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CAMINO MOTOR COFFEE: restaurante motoquero o el abrumador instante de recuerdos motorizados

Un buen menú, sencillo, pero bien pensado, un camino. Y el camino nos lleva a San Isidro, a la ribera del Río de la Plata, donde por la calle Primera Junta, un pequeño polo gastronómico se eleva como un faro apuntando hacia la costa (ese mismo faro en el que hoy funciona una heladería).

En un hangar enorme, plagado de curiosidades modernas y antiguas, motos y más motos, chucherías y mecanismos, rodados y juegos de azar del antaño querido, escaparates, luces que ambientan un aroma a pasado y presente fierrero, se impone Camino Motor Coffee, con un rastro de taller de motos de las buenas.

Allí hay lugar para una barra suculenta con tragos inspirados en la nocturnidad misma, una cafetera Saeco semiprofesional que asoma detrás de su propia barra como promesa de buen café (aunque no lo probamos). Estanterías y vitrinas con cascos, curiosidades, juguetes, gorras, recorren el gran salón de techado abrumador culminado por chapas arqueadas dando la sensación de estar en un gran taller donde se oculta alguna nave alienígena o las mismas vicisitudes del tiempo. La turba de mesas, sillas y sillones cómodos salpicadas por todo el ambiente es interrumpida por motos de exposición y demás objetos legendarios y alguna que otra chatarra pintoresca. Hay un primer piso con más novedades y un salón aparte, con juegos como el sapo, flipper, tejo y metegol para recordar otras épocas. De noche, con las luces en su esplendor debe ser una sinfonía de estímulos sensoriales, que nuestra hora de visita no nos dejó apreciar. En esta época un lugar así de ecléctico es poco menos que cautivador.

La comida es bien sencilla, wraps, una docena de platos principales elaborados, bastantes hamburguesas, ensaladas, finger food en general, cervezas tiradas, gaseosas, tragos y aguas. Las burgers son motoqueras y esto se observa desde su presentación con un pan cuadrado y casi de otro tipo de plato (inferimos que no usan siempre el mismo, y además nos contaron que la noche anterior quedaron detonados por tanta cantidad de gente y no tenían algunos ingredientes, bien por avisar). El medallón es decente no muy amasado, de buen sabor, con toppings bien pensados (simple con cheddar, huevo y cebolla y otra con brie, rúcula, originales papas pay de buen sabor), y con un pan que no resistió del todo la humedad global (un punto a mejorar). En definitiva, una buena Burger que podríamos categorizar como de paso o motoquera (una parada obligatoria para los fans de las dos ruedas).

También nos deleitamos con sus quesadillas de pollo acompañadas con verdes y guacamole, de buena masa y exquisito relleno. Una ensalada completísima estilo italiano cumplido muestra buena experiencia gastronómica general.

La cocina tiene sus platos fijos, pero van agregando o sacando platos especiales y bastante sofisticados por períodos y los findes hacen algunas delicias al horno como pizzas a la leña ya que recientemente armaron un hermoso horno de barro y ladrillo que emerge como un domo (un Sauron que nos mira con su ojo) en la parte posterior del salón.

No nos queda más que decir que fue una grata experiencia, en un lugar que se asemeja a un museo con retazos de circo, salón de antigüedades y cruza con taller mecánico, pero es ni más ni menos que un restopub que no los va a dejar de asombrar cuando entren y se pierdan en cada instante de recuerdos motorizados.

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Camino Motor Coffee

Primera Junta 1118 (San Isidro)

Buenos Aires.

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WUNDERBAR: el arte de la hamburguesa

Un año no es nada, aunque a veces lo es todo.

Las evoluciones pueden ser fatídicas o pueden corregir, mejorar o lograr la trascendencia de algo.

Los bonsai son literalmente árboles en macetas. Pero no cualquier árbol que se precie puede colocarse en cualquier maceta que le sobre a alguna abuela. El arte del bonsai debe dejar plasmado, en el árbol en cuestión, vejez verdadera o la sensación de ella, la armonía o equilibrio visual en donde las proporciones juegan un papel preponderante, ya que se intenta aquí de emular hasta el más mínimo detalle en una talla o escala sumamente menor. Si visualmente parece un árbol grande se ha logrado el objetivo, más allá de toda una filosofía que conlleva en sí mismo este arte y llegar a dominar el cultivo de la planta, a nivel estético la armonía de proporciones es vital.

Se preguntarán qué tienen que ver los bonsai con las comidas, o precisamente con las hamburguesas, y se preguntan bien, pero hay ciertas similitudes, ya que estamos en presencia de nuevos aportes como por ejemplo burgers sliders (tamaño pequeño o mini) o para nosotros, hamburguesas bonsai.

No hay muchos que se animen a reducir el tamaño de sus clásicos pattys tradicionales, algunos lo intentan para algún evento o en aquellas ocasiones especiales en donde las prisas y la cantidad de comensales obligan a buscar la vuelta.

En el cumpleaños numero 1 de Wunderbar se presentó esta opción de “burgers bonsai” con los clásicos más vendidos de la casa en versión slider, con una presentación muy coqueta y novedosa.

Las adaptaciones mini incluían a la Wunderbar (doble carne, cebolla, panceta, cheddar, salsa WB que es un lujo), la Django (doble carne, cebolla crocante, cheddar, pepinos, salsa ranchera: salvaje) y la KillBill (triple carne, cheddar, cebolla, panceta, pepinos, salsa WB: intensa). Realmente nos sorprendieron, de lo mejor que probamos en mucho tiempo, no solo por sabor exquisito sino por el logro de la proporción entre todos los ingredientes y el desafío de que un medallón mucho más pequeño no llegue a secarse durante la cocción. Lejano a eso, los pattys estaban en su punto perfecto, jugosos con un sorprendente gusto, con su superficie perfectamente caramelizada. Los quesos, de primera linea y los demás toppings, salsas, cebollas y bacon en perfecta armonía visual y gustativa. Un logro épico, ¿exagerados?, tal vez, pero no hemos probado algo igual ni conocemos propuestas similares salvo una (aún pendiente; el concepto no fue inventado en estas tierras). Esperamos que queden permanentemente en el menú, ya que además es una buena forma de degustación general y carta de presentación de un lugar dedicado a la gastronomía. La gente busca novedades en sus papilas ávidas de algo nuevo y saturada de replicas o copias genéricas.

Aplausos para Wunder que siempre tienen inquietudes de sensaciones y gustos. Desde las primeras veces en que conocimos este bar devenido a especialistas en burgers, con entrantes delicados de carnes mechadas o brusquetas de masas aireadas con detalles exquisitamente efímeros, hasta las grandes hamburguesas de carnes de gramajes increíbles, gustosas y de salsas delicadas y notorias, supimos que esta gente entiende de gastronomía y por qué lado hay que ir (pocos logran querer superarse sin dormirse en sus lauros).

Hay que destacar sus aliolis y sus salsas de calidad extrema.

Todas sus burgers parten del mismo desarrollo de buenos medallones finos, con una gran cocción y que en boca explota de sabor a carne y se desgrana de forma certera.

Hemos probado la Cheeseburger (doble con cheddar: en la simpleza donde se ven los pingos, de las mejores del mercado), la Wunderbar, la Django y la KillBill, Hamburguesa Aniversario (cebolla caramelizada y panceta, cheddar y alioli ahumado) y nunca nos han defraudado, quizás, como detalle, la Tradicional una vez, y debido a la humedad aportada por la rodaja de tomate, desarmaba el pan original, que ahora es distinto.

Un pan sobrio, tipo brioche delicado y de buen sabor que no desentona ante la casi perfección de la carne, sino que acompaña y agasaja la fiesta que la boca recibe.

Hay abundancia de cervezas tiradas de buena calidad, vinos y, como todo bar de categoría, tragos refinados. Probamos Campari con naranja y Cynar con pomelo de excelente factura a pesar de su sencillez. La carta es bastante completa, con ensaladas excelentes y algunas cosas para picar, pero fue direccionándose fuertemente hacia un plantel de burgers que amerita degustación completa.

El lugar nos abraza como casona antigua de reciclado hábil y moderno, con mesas en la calle y en su lindo patio interno. Ambientes disfuncionales y orgánicos en su interior oscuro pero de luces atinadas, con barras para los apoya codos que completan este bendito cuadro de bar ecléctico y bullicioso, en el que algunas veces se puede sufrir calor pero soportable.

Con un perfil más bajo, con humildad y trabajo, luego de un año de labor y evolución, Wunderbar (para nosotros una de las revelaciones del 2018) se perfila como una de las potencias a nivel hamburguesero de Bs. As., sin dudar a la misma altura de varios gigantes que deberían pedir consejo de como cultivar un bonsai (también humildad, investigación y trabajo) para que no se le desforeste el bosque (y trascender).

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Wunderbar // Av. Cramer 2830 // CABA.

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LA ESQUINA: de la Burger roquera

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¿Bar?

Una ochava entera donde se susurra música deleitable, conocida. Pintada de negro. Adentro, sillas de metal coloridas, colorinche. Etiquetas, pegatinas de todo tipo, que recuerdan que el hardcore estuvo haciendo fuerza en los noventas y que el punk siguió viviendo.

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Lo multifacético del lugar tiene tiempo para plantas que cuelgan como junglas y dan vida a un ambiente rockero de cemento, cervezas y hamburguesas. Pero no es una cervecería ni una hamburguesería, aunque se codee con ello. Si bien en su carta hay una jugosa oferta de burgers carnívoras y veggies con originales toppings, panchos tuneados y papas inundadas de ingredientes, el lugar nos recibe con música alta pero plausible, con estímulos sensoriales que nos retrotraen (a los más jovatos al menos) a las noches de Cemento y Die Schule, al rock y la bebida, a lo oscuro y por qué no, a lo prohibido. ¿Qué hay en esos antros que atrapa a la gente? La Esquina, sin llegar a tener esa opacidad y misterio, cumple completamente con la semejanza, como stopeada en el tiempo, como sumida en formol, con la premisa roquera y lugar de encuentro y relajo (para amigos, parejas, y solitarios y sus remembranzas), de noctambulaje etéreo sin tiempo y ¿de pecado?

Claro que hay pecado con un buen menú de hamburguesas con misteriosos y originales ingredientes (que llaman, que atraen y nos dejan dudando por cuál decidirnos) de estos edificios de carne y acompañamientos gourmet: fontina, provolone, ananá, coleslaw, sirachas, aderezos maleables, todos están invitados.

Y desde que fuimos las primeras veces (el ambiente no cambia, la atención es buena), desde aquellas Cheese Burgers ricas, de buen gramaje y abundantes pesajes, pero con demasiado mostakechup embadurnando el todo, pero dejando denotar un buen producto, hasta las novedosas burgers más contundentes (un medallón alto) que recientemente probamos. La denominada “La Esquina”, con el coleslaw que lo dice todo, acidez, cremosidad, frescor; el fontina de calidad, rico, y más rico, panceta y el crispy de la cebolla que acierta la crocancia, la carne en su punto irrumpe en la boca como una llamarada de sabor. Muy bien casi 10, felicitado (originalísima). Y “La King”, clásica, con lechuga, tomate (rodajones demasiado grandes), panceta, pepino, cheddar, cebolla fresca, mayo y kétchup, cumplidora (emula a un Whopper pero bien hecho, caserito y logrado).

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¿Las papas? Rústicas y de buena faena, acompañan bien sin ser de alto octanaje.

Hay buena birra, ofrecen media pinta (¡¡¡al fin alguien!!!) y con precios acordes. Tragos clásicos de bar de antes (noventas también). Gaseosas y aguas.

Ensaladas por las dudas y lo mejor de todo es el precio: Burger con papas y bebida sin alcohol $250, con birra $300. No abunda esta oferta por algo bien hecho y de calidad. Un bar (porque en definitiva es un bar) que cumple, sin ser su función la de competir con las grandes hamburgueserías, pero juega bien en un ambiente distinto y descontracturado.

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Creemos que hay que darle oportunidades a las cocinas que están fuera de los circuitos clásicos y de moda. Hay otra luz, otros terrenos como La Esquina, rockeros, que remembran no solo las hamburguesas clásicas y las gourmets reversionadas sino también un pasado melancólico, pero orgullosamente actualizado.

 

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La Esquina

Gorriti 5608 (Palermo)

CABA,

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KLUB POLACO: el finger food de Europa del este

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En la tierra del asado aprendimos, ya hace un tiempo, a comer sushi, hummus, sabemos lo que es un taco, nos deleitamos con los dumplings y muchos centenares de recetas étnicas que con la globalización fueron acercándose a nuestro régimen criollo e inclusive ampliándolo. Quizás lo más destacado de los países de Europa central y del este es el chucrut y el goulash, los cuales son compartidos por varias naciones de esa geografía. Pero ¿sabemos qué es un placki, una zapiekanka o los pierogi? Estas comidas son recetas tradicionales de Polonia y se pueden degustar en el Klub Polaco de Palermo, un patio cervecero casi oculto engarzado entre un centro comunitario y el propio club rojiblanco.

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La entrada es un gran pasillo anexado al edificio de la Unión de los Polacos de La República Argentina, y al fondo se abre, a modo de abanico, un patio rodeado de plantas estratégicamente dispuestas y en su centro un árbol de mandarinas regocija el lugar. Aquí se depositan sillas y mesas altas bien cerveceras, mesas ratonas apuntaladas por barriles a modos de sillas, guirnaldas de luces, mesones, más sillas, aire libre y mucha onda. En la galería interna que circunda al patio se encuentra una amplia barra por donde se solicitan y entregan los pedidos. Hay múltiples espacios con sillones, mesas bajas, altas, silla a la barra, luces acogedoras y bien situadas, una decoración de paredes rojas y murales, afiches musicales, y muchos guiños a la vieja época comunista de Europa del este. La música es muy interesante, indie, rock, etc., recorre el aire al igual que la tranquilidad del lugar bien adentro y alejado del barullo palermitano.

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La carta fluctúa entre cervezas tiradas, porrones y latas de múltiples países, tragos de autor, gaseosas y aguas (nos quedamos con ganas de la sidra tirada). En cuanto a la comida el menú se acentúa en tres grandes aspectos, las Zapiekankas (mitades de baguettes que surgieron en los 70s con la crisis de la viaja URSS y siendo un plato económico con pan untado con manteca que se le encimaban champiñones, quesos, todo al horno y luego se salpicaba con kétchup, pudiéndose encontrar luego muchas variantes), plato casi nacional y distintivo de la vieja Polonia y muy tradicional actualmente por su estilo de comida al paso compartiendo el mismo segmento quizás que los sándwiches y las pizzas. Pedimos el Krakow que sale con tomate, salchicha polaca, pepino encurtido y chucrut. Rica, quizás un tanto escasa de ingredientes, con una gran baguette suave y sabrosa. La Hell Chicken, con pollo saltado, salsa picante, muzzarella y verdeo, era monumental. Y la Clásica con champiñones saltados, parmesano y perejil logró que termináramos siendo fanáticos de estos platos. El pan es excelente y de calidad.

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Pedimos también unos Pierogi: una clase de empanadas hervidas rellenas con chucrut, papa y carne, servidas con salchichas saltadas. Interesantes, pero hay que acostumbrarse al sabor avinagrado y ácido típico de esas latitudes.

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Tienen bastante variedad de hamburguesas, clásica con lechuga y tomates, estilo americano, estilo francés, y varias más (todas de 170g y acompañadas con papas fritas), pero pedimos la Poslki con 60 % carne y 40 % cerdo. El medallón venía con queso Holanda, chucrut y pepinos, con un pan decente (pero podría mejorar) daban una combinación que nos sorprendió; el gramaje era correcto, poco amasado, buen punto y verdaderamente delicioso (con ese acento del cerdo) e interactuaba muy bien con los sabores encurtidos que contenía (otra vez un gusto al que el argentino medio no está acostumbrado). Muy recomendable y seguramente iremos a probar las otras que pese a ser una cervecería se abren paso con buenos productos y un tanto exóticos.

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La única contra fueron las papas fritas, tanto las que venían con la Burger como las que pedimos con queso cheddar-verdeo-panceta, parecían sobre cocidas, un tanto secas, verdaderamente flojas. Pero seguro pueden mejorarlas.

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También hay otros platillos finger food como los nugget de pollo, bastones de queso, bagel dogs y su tradicionales Placki de papa (croquetas de papa fritas) que quedaran para una próxima ansiada visita.

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En definitiva, un lugar que nos sorprendió mucho, por su tranquilidad, por su decoración, por su patio casi único y apacible, por la buena atención, los precios razonables y por un menú escueto pero muy propio. Si buscan lugares distintos, propuestas diferentes a las hamburguesas, tacos y ahumados (que tanto sobran) prueben en el Klub Polaco donde tendrán nuevos aires y podrán probar la tradición y un poco de la añoranza de la vieja Polonia en pleno siglo XXI.

 

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KlubPolaco

Jorge Luis Borges 2076 (Palermo)

CABA.

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PADRE COFFEE ROASTERS & BEERS: la familia del café

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Es indiscutible que uno de los atractivos del barrio de Palermo lo constituye su historia. Mediante el auge de la gentrificación (puesta en valor de recursos edilicios históricos) objetivable en los últimos años, modernos emprendimientos gastronómicos se asientan sobre los amables fantasmas de un pasado que Buenos Aires se resiste a perder.

 El viejo edificio de la esquina de Soler y Jorge Luis Borges (antigua calle Serrano), data de1881 y fue el asiento de un frigorífico llamado “Antonito” que según cuenta la leyenda, abastecía con sus carnes a los viejos “Carritos” de la Costanera. Con el tiempo, el hijo de su dueño lo transformó en una gran verdulería que permaneció en la famosa esquina hasta no hace demasiado tiempo.

 La historia entrecruza personajes en su obstinado devenir y aunque los personajes cambian de nombre, los escenarios permanecen como testigos del paso del tiempo. En este caso también un padre emprendedor, comercializando café durante décadas y abasteciendo a los mejores bares de su época queda en manos de un hijo, que emprende el camino de mejorar y fortalecer lo que ha recibido. Café Rocamora es una marca tradicional en el ámbito gastrónomico. Ha comercializado buenos cafés de Brasil, Colombia y últimamente se han esforzado en conseguir buenos cafés de especialidad que se tuestan y se sirven en la vieja esquina de Soler y Serrano.

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El nombre “Padre” resulta entonces un multívoco homenaje de un hijo a su padre en lo individual y una forma de recuerdo del viejo Antonio y de su hijo quienes con sus carnes y verduras lograron que la esquina tuviera una identidad en el barrio.

 Padre Coffee Roasters & Beer es muchas cosas al mismo tiempo: una esquina emblemática cuya fachada ha cambiado muy poco, un tostadero que recibe a los clientes con los aromas del tueste, una cafetería de especialidad con los más variados estilos de extracción y preparación del café y sus bebidas derivadas, un petit restaurant con una carta armónica y variada, una cervecería artesanal repleta de variedades de la áurea bebida, un museo porteño en donde se muestran viejas máquinas de café y hasta los restos de la antigua enfriadora de amoníaco en una de sus paredes. Todo en armonía gracias a la cuidada ambientación.

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 Si buscas mesas altas, o bajas, o sillones cómodos, o música adecuada no invasiva, y sobretodo buena atención y excelentes productos, no vas a salir defraudado. Para los que consideramos que el café es lo más importante, seremos ampliamente seducidos por el detalle de los posavasos de cartón rígido en donde se especifica el origen del café que se está sirviendo, sus característica y altura de donde proviene (ese solo hecho los convierte en diferentes del resto de las cafeterías de especialidad). Es la política de patyando.com nunca hacer una reseña de “primera vez” y en este caso fueron más de 3 las oportunidades. En espresso, hemos probado un Colombia Caturra de 1700 m de altura, beneficio lavado y tostado medio, que resalta las notas frescas cítricas, en un cuerpo no muy pesado y con un regusto bastante interesante de chocolate y vainilla. Hubo algún filtrado en prensa francesa que también constituyó una excelente experiencia.

La carta cafetera incluye todas las variantes tradicionales en cafés calientes y en bebidas frías a base de café, sumadas a otras opciones no tan tradicionales en las que la cerveza también está presente.

En cuanto a las variantes de comidas, van desde abundantes brunchs, picadas con onda, sandwiches gourmets, ensaladas variadas y frescas y hamburguesas originales. Nos tentamos con una ensalada de pollo, lechuga, tomates Cherry, hebras de queso parmesano y un alioli preparado ad hoc (muy delicioso pero exiguo). Probamos también la Monkey burger, con un medallón de carne (de tipo industrial pero no malo, si fuera casero sería un golazo), cheddar, queso de cabra, portobelos asados y un pan especial transigiendo entre un pan de campo y un pan típico de hamburguesa. Muy recomendable a pesar de no ser especialistas. El queso de cabra le da una vuelta de tuerca más que interesante a las ya repetibles burgers estilo francés. Las papas de estilo souffle son excelentes.

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 La barra de cervezas es un mundo aparte, con múltiples canillas y una amplia variedad de opciones que dejamos para que las reseñen los especialistas en la materia.

En cuanto a los precios, no difieren muchos con otros establecimientos similares en la zona, lo cual es muy ventajoso a la hora de considerar la resultante precio/calidad. En definitiva, Padre Coffee Roasters & Beers es una primera opción a la hora de programar una salida entre amigos o con la familia; un exponente preciso de lo que debería ser un emprendimiento de Palermo, en donde la historia y la comodidad se dan la mano para ofrecernos un buen servicio.

 

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Padre Coffee Roasters & Beers

Jorge Luis Borges 2008 (Palermo)

CABA.

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FU-KING BAR: el maravilloso oriente de neón 賦

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“La palabra FU se define como un sinograma o carácter han (chino tradicional: 漢字, chino simplificado: 汉字, pinyin: hànzì) y es un logograma originario de China. Los sinogramas eran utilizados antiguamente por las naciones de Asia del Este para escribir textos en chino clásico, y posteriormente lo han sido en la escritura china y la japonesa, así como en la coreana, en la vietnamita y en otros idiomas.”

 

Una esquina que huele bien, con luces que encandilan el cielo de neones bien brillantes, muestra una fachada típica de algún barrio taiwanés, chino o por qué no, japonés. Las culturas asiáticas tradicionales tienden a lo despojado pero cómodo, a las filosofías y a los significados de las cosas con las que se comprometen. Los neones, abrazan, llaman la atención de cualquiera que roce la mirada con esta esquina. Una cantina asiática con todas las letras y con pocos asiáticos.

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Una vez adentro, uno se sumerge aún más en aguas coreanas, cantonesas o las fusiones logradas de oriente, entre lo tradicional y lo modernamente culinario. Las olas de información pasan por las retinas, barra de tragos descontracturada, la cocina con parrillas humeantes que no paran de sacar platillos sinuosos y foráneos para el argentino medio, tachos grandes que emulan mesas, barras altas y sillas cerveceras estratégicamente dispuestas. No hay mucho confort; eso se deja más para lo auditivo, lo brutalmente visual, el olfato (los aromas arrullan el aire): la gama de sentidos interactúa con la sorpresa y nos dejan más que gratificados con un todo donde las sillas altas pasan a un segundo plano.

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Madera, ladrillos, enrejados por donde cunden enredaderas, empapelados nipones y la galería de neones (el ámbito es rojo y verde) atraviesan nuestras mentes, así como también todos los detalles orientales (lámparas chinas, adornos) que a modo de juguetes nos depositan inmediatamente en una dimensión asiática distinta. La música (con dj en vivo) aporta entorno disco-glam, barullo y sofisticación. Ambiente e identidad no faltan en este restobar. A la gente se la ve alegre y con disfrute, y no es un detalle menor.

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Se ofrecen tragos de autor, aguas, gaseosas y variedad de cervezas (hasta asiáticas). De postre: créme brulée (como caída del espacio exterior) y helados melona.

Pero claro está que lo que nos comuna en Fu-King Bar es su comida. Salida de una película del sudeste asiático el varieté que ofrecen es interesante, original y muy cuidado. Hay dumpligs (ravioles chinos a la plancha), wantons (ravioles chinos), springrolls (empanadas chinas), yakitoris (pinchos de pollo a la parrilla), ceviches, pokes (mix de carnes, con shari y vegetales), yakimeshi (wok de arroz y vegetales), entre otros platos. Recorriendo así la comida china, coreana, japonesa y hasta vietnamita, pasando por las fusiones nikkei y obviamente con las pequeñas variantes y adaptaciones argentinas, pero respetando bastante lo tradicional.

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Pedimos Dumplings (rellenos de cerdo, nira y verdeo) que sabían al mismo sudor de Dios, con un nivel superior y magistralmente sabrosos (tuvimos que pedir otra vuelta). El jiaozi o dumpling chino común consiste generalmente en carne y verduras picadas finas y envueltas por un trozo fino y elástico de masa. Entre los rellenos populares se cuentan el cerdo picado, la carne picada, el pollo, la gamba e incluso el pescado. También son populares mezclas como cerdo con repollo chino, cerdo con cebollino, cerdo y gamba con verdura, cerdo con cebolleta, cebollino con huevo revuelto, etc. Las mezclas del relleno varían según los gustos personales y la región. El jiaozi suele hervirse o cocerse al vapor. En este caso fueron preparados a la plancha y acompañados de una salsa a base de soja y brotes. En el norte de China, los dumplings se comen con una salsa para mojar hecha con vinagre y aceite o pasta de guindilla, y ocasionalmente con algo de salsa de soja añadido.

El Nira, también llamado cebollino chino o cebollino ajo, se trata de un ingrediente muy utilizado en la gastronomía asiática con un sabor más parecido al ajo que al cebollino. Es una verdura de la familia del cebollino y del ajo, con hojas largas y planas de color verde oscuro, tienen un sabor algo más potente, a mitad entre ajo y cebollino.

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Exquisitos Wantons chinos rellenos de langostinos, verdeo y hakusai (una variante de repollo asiático). Los wontons son otro tipo de dumplings, típicamente cocidos en un caldo o sopa claro y hechos con un relleno cárnico. La cubierta exterior es diferente (más gruesa y menos elástica) a la del dumpling. Aquí los sirven fritos.

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Springrolls (de cerdo y langostinos) imposibles de igualar en el barrio chino, de corte más moderno y fusionado, muy ricos y picosos. Conocidos en América como rollitos primavera, parecido a la lumpia,  son unos  rollos elaborados de una pasta, rellenos de diferentes verduras picadas en juliana y algo de carne picada. El springroll tiene una masa (que hace la función de envoltorio) elaborada con harina de arroz, estilo vietnamita y tailandés, mientras que en China se utiliza sólo harina de trigo. Existen variantes de este plato en casi todas las cocinas asiáticas: Tailandia, Corea, Vietnam, Indonesia y Japón. En Filipinas e Indonesia este plato es conocido como lumpiá (lumpia en indonesio).

 

Yakitoris (pinchos de pollos con salsa teriyaki) de un sabor absoluto, de los mejores que se pueden encontrar en Buenos Aires. El ají picoso estilo tailandés estaba endiablado.

Niku yaki (pinchos de ojo de bife a la parrilla marinados en salsa de soja, mirin y jengibre), tiernos y con el típico picor oriental que tanto nos gusta.

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Como plato principal, nos tentamos con un Yakimeshi (wok de vegetales, huevo y arroz), correcto y bien condimentado. Básicamente un arroz salteado. Su verdadero origen proviene de china. La manera tradicional es cocerlo frito. En la receta original se saltean diversos ingredientes, como arroz estilo japonés hervido y enfriado, omelette (o huevo revuelto), carne y/o vegetales. Nosotros lo pedimos con pollo.

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Ofrecen también como especialidad, y nos quedaron pendientes, los Poke. El auge del pescado crudo, la moda del bol como recipiente estético y la combinación de superalimentos hacen de este plato una interesante apuesta gastronómica como ya lo fueron en su día el sushi, el tartar o el ceviche. Aunque ahora se sirva en un bol condimentado con otros ingredientes inspirados en la comida japonesa y de otros países asiáticos (también está el estilo hawaiano), lo cierto es que el Poke (pronunciado poh-kay) era un pescado crudo marinado que sobraba del día y que se aprovechaba como aperitivo. Aunque suele hacerse con ahi –el ‘ahi poke’, hecho de atún–, las nuevas versiones admiten el pulpo (‘tako poke’), el salmón y otros tipos de sashimi cortados en dados, en ocasiones sobre una base de arroz (Shari). Como ocurre con la comida oriental el corte de la pieza importa, no en vano su nombre quiere decir algo así como ‘cortar transversalmente en trozos’.

Las presentaciones y la estética están muy logradas, cuidando cada detalle, pero de manera relajada en platitos enlosados pintorescos.

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Hay que reservar si se quiere comer a la hora planificada. La atención es esmerada. Las camareras están siempre atentas, brindan orientación y en general los tiempos de espera no son muy grandes. Los precios de los platos promedian los $250, lo cual no parece muy caro en comparación con otros restaurantes, pero hay que tener en cuenta que, para el panzón promedio argentino, no habrá una completa satisfacción antes de los 3 o 4 platos.

Nos quedaron algunas opciones para las próximas visitas, que serán frecuentes en los proximos tiempos.

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Si nosotros empezamos este camino de Patyando con la escusa de conocer experiencias culinarias superiores, y además con el objetivo de recomendar lugares novedosos y de alta calidad, Fu-King cumple con ambas premisas con creces. La experiencia fue sobresaliente, y al lugar le sobra “onda” (el mismo nombre del emprendimiento es un guiño apropiado), lo que hace que al traspasar sus puertas uno deje atrás sus últimos rastros de occidentalidad.

 

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Fu-King Bar

Thames 1402 (Palermo)

CABA.

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COFFEE TOWN (MERCADO DE SAN TELMO): María y su Reunión en San Telmo

 

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Como un domo conformado por vigas, columnas y arcadas en metal y hierro, techos de chapa y vidrios y una cúpula central, el mercado de San Telmo está en pie desde 1897. Conserva toda la fachada y estructura que originalmente diseñó el arquitecto italiano Juan Antonio Buschiazzo. Desde 2002 es un Monumento Histórico Nacional.

Plagado de coloridos puestos de antigüedades, carnicerías, verdulerías gourmet, especias, delicatesen y demás, ya hace algunos años ha incrementado su oferta con la incorporación acertada de puestos de todo tipo de comida: mexicana, libanesa, suiza, entre otros, y también cervecerías, parrillas, comida natural, hamburguesas, cafetines y hasta café de especialidad.

Allí se pueden encontrar productos importados, de difícil adquisición, rarezas, reliquias, y muchos extranjeros con sus flashes iluminando lo moderno y lo pretérito. Se puede pasear y recorrer y sorprenderse por la diversidad de productos y por lo bizarro de algunas ofertas que se exponen a la venta: muñecas de colección con miradas tristes, sifones, cucharas y cucharones, cucús que funcionan, vinilos con polvos de tiempo, etc.

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Pero también las comidas desbordan calidad, gourmet y al paso; un microclima cosmopolita de gastronomías eclécticas. Cafés para todos los gustos y para los nuestros, está Coffeetown. Unos pioneros en granos de especialidad en la Argentina, que forman baristas, tuestan en vivo en uno de sus varios locales del mercado, y tienen granos del mundo entero: Etiopía, Burundi, Tanzania, Perú, Colombia, Brasil, India, Papúa-Nueva Guinea, y muchos más. Uno puede beber un rico café mexicano y al instante tomarse un segundo café de Sumatra, al otro lado del mundo.

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Pero esta vez fuimos por uno de los cafés más prestigiosos, buscados y caros del mundo: el Bourbon Paintu o Laurina (Coffea Arabica varietal Laurina), una variedad exótica del grano arábica, de las más apreciadas y complejas de todos los tiempos. Este café, llamado “María” por la finca que importó el grano verde, es originario de la isla francesa de La Reunión (no es el único café de origen europeo).

isla

A lo largo de la historia, esta isla pasó de mano en mano hasta que Francia reclamó su jurisdicción en 1642. Fue entonces cuando el rey Luis XIII ordenó cambiar el nombre de la isla, entonces ‘Santa Apolonia’, por el de Bourbon, en honor al nombre de su dinastía.

En Java e Indonesia ya abundaban las primeras plantaciones de café y la demanda de este preciado producto era cada vez mayor. Los colonos pronto vieron una oportunidad al inspeccionar sus terrenos y descubrir los grandes atributos que ofrecía aquella tierra para el cultivo del cafeto. Aunque en 1715 se plantaron los primeros arbustos, la producción con fines comerciales no se inició hasta 1771.

Llamado Bourbon en honor al nombre de la isla (esta luego se llamaría definitivamente Reunión) y Pointu por su aspecto alargado y puntiagudo, enseguida se volvió muy apreciado por cortes europeas.

El científico Sieur Leroy descubrió que el café Laurina era en realidad una mutación natural del café arábica importado de Yemen. Por desgracia, la época dorada del Bourbon Pointu se acabó cuando en el siglo XVIII una fuerte plaga acabó con prácticamente todos los cafetales.

Durante más de medio siglo, el Bourbon Pointu dejó de existir. Sin embargo, una iniciativa del Consejo Regional de la Isla reunió fondos en el 2002 para investigar sobre las posibilidades de recuperarlo. Fue así como se inició la colaboración con el CIRAD (Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo) en el proyecto. En 2007 se creó la Coopérative Bourbon Pointu y muy pronto se hizo realidad la comercialización de la primera cosecha efectiva de este valioso café.

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Hoy en día, el Bourbon Pointu, crece en la falda del volcán Pitón Fournaise de La Reunión. Un suelo muy rico que produce un café complejo, bien balanceado y sorprendentemente sutil al paladar. Ha sido clasificado con el tipo Gran Reserva lo que significa que es uno de los mejores cafés del mundo.

El café Bourbon Pointu es cosechado manualmente con un gran cuidado para  seleccionar las cerezas en su punto de madurez óptimo. Generalmente el café es tratado mediante un proceso húmedo específico y luego secado 100% al sol antes de ser tostado de manera artesanal para conseguir que los aromas expresen perfectamente su sabor único. Se trata de un café típico naturalmente muy bajo en cafeína, de cuerpo moderado y de sabor acidulado que revela los aromas de frutas exóticas como el lichi, la naranja, el pomelo o incluso de flores como las orquídeas.

El María en particular (vía la finca Daterra Farm) es sometido a un proceso de semi-maceración carbónica, colocando las cerezas maduras en un tanque de fermentación anaeróbica por 51 horas en un ambiente enriquecido con dióxido de carbono. Luego se seca a sol directo. Creando lo que nosotros consideramos un elixir de café.

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En nariz es un café floral, ciruelo, avinado, altamente complejo. Ya en los aromas nos percatamos que no habíamos probado nada igual. Servido en un gran copón de coñac, esta bebida está hecha para el disfrute, y al agitar la copa los aromas brotan espaciales, impregnates y sutiles. Al probar el primer sorbo la explosión de sabores hace mella en la boca que queda desorientada e inmensamente desbordada. Para tener una idea, en la lengua receptora de todos los sabores, tocó puntos nuevos, como descubriendo otras realidades de gusto que nunca habíamos sentido: uvas, sensación licorosa, frutas dulces, dulce, dulce… luego al enfriar un poco, se advienen los alicorados, como un vino dulce regocijándose en la boca que lo apaña y no lo quiere soltar, para luego darle espacio a un final azucarado y herbal muy agradable. No hay lugar para el amargor, casi sin ningún resto de acidez, aquí solo hay deleite desde principio a fin, alicorado ámbar sabroso, fragrante, floral y frutal, una bebida con brillo, altamente singular e irrepetible. No probamos nada igual y recomendamos adquirir esta experiencia singular antes de que se acaben los pocos granos existentes en el país.

Si bien la copa de María es costosa, no es cara; y no lo es porque el paladar y los sentidos agradecen la experiencia vivida, y esta, realmente fue una de las mejores que hemos vivido en cuanto a cafés se refiere ¡Vale mucho la pena!

Un gran acierto de COFFEETOWN de poder facilitarnos lo remoto, lo exclusivo y lo inmensamente diverso, y por supuesto, esta bebida extraordinaria.

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Coffeetown

Mercado de San Telmo

Bolivar 970 (San telmo)

CABA.

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THE FOOD TRUCK STORE: una de las mejores del barrio

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Un food truck dentro de un restaurant, un galpón bien reciclado, un gran patio, cerveza, paninis preliminares y la apuesta fuerte con hamburguesas de diseño. Eso es The Food Truck Store.

Chapas, ladrillos, caños que circulan a través de las paredes terminando en luces. Todo industrialoide, muy bien armado. Hasta un rústico escenario parece vislumbrarse al fondo y arriba del gran local.

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El food truck arranca en su alargada estructura con la caja y la cocina detrás de un armazón, a modo de truck verdadero. La gran carta choca con los ojos y aparecen las elecciones: paninis, hot dogs, papas fritas varias, cafetería y 11 burgers solas o en combos, más 3 homenajes (hay algunos más que se “deben” ir adivinando en qué día se dispensan, son solo 30 las que se manufacturan).

Frente a la cocina, un apartado-barra para tragos y 5 canillas de cervezas, y más allá, el salón amplio, alto y poblado de mesas de madera y sillas coloridas, mesas más elongadas y junto, a la derecha, un patio al aire libre muy acogedor.

Las luces, irregulares luces que cuelgan, macetas, semáforos, carteles escritos en tiza con leyendas: “La Emily”, “la mejor de Recoleta”, “las papas más ricas” etc. Cartelillos en madera, en chapa, con nombres de calles recoleteras desperdigados por las paredes (negras, oscuridad de medio día), piso de adoquines emulando una calle. Un hermoso caos ordenado.

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En resumen, un lindo lugar con acertada onda cerveceril, relajado, buena música… pero ¿y las hamburguesas tan en auge, tan renombradas desde hace unos 3 meses?

Pedimos 2 de los 3 homenajes que había ese sábado a las 12 hs. La famosa Emily (homónima de la pizzería neoyorquina) y la Smoke (tributo a Shake Shack). La primera venía en un gran tamaño de pan de pretzel (un formato de pan que antes de hornearse se hierve unos instantes en agua con soda cáustica), el cual nos resultó un tanto seco. Los dos pattys vienen con abundante cebolla correctamente caramelizada, un queso perdido en el espacio que abarca todo el montón de la gustosa y picosa salsa Emily (bastante picosa). El conjunto resulta rico, pero nada de panaceas ni descubrimientos “epopéyicos” para el paladar. Algunos dicen que la recreación es bastante acertada y lo aplaudimos, y aunque no es una hamburguesa que pique bien en punta, aprueba totalmente.

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Por otro lado, en el caso de la Smoke sale con pan de papa (un poco más fresco que el anterior) el cual debemos dejar en claro que le da cierta textura, pero la papa no aporta sabor en estos panes (en panes de papa en general), lo encontramos adecuado y soportaba bien al monopatty, el cheedar abundante, la correcta panceta, los morrones asados y la salsa shake que agregaba humedad. Una burger clásica, que, si nos guiamos por el nombre, poco sabor ahumado encontramos; solo una hamburguesa con queso rica y muy bien hecha. Productos buenos, buena textura de carne, excelente punto de cocción.

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Las papas bastante bien, pero algunas se aunaban en un racimo de varias de ellas y a medida que perdían calor se tornaban un tanto duras. Pese a la forma original ondulada, podrían mejorar bastante.

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Con todo, nos pareció un lugar digno para probar hamburguesas; se nota el esfuerzo de superarse en sus recetas, la calidad de materia prima y originalidad en ofrecer paninis y burgers (se la juegan como casi ninguno en los homenajes). Habría que confirmar la premisa de la mejor del barrio pues tiene otros grandes rivales con productos audaces y sabrosos. Un bar temático, canchero, con buena comida (hay que probar otras cosas del menú). Si están por la zona podrían ir a testear a una de las mejores burgers del barrio (¿la mejor?).

 

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The Food Truck Store PANINI

Av. Callao 2092 (Recoleta)

CABA.

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FERIA EXIGÍ BUEN CAFÉ: café para todos los gustos…

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El pasado 27 de agosto se celebró en las instalaciones del prestigioso hotel Four Seassons la 6ta. Edición de la feria de cafés de calidad Exigí Buen Café (una gran organización de @exigibuencafe). La jornada se realizó durante todo el día y contó con stands que ofrecían maquinaria de café, utensilios, café de especialidad de distintos orígenes, etc. También se disputó el 6to. Campeonato EBC de Baristas en cual cada uno de los 8 participantes disponía de 10 minutos para mostrar como preparaban dos espressos, dos capuccinos y una bebida de autor con café. El ganador de esta edición, que fue elegido por prestigiosos jueces sensoriales, fue el barista de Import Coffee Company: @gabbybarista, el cual creó una bebida a base de espresso Guatemala (Illy), vodka, Tía María, leche de coco, almíbar de cítricos y tierra de café.

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También hubo lugar para el 1er. Concurso de Arte Latte donde distintos baristas tenían que lograr en 3 fases de competencia diversas figuras con leche emulsionada sobre el café: rosetas, tulipanes y cisnes. En la fase final, y luego de un desempate, se consagró campeona Ángela Cho de Serendipity haciendo la figura de una rosa láctica.

En el mismo acontecimiento se disputó por primera vez el Torneo de Café y Espirituosas con Café (coctelería) el cual fue juzgado por reconocidos jueces que eligieron como el mejor a @yefry_the_bartender

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Participaron esta vez los siguientes stands:

Puerto Blest, con una práctica sensorial comparando un café de beneficio lavado de Colombia contra un café de beneficio natural de Nicaragua, muy ricos ambos, con acidez marcada el primero y con aroma y sabor aceitunado el segundo. Grandes diferencias y una buena forma de aprender sobre las características sensoriales que otorgan los distintos beneficios (formas de procesar la cereza de café). También ofrecían café filtrado en chemex.

La Tienda del Barista, mostraba maquinaria Nuova Simonelli y Victoria Arduino, maravillosas y afamadas máquinas.

Import Coffe Company, ofrecía su café Illy para llevar y degustación.

Usina Cafetera, ofrecían su café tostado por Puerto Blest.

Ascaso, con su maquinaria de origen español.

Tía María, ofrecía cócteles con café.

Café fundador, Cabrales, Macciato, degustación de su café y también para llevar.

Zupay, degustación y venta de galletas y amaretis.

Nespresso y Tiziano Bonini, degustación y venta de sus cápsulas.

Faema, mostraba sus excelentes máquinas espresso de origen italiano.

Mahlkoning, info. y exhibición de los molinillos íconos a nivel mundial.

Café Camposantos, finca de Brasil.

San Remo, muestra de maquinaria italiana.

Criollo, representantes de Faema y también tenían en muestra maquinas nacionales incluyendo Lainex.

Modo Barista, con todo para el equipamiento del barista, jarras, termómetros, todo para el amante del café.

Rocket, info. y exhibición de esta máquina de origen milanés.

Exigí buen café, disponía de libros, tazas, prensas francesas, etc.

También estuvieron: Della Tazza, CoffeeWhirl, Acqua Panna, San Pellegrino, Illy, Kichenaid, Dietrich y Capricornio Coffees.

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Como grandes exponentes de cafetería de especialidad, ofrecían degustación de sus cafés…

Santa Café, con un Tolima exquisito.

Lattente, como siempre ofrecieron un gran café de Colombia tostado por ellos: sobresaliente y vendían otros tantos orígenes.

La Unión Café, ofrecían un blend Altura 1 (55% Colombia, 45% Brasil) tostado por Puerto Blest. Rico.

La Motofeca, vendían de tueste propio un superlativo Etiopia Guji (1700-1900 m) excelente para espresso o filtrado, y otros diversos orígenes, para degustación y venta.

Hábito Café, ofreciendo su natural muy sabroso.

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Se pudieron escuchar charlas sobre café entre las cuales destacamos la de Drescher, donde se contó la importancia del perfil de tueste para preparar un buen espresso; la de José María de Olivera (de café Campos Santos) con una degustación, recalcando el circuito de la planta al tostador, pasando por los distintos beneficios en el café de especialidad; la gran charla de Daniel Cifuentes (Lattente) donde se desarrollaron los distintos pormenores para poder poner en marcha un microemprendimiento cafetero en el país, donde muy didácticamente se contó distintas alternativas, prioridades y realidades para instalar una cafetería de especialidad a conciencia. Excelente. Por otro lado, Agustín Quiroga (Puerto Blest) desarrolló una charla, incluyendo videos, sobre coffee hunting, cómo es una finca, cómo se va a buscar un lote y toda la problemática que ello conlleva, toda la ruta que hace el café verde para que un café llegue a tu mesa, contado desde la experiencia de alguien que sabe mucho.

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El clima de fiesta de la industria cafetera (a pesar de grandes ausencias) se vivió y se notaba. Mucha camaradería, cantidad de iniciados en el mundillo cafeteril tratando de absorber información, amplia maquinaría para café (más que otros años), marcas y representaciones nuevas en el país, muchos baristas y aficionados, la posibilidad de probar exquisitos cafés de especialidad (con alguna excepción de café sacado muy caliente, lo cual se entiende por el poco tiempo que quizás tuvieron para calibración) y poder llevar 1/4 kilo de alguno de ellos de orígenes diversos. Una grata experiencia y “el “ lugar para los amantes del buen café, donde cada año se exige (y se está logrando de a poco) que en las cafeterías se ofrezca buen café. Con esta gran iniciativa de EBC el café en Argentina sigue evolucionando para bien.

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FERIA EXIGÍ BUEN CAFÉ 2018

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BURGER MOOD: de terrazas y hamburguesas

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Integrado hasta ahora por dos locales (ofrecen franquicias) Burger Mood es un viejo conocido en el gremio de las hamburguesas. El local más nuevo (de Palermo) es amplísimo, con fachada vidriada e interior estilo semi industrial, moderno, con onda reggae/rock, relajado y tranquilo. Como todas las casas recicladas de Palermo, también se exhiben tuberías y paredes antiguas de ladrillos expuestos y remozados, con un patio trasero con una sección hermosamente vidriada y el detalle de un jardín vertical. Una barra principal amplia, (con sillones altos rústicos y de hierro) recorre la planta baja, donde abundan las mesas y sillas de hierro tipo cerveceril, y las luces tenues cuelgan de techos altos. Toda esta ambientación y la longitud de la estructura de entrada conducen a la unión de su patio interno con la escalera que nos introduce a otro mundo. Una terraza amplia, decorada como patio cervecero y un pequeño quincho que la secunda. Barras y mesas largas de hierro y madera (¿cuándo no?), amplios sillones tipo decks bordeando mesas bajas. Todo con aire jovial, relajado, la buena música circunda el ambiente. Una terraza espectacular para disfrutar con amigos birrautas, muy cómoda y para los cultores de ella, con mucha “onda”.

La atención es buena. El menú variado, tienen 5 cervezas tiradas, cócteles, gaseosas, aguas, wraps originales de pollo y veggie, kebas, salchipapas y thai porkballs (bocados exóticos para tentempié), ensaladas y hasta postres.

En materia de hamburguesas, las hay para todos los gustos y bastantes originales. Tienen 4 de carne vacuna, 2 de cerdo asado, 2 de pollo y una veggie de lentejas y avena. Se pueden acompañar con papas fritas que pueden venir tuneadas (con huevo, con guacamole o con cheddar-bacon-verdeo). Y también te podés armar tu propia aventura de Burger (single 100 p, doble 130 p y cada topping 10 p, salvo los toppings premiun 15 p, más las salsas diversas sin cargo).

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Cabe destacar que los miércoles es el día de 2×1 en burgers de las casa (las ya pre-armadas). Aprovechamos y pedimos la Cosanostra, blend de tres cortes, tomates secos, provoleta, rúcula y el fatídico pesto casero. La carne estaba bastante bien, pero el pesto tapa mucho, camufla todo el sabor del conjunto y la comunión entre carne-pan se aleja dando paso al pesto y a los tomates secos que se eyectan enteros al primer mordisco. Una lástima, calidad de productos frescos hay, es llenadora, y original. La Moodur viene con blend de carne, lomo ahumado, cheddar, huevo y aderezo de mostaza y miel. Abundante y gustosa, nada espectacular. Quizás la carne un tanto secona y el pan no destaca demasiado. Las papas acompañan muy bien, están bien hechas, sabrosas y crocantes.

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Los precios son más que accesibles y las promociones juegan un papel fundamental. Tienen comida mata hambre así que se justifica ir. El lugar es de los más amplios y no hace falta hacer grandes colas. Las burgers nos dejan con ganas de más. (Por ahí, el autoarmado hubiera mejorado la experiencia). Buenos productos, pero queda un poco a mitad de camino. A veces la originalidad hace que se impongan productos de sabores pronunciados que pueden invadir al conjunto. A veces, inclusive, es bueno poner solo una pequeña pincelada de salsa, de pestos, de tomates confitados; no todo es salsa bourbon, no siempre es kétchup en toneladas. Para nosotros, y es nuestro gusto, lo importante es poder apreciar el sabor de la carne, su textura, su gramaje, la mezcla con la sinergia del pan, algún vegetal sutil y un rico queso trivial. Al menos para empezar y ver cómo cranea un lugar sus hamburguesas.

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Burger Mood es una buena opción, que quizás antaño fue un poco más (dicen los que saben, ¿saben?), pero si querés un lugar cervecero con burgers que acompañan bien, sentir una brisa de la noche con amigos, es tu lugar seguro.

 

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Burger Mood

Thames 1627 (Palermo)

CABA.

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