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WUNDERBAR: el arte de la hamburguesa

Un año no es nada, aunque a veces lo es todo.

Las evoluciones pueden ser fatídicas o pueden corregir, mejorar o lograr la trascendencia de algo.

Los bonsai son literalmente árboles en macetas. Pero no cualquier árbol que se precie puede colocarse en cualquier maceta que le sobre a alguna abuela. El arte del bonsai debe dejar plasmado, en el árbol en cuestión, vejez verdadera o la sensación de ella, la armonía o equilibrio visual en donde las proporciones juegan un papel preponderante, ya que se intenta aquí de emular hasta el más mínimo detalle en una talla o escala sumamente menor. Si visualmente parece un árbol grande se ha logrado el objetivo, más allá de toda una filosofía que conlleva en sí mismo este arte y llegar a dominar el cultivo de la planta, a nivel estético la armonía de proporciones es vital.

Se preguntarán qué tienen que ver los bonsai con las comidas, o precisamente con las hamburguesas, y se preguntan bien, pero hay ciertas similitudes, ya que estamos en presencia de nuevos aportes como por ejemplo burgers sliders (tamaño pequeño o mini) o para nosotros, hamburguesas bonsai.

No hay muchos que se animen a reducir el tamaño de sus clásicos pattys tradicionales, algunos lo intentan para algún evento o en aquellas ocasiones especiales en donde las prisas y la cantidad de comensales obligan a buscar la vuelta.

En el cumpleaños numero 1 de Wunderbar se presentó esta opción de “burgers bonsai” con los clásicos más vendidos de la casa en versión slider, con una presentación muy coqueta y novedosa.

Las adaptaciones mini incluían a la Wunderbar (doble carne, cebolla, panceta, cheddar, salsa WB que es un lujo), la Django (doble carne, cebolla crocante, cheddar, pepinos, salsa ranchera: salvaje) y la KillBill (triple carne, cheddar, cebolla, panceta, pepinos, salsa WB: intensa). Realmente nos sorprendieron, de lo mejor que probamos en mucho tiempo, no solo por sabor exquisito sino por el logro de la proporción entre todos los ingredientes y el desafío de que un medallón mucho más pequeño no llegue a secarse durante la cocción. Lejano a eso, los pattys estaban en su punto perfecto, jugosos con un sorprendente gusto, con su superficie perfectamente caramelizada. Los quesos, de primera linea y los demás toppings, salsas, cebollas y bacon en perfecta armonía visual y gustativa. Un logro épico, ¿exagerados?, tal vez, pero no hemos probado algo igual ni conocemos propuestas similares salvo una (aún pendiente; el concepto no fue inventado en estas tierras). Esperamos que queden permanentemente en el menú, ya que además es una buena forma de degustación general y carta de presentación de un lugar dedicado a la gastronomía. La gente busca novedades en sus papilas ávidas de algo nuevo y saturada de replicas o copias genéricas.

Aplausos para Wunder que siempre tienen inquietudes de sensaciones y gustos. Desde las primeras veces en que conocimos este bar devenido a especialistas en burgers, con entrantes delicados de carnes mechadas o brusquetas de masas aireadas con detalles exquisitamente efímeros, hasta las grandes hamburguesas de carnes de gramajes increíbles, gustosas y de salsas delicadas y notorias, supimos que esta gente entiende de gastronomía y por qué lado hay que ir (pocos logran querer superarse sin dormirse en sus lauros).

Hay que destacar sus aliolis y sus salsas de calidad extrema.

Todas sus burgers parten del mismo desarrollo de buenos medallones finos, con una gran cocción y que en boca explota de sabor a carne y se desgrana de forma certera.

Hemos probado la Cheeseburger (doble con cheddar: en la simpleza donde se ven los pingos, de las mejores del mercado), la Wunderbar, la Django y la KillBill, Hamburguesa Aniversario (cebolla caramelizada y panceta, cheddar y alioli ahumado) y nunca nos han defraudado, quizás, como detalle, la Tradicional una vez, y debido a la humedad aportada por la rodaja de tomate, desarmaba el pan original, que ahora es distinto.

Un pan sobrio, tipo brioche delicado y de buen sabor que no desentona ante la casi perfección de la carne, sino que acompaña y agasaja la fiesta que la boca recibe.

Hay abundancia de cervezas tiradas de buena calidad, vinos y, como todo bar de categoría, tragos refinados. Probamos Campari con naranja y Cynar con pomelo de excelente factura a pesar de su sencillez. La carta es bastante completa, con ensaladas excelentes y algunas cosas para picar, pero fue direccionándose fuertemente hacia un plantel de burgers que amerita degustación completa.

El lugar nos abraza como casona antigua de reciclado hábil y moderno, con mesas en la calle y en su lindo patio interno. Ambientes disfuncionales y orgánicos en su interior oscuro pero de luces atinadas, con barras para los apoya codos que completan este bendito cuadro de bar ecléctico y bullicioso, en el que algunas veces se puede sufrir calor pero soportable.

Con un perfil más bajo, con humildad y trabajo, luego de un año de labor y evolución, Wunderbar (para nosotros una de las revelaciones del 2018) se perfila como una de las potencias a nivel hamburguesero de Bs. As., sin dudar a la misma altura de varios gigantes que deberían pedir consejo de como cultivar un bonsai (también humildad, investigación y trabajo) para que no se le desforeste el bosque (y trascender).

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Wunderbar // Av. Cramer 2830 // CABA.

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IMPORT COFFEE COMPANY (BELGRANO): vive la experiencia del café

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Hace algunos años (no muchos más de 130), si te encontrabas en el centro de la ciudad y deseabas llegar al “partido” de Belgrano debías atravesar el arroyo Maldonado, cruzando algún puentecito precario, acompañado de los ecos de “la Maldonado”, una bravía española que según cuenta la leyenda arribó junto a Pedro de Mendoza y quién sabe por qué causa, fue abandonada en las márgenes de este río, sobreviviendo a los yaguaretés , a los querandíes y otras incongruencias.  Belgrano conserva aún el extraño privilegio de haber sido la Capital del País, durante un corto período de antiguas grietas que siempre se recrean como el eterno retorno de los estoicos.

Por el norte, esa Antigua Belgrano era recorrida por el arroyo Vega que traía hilos de agua desde lo que hoy es Agronomía con sus ubicuos bañados, y el Arroyo Medrano, cuya pestilencia recorría unos cuantos kilómetros desde La Matanza. Mucho antes de que se convirtiera en el barrio de los caserones de tejas y de los aljibes que eternizara Cátulo Castillo en el famoso tango. Y mucho antes de la llegada del tango, José Hernández vino a vivir al barrio, adquiriendo una casona en la que murió luego de proferir sus últimas palabras: “Buenos Aires, Buenos Aires!” Y en la que posiblemente escribiera su obra magna, el Martín Fierro.

Poco antes de su muerte, el escritor donó parte de sus tierras para favorecer a los humildes productores que no podían acceder a los costosos puestos del antiguo Mercado Modelo, un poco antes de la creación del Mercado de Abasto. Se creó así la Feria Modelo de Belgrano, una precaria toldería de lonas y tinglados que fue creciendo hasta convertirse en lo que conocemos como Mercado de Belgrano, en medio de la plaza Noruega, en la intersección de las calles Ciudad de la Paz y Amenabar.

A partir de 2017, resultado de un esfuerzo entre una cooperativa de comerciantes y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el antiguo mercado se transformó en un espacio gastronómico de varios locales y un patio de comidas, que, pese al remozado, aún conserva el secreto encanto del barrio antiguo, en congruencia con locales de comidas gourmet, de autor, verduras orgánicas, carnes y pescados, vinos y productos de una excelente calidad.

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Como amantes del café de especialidad, nos adentramos en Import Coffee Company, una isla en donde descansar luego de las compras y disfrutar de uno de los mejores cafés de la ciudad. A diferencia de otros locales de la firma, en donde solo sirven el Café Illy (de tueste tipo italiano, fuerte y cenizo, buen café, excelente para bebidas con leche, pero no es de nuestra preferencia en espresso), en este caso se nos permite zambullirnos en el universo de los cafés tostados (con un tostado más adecuado a nuestro gusto) por Preto, que verdaderamente marcan la diferencia. De las muchas veces que fuimos, hemos probado variedades de Uganda (en Chemex y V60 es la gloria), Brasil (rico y equilibrado) y Colombia (buen dulzor, ácido y chocolatoso), en excelentes espressos, de los mejores capuccinos que hemos probado (cremoso, dulce y bien ejecutado) y también filtrados realizados por la mano siempre eficiente de su barista Gabriel (ganador de premios y excelente en su trato y predisposición). Con su humildad enseña, guía y ofrece incansables charlas sobre el maravilloso mundo del café. Barista de verdad y no de mote.

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Las dimensiones del local invitan a rodear la barra, que es la verdadera estrella del lugar. Una brillante máquina “La Marzoco” preside la magia, si bien también se comercializan máquinas de espresso marca “Ascaso” para uso familiar. Si la barra no es tu lugar, hay un par de mesas rodeadas de estantes para tentarte con los diferentes cafés que podés llevar a tu casa, chocolates importados, cookies y algunas delis. Minimalismo con ambiente blanco y luces cálidas con sillas cómodas.

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Si el café te despierta el apetito, no podrían faltar las medialunas, o los rolls de canela, alfajorcitos, cookies, scons, todo de muy buen sabor y frescura. Y si tu espíritu se alimenta de más café y querés adentrarte en las profundidades del conocimiento, se ofrecen talleres durante el año para todos los niveles, clínicas para la preparación de un buen espresso, o de los diferentes tipos de filtrados o de aproximación a las experiencias sensoriales que el café te puede brindar; siempre de la mano de especialistas calificados en el tema. Seriedad garantizada.

Import Coffee de Belgrano es el encuentro obligado, no solo para los vecinos del barrio sino para todos aquellos que disfruten de un paseo por el mercado más glamoroso de Buenos Aires o deseen culminar su rutina gastronómica con el mejor café. Una luz en el camino, un atalaya entre tanto asfalto: vive la experiencia del café.

 

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Import Coffee Company – Mercado de Belgrano

Juramento 2527 (Belgrano)

CABA.

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hamburguesas

DOGG: Lo primero es la parrilla.

 

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Al entrar a Dogg nos encontramos con un ambiente amplio, de inspiración en la hamburguesería americana. Todo en hierro y madera (tipo industrial). Con cocina a la vista tras un gran mostrador central (¡sin nada de olor a fritura o humareda en el ambiente!). Hay mesas y sillas, altas y bajas, para todos los gustos y comodidades, algunas dispersadas fuera del local también. Todas las paredes hacen referencia a la empresa y cuentan con un concepto de reciclaje que incluye también alcohol en gel para higienizar las manos, y tomar solo las servilletas necesarias para cuidar el ambiente. Un excelente aire que cubre el acondicionamiento de cada rincón de semejante local. Hay espacio para un llamativo sector con todo tipo de salsas picantes (muy original). Las salsas comunes están en cada una de las mesas (caseras y muy ricas). Los baños están bien cuidados, pero son pequeños en cuanto al volumen de gente que puede albergar el lugar.

La atención es correcta. Se puede pagar con tarjetas. El sistema de expendio se basa en pargar en la caja, te dan un beeper numerado y te llaman cuando está listo tu pedido por medio de ese aparatito que se ilumina.

En la espera, que fue normal, ya que hacen todo casi de cero, vimos que es un ambiente de corte familiar y juvenil. Muchos niños pequeños con sus padres que van por el combo como salida de domingo. Los sábados al mediodía hay un público de gente joven, amigos y fanáticos de la hamburguesa.

La carta incluye burgers dobles (2 de 100g, también se puede optar por triples) que salen con cheddar y se pueden elegir entre varios toppings: panceta, tomate y lechuga, chili, queso azul, queso presidente, guacamole (entre otros), siempre con cheddar o solo cheddar. Los precios individuales son un tanto elevados en comparación con otras burgers de igual o superior calidad (estamos en Belgrano). Salen panchos con varias salsas, wraps, ensaladas y hasta helados. En cuanto a bebidas hay cervezas tiradas, aperitivos, café Nespresso, aguas, limonadas (un tanto caras, pero de buen sabor) y latas de gaseosas a 50 mangos. Los combos de una Burger + papas fritas + gaseosa sale 215 pesos y son más convenientes.

En cuanto a la comida pedimos una Burger Doble solo con cheddar acompañada por papas y gaseosa, un pancho con salsa tártara, guacamole y cheddar más su respectiva limonada. En otra ocasión previa habíamos optado por unas burger de queso azul, cebollas caramelizadas, cheddar y pepino, a las cuales se intentó agregarle panceta; y digo intentó porque cuando vino la hamburguesa no tenía ni queso azul ni la panceta. Al ir a consultar en la parrilla nos dieron unos “tarritos” con los ingredientes que faltaban (armá tu propia aventura, recordamos). Inconvenientes que pueden pasar, pero no opacan la comida.

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El pan de papa (tipo brioche que hacen artesanalmente en el local) es más que correcto, no se desarma, acompaña bien sin destacar demasiado. En cuanto a las hamburguesas son dobles (son dos finitas de 100 gramos cada una, con queso arriba de cada una de ellas) con poco amasado y buen punto de cocción (perfecto), con un sabor a parrilla único y característico que le da muy buena sensación en el paladar, se desarma en boca y se funde muy bien con una buena cantidad de cheddar de excelente sabor. Es un estilo particular, con el gusto a parrilla que muy pocos logran; de muy buena calidad de producto para ser cadena tipo fast food estilo yanqui. El hot dog es muy rico también, cocido a la parrilla, con las salsas que le dan un buen sabor y el pan de calidad. Quizás deberían ser porciones un tanto más grandes por el precio de cada producto. Las papas fritas con cáscara (salen mucho más calientes que las carnes), sin ser maravillosas son mucho mejores que varias que hemos probado sin parecer demasiado sofisticadas.

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En definitiva, Dogg está inserto en una linda zona (a unas cuadras del Barrio Chino) para pasear por lo que es una muy buena opción para comer una rica hamburguesa en familia o con amigos. Muy buen producto el que ofrecen, un poco elevado en precio, pero es normal en el barrio en que se erige la franquicia. Si hablamos de la comida en sí, las burger y panchos son altamente recomendables. Hay que volver porque las hamburguesas son esenciales, quizás estrictamente hablando del sabor de la burger, Dogg entra en un podio que ya se nos enmaraña por las distintas buenas opciones.

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Dogg

Blanco Encalada 1651 (Belgrano)

CABA.

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