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HJ BURGER & GRIDDLE: sorpresa de hamburguesas y pepitos

Generalmente, y muchas veces, la movida hamburguesera o de comidas rápidas está dominada por los influencers y opinólogos de este tipo de gastronomía, un clásico en el que la juventud juzga y fundamenta sobre sus gustos y características cuasi morfológicas de estos platos compuestos por pan y carne a la plancha. También es sometido por fans, algunos tendenciosos y oportunistas que mueven sus arcas por conveniencia y negocios, dejando de lado algunas alternativas no tan populosas, de moda o que simplemente no participan o se subyugan ante estas tendencias.

Es el caso de HJ Burger, anclado en Palermo a pocas cuadras de la comercial avenida Santa Fe, pero lejos de los grandes monstruos hamburgueseros palermitanos que tanto clamor y fanatismo provocan, dispone de unas instalaciones sencillas con el tan afamado estilo cervecero, con mesas altas y baja en hierro y madera. Mucho delivery y sin tanto glamour del Soho, pero con una calidad de producto que sorprende desde el primer mordisco de una de sus hamburguesas.

Cuentan entre sus filas distintivas el clásico de la comida callejera venezolana: Los Pepitos, que son sándwiches con ingredientes principales de carnes o fiambres acompañados con abundantes rellenos de vegetales, salsas y todo lo que la imaginación del cocinero haga entrar en unos panes (entre baguetines y pan francés) abiertos a la mitad para rellenarlos hasta casi estallar, para luego sellarlos en papel a modo de rollo de sabor múltiple. El resultado es eso, sabor que invade la boca del comensal. HJ los presenta en versiones de carne, pollo o carne- pollo-cerdo todo a cuchillo, acompañados con lechuga, tomate, queso, cebolla, panceta, papas pay y salsas varias (bomba), en un pan de buena calidad con la crocancia justa. Algo muy sencillo pero muy logrado y casi único por estas latitudes del cual pueden comer dos personas tranquilamente. Aplausos.

Si a esto le sumamos sus salsas caseras para enriquecer el plato como la sublime de choclo, de berenjenas, kechup y mayo, el deleite sube de nivel.

Por otro lado, no tan afamadas ni con un sequito de aduladores propagandiando o haciendo filas incansables, sus hamburguesas (ojo que siempre vienen con queso, cebolla, lechuga y tomate, aunque sea Cheese Burger, valga la aclaración, por lo que hay que pedir que saquen ingredientes si no les simpatizan) son de muy buena faena, de 180 gramos de buen sabor a carne de gramaje excelente, con calidad en el queso y la panceta y con un pan de primera. Pueden salir simples, dobles o triples y se pueden sacar o agregar ingredientes al igual que los pepitos. Todo ejecutado en vivo tras un vidrio que muestra toda la cocina. La definición de las papas fritas: ricas.

Disponen de aguas, gaseosas y cervezas para acompañar.

A veces hay solo propagandas, o calidad y falta de humildad, en HJ Burger se combina la calidad con la humidad, y con la originalidad, con pocos productos, pero cuidados y respetándolos al detalle. Una grata sorpresa y constancia de las varias veces que fuimos, por eso lo recomendamos ampliamente para que hagan su propia experiencia, otra y sin tanto populismo de por medio.

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HJ Burger & Griddle

Araoz 2403 (Palermo)

CABA.

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CAFÉ DE ESPECIALIDAD 2DA. PARTE: Olas de café. Movimientos y tendencias.

La historia del café es muy amplia y vasta, y se remonta a la antigua Abisinia africana con la famosa historia/mito del pastor y sus cabras cafeinómanas. Pero eso es otra historia. Los movimientos modernos y el consumismo masivo del café (más cercano en el tiempo) se toman referenciando como punto de partida, apenas concluida la Segunda Guerra Mundial, cuando grandes empresas americanas empezaron a importar el café de países productores y crearon espacios propicios para su consumo en volumen y sin enfocarse tanto en la calidad del mismo. A esta tendencia se la llamó la primera ola del café, debido a su gran consumo y extensión respecto de la demanda.

Luego, en los setentas y con la consolidación en la década del 80, la firma Starbucks tomó esta tendencia y comenzó a expandir una cadena donde lo más importante era el cliente y su satisfacción por el producto recibido. Aquí se empezó a hablar de origen del café y a cuidar un poco más el producto que se ofrecía, entrando así a la segunda ola del café.

Se asevera que el pasaje definitivo a la tercera ola de café fue en el 2000 con la primera competencia mundial de baristas, posicionando a este profesional como el eje central en el consumo masivo del café, dado sus capacidades y conocimientos en la preparación del aromático grano. Entonces, las cafeterías tradicionales se fueron volcando a productos de excelencia, al igual que cafeterías de especialidad que fueron abriéndose con el objetivo primordial de crear una experiencia única alrededor del café, donde se conoce todo sobre la cadena de producción del café que se sirve en la taza del cliente. Las máquinas se tunearon, resurgieron los procedimientos de cafeteras de filtro como una experiencia sensorial y visual en su exótico preparado, y consolidándose así el café como un lujo democrático.

Nosotros creemos que las olas de café son bastantes difusas en el tiempo (quizás es más correcto hablar de tendencias y poner en contextos las diversas realidades) y dependen de la economía y de las diferentes sociedades. Argentina aún no se encuentra al nivel de Australia o los países asiáticos, reyes de la maquinaria y las cafeterías futuristas, pero está protagonizando una incipiente tercera ola del café, donde muchos consumidores eligen un producto de calidad y disfrutan de la experiencia de tomarlo. Hay actualmente mucha oferta, pero para que la ola sea surfeada falta todavía una demanda consistente.

¿En qué “ola de café “considera que se encuentra la Argentina y por qué?

Gabriel Calleja: “En estos momentos creo que en la Argentina estamos entrando en la tercera ola, aunque muy en pañales. Todavía somos como niños que tenemos muchas cosas por descubrir y donde hay mucho trabajo por hacer.”

Rocío Scha: “Creo que hoy en día las cosas están llegando a la Argentina más rápido de lo normal, lo que significa que estamos en la misma tercera ola del café que el resto.

Tenemos muy buenos referentes que trabajan diariamente para implementar en sus barras los mejores productos, herramientas, técnicas y saberes. ¿Qué genera todo esto? Que tanto dueños de cafeterías, baristas, tostadores y consultores sean conscientes del trabajo que hay detrás de la taza de café y de la progresión que recorre esta bebida.

Y obviamente como reacción, esto es transmitido a los consumidores. Tanto a los curiosos que se animan a preguntar, a los que hacen cursos para perfeccionarse o simplemente al oficinista que entró a una cafetería porque era cool pero terminó aprendiendo sobre este universo.”

Agustín Abot: “Argentina está entrando en la tercera ola mundial del café. Poco a poco vemos el crecimiento, la especialización de cada establecimiento para mejorar las prácticas y el producto con el que se trabaja, ofreciéndole al cliente una bebida destacada, artesanal y exquisita, logrando con esto, que este se sienta parte del proceso y creando cultura cafetera en aquellos que aún siguen consumiendo en cafeterías tradicionales.

Estamos en un punto de inflexión, en un cambio de era. Todavía conviven la segunda y la tercera ola, pero esperamos y tenemos fe de que cada vez haya más consumidores y cafeterías pertenecientes a la tercera ola.”

Máximo Vázquez Brust: “Creemos que en la Argentina algunas ciudades están despertando en la tercera ola de café, con Buenos Aires a la cabeza ya metido en la tercer ola de lleno.

Con respecto a la capital, que es la ciudad que habito y veo mutar más de cerca, puedo decir que siempre existió la costumbre de tomar café, pero tradicionalmente fue en torno a la experiencia, y no a la bebida. El desembarco en 2008 de la cadena Starbucks a la ciudad, logró que los porteños se interesen por tomar un café diferente. Esto, sumado a la tendencia general de la gastronomía de sofisticar el paladar del consumidor, logró que el porteño aprecie el producto en toda su complejidad, sumando a la bebida como parte fundamental de la experiencia.”

Agustín Quiroga: “Sinceramente no comulgo demasiado con esto de categorizar la evolución de la producción y el consumo de café en “olas”, me parece simplificar demasiado movimientos que son complejos, abarcan múltiples dimensiones y, sobre todo, son muy dinámicos y no tienen etapas tan fáciles de delimitar. Lo que nosotros promovemos desde hace unos años y vemos que hoy es tendencia, es que el cliente (sea una cafetería o el consumidor final) quiere saber cada vez más sobre el producto que compra o consume. Hay un énfasis en el origen, en los procesos, saber de dónde viene el café, conocer quiénes lo producen, qué camino recorre esa semilla hasta llegar a la taza. La trazabilidad del café es hoy el concepto fundamental: esa es una categorización que sí sirve, la que permite identificar y diferenciar los cafés, motivada por el deseo de aprender para poder valorizar y elegir. Hoy los cafés indocumentados pierden en la comparación, por eso ponemos tanto esfuerzo en la selección en origen, en el trato directo, porque creemos que acompañar al café desde que nace es sin duda un valor diferencial.”

GRACIAS NUEVAMENTE A TODOS ELLOS POR EL GRAN APORTE. SIGUE EN LA PARTE 3.

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CAFE DE ESPECIALIDAD – Primera Parte

La SCA (Specialty Coffee Association) define al Café de Especialidad como, al que bajo rigurosas normas de catación,  se le es otorgado 80 puntos o más en una escala de 100 por catadores profesionales que evalúan aroma, gusto y defectos del grano de café. Según esta asociación, la cual rige y estandariza a los café de todo el mundo, un café de especialidad es aquel que no presenta defectos y tiene un sabor distintivo en la taza. Esto quiere decir que su sabor es notablemente bueno.

Según la página Infusionista: “Se refiere al café de excelente calidad que obtiene una calificación de 80 puntos o más en una escala de 100 otorgado por catadores profesionales, y que se distingue por su aroma, sabor, personalidad, carácter distintivo y ausencia de defectos.”

En la página Jocutla se indica que: “La definición de café de especialidad inicia desde el origen del café, la selección y plantación de una variedad en particular cultivada en una región específica del mundo. El término café de especialidad se refiere a granos de café verde de alta calidad tostados a su máximo potencial de sabor por verdaderos artesanos para después ser preparados adecuadamente bajo estándares determinados.”

En Perfect Daily Ground, nos explican que para conseguir un café de especialidad todo tiene que empezar desde el momento cero y pasar por unos puntos y procesos, que juntos harán que el café producido se pueda clasificar como café de especialidad.

Nosotros creemos que el café de especialidad es una experiencia de conocimientos y sensorialidad, desde la plantación del cafeto, la recolección y selección de la cereza, sus procesos de beneficio para obtención del grano verde, su arte de tostado, hasta la extracción de forma correcta por el barista quién asesora en todo lo referido a este café. Es cómo está pensado y es cómo es bebido el café.

Recogimos algunas opiniones de gente calificada en el tema:

Máximo Vazquez Brust (de Root Coffee House) nos dijo: “Es un conjunto de reglas, procedimientos y estándares enfocados a ofrecer un café de muy alta calidad cuidado desde el origen hasta la taza. El grano tiene que ser trazable hasta la finca de origen, donde se recolecta a mano y procesa con métodos que no van a afectar la calidad del café. Es catado por personas especialmente entrenadas y preparado también por baristas especialmente calificados.

El café de especialidad transporta al consumidor a diferentes regiones del mundo a través de sus sabores y el barista pone a disposición del consumidor información sobre el origen del café, como la finca de origen, el varietal, beneficio utilizado, caficultores, tostadores y sobre la preparación de la bebida.”

Agustín Abot (Bote Café): “El café de especialidad para nosotros es un estilo de vida, una forma de transmitir la pasión que genera el contacto con sabores y experiencias únicas que te brinda el estar inmerso en esto. Es una posibilidad de conexión y de crear lazos con clientes, baristas, productores, trabajadores de las fincas, tostadores y demás.”

Rocío Scha (coffee hunter) aporta: “Creo que es una pregunta que puede tener muchas respuestas. Justamente el otro día, filosofando con un amigo sobre café, llegamos a la conclusión de que “Sólo se, que no sé qué es el café de especialidad”.

El café de especialidad es el que tiene X efectos primarios, X secundarios, es arábico, es el que tiene más de 80 puntos; es lo que la “santa” SCA dice que es. Pero en realidad yo creo que es un conjunto de cosas lo que lo terminan de definir.

Obviamente se necesita un café de calidad, pero también creo que es la forma en que lo trabaja el tostador y barista, en cómo es presentado y hasta cómo es recibido por el consumidor.”

Gabriel Calleja (Import Coffee de Belgrano) aporta que: “Para mi el café de especialidad es el respeto por la materia prima y todos sus procesos hasta llegar a la taza. En donde se cuida la calidad de la planta, la semilla, la molienda, la máquina. Es por esto que el barista es el último eslabón de esta cadena de cuidados en donde el resultado final es sumamente superior a cualquier café.”

Agustin Quiroga (Café Puerto Blest/Tienda del Barista y referente de la escena local del café) opina: “Un café de especialidad es un café especial, que surge del trabajo, esfuerzo y compromiso enorme de mucha gente a lo largo de toda la cadena de valor.  Según la SCA (Specialty Coffee Association) el café de especialidad puede existir consistentemente gracias a la dedicación de personas que tienen la calidad como prioridad, no sólo en la etapa del cultivo sino en cada etapa del proceso, manteniendo el foco en la excelencia desde el inicio hasta el final. Estableció un puntaje para categorizarlo: un café que califica arriba de los 80 puntos (en una escala de 100) es un café de especialidad. El café verde debe tener cero defectos de categoría 1 y menos de cinco defectos de categoría 2 de acuerdo al protocolo SCA. Además del puntaje están los standards: la SCA cuenta con protocolos que establecen los requisitos para evaluar y calificar el café y sus procedimientos asociados: standards para Café Verde, Cupping, Tueste, Agua y Brewing. Además, hay estrictas guías de buenas prácticas. Todo con un mismo objetivo: garantizar la calidad. El control de calidad atraviesa cada etapa del camino que recorren los granos. En la inicial, con el cultivo, la cosecha y la selección, se prioriza calidad a cantidad, sólo los granos sin defectos llegan al final del proceso. Esos granos pasan a una exhaustiva etapa de cupping: más controles para elegir los mejores lotes que son seguidos por más pruebas para encontrar el perfil de tueste que maximice los atributos de los granos y el método de extracción que les permita expresarse al máximo. Así se llega al control final: el del consumidor.”

Muchas gracias a todos ellos por sus valiosos aportes y su tiempo. Seguirá en la Segunda Parte.

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CAMINO MOTOR COFFEE: restaurante motoquero o el abrumador instante de recuerdos motorizados

Un buen menú, sencillo, pero bien pensado, un camino. Y el camino nos lleva a San Isidro, a la ribera del Río de la Plata, donde por la calle Primera Junta, un pequeño polo gastronómico se eleva como un faro apuntando hacia la costa (ese mismo faro en el que hoy funciona una heladería).

En un hangar enorme, plagado de curiosidades modernas y antiguas, motos y más motos, chucherías y mecanismos, rodados y juegos de azar del antaño querido, escaparates, luces que ambientan un aroma a pasado y presente fierrero, se impone Camino Motor Coffee, con un rastro de taller de motos de las buenas.

Allí hay lugar para una barra suculenta con tragos inspirados en la nocturnidad misma, una cafetera Saeco semiprofesional que asoma detrás de su propia barra como promesa de buen café (aunque no lo probamos). Estanterías y vitrinas con cascos, curiosidades, juguetes, gorras, recorren el gran salón de techado abrumador culminado por chapas arqueadas dando la sensación de estar en un gran taller donde se oculta alguna nave alienígena o las mismas vicisitudes del tiempo. La turba de mesas, sillas y sillones cómodos salpicadas por todo el ambiente es interrumpida por motos de exposición y demás objetos legendarios y alguna que otra chatarra pintoresca. Hay un primer piso con más novedades y un salón aparte, con juegos como el sapo, flipper, tejo y metegol para recordar otras épocas. De noche, con las luces en su esplendor debe ser una sinfonía de estímulos sensoriales, que nuestra hora de visita no nos dejó apreciar. En esta época un lugar así de ecléctico es poco menos que cautivador.

La comida es bien sencilla, wraps, una docena de platos principales elaborados, bastantes hamburguesas, ensaladas, finger food en general, cervezas tiradas, gaseosas, tragos y aguas. Las burgers son motoqueras y esto se observa desde su presentación con un pan cuadrado y casi de otro tipo de plato (inferimos que no usan siempre el mismo, y además nos contaron que la noche anterior quedaron detonados por tanta cantidad de gente y no tenían algunos ingredientes, bien por avisar). El medallón es decente no muy amasado, de buen sabor, con toppings bien pensados (simple con cheddar, huevo y cebolla y otra con brie, rúcula, originales papas pay de buen sabor), y con un pan que no resistió del todo la humedad global (un punto a mejorar). En definitiva, una buena Burger que podríamos categorizar como de paso o motoquera (una parada obligatoria para los fans de las dos ruedas).

También nos deleitamos con sus quesadillas de pollo acompañadas con verdes y guacamole, de buena masa y exquisito relleno. Una ensalada completísima estilo italiano cumplido muestra buena experiencia gastronómica general.

La cocina tiene sus platos fijos, pero van agregando o sacando platos especiales y bastante sofisticados por períodos y los findes hacen algunas delicias al horno como pizzas a la leña ya que recientemente armaron un hermoso horno de barro y ladrillo que emerge como un domo (un Sauron que nos mira con su ojo) en la parte posterior del salón.

No nos queda más que decir que fue una grata experiencia, en un lugar que se asemeja a un museo con retazos de circo, salón de antigüedades y cruza con taller mecánico, pero es ni más ni menos que un restopub que no los va a dejar de asombrar cuando entren y se pierdan en cada instante de recuerdos motorizados.

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Camino Motor Coffee

Primera Junta 1118 (San Isidro)

Buenos Aires.

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MALCRIADA CAFÉ: la caprichosa del café

Algo distinto, inquietudes en la boca y en el alma. Ganas de nuevas aventuras en gastronomía y café de especialidad. Somos caprichosos, queremos eso, queremos libertades y no atarnos a las modas, a los medios, ni a los influencers. Tampoco nos satisface desembocar en los barrios habituales para encontrar un buen café. Nadie que nos diga dónde ir, estamos malcriados y vamos a “Malcriada Café” a saciar tanto capricho.

Escenario relajado, con entrada de almacén antiguo (típico de la periferia de Palermo, en donde los fantasmas arrabaleros se codean entre Chacarita y Colegiales), mesas y sillas adentro y afuera en madera rústica, hasta espacio para plantas dando un matiz orgánico a la cosa. Ambientación clara con algunos ladrillos a la vista y un mural donde la Malcriada se hunde en el café. La barra nos recibe con máquina y molino “Ascaso” y algunas banquetas altas para ver la acción cafetera.

Café del bueno: tostado por Ninina, blend (bolivia 60%-Colombia 30%-Brasil 10%): espresso con acidez cítrica, frutal y retrogusto a chocolate. Capuccino excelente, dulce, cremoso y ejecutado de maravilla. Carta italiana completa con buenos tragos fríos, cold brew orange refrescante, matcha latte. Opción de leche de almendras. Opción take away (para llevar).

Filtrados: chemex, v60, aeropress, prensa francesa.

Rica y artesanal pastelería y comida casera in situ:

Carrot Cake, de las mejores tortas de zanahoria de la ciudad. Punto.

Avocado Toast: con pan de masa madre, palta, pera, queso azul y nueces (magistral). Obligatorio encapricharse con él.

Tostón alemán: con leber casero potente y rico, rúcula, pepinos y cebolla encurtida, excelente combinación.

Torta Matilda: como la de la película, chocolate y lujuria.

Medialunas, Cheese Cake de frutos rojos, alfajores, frolas, budines, cupcakes, etc.

Combos y brunch. Tostones y sandwiches. Todo a precios accesibles considerando que la calidad de lo casero es muy notoria.

Gaseosas, jugos, limonadas, cervezas completan la carta. Algunas tarde-noches funcionan como punto de mancomunión y refugio de otros duchos baristas de la ciudad. Tragos refrescantes y cerveza completan la velada.

Más alla de la simpleza del lugar, el orden y lo metódico se nos pega; hay tranquilidad en sus dueños, y eso se transmite. Juan Pablo está a cargo del café y la atención sumamente cuidadosa. Uno se sienta y te atienden en la mesa que elijas. Con muchas charlas de café en el medio, se toma el tiempo de explicar, asesorar sobre el café que se sirve y todo lo concerniente a la carta de bebidas y comida, con una pasión que pocos tienen (el tipo de naranja con el que se hace el cold brew orange fue un tema de discusión). Agustina generalmente se encuentra tras bastidores, cocinando y haciendo fluir la magia de sus tortas y salados, abundantes, caseros y sobre todo deliciosas opciones. También venden tartas y tortas para llevar.

Y nos siguen malcriando, te sirven y agasajan de una forma diestra y esmerada, con todos los detalles cuidados, se preocupan de que todo salga bien y en superarse. Nos malcrían. Con humildad y ganas nos hacen más caprichosos que lo de costumbre y eso convierte a Malcriada en un lugar donde siempre queremos volver.

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Malcriada Café

Bonpland 1367 (Palermo)

CABA.

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LA ESQUINA: de la Burger roquera

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¿Bar?

Una ochava entera donde se susurra música deleitable, conocida. Pintada de negro. Adentro, sillas de metal coloridas, colorinche. Etiquetas, pegatinas de todo tipo, que recuerdan que el hardcore estuvo haciendo fuerza en los noventas y que el punk siguió viviendo.

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Lo multifacético del lugar tiene tiempo para plantas que cuelgan como junglas y dan vida a un ambiente rockero de cemento, cervezas y hamburguesas. Pero no es una cervecería ni una hamburguesería, aunque se codee con ello. Si bien en su carta hay una jugosa oferta de burgers carnívoras y veggies con originales toppings, panchos tuneados y papas inundadas de ingredientes, el lugar nos recibe con música alta pero plausible, con estímulos sensoriales que nos retrotraen (a los más jovatos al menos) a las noches de Cemento y Die Schule, al rock y la bebida, a lo oscuro y por qué no, a lo prohibido. ¿Qué hay en esos antros que atrapa a la gente? La Esquina, sin llegar a tener esa opacidad y misterio, cumple completamente con la semejanza, como stopeada en el tiempo, como sumida en formol, con la premisa roquera y lugar de encuentro y relajo (para amigos, parejas, y solitarios y sus remembranzas), de noctambulaje etéreo sin tiempo y ¿de pecado?

Claro que hay pecado con un buen menú de hamburguesas con misteriosos y originales ingredientes (que llaman, que atraen y nos dejan dudando por cuál decidirnos) de estos edificios de carne y acompañamientos gourmet: fontina, provolone, ananá, coleslaw, sirachas, aderezos maleables, todos están invitados.

Y desde que fuimos las primeras veces (el ambiente no cambia, la atención es buena), desde aquellas Cheese Burgers ricas, de buen gramaje y abundantes pesajes, pero con demasiado mostakechup embadurnando el todo, pero dejando denotar un buen producto, hasta las novedosas burgers más contundentes (un medallón alto) que recientemente probamos. La denominada “La Esquina”, con el coleslaw que lo dice todo, acidez, cremosidad, frescor; el fontina de calidad, rico, y más rico, panceta y el crispy de la cebolla que acierta la crocancia, la carne en su punto irrumpe en la boca como una llamarada de sabor. Muy bien casi 10, felicitado (originalísima). Y “La King”, clásica, con lechuga, tomate (rodajones demasiado grandes), panceta, pepino, cheddar, cebolla fresca, mayo y kétchup, cumplidora (emula a un Whopper pero bien hecho, caserito y logrado).

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¿Las papas? Rústicas y de buena faena, acompañan bien sin ser de alto octanaje.

Hay buena birra, ofrecen media pinta (¡¡¡al fin alguien!!!) y con precios acordes. Tragos clásicos de bar de antes (noventas también). Gaseosas y aguas.

Ensaladas por las dudas y lo mejor de todo es el precio: Burger con papas y bebida sin alcohol $250, con birra $300. No abunda esta oferta por algo bien hecho y de calidad. Un bar (porque en definitiva es un bar) que cumple, sin ser su función la de competir con las grandes hamburgueserías, pero juega bien en un ambiente distinto y descontracturado.

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Creemos que hay que darle oportunidades a las cocinas que están fuera de los circuitos clásicos y de moda. Hay otra luz, otros terrenos como La Esquina, rockeros, que remembran no solo las hamburguesas clásicas y las gourmets reversionadas sino también un pasado melancólico, pero orgullosamente actualizado.

 

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La Esquina

Gorriti 5608 (Palermo)

CABA,

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IMPORT COFFEE COMPANY (BELGRANO): vive la experiencia del café

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Hace algunos años (no muchos más de 130), si te encontrabas en el centro de la ciudad y deseabas llegar al “partido” de Belgrano debías atravesar el arroyo Maldonado, cruzando algún puentecito precario, acompañado de los ecos de “la Maldonado”, una bravía española que según cuenta la leyenda arribó junto a Pedro de Mendoza y quién sabe por qué causa, fue abandonada en las márgenes de este río, sobreviviendo a los yaguaretés , a los querandíes y otras incongruencias.  Belgrano conserva aún el extraño privilegio de haber sido la Capital del País, durante un corto período de antiguas grietas que siempre se recrean como el eterno retorno de los estoicos.

Por el norte, esa Antigua Belgrano era recorrida por el arroyo Vega que traía hilos de agua desde lo que hoy es Agronomía con sus ubicuos bañados, y el Arroyo Medrano, cuya pestilencia recorría unos cuantos kilómetros desde La Matanza. Mucho antes de que se convirtiera en el barrio de los caserones de tejas y de los aljibes que eternizara Cátulo Castillo en el famoso tango. Y mucho antes de la llegada del tango, José Hernández vino a vivir al barrio, adquiriendo una casona en la que murió luego de proferir sus últimas palabras: “Buenos Aires, Buenos Aires!” Y en la que posiblemente escribiera su obra magna, el Martín Fierro.

Poco antes de su muerte, el escritor donó parte de sus tierras para favorecer a los humildes productores que no podían acceder a los costosos puestos del antiguo Mercado Modelo, un poco antes de la creación del Mercado de Abasto. Se creó así la Feria Modelo de Belgrano, una precaria toldería de lonas y tinglados que fue creciendo hasta convertirse en lo que conocemos como Mercado de Belgrano, en medio de la plaza Noruega, en la intersección de las calles Ciudad de la Paz y Amenabar.

A partir de 2017, resultado de un esfuerzo entre una cooperativa de comerciantes y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el antiguo mercado se transformó en un espacio gastronómico de varios locales y un patio de comidas, que, pese al remozado, aún conserva el secreto encanto del barrio antiguo, en congruencia con locales de comidas gourmet, de autor, verduras orgánicas, carnes y pescados, vinos y productos de una excelente calidad.

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Como amantes del café de especialidad, nos adentramos en Import Coffee Company, una isla en donde descansar luego de las compras y disfrutar de uno de los mejores cafés de la ciudad. A diferencia de otros locales de la firma, en donde solo sirven el Café Illy (de tueste tipo italiano, fuerte y cenizo, buen café, excelente para bebidas con leche, pero no es de nuestra preferencia en espresso), en este caso se nos permite zambullirnos en el universo de los cafés tostados (con un tostado más adecuado a nuestro gusto) por Preto, que verdaderamente marcan la diferencia. De las muchas veces que fuimos, hemos probado variedades de Uganda (en Chemex y V60 es la gloria), Brasil (rico y equilibrado) y Colombia (buen dulzor, ácido y chocolatoso), en excelentes espressos, de los mejores capuccinos que hemos probado (cremoso, dulce y bien ejecutado) y también filtrados realizados por la mano siempre eficiente de su barista Gabriel (ganador de premios y excelente en su trato y predisposición). Con su humildad enseña, guía y ofrece incansables charlas sobre el maravilloso mundo del café. Barista de verdad y no de mote.

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Las dimensiones del local invitan a rodear la barra, que es la verdadera estrella del lugar. Una brillante máquina “La Marzoco” preside la magia, si bien también se comercializan máquinas de espresso marca “Ascaso” para uso familiar. Si la barra no es tu lugar, hay un par de mesas rodeadas de estantes para tentarte con los diferentes cafés que podés llevar a tu casa, chocolates importados, cookies y algunas delis. Minimalismo con ambiente blanco y luces cálidas con sillas cómodas.

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Si el café te despierta el apetito, no podrían faltar las medialunas, o los rolls de canela, alfajorcitos, cookies, scons, todo de muy buen sabor y frescura. Y si tu espíritu se alimenta de más café y querés adentrarte en las profundidades del conocimiento, se ofrecen talleres durante el año para todos los niveles, clínicas para la preparación de un buen espresso, o de los diferentes tipos de filtrados o de aproximación a las experiencias sensoriales que el café te puede brindar; siempre de la mano de especialistas calificados en el tema. Seriedad garantizada.

Import Coffee de Belgrano es el encuentro obligado, no solo para los vecinos del barrio sino para todos aquellos que disfruten de un paseo por el mercado más glamoroso de Buenos Aires o deseen culminar su rutina gastronómica con el mejor café. Una luz en el camino, un atalaya entre tanto asfalto: vive la experiencia del café.

 

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Import Coffee Company – Mercado de Belgrano

Juramento 2527 (Belgrano)

CABA.

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SWEET PEPPER COMPANY: donde la hamburguesa ruge

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A 32 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentra la ciudad de Tigre, donde toda la vida sucede en torno al Delta del Río Paraná.

Se cree que su popular nombre fue acogido dada la temible presencia del yaguareté o tigre americano a lo largo de sus islas en épocas de la conquista.

Tierras antaño de pueblos querandíes y guaraníes, comarca de contrabandistas portugueses en el siglo XVII, pasa luego a ser llamado “Pago de las Conchas”, tomando este nombre del río local (ahora Reconquista) desde el siglo XVIII hasta 1920, cuando el arroyito Tigre abrió sus fauces con una sudestada que enterró el pueblo viejo y desde allí recibe la denominación de “Tigre”.

En 1916, el tren eléctrico llegó por estos lares, fomentando así el aumento del comercio y más tarde, los soplos turísticos.

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El nombre “Puerto de Frutos (sitio obligado en la recorrida turística) proviene del hecho que otrora desembarcaban en la zona, todas las producciones frutales de las islas del Delta.

La remería y la navegación son moneda corriente en esta región. Pintorescos viajes en catamarán develan los recovecos naturales e históricos de la felina ciudad y los articulados brazos del río marrón.

Artesanías, muebles, mimbres, inciensos, comidas, sol en la ribera y mucha gente componen el paisaje del Tigre costero, que en esta visita nos ensartó sus garras afiladas de rayos asfixiantes dado el día terriblemente caluroso.

Hay un Museo de Arte y uno del Mate tan argento, pero también hay hamburguesas que merecen estar en un museo aunque no pasen de moda:

Sweet Pepper Company es un food truck que abrió su suerte en el año 2013. Su lugar geográfico (casi inserto en el “Puerto de Frutos” y a orillas del río, con sus mesas y sombrillas admirando los barcos) le da una posición estratégica inigualable, convirtiéndolo (no solo por eso) casi, en la exclusiva opción para probar hamburguesas de calidad en el Tigre.

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Cuentan con un menú tipo americano de burgers, sandwiches, aros de cebolla y papas bastante clásico.

Algunas de sus burgers son: la Cheese Burger, la Double Bacon Cheese Burger, la Sweet Pepperoni con mozzarella rebozada, la OMG con 4 pattys y multitud de queso, pero también hay pulled pork, sándwiches, etc., todo a precios razonables. La Canasta para Dos trae papas fritas que acompañan muy bien, crocantes y más que decentes, aros de cebolla, una Cheeseburger y una Burger del menú a elección. Y esto mismo fue lo que pedimos para tener un claro panorama. Todas las hamburguesas vienen en dos pattys finitos, a excepción de una (la OMG).

Para la sed gaseosas y aguas.

Pese al gran calor, al probar la combinación carne-queso (Cheese Burger), nos olvidamos de los 36 grados y nos enfocamos en las papilas degustando un conjunto enriquecedor. Todo suma, queso cheddar de calidad; la carne de excelente gramaje y sabor, saladita y con pimienta estaba en un gran punto de cocción. El pan tipo brioche de primera contuvo hasta el final de la función. La Doble Bacon llevaba una buena panceta gruesa y de buena ejecución, al queso cheddar se le sumaba un cremoso Dambo, picoso, que le daba carácter al todo, y unas cebollas caramelizadas bien logradas que no invadían.

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Gran carne, con mucho sabor, un tanto parrillero con la caramelización superficial justa y sabrosa. No se puede describir más que lo que las fotos dicen, y dicen que para nosotros las burgers de Sweet Pepper juegan en las grandes ligas y ni se despeinan por las hamburgueserías porteñas, y también dicen que hay una Burger OMG de casi un kilo con 4 pattys y mucho pero mucho queso que espera por hambrientos en busca de proezas, otra gran excusa para visitar este gran y sorprendente food truck que ruge buena gastronomía.

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Sweet Pepper – American Grill

Los Mimbres 1220 (Tigre)

Buenos Aires.

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LARDO & ROSEMARY: un mundo de sensaciones

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Quizás un nombre de cuento de fantasía o un nombre lúdico y ficticio, Lardo & Rosemary es mucho más que un mote, pero si tenemos que definir el por qué del nombre para un gastropub (y vamos a llamarlo así por connotaciones que serán explicadas mas luego) diremos que su dueños se inspiraron en un plato de un bar londinense en el que predomina la grasa y enchastre del cerdo con la finura y delicadeza aromática del romero como hierba para especiar un plato, convirtiendo este mismo y al concepto de nuestro gastropub en cuestión, en un caos equilibrado, gastronómico, culinario, ambiental y mucho más allá; a modo del yin y el yan de la cocina y de todo lo que aporta y conlleva crear un ámbito de servicio culinario.

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En La Lucila se abren las puertas de este gastropub moderno, y lo llamamos así porque no tienen mucho de restaurante y tampoco es plenamente un pub. Con un menú acotados de 14 platos y una carta pequeña de vinos, cervezas y gaseosas, hibridizando en las formas de un bistró más que descontracturado (la música de jazz proporciona estruendo en los altos techos y hace que nuestros pies sigan los vaivenes del ritmo) y un pub sin las modas cocteleras ni los lúgubres hilos de luces inundando el ambiente; solo queda llamar gastropub a estos locales con carta acotada pero bien pensada, con un minimalismo que luego se despliega en múltiples variables de sensaciones visuales y sensoriales ante la presentación fina de cada uno de los platos entre las oscilación de un tiempo sumamente relajado y no tan estricto como el de un bar formal.

 

 

Y lo no tan formal da paso a las formas, a los platos que tienen mononombres indicando su ingrediente principal, y cuando los sirven en los umbrales de su larga mesa comunal que habla de maderas y cemento, abanican su delicadeza de armado y suculencia delante de nuestras miradas.

 

 

El lugar es simple, una barra con 9 banquetas altas, y una larga mesa desaliñada y certera con 18 banquitos siguiendo la línea. Una barra trasera donde se pide el desafío de elegir casi todo lo que plantea el lugar. Más allá la cocina abierta y seductora. En la vereda algunas mesas altas típicas cerveceriles. Grafitis lejanos, dibujos. Ladrillos pintados por la palidez de un blanco sin tantas ganas de cubrir. Luces acotadas, modernas y sencillas. Estilo propio y aplaudible.

El menú es escueto con un puñado de entrantes y otro tanto de principales con un postre original, todos oscilado entre los 150 y 300$.

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Empanadas de pollo y choclo con reducción de cítricos y ralladura de lima que simpatizan con la boca entre lo agrio y lo ácido enfundando un nuevo sabor simplemente delicioso.

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Los baos negros rellenos de una tapa de asado desmechada por largas horas de cocción con un dulzor agradable, remolacha efectiva y la suavidad y redondez de un sabor final magistral.

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Arepas (reina pepeada) suaves rellenas con la cremosidad de pollo y la palta más un matiz de cilantro no invasivo. De las mejores que hemos comido.

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Su única Burger de vacío y picaña lo dice todo, personalidad y sabor, identidad en el queso ahumado, pepinos amigables y un gran alioli. Excelente gramaje y sabor, buen punto de cocción. Las papas con hierbas merecen ser probadas.

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El plato de acelga y morcilla (morcelga) combina muy bien, los sabores fuertes, terreos y dulces con la suave cremosidad de la espuma de queso que amalgama impetuosamente todo. Se sirve sobre un taco de centeno y acompañado por algunas setas.

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Como postre ofrecen unos churros originalmente cremosos atrapados por una salsa tofi que realmente es un poema.

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Todo se completa con una breve pero bien elegida carta de vinos acorde para maridar con cualquiera de sus delicias gourmet, algunos tragos de fonda y tres cervezas tiradas de primera: la APA rojiza frutada y suave es de lo mejor que se puede encontrar por el rubro.

 

 

Después de lo dicho, no podemos agregar más que decir que Lardo & Rosemary se ha convertido en uno de nuestros clásicos y favoritos, en un ejemplo de gente joven con un emprendimiento gastronómico serio y moderno. El ambiente es amigable y disfrutable. Tapas, platos inteligentes, fusiones de sabores que desorientan y alegran cualquier papila. Todos los productos son soberbios y magistralmente presentados y pensados, y logran, en definitiva, una experiencia culinaria con un mundo de sensaciones.

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Lardo & Rosemary

Av. Del Libertador 3810, La Lucila

Vicente López, Buenos Aires.

bar, café, cervecería, comida internacional, hamburguesas, Uncategorized

ALOHA Beer & Food: la oportunidad de barrio

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Luego de comentarios errados, de populismos indiscriminados, de influencers veletoides, de eventos fallidos, de lejanas cercanías y muchas vicisitudes que pudimos dejar de lado, visitamos Aloha, quizás en un contexto más social, pero al fin y al cabo logramos apreciar de lleno el producto que ofrecen.

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En pleno Parque Patricios y en una esquina antigua yace este bar (bodegón, cafetín y un largo etc.) devenido a restó con sugerente preponderancia en el armado de hamburguesas. El lugar no es muy grande, una barra ocupa un gran territorio y detrás, la geografía de una cocina amplia que deja vislumbrar un trabajo un tanto caótico, pero no por eso malo. El resto: mesas y sillas de madera bien de bar en un entorno con pinturas advenedizas, sartenes colgando de techos y una divertida rusticidad (con indicios de pulpería de las de antes, pero antes que antes…).

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La atención es muy buena, se destaca por sobre muchos similares de su rubro. Esmerada, eficaz y amable.

Ofrecen una carta amplia con variedad de platos: sándwiches, rolls, ensaladas, también hay lugar para la cafetería y cosillas de panadería; cervezas, aguas, gaseosas y por supuesto las tan afamadas hamburguesas.

Pedimos la Cheese Bacon Burger y la Le France acompañadas con un fuentón de papas fritas al verdeo y queso. Estas últimas buenas y cremosas, acompañando muy bien al plato principal.

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La Cheese Bacon tiene unos abundantes 240 g de blend de carne distribuidos en dos pattys, los cuales ostentaban un punto ideal, un gramaje de manual, nada de amasado y un gusto que pocos logran; en pocas palabras, una excelente ejecución. El queso era de buena calidad y sabroso, el bacon quizás, fue el punto flojo, con una cocción poco óptima, mientras que el pan acompañaba muy bien, aún sin ser maravilloso. La de estilo francés, sin embargo, con la misma calidad de carne, y el mismo buen pan, si bien es un global correcto, el tomate seco invadiendo un poco el todo, hacía que se perdiera el sabor del queso brie y sumado a esto, escaseaba la cebolla caramelizada. Igualmente aprobaba notoriamente.

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Según fuimos viendo la evolución por dichos propios, ajenos y por historial, aquí se nota un trabajo minucioso para superarse y definitivamente lo han logrado. Les juega en contra una zona despojada y un tanto lejana, pero creemos que si siguen en progreso esto no sería impedimento para que la gente se acerque a probar la caterva de opciones que se presentan como muy tentadoras. Es un lugar atípico por su ambiente más familiar de bodegón que el de las clásicas industrialoides instalaciones que en el afán de correr tras la moda, nos tienen acostumbrados.

Recomendamos darle una oportunidad.