café, panadería, pastelería

RÚSTICA, la pastelería. Siempre es bueno volver a casa

Hablamos de “rústico” cuando nos referimos al campo, en contraposición al vocablo “urbano”, alusivo a la ciudad y a todos los que habitan en ella. Muchas veces, en sentido peyorativo, apelamos a decir que algo es rústico cuando es ordinario o poco refinado. Nada más alejado de la realidad. Y “Rústica, la pastelería” es una prueba concreta de ello.

En pleno barrio de Belgrano Residencial, a pocas cuadras de la estación, el campo y la ciudad se unen en un recinto antiguo, con una exquisita decoración que abre puertas ante un antiguo mueble de madera que ofrece opciones tentadoras de panes y delicias que cavan los canales más primitivos de nuestro olfato. Sillones tapizados con alegres motivos, alternan con una delicada ambientación con teteras antiguas y ornamentados juegos de té y café que nos transportan al mobiliario de nuestras abuelas y al recuerdo de sus delicias, autóctonas y europeas. Y como no podía faltar, el fondo es un patio, el encuentro de los juegos y las plantas que ascienden al cielo a través de un jardín vertical.

Según la página del lugar, su creadora Mariana Ginyaume, Licenciada en Gastronomía, nos explica su concepto del lugar, aferrado a las tradiciones familiares. Exquisiteces que se pueden comer en casa, pero con una vuelta de tuerca que hacen que siempre existan nuevos horneados además de los clásicos budines, muffins, cuadrados, alfajores y tortas de excelente presentación y tamaño.

Nuestra experiencia nos convocó a desayunar en el lugar. Con una atención muy correcta hemos visto desfilar generosas tostadas de pan suculento y todo tipo de acompañamientos. Nuestras preferidas fueron las medialunas con el típico saborcito de Mar del Plata que todos llevamos en el recuerdo y un Scon de queso bien caserito y pródigo en tamaño.

 

 

 

 

Carta

El café es un párrafo aparte. Desde la carta nos enseñan que trabajan con un café Guanés colombiano, cuyas características, origen, altura, datos de cosecha, perfiles de cata, figuran en la descripción como ocurre en muchas cafeterías de especialidad. Probamos un espresso servido de manera correcta, a una temperatura ideal, en cuyo aroma se percibían ciertas notas chocolatosas y con una agradable acidez cítrica que permanecía en boca durante un tiempo discreto. Tal vez un poco más de cuerpo se agradecería. El cappuccino tenía buena cremosidad, correcto y de buen sabor.

Para consumir en el lugar, además de desayunos y meriendas, waffles, licuados, ofrecen brunchs y almuerzos, cada cual con sus características y vertientes de tentación. Para llevar, hay panes y panificados, dulces y salados, bombonería y la excelente pastelería que hacen de Rústica, el lugar ideal para rescatar algunas tradiciones campestres en el medio urbano que nos convoca a diario.

 

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Rústica. La Patelería.

Zapiola 2125 (Belgrano)

CABA.

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BERNI DELI & BISTRO: el norte prometedor

La Lucila es un barrio del partido de Vicente López, ubicado a 12 km de Buenos Aires, antaño conocido por Punta de los Olivos, el cual supo ser un sitio clave para la defensa de las invasiones inglesas.

Más tarde la aristocracia porteña decidió llevar sus capitales a este enclave a orillas del Río de la Plata para instalarse en casas de descanso. Una de esas viviendas (denominada La Lucila) fue construida a principios del siglo XX por el militar Alfredo Urquiza en honor a su esposa Lucila Marcelina Anchorena de Urquiza, y fue inaugurada como mansión despampanante en 1915. Lamentablemente la dama solo la pudo disfrutar dos años pues falleció en 1917. Igualmente debido a su majestuosidad, la mansión fue muy popular y la zona comenzó a ser llamada “La Lucila” por los vecinos.

Lamentablemente, la elegante mansión “La Lucila” fue demolida en 1939, pero el barrio quedó en pie como uno de los más distinguidos y acaudalados del delta de Buenos Aires. Allí en la actualidad, hay pequeños destellos de polos gastronómicos esparcidos por la Av. del Libertador y en su pequeño centro de la calle Rawson, paralela a las vías del tren.

Allí nos encontramos con Berni Deli & Bistró, una cafetería moderna que ofrece algunas comidas, pastelería y recientemente, la incorporación del café de especialidad. Este último es un café de Puerto Blest, extraído con máquina Simonelli Appia II.

Lo primero que notamos del lugar es que su relación precio-calidad es muy buena, sobre todo por estar en un barrio de las características mencionadas anteriormente. Cuentan con una carta italiana de café dividida por tamaños (chicos, medianos y grandes), a precios inmejorables y en su carta aclaran sobre la temperatura a la cual preparan la leche: “tomable”.

Todas las preparaciones de café son servidas en pocillos y tazas artesanales de arcilla poco ortodoxas para cafetería, pero efectivas y que dejan impronta e identidad al lugar: Berni opta por estas tazas o estas tazas las tiene Berni. El espresso que probamos fue bueno sin sobresalir, con una destacada acidez cítrica y algo chocolatoso (por lo que entendimos era de origen Colombia). Los capu y lattes muy bien ejecutados, de buen sabor y más que correctos.

La pastelería es muy buena, ricas medialunas, deliciosas tostadas francesas (mejores que en muchas renombradas patisseries capitalinas), buenas tostadas para untar y excelentes scones de queso.

La carta se completa con muchas ensaladas, sándwiches, tortas, alfajores (y demás pastelería pequeña), snacks, desayunos completos y hasta delicatesen gourmet para llevar. Aguas, limonadas, cervezas, gaseosas y licuados completan sus bebidas. Hasta ofrecen tres hamburguesas que prometen (para otra ocasión).

El lugar de dimensiones medianas tiene aspecto moderno con decoraciones en madera, paredes en blanco y ladrillos. Mesas afuera y adentro en pino con sillas plegables, de caño y plásticas. Cuentan también con una barra. Luces sutiles y decoración mínima, orden y luminosidad. Por algo se mantuvo lleno en todo momento. La atención es correcta.

Un lugar para tener en cuenta, por precios, por un café bueno que puede mejorar en cuanto tengan rodaje. Por sus precios más que interesantes, por su ubicación en pleno centro lucilense, y por tener otras opciones a los ya acostumbrados cafés de especialidad clásicos, otros tantos repetitivos y algunos lejanos. Algo muy prometedor por el norte.

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Berni Deli & Bistró

Rawson 3707 (La Lucila)

Buenos Aires.

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CAMINO MOTOR COFFEE: restaurante motoquero o el abrumador instante de recuerdos motorizados

Un buen menú, sencillo, pero bien pensado, un camino. Y el camino nos lleva a San Isidro, a la ribera del Río de la Plata, donde por la calle Primera Junta, un pequeño polo gastronómico se eleva como un faro apuntando hacia la costa (ese mismo faro en el que hoy funciona una heladería).

En un hangar enorme, plagado de curiosidades modernas y antiguas, motos y más motos, chucherías y mecanismos, rodados y juegos de azar del antaño querido, escaparates, luces que ambientan un aroma a pasado y presente fierrero, se impone Camino Motor Coffee, con un rastro de taller de motos de las buenas.

Allí hay lugar para una barra suculenta con tragos inspirados en la nocturnidad misma, una cafetera Saeco semiprofesional que asoma detrás de su propia barra como promesa de buen café (aunque no lo probamos). Estanterías y vitrinas con cascos, curiosidades, juguetes, gorras, recorren el gran salón de techado abrumador culminado por chapas arqueadas dando la sensación de estar en un gran taller donde se oculta alguna nave alienígena o las mismas vicisitudes del tiempo. La turba de mesas, sillas y sillones cómodos salpicadas por todo el ambiente es interrumpida por motos de exposición y demás objetos legendarios y alguna que otra chatarra pintoresca. Hay un primer piso con más novedades y un salón aparte, con juegos como el sapo, flipper, tejo y metegol para recordar otras épocas. De noche, con las luces en su esplendor debe ser una sinfonía de estímulos sensoriales, que nuestra hora de visita no nos dejó apreciar. En esta época un lugar así de ecléctico es poco menos que cautivador.

La comida es bien sencilla, wraps, una docena de platos principales elaborados, bastantes hamburguesas, ensaladas, finger food en general, cervezas tiradas, gaseosas, tragos y aguas. Las burgers son motoqueras y esto se observa desde su presentación con un pan cuadrado y casi de otro tipo de plato (inferimos que no usan siempre el mismo, y además nos contaron que la noche anterior quedaron detonados por tanta cantidad de gente y no tenían algunos ingredientes, bien por avisar). El medallón es decente no muy amasado, de buen sabor, con toppings bien pensados (simple con cheddar, huevo y cebolla y otra con brie, rúcula, originales papas pay de buen sabor), y con un pan que no resistió del todo la humedad global (un punto a mejorar). En definitiva, una buena Burger que podríamos categorizar como de paso o motoquera (una parada obligatoria para los fans de las dos ruedas).

También nos deleitamos con sus quesadillas de pollo acompañadas con verdes y guacamole, de buena masa y exquisito relleno. Una ensalada completísima estilo italiano cumplido muestra buena experiencia gastronómica general.

La cocina tiene sus platos fijos, pero van agregando o sacando platos especiales y bastante sofisticados por períodos y los findes hacen algunas delicias al horno como pizzas a la leña ya que recientemente armaron un hermoso horno de barro y ladrillo que emerge como un domo (un Sauron que nos mira con su ojo) en la parte posterior del salón.

No nos queda más que decir que fue una grata experiencia, en un lugar que se asemeja a un museo con retazos de circo, salón de antigüedades y cruza con taller mecánico, pero es ni más ni menos que un restopub que no los va a dejar de asombrar cuando entren y se pierdan en cada instante de recuerdos motorizados.

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Camino Motor Coffee

Primera Junta 1118 (San Isidro)

Buenos Aires.

café

RIBERA CAFÉ: en las orillas de la perfección

La palabra “Ribera” alude a decenas de conceptos que se van multiplicando a medida que la experiencia otorga su impronta, y es ahí cuando diverge a otros cientos de significaciones, muchas veces alejadas de la orilla. Una ribera es una playa, ni más ni menos que eso: la zona que bordea el límite de un río o del mar. Pero también es periferia; un margen, un límite preciso o impreciso, o (yendo más lejos), la marginalidad que el parlante nos ejecuta cuando escuchamos el tema de la Bersuit. Ribera es también un apellido (de polémica ortografía), alguna aldea perdida de España y una Cafetería de Especialidad que desde hace unos meses se ha instalado justo en la ribera entre dos barrios emblemáticos de Buenos Aires: San Nicolás y Recoleta.

La calle es “Viamonte” (en homenaje a uno de los militares que luchó en la Invasiones Inglesas, defendiendo nuestras riberas), cerca de la esquina de “Rodriguez Peña” (otro defensor de nuestras costas en dichas invasiones). Buenos Aires suele serpentear las causalidades como quien advierte epifanías entre las cotidianas expresiones del azar. Dicen por ahí, que el nombre de la cafetería surge al mismo tiempo en el cerebro de sus dos propietarios, a la hora de ponerle nombre al proyecto.

Ribera Café es algo así como la playa que nos refugia del tormentoso océano de complejidades que significa una ciudad en brama, ansiosa de prisa y eficacia. Unas pocas sillas para que los elegidos del café puedan apartarse para merodear las orillas de una charla, de granos perfectos y bebidas de increíble precisión. Una barra protagonista en donde la ribera se hace difusa y uno ya no sabe si está tomando un café o se ha convertido en el café que toma. La mariposa de Chuang- tsu revoloteando entre los vapores de la tarde. El café se torna tiempo, muta en charlas entre adeptos milicianos del café que pueden ser extraños pero el oro negro los agrupa, los vuelve tiempo.

El espresso es Ninina, proveniente de Bolivia, dulzor y acidez frutal que pegan en la boca de manera sensual. Los filtrados pertenecen a Puerto Blest, y provienen de Guatemala (excelente aeropress con un varietal Antigua), Nicaragua, Brasil, Colombia, etc., pero la magia es argentina y de la mano de sus baristas. Si uno se queda con ganas de más, también se puede llevar en granos o molido en el momento. Por su puesto que hubo un lapso en que la boca tocó uno de los mejores Capuccinos de la Ciudad, de gran ejecución y en donde se puede sentir la férrea intensidad del café.

En opciones de comida se destacan sus sandwiches: bien pensados, bien ejecutados, armónicos y deliciosos: pulled pork en pan de ciabatta, pastrón en baguette con semillas y la estrella del día: humus de remolacha y berenjena en baguetin (picoso, cremoso, con el dulzor justo de la cebolla caramelizada y el frescor de la rúcula).

Para el segundo café (porque siempre hay más de uno), los dulces son la perfecta elección: desde las tradicionales croissants, los infaltables brownies y budines, hasta las poderosas cookies (de maní con sabor a abuela y a infancia, una fija) y las de pepitos de chocolate.

Un lugar pequeño, íntimo, pero que invita a permanecer por su ambiente, su música y la excelente atención de sus dueños, que no se limitan a servir café sino que le hacen honor a todo el ritual que se despliega alrededor de una taza.

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Ribera Café

Viamonte 1649 (Centro)

CABA.

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MALCRIADA CAFÉ: la caprichosa del café

Algo distinto, inquietudes en la boca y en el alma. Ganas de nuevas aventuras en gastronomía y café de especialidad. Somos caprichosos, queremos eso, queremos libertades y no atarnos a las modas, a los medios, ni a los influencers. Tampoco nos satisface desembocar en los barrios habituales para encontrar un buen café. Nadie que nos diga dónde ir, estamos malcriados y vamos a “Malcriada Café” a saciar tanto capricho.

Escenario relajado, con entrada de almacén antiguo (típico de la periferia de Palermo, en donde los fantasmas arrabaleros se codean entre Chacarita y Colegiales), mesas y sillas adentro y afuera en madera rústica, hasta espacio para plantas dando un matiz orgánico a la cosa. Ambientación clara con algunos ladrillos a la vista y un mural donde la Malcriada se hunde en el café. La barra nos recibe con máquina y molino “Ascaso” y algunas banquetas altas para ver la acción cafetera.

Café del bueno: tostado por Ninina, blend (bolivia 60%-Colombia 30%-Brasil 10%): espresso con acidez cítrica, frutal y retrogusto a chocolate. Capuccino excelente, dulce, cremoso y ejecutado de maravilla. Carta italiana completa con buenos tragos fríos, cold brew orange refrescante, matcha latte. Opción de leche de almendras. Opción take away (para llevar).

Filtrados: chemex, v60, aeropress, prensa francesa.

Rica y artesanal pastelería y comida casera in situ:

Carrot Cake, de las mejores tortas de zanahoria de la ciudad. Punto.

Avocado Toast: con pan de masa madre, palta, pera, queso azul y nueces (magistral). Obligatorio encapricharse con él.

Tostón alemán: con leber casero potente y rico, rúcula, pepinos y cebolla encurtida, excelente combinación.

Torta Matilda: como la de la película, chocolate y lujuria.

Medialunas, Cheese Cake de frutos rojos, alfajores, frolas, budines, cupcakes, etc.

Combos y brunch. Tostones y sandwiches. Todo a precios accesibles considerando que la calidad de lo casero es muy notoria.

Gaseosas, jugos, limonadas, cervezas completan la carta. Algunas tarde-noches funcionan como punto de mancomunión y refugio de otros duchos baristas de la ciudad. Tragos refrescantes y cerveza completan la velada.

Más alla de la simpleza del lugar, el orden y lo metódico se nos pega; hay tranquilidad en sus dueños, y eso se transmite. Juan Pablo está a cargo del café y la atención sumamente cuidadosa. Uno se sienta y te atienden en la mesa que elijas. Con muchas charlas de café en el medio, se toma el tiempo de explicar, asesorar sobre el café que se sirve y todo lo concerniente a la carta de bebidas y comida, con una pasión que pocos tienen (el tipo de naranja con el que se hace el cold brew orange fue un tema de discusión). Agustina generalmente se encuentra tras bastidores, cocinando y haciendo fluir la magia de sus tortas y salados, abundantes, caseros y sobre todo deliciosas opciones. También venden tartas y tortas para llevar.

Y nos siguen malcriando, te sirven y agasajan de una forma diestra y esmerada, con todos los detalles cuidados, se preocupan de que todo salga bien y en superarse. Nos malcrían. Con humildad y ganas nos hacen más caprichosos que lo de costumbre y eso convierte a Malcriada en un lugar donde siempre queremos volver.

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Malcriada Café

Bonpland 1367 (Palermo)

CABA.

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IMPORT COFFEE COMPANY (BELGRANO): vive la experiencia del café

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Hace algunos años (no muchos más de 130), si te encontrabas en el centro de la ciudad y deseabas llegar al “partido” de Belgrano debías atravesar el arroyo Maldonado, cruzando algún puentecito precario, acompañado de los ecos de “la Maldonado”, una bravía española que según cuenta la leyenda arribó junto a Pedro de Mendoza y quién sabe por qué causa, fue abandonada en las márgenes de este río, sobreviviendo a los yaguaretés , a los querandíes y otras incongruencias.  Belgrano conserva aún el extraño privilegio de haber sido la Capital del País, durante un corto período de antiguas grietas que siempre se recrean como el eterno retorno de los estoicos.

Por el norte, esa Antigua Belgrano era recorrida por el arroyo Vega que traía hilos de agua desde lo que hoy es Agronomía con sus ubicuos bañados, y el Arroyo Medrano, cuya pestilencia recorría unos cuantos kilómetros desde La Matanza. Mucho antes de que se convirtiera en el barrio de los caserones de tejas y de los aljibes que eternizara Cátulo Castillo en el famoso tango. Y mucho antes de la llegada del tango, José Hernández vino a vivir al barrio, adquiriendo una casona en la que murió luego de proferir sus últimas palabras: “Buenos Aires, Buenos Aires!” Y en la que posiblemente escribiera su obra magna, el Martín Fierro.

Poco antes de su muerte, el escritor donó parte de sus tierras para favorecer a los humildes productores que no podían acceder a los costosos puestos del antiguo Mercado Modelo, un poco antes de la creación del Mercado de Abasto. Se creó así la Feria Modelo de Belgrano, una precaria toldería de lonas y tinglados que fue creciendo hasta convertirse en lo que conocemos como Mercado de Belgrano, en medio de la plaza Noruega, en la intersección de las calles Ciudad de la Paz y Amenabar.

A partir de 2017, resultado de un esfuerzo entre una cooperativa de comerciantes y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el antiguo mercado se transformó en un espacio gastronómico de varios locales y un patio de comidas, que, pese al remozado, aún conserva el secreto encanto del barrio antiguo, en congruencia con locales de comidas gourmet, de autor, verduras orgánicas, carnes y pescados, vinos y productos de una excelente calidad.

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Como amantes del café de especialidad, nos adentramos en Import Coffee Company, una isla en donde descansar luego de las compras y disfrutar de uno de los mejores cafés de la ciudad. A diferencia de otros locales de la firma, en donde solo sirven el Café Illy (de tueste tipo italiano, fuerte y cenizo, buen café, excelente para bebidas con leche, pero no es de nuestra preferencia en espresso), en este caso se nos permite zambullirnos en el universo de los cafés tostados (con un tostado más adecuado a nuestro gusto) por Preto, que verdaderamente marcan la diferencia. De las muchas veces que fuimos, hemos probado variedades de Uganda (en Chemex y V60 es la gloria), Brasil (rico y equilibrado) y Colombia (buen dulzor, ácido y chocolatoso), en excelentes espressos, de los mejores capuccinos que hemos probado (cremoso, dulce y bien ejecutado) y también filtrados realizados por la mano siempre eficiente de su barista Gabriel (ganador de premios y excelente en su trato y predisposición). Con su humildad enseña, guía y ofrece incansables charlas sobre el maravilloso mundo del café. Barista de verdad y no de mote.

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Las dimensiones del local invitan a rodear la barra, que es la verdadera estrella del lugar. Una brillante máquina “La Marzoco” preside la magia, si bien también se comercializan máquinas de espresso marca “Ascaso” para uso familiar. Si la barra no es tu lugar, hay un par de mesas rodeadas de estantes para tentarte con los diferentes cafés que podés llevar a tu casa, chocolates importados, cookies y algunas delis. Minimalismo con ambiente blanco y luces cálidas con sillas cómodas.

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Si el café te despierta el apetito, no podrían faltar las medialunas, o los rolls de canela, alfajorcitos, cookies, scons, todo de muy buen sabor y frescura. Y si tu espíritu se alimenta de más café y querés adentrarte en las profundidades del conocimiento, se ofrecen talleres durante el año para todos los niveles, clínicas para la preparación de un buen espresso, o de los diferentes tipos de filtrados o de aproximación a las experiencias sensoriales que el café te puede brindar; siempre de la mano de especialistas calificados en el tema. Seriedad garantizada.

Import Coffee de Belgrano es el encuentro obligado, no solo para los vecinos del barrio sino para todos aquellos que disfruten de un paseo por el mercado más glamoroso de Buenos Aires o deseen culminar su rutina gastronómica con el mejor café. Una luz en el camino, un atalaya entre tanto asfalto: vive la experiencia del café.

 

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Import Coffee Company – Mercado de Belgrano

Juramento 2527 (Belgrano)

CABA.

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ALOHA Beer & Food: la oportunidad de barrio

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Luego de comentarios errados, de populismos indiscriminados, de influencers veletoides, de eventos fallidos, de lejanas cercanías y muchas vicisitudes que pudimos dejar de lado, visitamos Aloha, quizás en un contexto más social, pero al fin y al cabo logramos apreciar de lleno el producto que ofrecen.

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En pleno Parque Patricios y en una esquina antigua yace este bar (bodegón, cafetín y un largo etc.) devenido a restó con sugerente preponderancia en el armado de hamburguesas. El lugar no es muy grande, una barra ocupa un gran territorio y detrás, la geografía de una cocina amplia que deja vislumbrar un trabajo un tanto caótico, pero no por eso malo. El resto: mesas y sillas de madera bien de bar en un entorno con pinturas advenedizas, sartenes colgando de techos y una divertida rusticidad (con indicios de pulpería de las de antes, pero antes que antes…).

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La atención es muy buena, se destaca por sobre muchos similares de su rubro. Esmerada, eficaz y amable.

Ofrecen una carta amplia con variedad de platos: sándwiches, rolls, ensaladas, también hay lugar para la cafetería y cosillas de panadería; cervezas, aguas, gaseosas y por supuesto las tan afamadas hamburguesas.

Pedimos la Cheese Bacon Burger y la Le France acompañadas con un fuentón de papas fritas al verdeo y queso. Estas últimas buenas y cremosas, acompañando muy bien al plato principal.

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La Cheese Bacon tiene unos abundantes 240 g de blend de carne distribuidos en dos pattys, los cuales ostentaban un punto ideal, un gramaje de manual, nada de amasado y un gusto que pocos logran; en pocas palabras, una excelente ejecución. El queso era de buena calidad y sabroso, el bacon quizás, fue el punto flojo, con una cocción poco óptima, mientras que el pan acompañaba muy bien, aún sin ser maravilloso. La de estilo francés, sin embargo, con la misma calidad de carne, y el mismo buen pan, si bien es un global correcto, el tomate seco invadiendo un poco el todo, hacía que se perdiera el sabor del queso brie y sumado a esto, escaseaba la cebolla caramelizada. Igualmente aprobaba notoriamente.

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Según fuimos viendo la evolución por dichos propios, ajenos y por historial, aquí se nota un trabajo minucioso para superarse y definitivamente lo han logrado. Les juega en contra una zona despojada y un tanto lejana, pero creemos que si siguen en progreso esto no sería impedimento para que la gente se acerque a probar la caterva de opciones que se presentan como muy tentadoras. Es un lugar atípico por su ambiente más familiar de bodegón que el de las clásicas industrialoides instalaciones que en el afán de correr tras la moda, nos tienen acostumbrados.

Recomendamos darle una oportunidad.

 

 

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PADRE COFFEE ROASTERS & BEERS: la familia del café

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Es indiscutible que uno de los atractivos del barrio de Palermo lo constituye su historia. Mediante el auge de la gentrificación (puesta en valor de recursos edilicios históricos) objetivable en los últimos años, modernos emprendimientos gastronómicos se asientan sobre los amables fantasmas de un pasado que Buenos Aires se resiste a perder.

 El viejo edificio de la esquina de Soler y Jorge Luis Borges (antigua calle Serrano), data de1881 y fue el asiento de un frigorífico llamado “Antonito” que según cuenta la leyenda, abastecía con sus carnes a los viejos “Carritos” de la Costanera. Con el tiempo, el hijo de su dueño lo transformó en una gran verdulería que permaneció en la famosa esquina hasta no hace demasiado tiempo.

 La historia entrecruza personajes en su obstinado devenir y aunque los personajes cambian de nombre, los escenarios permanecen como testigos del paso del tiempo. En este caso también un padre emprendedor, comercializando café durante décadas y abasteciendo a los mejores bares de su época queda en manos de un hijo, que emprende el camino de mejorar y fortalecer lo que ha recibido. Café Rocamora es una marca tradicional en el ámbito gastrónomico. Ha comercializado buenos cafés de Brasil, Colombia y últimamente se han esforzado en conseguir buenos cafés de especialidad que se tuestan y se sirven en la vieja esquina de Soler y Serrano.

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El nombre “Padre” resulta entonces un multívoco homenaje de un hijo a su padre en lo individual y una forma de recuerdo del viejo Antonio y de su hijo quienes con sus carnes y verduras lograron que la esquina tuviera una identidad en el barrio.

 Padre Coffee Roasters & Beer es muchas cosas al mismo tiempo: una esquina emblemática cuya fachada ha cambiado muy poco, un tostadero que recibe a los clientes con los aromas del tueste, una cafetería de especialidad con los más variados estilos de extracción y preparación del café y sus bebidas derivadas, un petit restaurant con una carta armónica y variada, una cervecería artesanal repleta de variedades de la áurea bebida, un museo porteño en donde se muestran viejas máquinas de café y hasta los restos de la antigua enfriadora de amoníaco en una de sus paredes. Todo en armonía gracias a la cuidada ambientación.

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 Si buscas mesas altas, o bajas, o sillones cómodos, o música adecuada no invasiva, y sobretodo buena atención y excelentes productos, no vas a salir defraudado. Para los que consideramos que el café es lo más importante, seremos ampliamente seducidos por el detalle de los posavasos de cartón rígido en donde se especifica el origen del café que se está sirviendo, sus característica y altura de donde proviene (ese solo hecho los convierte en diferentes del resto de las cafeterías de especialidad). Es la política de patyando.com nunca hacer una reseña de “primera vez” y en este caso fueron más de 3 las oportunidades. En espresso, hemos probado un Colombia Caturra de 1700 m de altura, beneficio lavado y tostado medio, que resalta las notas frescas cítricas, en un cuerpo no muy pesado y con un regusto bastante interesante de chocolate y vainilla. Hubo algún filtrado en prensa francesa que también constituyó una excelente experiencia.

La carta cafetera incluye todas las variantes tradicionales en cafés calientes y en bebidas frías a base de café, sumadas a otras opciones no tan tradicionales en las que la cerveza también está presente.

En cuanto a las variantes de comidas, van desde abundantes brunchs, picadas con onda, sandwiches gourmets, ensaladas variadas y frescas y hamburguesas originales. Nos tentamos con una ensalada de pollo, lechuga, tomates Cherry, hebras de queso parmesano y un alioli preparado ad hoc (muy delicioso pero exiguo). Probamos también la Monkey burger, con un medallón de carne (de tipo industrial pero no malo, si fuera casero sería un golazo), cheddar, queso de cabra, portobelos asados y un pan especial transigiendo entre un pan de campo y un pan típico de hamburguesa. Muy recomendable a pesar de no ser especialistas. El queso de cabra le da una vuelta de tuerca más que interesante a las ya repetibles burgers estilo francés. Las papas de estilo souffle son excelentes.

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 La barra de cervezas es un mundo aparte, con múltiples canillas y una amplia variedad de opciones que dejamos para que las reseñen los especialistas en la materia.

En cuanto a los precios, no difieren muchos con otros establecimientos similares en la zona, lo cual es muy ventajoso a la hora de considerar la resultante precio/calidad. En definitiva, Padre Coffee Roasters & Beers es una primera opción a la hora de programar una salida entre amigos o con la familia; un exponente preciso de lo que debería ser un emprendimiento de Palermo, en donde la historia y la comodidad se dan la mano para ofrecernos un buen servicio.

 

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Padre Coffee Roasters & Beers

Jorge Luis Borges 2008 (Palermo)

CABA.

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Coffee Town Palermo: la ciudad del café

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La innovación tiene sus réditos. A veces es mejor asociarse, aglutinarse, sumar fuerzas para logras ciertos objetivos.

Abrir un local en pleno Palermo, a metros de plaza Serrano, tiene su grado de jugada, pero también de irrumpir gratamente en el mercado de oferta y demanda con bastante tino, sobre todo si se tiene una buena base de experiencia. Y quién mejor que Coffetown, que de cafeterías sabe bastante largo y tendido. Así las fragancias de cafés del mundo mundial nos llevaron a la calle J. L. Borges en el local recién salido del horno de estos pioneros del café (hace muy poco abrieron, así que aún se están acomodando).

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El lugar nos sorprendió de movida, ya que la fachada de la cafetería es en realidad la de un banco (comparte espacios con un banco cuya parte operativa se encuentra en la planta alta), donde una pre entrada nos recibe con varios cajeros automáticos. En la calle están dispuestas varias mesas y sillas siempre llenas (fuimos dos veces). Pasando estos, se abre un gran y largo salón donde la innovación y el cuidado de los espacios lo es todo. Parece que uno entra a otro mundo, pues el resto de Palermo queda fuera y olvidado por esta paz que se respira entre cómodos sillones, altas banquetas super confortables, diferentes espacios de soledad y no tanto, ambientes distintos alejados de la misma lejanía, enchufes de todo tipo para conectarse con el mundo (mientras uno está sumamente desconectado), todo destinado a la tranquilidad y la placer de la relajación escapando de las multitudes (la cafetería está pensada también como un espacio coworking). Buena música, buen aire, luces cuidadas, decoración sobria.

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Y como si esto fuera poco, sirven uno de los mejores y más variados cafés de especialidad que podamos encontrar en Buenos Aires. Un combo imperdible que enseguida se ha convertido en uno de nuestros espacios favoritos.

También porque la atención es más relajada y bastante superior que las vorágines entendibles de la sucursal madre en San Telmo.

También porque tienen un patiecito trasero que invita a quedarse horas en bancos eternos y silencios gratificantes.

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Y encima pudimos darnos el gusto de tomar el soberbio café Laurina (de la Isla Reunión) nuevamente y cada vez nos convencemos más de que este varietal es de lo mejor que probamos en el año, sino el mejor (lo pedimos nuevamente en V60 y preparado de forma magistral por uno de sus mejores baristas). Flores, dulce, licor, dulce y finalmente su finish herbal y de caña magistral. También pedimos su café de la semana que era un Etiopía en espresso que nos reafirma que los cafés africanos son de nuestros predilectos.

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Ofrecen como siempre un montón de orígenes en todos los filtrados posibles, bebidas frías, espresso de la semana, blend Coffetown, pastelería de primera al igual que los baristas (y prontamente tendrán más novedades).

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Acompañamos con un muy buen budín de limón y por el placer de encontrar estos recovecos donde nada más importa que el momento en la ciudad del café.

 

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Coffee Town

Jorge Luis Borges 1660 (Palermo)

CABA.

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bar, café, cervecería, coctelería, comida internacional, comida japonesa, empanadas, feria/fetival/congreso, hamburguesas, mercado, pastelería, Uncategorized

COFFEE TOWN (MERCADO DE SAN TELMO): María y su Reunión en San Telmo

 

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Como un domo conformado por vigas, columnas y arcadas en metal y hierro, techos de chapa y vidrios y una cúpula central, el mercado de San Telmo está en pie desde 1897. Conserva toda la fachada y estructura que originalmente diseñó el arquitecto italiano Juan Antonio Buschiazzo. Desde 2002 es un Monumento Histórico Nacional.

Plagado de coloridos puestos de antigüedades, carnicerías, verdulerías gourmet, especias, delicatesen y demás, ya hace algunos años ha incrementado su oferta con la incorporación acertada de puestos de todo tipo de comida: mexicana, libanesa, suiza, entre otros, y también cervecerías, parrillas, comida natural, hamburguesas, cafetines y hasta café de especialidad.

Allí se pueden encontrar productos importados, de difícil adquisición, rarezas, reliquias, y muchos extranjeros con sus flashes iluminando lo moderno y lo pretérito. Se puede pasear y recorrer y sorprenderse por la diversidad de productos y por lo bizarro de algunas ofertas que se exponen a la venta: muñecas de colección con miradas tristes, sifones, cucharas y cucharones, cucús que funcionan, vinilos con polvos de tiempo, etc.

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Pero también las comidas desbordan calidad, gourmet y al paso; un microclima cosmopolita de gastronomías eclécticas. Cafés para todos los gustos y para los nuestros, está Coffeetown. Unos pioneros en granos de especialidad en la Argentina, que forman baristas, tuestan en vivo en uno de sus varios locales del mercado, y tienen granos del mundo entero: Etiopía, Burundi, Tanzania, Perú, Colombia, Brasil, India, Papúa-Nueva Guinea, y muchos más. Uno puede beber un rico café mexicano y al instante tomarse un segundo café de Sumatra, al otro lado del mundo.

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Pero esta vez fuimos por uno de los cafés más prestigiosos, buscados y caros del mundo: el Bourbon Paintu o Laurina (Coffea Arabica varietal Laurina), una variedad exótica del grano arábica, de las más apreciadas y complejas de todos los tiempos. Este café, llamado “María” por la finca que importó el grano verde, es originario de la isla francesa de La Reunión (no es el único café de origen europeo).

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A lo largo de la historia, esta isla pasó de mano en mano hasta que Francia reclamó su jurisdicción en 1642. Fue entonces cuando el rey Luis XIII ordenó cambiar el nombre de la isla, entonces ‘Santa Apolonia’, por el de Bourbon, en honor al nombre de su dinastía.

En Java e Indonesia ya abundaban las primeras plantaciones de café y la demanda de este preciado producto era cada vez mayor. Los colonos pronto vieron una oportunidad al inspeccionar sus terrenos y descubrir los grandes atributos que ofrecía aquella tierra para el cultivo del cafeto. Aunque en 1715 se plantaron los primeros arbustos, la producción con fines comerciales no se inició hasta 1771.

Llamado Bourbon en honor al nombre de la isla (esta luego se llamaría definitivamente Reunión) y Pointu por su aspecto alargado y puntiagudo, enseguida se volvió muy apreciado por cortes europeas.

El científico Sieur Leroy descubrió que el café Laurina era en realidad una mutación natural del café arábica importado de Yemen. Por desgracia, la época dorada del Bourbon Pointu se acabó cuando en el siglo XVIII una fuerte plaga acabó con prácticamente todos los cafetales.

Durante más de medio siglo, el Bourbon Pointu dejó de existir. Sin embargo, una iniciativa del Consejo Regional de la Isla reunió fondos en el 2002 para investigar sobre las posibilidades de recuperarlo. Fue así como se inició la colaboración con el CIRAD (Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo) en el proyecto. En 2007 se creó la Coopérative Bourbon Pointu y muy pronto se hizo realidad la comercialización de la primera cosecha efectiva de este valioso café.

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Hoy en día, el Bourbon Pointu, crece en la falda del volcán Pitón Fournaise de La Reunión. Un suelo muy rico que produce un café complejo, bien balanceado y sorprendentemente sutil al paladar. Ha sido clasificado con el tipo Gran Reserva lo que significa que es uno de los mejores cafés del mundo.

El café Bourbon Pointu es cosechado manualmente con un gran cuidado para  seleccionar las cerezas en su punto de madurez óptimo. Generalmente el café es tratado mediante un proceso húmedo específico y luego secado 100% al sol antes de ser tostado de manera artesanal para conseguir que los aromas expresen perfectamente su sabor único. Se trata de un café típico naturalmente muy bajo en cafeína, de cuerpo moderado y de sabor acidulado que revela los aromas de frutas exóticas como el lichi, la naranja, el pomelo o incluso de flores como las orquídeas.

El María en particular (vía la finca Daterra Farm) es sometido a un proceso de semi-maceración carbónica, colocando las cerezas maduras en un tanque de fermentación anaeróbica por 51 horas en un ambiente enriquecido con dióxido de carbono. Luego se seca a sol directo. Creando lo que nosotros consideramos un elixir de café.

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En nariz es un café floral, ciruelo, avinado, altamente complejo. Ya en los aromas nos percatamos que no habíamos probado nada igual. Servido en un gran copón de coñac, esta bebida está hecha para el disfrute, y al agitar la copa los aromas brotan espaciales, impregnates y sutiles. Al probar el primer sorbo la explosión de sabores hace mella en la boca que queda desorientada e inmensamente desbordada. Para tener una idea, en la lengua receptora de todos los sabores, tocó puntos nuevos, como descubriendo otras realidades de gusto que nunca habíamos sentido: uvas, sensación licorosa, frutas dulces, dulce, dulce… luego al enfriar un poco, se advienen los alicorados, como un vino dulce regocijándose en la boca que lo apaña y no lo quiere soltar, para luego darle espacio a un final azucarado y herbal muy agradable. No hay lugar para el amargor, casi sin ningún resto de acidez, aquí solo hay deleite desde principio a fin, alicorado ámbar sabroso, fragrante, floral y frutal, una bebida con brillo, altamente singular e irrepetible. No probamos nada igual y recomendamos adquirir esta experiencia singular antes de que se acaben los pocos granos existentes en el país.

Si bien la copa de María es costosa, no es cara; y no lo es porque el paladar y los sentidos agradecen la experiencia vivida, y esta, realmente fue una de las mejores que hemos vivido en cuanto a cafés se refiere ¡Vale mucho la pena!

Un gran acierto de COFFEETOWN de poder facilitarnos lo remoto, lo exclusivo y lo inmensamente diverso, y por supuesto, esta bebida extraordinaria.

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Coffeetown

Mercado de San Telmo

Bolivar 970 (San telmo)

CABA.

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