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WUNDERBAR: el arte de la hamburguesa

Un año no es nada, aunque a veces lo es todo.

Las evoluciones pueden ser fatídicas o pueden corregir, mejorar o lograr la trascendencia de algo.

Los bonsai son literalmente árboles en macetas. Pero no cualquier árbol que se precie puede colocarse en cualquier maceta que le sobre a alguna abuela. El arte del bonsai debe dejar plasmado, en el árbol en cuestión, vejez verdadera o la sensación de ella, la armonía o equilibrio visual en donde las proporciones juegan un papel preponderante, ya que se intenta aquí de emular hasta el más mínimo detalle en una talla o escala sumamente menor. Si visualmente parece un árbol grande se ha logrado el objetivo, más allá de toda una filosofía que conlleva en sí mismo este arte y llegar a dominar el cultivo de la planta, a nivel estético la armonía de proporciones es vital.

Se preguntarán qué tienen que ver los bonsai con las comidas, o precisamente con las hamburguesas, y se preguntan bien, pero hay ciertas similitudes, ya que estamos en presencia de nuevos aportes como por ejemplo burgers sliders (tamaño pequeño o mini) o para nosotros, hamburguesas bonsai.

No hay muchos que se animen a reducir el tamaño de sus clásicos pattys tradicionales, algunos lo intentan para algún evento o en aquellas ocasiones especiales en donde las prisas y la cantidad de comensales obligan a buscar la vuelta.

En el cumpleaños numero 1 de Wunderbar se presentó esta opción de “burgers bonsai” con los clásicos más vendidos de la casa en versión slider, con una presentación muy coqueta y novedosa.

Las adaptaciones mini incluían a la Wunderbar (doble carne, cebolla, panceta, cheddar, salsa WB que es un lujo), la Django (doble carne, cebolla crocante, cheddar, pepinos, salsa ranchera: salvaje) y la KillBill (triple carne, cheddar, cebolla, panceta, pepinos, salsa WB: intensa). Realmente nos sorprendieron, de lo mejor que probamos en mucho tiempo, no solo por sabor exquisito sino por el logro de la proporción entre todos los ingredientes y el desafío de que un medallón mucho más pequeño no llegue a secarse durante la cocción. Lejano a eso, los pattys estaban en su punto perfecto, jugosos con un sorprendente gusto, con su superficie perfectamente caramelizada. Los quesos, de primera linea y los demás toppings, salsas, cebollas y bacon en perfecta armonía visual y gustativa. Un logro épico, ¿exagerados?, tal vez, pero no hemos probado algo igual ni conocemos propuestas similares salvo una (aún pendiente; el concepto no fue inventado en estas tierras). Esperamos que queden permanentemente en el menú, ya que además es una buena forma de degustación general y carta de presentación de un lugar dedicado a la gastronomía. La gente busca novedades en sus papilas ávidas de algo nuevo y saturada de replicas o copias genéricas.

Aplausos para Wunder que siempre tienen inquietudes de sensaciones y gustos. Desde las primeras veces en que conocimos este bar devenido a especialistas en burgers, con entrantes delicados de carnes mechadas o brusquetas de masas aireadas con detalles exquisitamente efímeros, hasta las grandes hamburguesas de carnes de gramajes increíbles, gustosas y de salsas delicadas y notorias, supimos que esta gente entiende de gastronomía y por qué lado hay que ir (pocos logran querer superarse sin dormirse en sus lauros).

Hay que destacar sus aliolis y sus salsas de calidad extrema.

Todas sus burgers parten del mismo desarrollo de buenos medallones finos, con una gran cocción y que en boca explota de sabor a carne y se desgrana de forma certera.

Hemos probado la Cheeseburger (doble con cheddar: en la simpleza donde se ven los pingos, de las mejores del mercado), la Wunderbar, la Django y la KillBill, Hamburguesa Aniversario (cebolla caramelizada y panceta, cheddar y alioli ahumado) y nunca nos han defraudado, quizás, como detalle, la Tradicional una vez, y debido a la humedad aportada por la rodaja de tomate, desarmaba el pan original, que ahora es distinto.

Un pan sobrio, tipo brioche delicado y de buen sabor que no desentona ante la casi perfección de la carne, sino que acompaña y agasaja la fiesta que la boca recibe.

Hay abundancia de cervezas tiradas de buena calidad, vinos y, como todo bar de categoría, tragos refinados. Probamos Campari con naranja y Cynar con pomelo de excelente factura a pesar de su sencillez. La carta es bastante completa, con ensaladas excelentes y algunas cosas para picar, pero fue direccionándose fuertemente hacia un plantel de burgers que amerita degustación completa.

El lugar nos abraza como casona antigua de reciclado hábil y moderno, con mesas en la calle y en su lindo patio interno. Ambientes disfuncionales y orgánicos en su interior oscuro pero de luces atinadas, con barras para los apoya codos que completan este bendito cuadro de bar ecléctico y bullicioso, en el que algunas veces se puede sufrir calor pero soportable.

Con un perfil más bajo, con humildad y trabajo, luego de un año de labor y evolución, Wunderbar (para nosotros una de las revelaciones del 2018) se perfila como una de las potencias a nivel hamburguesero de Bs. As., sin dudar a la misma altura de varios gigantes que deberían pedir consejo de como cultivar un bonsai (también humildad, investigación y trabajo) para que no se le desforeste el bosque (y trascender).

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Wunderbar // Av. Cramer 2830 // CABA.

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ALOHA Beer & Food: la oportunidad de barrio

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Luego de comentarios errados, de populismos indiscriminados, de influencers veletoides, de eventos fallidos, de lejanas cercanías y muchas vicisitudes que pudimos dejar de lado, visitamos Aloha, quizás en un contexto más social, pero al fin y al cabo logramos apreciar de lleno el producto que ofrecen.

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En pleno Parque Patricios y en una esquina antigua yace este bar (bodegón, cafetín y un largo etc.) devenido a restó con sugerente preponderancia en el armado de hamburguesas. El lugar no es muy grande, una barra ocupa un gran territorio y detrás, la geografía de una cocina amplia que deja vislumbrar un trabajo un tanto caótico, pero no por eso malo. El resto: mesas y sillas de madera bien de bar en un entorno con pinturas advenedizas, sartenes colgando de techos y una divertida rusticidad (con indicios de pulpería de las de antes, pero antes que antes…).

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La atención es muy buena, se destaca por sobre muchos similares de su rubro. Esmerada, eficaz y amable.

Ofrecen una carta amplia con variedad de platos: sándwiches, rolls, ensaladas, también hay lugar para la cafetería y cosillas de panadería; cervezas, aguas, gaseosas y por supuesto las tan afamadas hamburguesas.

Pedimos la Cheese Bacon Burger y la Le France acompañadas con un fuentón de papas fritas al verdeo y queso. Estas últimas buenas y cremosas, acompañando muy bien al plato principal.

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La Cheese Bacon tiene unos abundantes 240 g de blend de carne distribuidos en dos pattys, los cuales ostentaban un punto ideal, un gramaje de manual, nada de amasado y un gusto que pocos logran; en pocas palabras, una excelente ejecución. El queso era de buena calidad y sabroso, el bacon quizás, fue el punto flojo, con una cocción poco óptima, mientras que el pan acompañaba muy bien, aún sin ser maravilloso. La de estilo francés, sin embargo, con la misma calidad de carne, y el mismo buen pan, si bien es un global correcto, el tomate seco invadiendo un poco el todo, hacía que se perdiera el sabor del queso brie y sumado a esto, escaseaba la cebolla caramelizada. Igualmente aprobaba notoriamente.

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Según fuimos viendo la evolución por dichos propios, ajenos y por historial, aquí se nota un trabajo minucioso para superarse y definitivamente lo han logrado. Les juega en contra una zona despojada y un tanto lejana, pero creemos que si siguen en progreso esto no sería impedimento para que la gente se acerque a probar la caterva de opciones que se presentan como muy tentadoras. Es un lugar atípico por su ambiente más familiar de bodegón que el de las clásicas industrialoides instalaciones que en el afán de correr tras la moda, nos tienen acostumbrados.

Recomendamos darle una oportunidad.

 

 

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CAFÉ HAUS: de arepas, waffles y cafeces colombianísimos…

 

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“Tanto en Colombia como en Venezuela le llaman “arepa” a una masa redonda hecha con maíz blanco. Para muchos dentro de estos territorios, es un alimento indispensable (como el pan de cada día) y se disputan el origen entre ambos países.

Se puede decir que todo comenzó en la época precolombina en donde las mujeres indígenas comenzaron a remojar los granos de maíz y luego de quitarle la cáscara, procedían a moler los granos hasta alcanzar una textura similar a la harina. Al mezclarla con agua se creaba lo que hoy se conoce como masa de arepas para luego darle forma (chata y esférica) y cocerlas en ollas de barro.”
 

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Si uno deseara tomar buen café, con un buen acompañamiento para comer y un lugar amplio y aislado de la vorágine urbana, nosotros recomendaríamos CAFÉ HAUS.

Casi bar oculto, restaurante escondido, esta cafetería es muy distinta a sus pares de café de especialidad. Se encuentra atrás de un maxikiosco, luego de un pasillo, y se abre como un mundo nuevo alejado de toda rutina molestosa. Un salón largo y amplio con distintas disposiciones y comodidades. Es tan extenso que a veces parecería que faltan muebles. La calma cunde por estos lares y se agradece como compañera de estas aventuras. Aquí se respira algo de Colombia, por sus empleados amables y bien dispuestos, por el ambiente cargado de pinturas alusivas (cafeteras), por los sacos de café que adornan el lugar. Hay acento colombiano en los labios y en el aire.

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Dispone de un mostrador-exhibidor (con las distintas delicias que se ofrecen), en donde se encuentra la máquina Rhina de Rilo, la que no para de “sacar” los diferentes cafés. Hay un primer sector del salón con sillas y mesas muy cómodas y sillones con mesas ratonas, todo muy propicio para instalarse a tomar algo o trabajar con la PC. Más atrás, un entrepiso suave abre hacia más mesas y sobre la otra pared, unos boxes para alejarse aún más de la ruidosa avenida Santa Fe.

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Siguiendo con Colombia (y por fuera de las disputas acerca del origen) la arepa es la vedette del lugar; CAFE HAUS ofrece muchas variantes y las hace muy bien (aquí nos comenzó a gustar este delicioso plato extranjero). Además hay wraps, sándwiches, ensaladas, omelettes, huevos revueltos de todo tipo, etc. Todos estos deleites se ofrecen en almuerzos con toques originales y a precios muy convenientes. Hay combos muy apropiados (con gaseosa en vaso, :c ) Para beber, gaseosas, jugos, limonadas, aguas.

Probamos varias arepas y todas son rellenas, con varios ingredientes. La de carne mechada es muy rica y sin llegar a ser un pan, cumple esa función (aunque el tostado y la textura en boca son distintas, más áspera al paladar y opone más resistencia), el wrap de pollo es sabroso y llenador. Los combos de wrap y arepas vienen con ensalada y gaseosa por precios muy accesibles. Es ventajoso para el bolsillo y para probar comidas que quizás no estamos muy acostumbrados. Las arepas suelen salir con carne de varios tipos, que están mechadas (con cocciones largas, condimentadas y deshebradas) que le dan mucho sabor y textura muy suave.

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Para dulceros hay muffins, tortas, medialunas, budines, donas y brownies, entre otros. Pero los waffles son una bendición en esta tierra. Al probar el de nutella con helado y crema fue una avalancha de buen gusto y exquisita combinación de delicado placer. Un canto a dejar la dieta. Recomendadísimo!!!

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En cuanto al café, sirven los clásicos capus, espresso, flat white, latte frío, affogatos, y varias cosas originales como su capuccino rainbow, con un arte latte multicolor llamativo. Recientemente incorporaron arte latte 3D, pioneros en esta empresa, que aporta un colorido más, sobre todo si el café es bueno (lo principal). Hemos probado otras veces un Excelso de Colombia muy interesante y la última vez habían cambiado a un Nariño colombiano (tostado por All Saints) cultivado a 1900 m., de beneficio lavado y cosechado este mismo año, frescura total. Es un café muy rico, fino, equilibrado, con aroma chocolatoso, acidez frutal justa y un finish de pasas.

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En definitiva, un lugar altamente recomendable, que si bien es cafetería de especialidad, parece más un bar-restaurante colombiano con detalles de autor. Aquí el café no lo es todo, pero es importante. Aquí hay mucho lugar para la introspección y un esparcimiento solitario o con mucha compañía. Café, arepas y waffles, como una triada que apuntala, esperan bocas ansiosas de sabores diferentes pero no por ello menos exquisitos.

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Café Haus

Av. Santa Fé 3618 (Palermo)

CABA.

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DISTRITO BURGER: si no sabés que pedir, pedí una burga

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Para los amantes de los mapas, Almagro se despliega como una alfombra en el medio de la ciudad, entre Palermo, Balvanera, Villa Crespo, Recoleta, Caballito y Boedo. Una alfombra atravesada por tres avenidas (Corrientes, Rivadavia y Díaz Vélez), dos líneas de Subte (la pionera Línea A y la céntrica Línea B) y las vías del Ferrocarril Sarmiento, que como prudentes puñales le han conferido una esencia de barrio de transición, en donde el tango, la inmigración y el progreso se mezclan entre algunos empedrados, unos cuantos pasajes atractivos y una única plaza en donde conviven los extremos junto a los medios. Almagro tuvo privilegios y decepciones. Desde una estación de trenes que se desmanteló muy pronto, hasta una de las Basílicas más antiguas y pintorescas de la ciudad, pasando por un club de fútbol que supo disfrutar de los aires de la primera A y aún lucha por volver; sin olvidarnos de los clubes tradicionales de Box, la histórica Confitería Las Violetas, la vieja Confitería Gildo (que se perdió entre otras tantas), junto al Mercado de Flores que devino en una mediática Iglesia Evangélica.

Almagro supo ser un barrio de italianos (cuyo antiguo Hospital continúa expandiéndose y aún se pueden oír las campanas de su primitiva capilla los domingos por la mañana), con almacenes que perduraron hasta que fueron cediendo paso a los mercaditos chinos y a las remozadas fiambrerías Gourmet, al igual que sus bares, hoy proclamados como históricos. Sin dejar de ser un “barrio”, los últimos años han venido atravesando sus calles con numerosos teatros pequeños, salas de cultura y algún que otro emprendimiento gastronómico que todavía no han hecho que Almagro “explote” al igual que su vecino Palermo, ya consagrado como polo de atracción turística, repleto de bares, restaurantes y referente de la mejor comida. A nuestro entender, es solo una cuestión de tiempo.

En nuestro blog hemos tratado de destacar todos aquellos emprendimientos que se apartan de la “zona de confort” que significa poblar los ya atestados lugares céntricos, Palermo, Puerto Madero o el mismo Microcentro, cada vez más difíciles de acceder y de encontrar lugares para estacionar. Y mucho más, tratándose del barrio en el cual vivimos desde hace mucho tiempo. Y es aquí, donde caminando por la Avenida Diaz Vélez, nos encontramos con un espacio nuevo, que contiene todo lo que uno está acostumbrado a experimentar en otros polos barriales más privilegiados.

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DISTRITO BURGER, al igual que la avenida que lo hospeda, atraviesa el barrio en el preciso cruce temporal en que el viejo bodegón debe ceder su decadencia hacia las nuevas necesidades del paladar de los más exigentes. Y es aquí en donde se destaca como pionero en lo que esperamos, sea el comienzo de una nueva transformación.

En un ambiente agradable, tipo industrial moderno, en donde todo está a la vista (no hay mostradores atestados de cachivaches ni cocinas ocultas), la decoración del salón se reparte en mesas y sillas altas, bajas, barras laterales en madera y hierro, y barriles de cerveza. Paredes casi despojadas; solo lo exacto para brindar espacio a lo que más importa, el producto.

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La carta es simple, para tomar: cerveza (IPA, Golden Ale muy buena), gaseosas y aguas y para comer ensaladas, wraps y hamburguesas. Pero en lo simple está implícita la complejidad y es a partir de esta complejidad en donde DISTRITO BURGER se destaca de todas las demás. La comida está diseñada por alguien que conoce de gastronomía y eso se respira en cada uno de los conceptos.

En cuanto a las hamburguesas, todas ellas pesan 220 gr. (se agradece) y pueden ser acompañadas de papas o de batatas fritas. Sus nombres evocan ciudades o lugares turísticos: New York (la típica burger americana con cheddar, panceta y cebolla crispy), Buenos Aires (provoleta, huevo, panceta ahumada, lechuga, tomate y cebolla morada), Capri (provoleta, tomate confitado, cebolla, marrón asado, rúcula y alioli), Jalisco (con opción a medallón de pollo crispy o de ternera, cheddar, guacamole, pico de gallo, tomate y mostaza a la miel), París (queso azul, cebolla caramelizada, hongos de estación y panceta), Montevideo (queso Dambo, jamón cocido, lechuga, tomate y huevo), Barcelona (carne de cordero, queso Brie, tomate confitado, pepinos encurtidos y emulsión de morrón), Istambul (la vegetariana con medallón de arroz yamaní y calabaza, hongos al oporto, queso provolone, mix de verdes y pesto italiano de rúcula sin ajo) y la de la casa, la Distrito Burger (doble medallón, cheddar, dambo, pepinos, panceta, huevo, cebolla caramel y BBQ). Si preferís los sándwiches, encontrarás la variante Cuba (bondiola de cerdo braseada y desmenuzada, queso doble Dambo, coleslaw y BBQ Jack Daniels) y la Milán (milanesa de ternera, jamón cocido, queso Dambo, huevo, lechuga, tomate y mostaza con miel). Recientemente abrieron la opción de doble medallón en las hamburguesas.

A la hora de elegir los acompañamientos, las papas, las batatas y las cebollas toman protagonismo y las podrás ver escoltadas de cheddar, panceta y verdeo, o huevo revuelto y jamón cocido, o queso crema y cibulette. Los aros de cebollas vienen con salsa BBQ y coleslaw.

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Si te estás cuidando, las ensaladas son tu opción: la Ensalada Distrito, con base pollo, queso y vegetales o la Santa Teresa con jamón crudo, mango y otros vegetales. Y si de wraps se trata, hay uno que está inspirado en la ensalada CAESAR y otro más oriental, el Tokio, con cerdo al teriyaki y arroz yamaní.

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Al principio por cercanía y después por absoluta elección fuimos varias veces y pedimos diferentes opciones de burger para ampliar nuestra reseña. Todas ellas fueron una excelente experiencia. Consideramos que la Burger es una estructura indivisible, pero por algún lugar debemos empezar. El pan es un gran logro. Uno de los 5 mejores panes de los que probamos, miga excelente (aireado, suave y esponjoso), contiene al conjunto desde el principio hasta el final y su sabor acompaña sin restar protagonismo. La carne es un excelente blend, con el condimento y la manipulación exacta, al igual que el punto de cocción, dando por resultado un medallón jugoso, con buena experiencia en boca, sin resabios grasosos ni quemados. Destacamos la Capri (una opción bien equilibrada en donde nada falta ni nada sobra, con un ambiente a parrilla otorgado por el morrón y el tomate confitado) y la París (en donde el queso azul se mantiene en su lugar sin invadir el resto y los hongos otorgan la experiencia de estar saboreándola a orillas del Sena).

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Las papas están en su punto exacto y el gran logro es conseguir que las batatas fritas tengan una textura y un sabor óptimos. Muchos lo intentan y pocos lo consiguen (aquí, sin dudas, están una de las mejores). La cantidad es justa constituyendo un buen combo que funciona como almuerzo o cena y no como un simple tentempié. El servicio es muy atento y los precios más que razonables. Y la música excelente.

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DISTRITO BURGER forma parte de una nueva tendencia, pero se destaca de muchas otras a la hora de ofrecer un producto armado con la “cabeza” y con la experimentación, y no en base a las improvisaciones tan de moda en donde se piensa que acumular toppings junto a un medallón de carne encerrado entre dos panes es hacer una buena Burger.

Y arriesgarse a emprender en un barrio alejado del circuito vigente le suma muchos puntos más. Auguramos un auspicioso porvenir y ante la duda, pídanse una hamburguesa.

 

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Distrito Burger

Av. Díaz Vélez 4076 (Almagro)

CABA.

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THE SHELTER COFFEE: donde el tiempo se refugia

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Sobre la coqueta y pintoresca calle Arroyo, en donde uno parece caminar sobre un museo arquitectónico, y las galerías de arte socaban vidrieras, la tranquilidad de un feriado nos llevó a otro mundo. Casi llegando a la 9 de Julio, un reloj y unas sillas custodiando la vereda auguran un lugar casi mágico. De la tranquilidad de las callejuelas de Recoleta al atravesar la puerta de The Shelter Coffee la sensación era como si en cualquier momento Harry Potter y sus pócimas o James Bond con música de Portishead gateando por el aire nos recibirían en este espacio de otro tiempo, de otro lado. Una ambientación inspirada en bar inglés antiguo, con todos los detalles cuidados, sillones Chesterfield que rebozan comodidad, sillas y mesas refinadas en madera oscura, barra clásica, azulejos en colores marrones acompasando los detales de las maderas y los muebles añejados.

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Se respira ambiente, se suspende el tiempo; un poco de Londres recorre el aire respirado tan solo unos instantes (eternos). Afuera un ventanal magno solo deja ver una calle despobladamente detenida. Quizás no queremos que se termine la experiencia, el sillón hunde nuestros cuerpos, la música alta pero amable permite charlar, disfrutar. Muchos extranjeros con sus flat white, muchas parejas maduras con su diario y su relajo matutino; solo falta un puro (y una varita o el auto de Bond estacionando en la puerta).

Luces intimistas cómodas a las retinas, penumbras y sombras que se esconden para luego despertar, pero siempre nos resguardan.

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Con una carta para llevar como souvenir que contempla varias opciones de café de especialidad, ensaladas, bebidas, tragos, cold brew, y sándwiches. Con amable atención y disposición. Con un café Colombia de beneficio lavado, de altura (región Cauca, Típica Caturra, Finca “El Tambo”, grano a la venta por $280 el cuarto), aromático, herbal, con buen cuerpo, intenso, potente, de una profundidad envidiable, acidez frutal marcada pero deliciosa, chocolates, frutos secos y finish suave y agradable. El baguetín de pollo de calidad, cremoso, con morrones asados, mayonesa y buenos condimentos. Acompañando un agua limonosa.

 

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Un lugar con mística, accesible, casi oculto, casi lejano, pero certero. Distinto de otras cafeterías de especialidad y singular, saliendo de la “onda” tipo industrial. Por eso es mágico, por el ambiente exótico y refinado, por sus baños tapizados en cuadrille escocés, por sus griferías, por sus lámparas que enfocan y se van y no nos dejan, por sus blancos y sus negros, por los detalles, como cualquiera y como nadie, en donde hasta no sorprendería ver a Harry tomar un espresso o una cerveza de mantequilla junto a un Dementor apaciguado y feliz.

 

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The Shelter Coffee

Arroyo 940 (Recoleta)

CABA.

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RANGITOTO COFFEE: a la vuelta de la esquina…

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Las modas, los circuitos gastronómicos y hasta algunas concepciones a veces no importan tanto. Una cafetería de especialidad no tiene que ser siempre tan igual a las demás, tan “cool”, tan cercana a las oficinas de pleno Centro porteño o inmersa en la sofisticación del barrio de Palermo. A veces una buena puesta, con un buen producto y una excelente atención es suficiente para funcionar y aportar calidad al servicio y una propuesta diferente.

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Este es el caso de Rangitoto Coffee, sumergido en las cercanías de Once, en donde el predominio de sinagogas, calles invadidas de telas y camiones de carga, oficinas no tan a la vista y sobre todo mucha gente, dan una urbanidad que este café al paso sabe aprovechar de la mejor manera, alejado de las demás cafeterías de especialidad. Formula un ambiente sencillo. El local es alargado, cómodo, con paredes blancas haciendo juego con los azulejos que tapizan algunos sectores. Cuenta con una barra lateral con 6 bancos altos, 5 mesas para dos personas y 1 para cuatro comensales. Todo en madera de pino clara y natural. La barra ubicada en el fondo posee una máquina Rancilio de dos grupos, y toda la parafernalia cafeteril. También muestra el panorama de pastelería: muffins, cookies y medialunas. Al costado de esta, una heladera exhibidora aporta una buena selección de tartas, tortas, sándwiches y ensaladas.  Las luces son altas y francas.

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Apenas ingresamos nos dio la sensación de entrar a una casa de comidas con alguna vuelta de tuerca. Y claramente, anclado en la calle Pasteur, frente a la AMIA, Rangitoto se adaptó perfectamente a la vorágine y gustos de la gente de un barrio de corte comercial. Es una cafetería de especialidad y muestra varias opciones bien caseras para comer. Es de especialidad porque su café es especial, colombiano 100%, de la región de Santander, un Excelso tostado por Full City Coffee y es servido de la manera correcta.

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La carta de café posee todas las variantes calientes sumadas a algunas alternativas para los más acostumbrados a la vieja usanza de tomar café. Tienen take away de café y jugos. Ofrecen variedades en gaseosas y aguas.

La atención, que fue muy cordial, es por mozo (en este caso también barista) que nos comentó que hace un año y dos meses que abrieron.

Nos pedimos sendos espressos, una cookie con choco y una medialuna de manteca.

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El café: aromático con notas ahumadas, con buen cuerpo, acidez frutal, con dulzor de caña quemada y algo chocolatoso. Retrogusto agradable. Bien servido y muy rico. Con mucha personalidad. Acompañado acertadamente por vaso con soda, como debe ser. 

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En cuanto a la pastelería, buena medialuna, se notaba artesanal. La estrella, sin dudas, la cookie con chispas de chocolate. Con forma de galletita, pero de un sabor espectacular, se desarmaba en boca como un budín, con una humedad única. Sin dudas una pastelería de lo mejor, sin ser pretenciosa. Un hallazgo.

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Los precios son acertados, un poco por debajo de la media. Si se toma en cuenta la buena calidad de productos es un lugar bastante único.

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No tenemos más que decir tan solo que se acerquen y prueben este lugar casi perdido, que, si bien no es tan glamoroso como otros antros hípsters, para los amantes del café de especialidad es una gran alternativa. Se destaca su simplicidad, una gema para la zona, su atención personalizada y su salteado de estándares preconcebidos (no hacen una pantomima de propaganda). Puede parecer un bar más y pasar desapercibido, pero estén bien atentos, el buen café puede estar a la vuelta de la esquina.

 

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Rangitoto Coffee

Pasteur 672 (Once)

CABA.

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SAINT BURGER: ¡santa hamburguesa Batman!

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Un antro cervecero. Música de rock al palo. Salón enorme, arquetipo galpón, con el contraste de claras referencias bíblicas en su decoración (un contrapunto). Mesas y sillas cafetineras. Mesas altas y hasta comunitarias. Bancos largos en madera y hierro. Barriles de cerveza a la vista que se fusionan con el entorno. Barras y más barras, mesas en la calle, ladrillos a la vista, anaqueles con licores, rock y mucho. Luz tenue, son las dos de la tarde, pero es tan de noche. Mucho más rock…

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La atención es muy correcta. El servicio es por sistema de ticket en la caja y te avisan que el pedido está listo con un tablero enorme donde aparece tu número sagrado y se retira en la barra de la cocina. La carta es una tabla como si de mandamientos se tratase. Hamburguesas bíblicas, ensaladas pecaminosas, snacks y sándwiches crucificados. Aderezos típicos en mesas. Cervezas, pomeladas, limonada (acidísima y rica), gaseosas, aguas, tragos, café y por qué no más cervezas. Precios más que adecuados. Aceptan tarjetas.

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Las burgers pueden venir acompañadas con unas cristianas papas fritas estilo rústico en una buena cantidad por precios módicos.

El pan es tipo industrial, de buen sabor. Correcto.

La carne, 160 gramos, punto excepcional, poco condimentada, con un muy rico sabor parrillero. Un tanto pequeña. Una Cheese Burger muy digna, sabrosa. Queso cheddar de calidad.

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Gratamente sorprendidos, por esta gran hamburguesa rockera, donde si buscas un ambiente oscuro, de bar, descontracturado y caótico, con buena música, este es el lugar. Ah, y la hamburguesa, sin ser top pero casi, es muy buena. De las hamburgueserías más originales por sello propio, así es Saint Burger.

 

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Saint Burger

Av. de Mayo 852 (Monserrat)

CABA.

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PLÁCIDO CAFÉ BAR: una plácida pausa

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Iniciar y mantener un emprendimiento relacionado con el café de especialidad no es algo fácil. Acceder al buen café, se está volviendo cada vez más asequible. Importadores y tostadores ofrecen sus mejores productos. Los baristas están cada vez más capacitados para extraer lo mejor de cada grano. Pero esto solo no basta. Una buena cafetería debe implicar también una buena ubicación, un ambiente confortable, una variedad de preparaciones, acompañamientos de calidad y una lograda atención, producto del amor por lo que se hace y de la paciencia suficiente como para “educar” a los clientes a la hora de ofrecer la mejor manera de disfrutar el café.

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“Plácido, café bar” en la esquina de Juncal y Uriburu, reúne todas estas condiciones desde hace casi un año. El buen café y el buen tostado lo ofrece Puerto Blest, garantía de calidad y variedad. Tomamos un espresso de Perú (Cajamarca), aromático con notas de almendra y chocolate (y unas sutiles notas florales) con una acidez presente y agradable, proveniente de frutos cítricos, que se profundiza a medida que la temperatura va descendiendo. Buen cuerpo. La extracción fue muy correcta, con excelente crema, dorada y persistente servido en tradicionales pocillos de porcelana blanca que permite apreciar los colores. Hay también variedades de Nicaragua y Colombia para llevar en grano o molido. Pedimos también un cappuccino, muy bien preparado, con una espuma duradera, aterciopelada y de rico sabor, decorado con un cuidado arte latte.

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El ambiente es sencillo y agradable. Mesas con sillas cómodas alternan con una barra central (con sillas altas en madera pintada) y otra barra frente al ventanal desde donde desfila el ritmo de la esquina ante nuestros ojos. Tras la barra muy ordenada y minimalista, una cafetera Appia II de Simonelli, donde se crean los cafés de Plácido. Destaca dentro de la ambientación bicromática, una pared con un gran mural colorido y moderno que le da una impronta personal al local. Hay música, pero no invade. Nada perturba la calma del lugar (incluso en un día muy lluvioso, como en el que nos tocó visitarlo).

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En cuanto a los acompañamientos, se exhiben budines, alfajores, cookies, medialunas, brownies. Destacamos el carrot cake, esponjoso, húmedo y realmente delicioso, y la cookie maorí de chocolate, almendrada y con un original crocante de cereales, un gran logro. Con lo poco que probamos nos arriesgamos a aseverar que es unos de los mejores lugares en cuanto a la pastelería/bollería que puede acompañar a nuestra bebida estrella. Todas las variantes de café habituales se presentan en la carta escueta pero completa: una tabla con las hojas abrochadas y coloridas, con una innovación que pocos tienen: se puede pedir leche de almendras para quien no tolera la lactosa o simplemente la leche no le gusta. Completan la carta, variedad de sándwiches, tostados (incluso de pan integral), jugos naturales, yogures y barras de cereal (opciones sin TACC) y demás bebidas clásicas.

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La atención es esmerada y con la paciencia necesaria, teniendo en cuenta que abundan los “sacrílegos” que aún piden el famoso americano en jarrito o que le calienten el café porque está frío. Con buena predisposición explican los diferentes tipos de elaboración del café (y las formas correctas de prepararlo para resaltar las características del producto) y están siempre atentas a lo que el cliente necesita.

Establecidos en una zona donde no abundan las buenas opciones cafeteriles, cuentan con un amplio horario de atención y abren también los sábados.

Y para todos aquellos que quieran adentrarse un poco más en el maravilloso mundo del buen café, Plácido ofrece cursos de filtrado con diferentes métodos (chemex, V60, aeropress y prensa francesa), estrechando de esta manera la relación entre barista y cliente.

Las condiciones para un buen emprendimiento se cumplen en su totalidad. Solo resta pasar por la esquina de Uriburu y Juncal y detenerse un rato en una plácida pausa. Plácido se encarga de poner el café y todo lo demás. Inclusive si llueve, aquí hay un acogedor resguardo.

 

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PLÁCIDO Café Bar

Juncal 2107 (Recoleta)

CABA.

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