cada una venía acompañada con fritas, y para beber una jarra de limonada con romero y miel (excelente bebida, marida muy bien).

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No tardaron en entregarnos el pedido más de 10 minutos y nos acercaron un cajón con los distintos aderezos originales: kétchup, mayo, alioli, cebolla agridulce, remolacha y zanahoria (todo casero).

En cuanto a las papas de estilo rústico, doble cocción, corte grueso, eran normales y abundantes, con algunas excepciones un poco crudas.

El pan de la hamburguesa todo un hallazgo, buena miga, buen gusto (rico) y sostenedor (de los mejores que hemos probado, top 5).

La burger viene junto con las papas en bandeja de loza muy canchera.

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En cuanto al Patty propiamente dicho (justo le preguntamos a una mesera vegetariana que nos averiguo amablemente, un colmo muy gracioso), es un blend de la casa: roast beef, picaña y nalga. La carne sale con el punto justo, se siente el sabor profundo en boca y con un regusto a pimienta que le va muy bien. Un poco amasada para nuestro gusto. Un medallón alto de 180 gramos, verdaderamente sabroso.

La Cheese con kétchup no invasivo (¡por fin una!), mezcla muy buena con el cheddar de calidad y los demás quesos. Buena combinación en general. Rica.

La Clásica, buena mixtura con queso filante, cebollas en su punto. Típica burger con lechuga y tomate, con un interesantísimo topping de mayonesa al chimichurri. Buen gusto.

Como balance precio calidad es excelente.

Cuentan con happy hour de cervezas martes y miércoles de 18 a 20.30 hs. Y también con take away.

Quizás sin estar entre las de la cima de la tabla de las Burger, tuvimos una muy buena experiencia, tienen un buen producto y seguramente cada vez será mejor, gran atención, propuestas originales y un excelente ambiente. Probá perderte una tardecita por las callejuelas de Caballito y encontrá a Hello Frank, vas a saber de qué hablamos…

 

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Hello Frank

Doblas 601 (Caballito)

CABA.

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