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HJ BURGER & GRIDDLE: sorpresa de hamburguesas y pepitos

Generalmente, y muchas veces, la movida hamburguesera o de comidas rápidas está dominada por los influencers y opinólogos de este tipo de gastronomía, un clásico en el que la juventud juzga y fundamenta sobre sus gustos y características cuasi morfológicas de estos platos compuestos por pan y carne a la plancha. También es sometido por fans, algunos tendenciosos y oportunistas que mueven sus arcas por conveniencia y negocios, dejando de lado algunas alternativas no tan populosas, de moda o que simplemente no participan o se subyugan ante estas tendencias.

Es el caso de HJ Burger, anclado en Palermo a pocas cuadras de la comercial avenida Santa Fe, pero lejos de los grandes monstruos hamburgueseros palermitanos que tanto clamor y fanatismo provocan, dispone de unas instalaciones sencillas con el tan afamado estilo cervecero, con mesas altas y baja en hierro y madera. Mucho delivery y sin tanto glamour del Soho, pero con una calidad de producto que sorprende desde el primer mordisco de una de sus hamburguesas.

Cuentan entre sus filas distintivas el clásico de la comida callejera venezolana: Los Pepitos, que son sándwiches con ingredientes principales de carnes o fiambres acompañados con abundantes rellenos de vegetales, salsas y todo lo que la imaginación del cocinero haga entrar en unos panes (entre baguetines y pan francés) abiertos a la mitad para rellenarlos hasta casi estallar, para luego sellarlos en papel a modo de rollo de sabor múltiple. El resultado es eso, sabor que invade la boca del comensal. HJ los presenta en versiones de carne, pollo o carne- pollo-cerdo todo a cuchillo, acompañados con lechuga, tomate, queso, cebolla, panceta, papas pay y salsas varias (bomba), en un pan de buena calidad con la crocancia justa. Algo muy sencillo pero muy logrado y casi único por estas latitudes del cual pueden comer dos personas tranquilamente. Aplausos.

Si a esto le sumamos sus salsas caseras para enriquecer el plato como la sublime de choclo, de berenjenas, kechup y mayo, el deleite sube de nivel.

Por otro lado, no tan afamadas ni con un sequito de aduladores propagandiando o haciendo filas incansables, sus hamburguesas (ojo que siempre vienen con queso, cebolla, lechuga y tomate, aunque sea Cheese Burger, valga la aclaración, por lo que hay que pedir que saquen ingredientes si no les simpatizan) son de muy buena faena, de 180 gramos de buen sabor a carne de gramaje excelente, con calidad en el queso y la panceta y con un pan de primera. Pueden salir simples, dobles o triples y se pueden sacar o agregar ingredientes al igual que los pepitos. Todo ejecutado en vivo tras un vidrio que muestra toda la cocina. La definición de las papas fritas: ricas.

Disponen de aguas, gaseosas y cervezas para acompañar.

A veces hay solo propagandas, o calidad y falta de humildad, en HJ Burger se combina la calidad con la humidad, y con la originalidad, con pocos productos, pero cuidados y respetándolos al detalle. Una grata sorpresa y constancia de las varias veces que fuimos, por eso lo recomendamos ampliamente para que hagan su propia experiencia, otra y sin tanto populismo de por medio.

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HJ Burger & Griddle

Araoz 2403 (Palermo)

CABA.

café, panadería, pastelería

RÚSTICA, la pastelería. Siempre es bueno volver a casa

Hablamos de “rústico” cuando nos referimos al campo, en contraposición al vocablo “urbano”, alusivo a la ciudad y a todos los que habitan en ella. Muchas veces, en sentido peyorativo, apelamos a decir que algo es rústico cuando es ordinario o poco refinado. Nada más alejado de la realidad. Y “Rústica, la pastelería” es una prueba concreta de ello.

En pleno barrio de Belgrano Residencial, a pocas cuadras de la estación, el campo y la ciudad se unen en un recinto antiguo, con una exquisita decoración que abre puertas ante un antiguo mueble de madera que ofrece opciones tentadoras de panes y delicias que cavan los canales más primitivos de nuestro olfato. Sillones tapizados con alegres motivos, alternan con una delicada ambientación con teteras antiguas y ornamentados juegos de té y café que nos transportan al mobiliario de nuestras abuelas y al recuerdo de sus delicias, autóctonas y europeas. Y como no podía faltar, el fondo es un patio, el encuentro de los juegos y las plantas que ascienden al cielo a través de un jardín vertical.

Según la página del lugar, su creadora Mariana Ginyaume, Licenciada en Gastronomía, nos explica su concepto del lugar, aferrado a las tradiciones familiares. Exquisiteces que se pueden comer en casa, pero con una vuelta de tuerca que hacen que siempre existan nuevos horneados además de los clásicos budines, muffins, cuadrados, alfajores y tortas de excelente presentación y tamaño.

Nuestra experiencia nos convocó a desayunar en el lugar. Con una atención muy correcta hemos visto desfilar generosas tostadas de pan suculento y todo tipo de acompañamientos. Nuestras preferidas fueron las medialunas con el típico saborcito de Mar del Plata que todos llevamos en el recuerdo y un Scon de queso bien caserito y pródigo en tamaño.

 

 

 

 

Carta

El café es un párrafo aparte. Desde la carta nos enseñan que trabajan con un café Guanés colombiano, cuyas características, origen, altura, datos de cosecha, perfiles de cata, figuran en la descripción como ocurre en muchas cafeterías de especialidad. Probamos un espresso servido de manera correcta, a una temperatura ideal, en cuyo aroma se percibían ciertas notas chocolatosas y con una agradable acidez cítrica que permanecía en boca durante un tiempo discreto. Tal vez un poco más de cuerpo se agradecería. El cappuccino tenía buena cremosidad, correcto y de buen sabor.

Para consumir en el lugar, además de desayunos y meriendas, waffles, licuados, ofrecen brunchs y almuerzos, cada cual con sus características y vertientes de tentación. Para llevar, hay panes y panificados, dulces y salados, bombonería y la excelente pastelería que hacen de Rústica, el lugar ideal para rescatar algunas tradiciones campestres en el medio urbano que nos convoca a diario.

 

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Rústica. La Patelería.

Zapiola 2125 (Belgrano)

CABA.

bar, cervecería, comida internacional, hamburguesas

ROCK AND BLUES CAFÉ: Sencillo y contundente

Los fuegos siempre son bienvenidos en cuanto a la transformación de sabores. Como una alquimia reveladora, los ahumados y la parrilla (al carbón, leña, chips de cortezas, etc.), logran modificar proteínas e internalizarse en cualquier alimento impregnándole identidad, potencia y claro que un estado de conservación superior (en el caso del ahumado).

La música, en especial el rock, también tiene la virtud y capacidad de alterar, gracias a su alquimia sensorial, conciencias y estados de ánimo, y así como la parrilla y su producto ahumado final, provocan alteraciones químicas en la gente.

En los comensales, buenos sabores, fuertes y potentes, combinados con rock clásico y sin tiempo dan como resultado una plena satisfacción en la experiencia culinaria.

Y esto sucede plenamente en un café que no es café pues Rock and Blues Café pese a su mote es un híbrido, también alquímico en su función de ofrecer poderosas hamburguesas a la leña a la par de música roquera en su breve recinto campechano, pero lleno de comodidad auditivo-gastronómica. ¿Es un bar, es una casa de hamburguesas, es un pub?

La breve carta (que es un volante conciso) ofrece además deliciosas papas rústicas, de lo mejor que se pueda encontrar en el ambiente hamburguesero, normales, tuneadas con cheddar y también cheddar y panceta (para dos). Bebidas típicas: gaseosas, tragos y cervezas varias, pero los hits del lugar son sus 5 burgers a las brasas: todas con un sabor ahumado y parrillero impresionante, único, y de sabores distintivos. Un producto muy distinto a todos los demás. Las que probamos nosotros fueron la Bacon Crush: carne, cheddar, panceta, cebollas asadas, papas crocante y alioli; la Bacon Burger: carne, chédar, panceta, cebolla y alioli, y también degustamos la Rock and Cheese, simplemente carne, cheddar y alioli, simple pero contundente y revelador. Todas de primer nivel, con gramaje y punto excelente y un sabor superior. Todas con un buen pan que acompaña perfectamente y puede ser simples o dobles (100 g cada medallón) y el combo incluye papas fritas solas o especiadas (ajo y orégano). El alioli casero es magistral. Completan el acotado plantel: la Rock and Classic con lechuga y tomate, y la Caraqueña con palta y salsa de ajo como ingredientes estrella. Para qué más, para qué embarullarse, si con estas 5 se hace mucho ruido, mucho rock and roll.

Lo precios son acordes y menores que la media, cuentan con delivery.

Con una atención buena, hay que pedir en la caja primero y luego sentarse en mesas cerveceras bajas, apreciando un decorado en madera de pallets reciclados, luces pendiendo de cuerdas, guitarras pegadas a las paredes y banderas mundiales que cuelgan dando matices de color. Un pequeño espacio que es poblado por música: Nirvana, Pearl Jam, Stone Temple Pilots y el gran olor ahumado roquero que sacude el ambiente. Altamente recomendable, sencillo y contundente.

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Rock and Blues Café

Mariano Acha 2559 (Villa Urquiza)

CABA.

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CAFÉ DE ESPECIALIDAD 2DA. PARTE: Olas de café. Movimientos y tendencias.

La historia del café es muy amplia y vasta, y se remonta a la antigua Abisinia africana con la famosa historia/mito del pastor y sus cabras cafeinómanas. Pero eso es otra historia. Los movimientos modernos y el consumismo masivo del café (más cercano en el tiempo) se toman referenciando como punto de partida, apenas concluida la Segunda Guerra Mundial, cuando grandes empresas americanas empezaron a importar el café de países productores y crearon espacios propicios para su consumo en volumen y sin enfocarse tanto en la calidad del mismo. A esta tendencia se la llamó la primera ola del café, debido a su gran consumo y extensión respecto de la demanda.

Luego, en los setentas y con la consolidación en la década del 80, la firma Starbucks tomó esta tendencia y comenzó a expandir una cadena donde lo más importante era el cliente y su satisfacción por el producto recibido. Aquí se empezó a hablar de origen del café y a cuidar un poco más el producto que se ofrecía, entrando así a la segunda ola del café.

Se asevera que el pasaje definitivo a la tercera ola de café fue en el 2000 con la primera competencia mundial de baristas, posicionando a este profesional como el eje central en el consumo masivo del café, dado sus capacidades y conocimientos en la preparación del aromático grano. Entonces, las cafeterías tradicionales se fueron volcando a productos de excelencia, al igual que cafeterías de especialidad que fueron abriéndose con el objetivo primordial de crear una experiencia única alrededor del café, donde se conoce todo sobre la cadena de producción del café que se sirve en la taza del cliente. Las máquinas se tunearon, resurgieron los procedimientos de cafeteras de filtro como una experiencia sensorial y visual en su exótico preparado, y consolidándose así el café como un lujo democrático.

Nosotros creemos que las olas de café son bastantes difusas en el tiempo (quizás es más correcto hablar de tendencias y poner en contextos las diversas realidades) y dependen de la economía y de las diferentes sociedades. Argentina aún no se encuentra al nivel de Australia o los países asiáticos, reyes de la maquinaria y las cafeterías futuristas, pero está protagonizando una incipiente tercera ola del café, donde muchos consumidores eligen un producto de calidad y disfrutan de la experiencia de tomarlo. Hay actualmente mucha oferta, pero para que la ola sea surfeada falta todavía una demanda consistente.

¿En qué “ola de café “considera que se encuentra la Argentina y por qué?

Gabriel Calleja: “En estos momentos creo que en la Argentina estamos entrando en la tercera ola, aunque muy en pañales. Todavía somos como niños que tenemos muchas cosas por descubrir y donde hay mucho trabajo por hacer.”

Rocío Scha: “Creo que hoy en día las cosas están llegando a la Argentina más rápido de lo normal, lo que significa que estamos en la misma tercera ola del café que el resto.

Tenemos muy buenos referentes que trabajan diariamente para implementar en sus barras los mejores productos, herramientas, técnicas y saberes. ¿Qué genera todo esto? Que tanto dueños de cafeterías, baristas, tostadores y consultores sean conscientes del trabajo que hay detrás de la taza de café y de la progresión que recorre esta bebida.

Y obviamente como reacción, esto es transmitido a los consumidores. Tanto a los curiosos que se animan a preguntar, a los que hacen cursos para perfeccionarse o simplemente al oficinista que entró a una cafetería porque era cool pero terminó aprendiendo sobre este universo.”

Agustín Abot: “Argentina está entrando en la tercera ola mundial del café. Poco a poco vemos el crecimiento, la especialización de cada establecimiento para mejorar las prácticas y el producto con el que se trabaja, ofreciéndole al cliente una bebida destacada, artesanal y exquisita, logrando con esto, que este se sienta parte del proceso y creando cultura cafetera en aquellos que aún siguen consumiendo en cafeterías tradicionales.

Estamos en un punto de inflexión, en un cambio de era. Todavía conviven la segunda y la tercera ola, pero esperamos y tenemos fe de que cada vez haya más consumidores y cafeterías pertenecientes a la tercera ola.”

Máximo Vázquez Brust: “Creemos que en la Argentina algunas ciudades están despertando en la tercera ola de café, con Buenos Aires a la cabeza ya metido en la tercer ola de lleno.

Con respecto a la capital, que es la ciudad que habito y veo mutar más de cerca, puedo decir que siempre existió la costumbre de tomar café, pero tradicionalmente fue en torno a la experiencia, y no a la bebida. El desembarco en 2008 de la cadena Starbucks a la ciudad, logró que los porteños se interesen por tomar un café diferente. Esto, sumado a la tendencia general de la gastronomía de sofisticar el paladar del consumidor, logró que el porteño aprecie el producto en toda su complejidad, sumando a la bebida como parte fundamental de la experiencia.”

Agustín Quiroga: “Sinceramente no comulgo demasiado con esto de categorizar la evolución de la producción y el consumo de café en “olas”, me parece simplificar demasiado movimientos que son complejos, abarcan múltiples dimensiones y, sobre todo, son muy dinámicos y no tienen etapas tan fáciles de delimitar. Lo que nosotros promovemos desde hace unos años y vemos que hoy es tendencia, es que el cliente (sea una cafetería o el consumidor final) quiere saber cada vez más sobre el producto que compra o consume. Hay un énfasis en el origen, en los procesos, saber de dónde viene el café, conocer quiénes lo producen, qué camino recorre esa semilla hasta llegar a la taza. La trazabilidad del café es hoy el concepto fundamental: esa es una categorización que sí sirve, la que permite identificar y diferenciar los cafés, motivada por el deseo de aprender para poder valorizar y elegir. Hoy los cafés indocumentados pierden en la comparación, por eso ponemos tanto esfuerzo en la selección en origen, en el trato directo, porque creemos que acompañar al café desde que nace es sin duda un valor diferencial.”

GRACIAS NUEVAMENTE A TODOS ELLOS POR EL GRAN APORTE. SIGUE EN LA PARTE 3.

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CAFE DE ESPECIALIDAD – Primera Parte

La SCA (Specialty Coffee Association) define al Café de Especialidad como, al que bajo rigurosas normas de catación,  se le es otorgado 80 puntos o más en una escala de 100 por catadores profesionales que evalúan aroma, gusto y defectos del grano de café. Según esta asociación, la cual rige y estandariza a los café de todo el mundo, un café de especialidad es aquel que no presenta defectos y tiene un sabor distintivo en la taza. Esto quiere decir que su sabor es notablemente bueno.

Según la página Infusionista: “Se refiere al café de excelente calidad que obtiene una calificación de 80 puntos o más en una escala de 100 otorgado por catadores profesionales, y que se distingue por su aroma, sabor, personalidad, carácter distintivo y ausencia de defectos.”

En la página Jocutla se indica que: “La definición de café de especialidad inicia desde el origen del café, la selección y plantación de una variedad en particular cultivada en una región específica del mundo. El término café de especialidad se refiere a granos de café verde de alta calidad tostados a su máximo potencial de sabor por verdaderos artesanos para después ser preparados adecuadamente bajo estándares determinados.”

En Perfect Daily Ground, nos explican que para conseguir un café de especialidad todo tiene que empezar desde el momento cero y pasar por unos puntos y procesos, que juntos harán que el café producido se pueda clasificar como café de especialidad.

Nosotros creemos que el café de especialidad es una experiencia de conocimientos y sensorialidad, desde la plantación del cafeto, la recolección y selección de la cereza, sus procesos de beneficio para obtención del grano verde, su arte de tostado, hasta la extracción de forma correcta por el barista quién asesora en todo lo referido a este café. Es cómo está pensado y es cómo es bebido el café.

Recogimos algunas opiniones de gente calificada en el tema:

Máximo Vazquez Brust (de Root Coffee House) nos dijo: “Es un conjunto de reglas, procedimientos y estándares enfocados a ofrecer un café de muy alta calidad cuidado desde el origen hasta la taza. El grano tiene que ser trazable hasta la finca de origen, donde se recolecta a mano y procesa con métodos que no van a afectar la calidad del café. Es catado por personas especialmente entrenadas y preparado también por baristas especialmente calificados.

El café de especialidad transporta al consumidor a diferentes regiones del mundo a través de sus sabores y el barista pone a disposición del consumidor información sobre el origen del café, como la finca de origen, el varietal, beneficio utilizado, caficultores, tostadores y sobre la preparación de la bebida.”

Agustín Abot (Bote Café): “El café de especialidad para nosotros es un estilo de vida, una forma de transmitir la pasión que genera el contacto con sabores y experiencias únicas que te brinda el estar inmerso en esto. Es una posibilidad de conexión y de crear lazos con clientes, baristas, productores, trabajadores de las fincas, tostadores y demás.”

Rocío Scha (coffee hunter) aporta: “Creo que es una pregunta que puede tener muchas respuestas. Justamente el otro día, filosofando con un amigo sobre café, llegamos a la conclusión de que “Sólo se, que no sé qué es el café de especialidad”.

El café de especialidad es el que tiene X efectos primarios, X secundarios, es arábico, es el que tiene más de 80 puntos; es lo que la “santa” SCA dice que es. Pero en realidad yo creo que es un conjunto de cosas lo que lo terminan de definir.

Obviamente se necesita un café de calidad, pero también creo que es la forma en que lo trabaja el tostador y barista, en cómo es presentado y hasta cómo es recibido por el consumidor.”

Gabriel Calleja (Import Coffee de Belgrano) aporta que: “Para mi el café de especialidad es el respeto por la materia prima y todos sus procesos hasta llegar a la taza. En donde se cuida la calidad de la planta, la semilla, la molienda, la máquina. Es por esto que el barista es el último eslabón de esta cadena de cuidados en donde el resultado final es sumamente superior a cualquier café.”

Agustin Quiroga (Café Puerto Blest/Tienda del Barista y referente de la escena local del café) opina: “Un café de especialidad es un café especial, que surge del trabajo, esfuerzo y compromiso enorme de mucha gente a lo largo de toda la cadena de valor.  Según la SCA (Specialty Coffee Association) el café de especialidad puede existir consistentemente gracias a la dedicación de personas que tienen la calidad como prioridad, no sólo en la etapa del cultivo sino en cada etapa del proceso, manteniendo el foco en la excelencia desde el inicio hasta el final. Estableció un puntaje para categorizarlo: un café que califica arriba de los 80 puntos (en una escala de 100) es un café de especialidad. El café verde debe tener cero defectos de categoría 1 y menos de cinco defectos de categoría 2 de acuerdo al protocolo SCA. Además del puntaje están los standards: la SCA cuenta con protocolos que establecen los requisitos para evaluar y calificar el café y sus procedimientos asociados: standards para Café Verde, Cupping, Tueste, Agua y Brewing. Además, hay estrictas guías de buenas prácticas. Todo con un mismo objetivo: garantizar la calidad. El control de calidad atraviesa cada etapa del camino que recorren los granos. En la inicial, con el cultivo, la cosecha y la selección, se prioriza calidad a cantidad, sólo los granos sin defectos llegan al final del proceso. Esos granos pasan a una exhaustiva etapa de cupping: más controles para elegir los mejores lotes que son seguidos por más pruebas para encontrar el perfil de tueste que maximice los atributos de los granos y el método de extracción que les permita expresarse al máximo. Así se llega al control final: el del consumidor.”

Muchas gracias a todos ellos por sus valiosos aportes y su tiempo. Seguirá en la Segunda Parte.

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BERNI DELI & BISTRO: el norte prometedor

La Lucila es un barrio del partido de Vicente López, ubicado a 12 km de Buenos Aires, antaño conocido por Punta de los Olivos, el cual supo ser un sitio clave para la defensa de las invasiones inglesas.

Más tarde la aristocracia porteña decidió llevar sus capitales a este enclave a orillas del Río de la Plata para instalarse en casas de descanso. Una de esas viviendas (denominada La Lucila) fue construida a principios del siglo XX por el militar Alfredo Urquiza en honor a su esposa Lucila Marcelina Anchorena de Urquiza, y fue inaugurada como mansión despampanante en 1915. Lamentablemente la dama solo la pudo disfrutar dos años pues falleció en 1917. Igualmente debido a su majestuosidad, la mansión fue muy popular y la zona comenzó a ser llamada “La Lucila” por los vecinos.

Lamentablemente, la elegante mansión “La Lucila” fue demolida en 1939, pero el barrio quedó en pie como uno de los más distinguidos y acaudalados del delta de Buenos Aires. Allí en la actualidad, hay pequeños destellos de polos gastronómicos esparcidos por la Av. del Libertador y en su pequeño centro de la calle Rawson, paralela a las vías del tren.

Allí nos encontramos con Berni Deli & Bistró, una cafetería moderna que ofrece algunas comidas, pastelería y recientemente, la incorporación del café de especialidad. Este último es un café de Puerto Blest, extraído con máquina Simonelli Appia II.

Lo primero que notamos del lugar es que su relación precio-calidad es muy buena, sobre todo por estar en un barrio de las características mencionadas anteriormente. Cuentan con una carta italiana de café dividida por tamaños (chicos, medianos y grandes), a precios inmejorables y en su carta aclaran sobre la temperatura a la cual preparan la leche: “tomable”.

Todas las preparaciones de café son servidas en pocillos y tazas artesanales de arcilla poco ortodoxas para cafetería, pero efectivas y que dejan impronta e identidad al lugar: Berni opta por estas tazas o estas tazas las tiene Berni. El espresso que probamos fue bueno sin sobresalir, con una destacada acidez cítrica y algo chocolatoso (por lo que entendimos era de origen Colombia). Los capu y lattes muy bien ejecutados, de buen sabor y más que correctos.

La pastelería es muy buena, ricas medialunas, deliciosas tostadas francesas (mejores que en muchas renombradas patisseries capitalinas), buenas tostadas para untar y excelentes scones de queso.

La carta se completa con muchas ensaladas, sándwiches, tortas, alfajores (y demás pastelería pequeña), snacks, desayunos completos y hasta delicatesen gourmet para llevar. Aguas, limonadas, cervezas, gaseosas y licuados completan sus bebidas. Hasta ofrecen tres hamburguesas que prometen (para otra ocasión).

El lugar de dimensiones medianas tiene aspecto moderno con decoraciones en madera, paredes en blanco y ladrillos. Mesas afuera y adentro en pino con sillas plegables, de caño y plásticas. Cuentan también con una barra. Luces sutiles y decoración mínima, orden y luminosidad. Por algo se mantuvo lleno en todo momento. La atención es correcta.

Un lugar para tener en cuenta, por precios, por un café bueno que puede mejorar en cuanto tengan rodaje. Por sus precios más que interesantes, por su ubicación en pleno centro lucilense, y por tener otras opciones a los ya acostumbrados cafés de especialidad clásicos, otros tantos repetitivos y algunos lejanos. Algo muy prometedor por el norte.

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Berni Deli & Bistró

Rawson 3707 (La Lucila)

Buenos Aires.

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CAMINO MOTOR COFFEE: restaurante motoquero o el abrumador instante de recuerdos motorizados

Un buen menú, sencillo, pero bien pensado, un camino. Y el camino nos lleva a San Isidro, a la ribera del Río de la Plata, donde por la calle Primera Junta, un pequeño polo gastronómico se eleva como un faro apuntando hacia la costa (ese mismo faro en el que hoy funciona una heladería).

En un hangar enorme, plagado de curiosidades modernas y antiguas, motos y más motos, chucherías y mecanismos, rodados y juegos de azar del antaño querido, escaparates, luces que ambientan un aroma a pasado y presente fierrero, se impone Camino Motor Coffee, con un rastro de taller de motos de las buenas.

Allí hay lugar para una barra suculenta con tragos inspirados en la nocturnidad misma, una cafetera Saeco semiprofesional que asoma detrás de su propia barra como promesa de buen café (aunque no lo probamos). Estanterías y vitrinas con cascos, curiosidades, juguetes, gorras, recorren el gran salón de techado abrumador culminado por chapas arqueadas dando la sensación de estar en un gran taller donde se oculta alguna nave alienígena o las mismas vicisitudes del tiempo. La turba de mesas, sillas y sillones cómodos salpicadas por todo el ambiente es interrumpida por motos de exposición y demás objetos legendarios y alguna que otra chatarra pintoresca. Hay un primer piso con más novedades y un salón aparte, con juegos como el sapo, flipper, tejo y metegol para recordar otras épocas. De noche, con las luces en su esplendor debe ser una sinfonía de estímulos sensoriales, que nuestra hora de visita no nos dejó apreciar. En esta época un lugar así de ecléctico es poco menos que cautivador.

La comida es bien sencilla, wraps, una docena de platos principales elaborados, bastantes hamburguesas, ensaladas, finger food en general, cervezas tiradas, gaseosas, tragos y aguas. Las burgers son motoqueras y esto se observa desde su presentación con un pan cuadrado y casi de otro tipo de plato (inferimos que no usan siempre el mismo, y además nos contaron que la noche anterior quedaron detonados por tanta cantidad de gente y no tenían algunos ingredientes, bien por avisar). El medallón es decente no muy amasado, de buen sabor, con toppings bien pensados (simple con cheddar, huevo y cebolla y otra con brie, rúcula, originales papas pay de buen sabor), y con un pan que no resistió del todo la humedad global (un punto a mejorar). En definitiva, una buena Burger que podríamos categorizar como de paso o motoquera (una parada obligatoria para los fans de las dos ruedas).

También nos deleitamos con sus quesadillas de pollo acompañadas con verdes y guacamole, de buena masa y exquisito relleno. Una ensalada completísima estilo italiano cumplido muestra buena experiencia gastronómica general.

La cocina tiene sus platos fijos, pero van agregando o sacando platos especiales y bastante sofisticados por períodos y los findes hacen algunas delicias al horno como pizzas a la leña ya que recientemente armaron un hermoso horno de barro y ladrillo que emerge como un domo (un Sauron que nos mira con su ojo) en la parte posterior del salón.

No nos queda más que decir que fue una grata experiencia, en un lugar que se asemeja a un museo con retazos de circo, salón de antigüedades y cruza con taller mecánico, pero es ni más ni menos que un restopub que no los va a dejar de asombrar cuando entren y se pierdan en cada instante de recuerdos motorizados.

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Camino Motor Coffee

Primera Junta 1118 (San Isidro)

Buenos Aires.

café

RIBERA CAFÉ: en las orillas de la perfección

La palabra “Ribera” alude a decenas de conceptos que se van multiplicando a medida que la experiencia otorga su impronta, y es ahí cuando diverge a otros cientos de significaciones, muchas veces alejadas de la orilla. Una ribera es una playa, ni más ni menos que eso: la zona que bordea el límite de un río o del mar. Pero también es periferia; un margen, un límite preciso o impreciso, o (yendo más lejos), la marginalidad que el parlante nos ejecuta cuando escuchamos el tema de la Bersuit. Ribera es también un apellido (de polémica ortografía), alguna aldea perdida de España y una Cafetería de Especialidad que desde hace unos meses se ha instalado justo en la ribera entre dos barrios emblemáticos de Buenos Aires: San Nicolás y Recoleta.

La calle es “Viamonte” (en homenaje a uno de los militares que luchó en la Invasiones Inglesas, defendiendo nuestras riberas), cerca de la esquina de “Rodriguez Peña” (otro defensor de nuestras costas en dichas invasiones). Buenos Aires suele serpentear las causalidades como quien advierte epifanías entre las cotidianas expresiones del azar. Dicen por ahí, que el nombre de la cafetería surge al mismo tiempo en el cerebro de sus dos propietarios, a la hora de ponerle nombre al proyecto.

Ribera Café es algo así como la playa que nos refugia del tormentoso océano de complejidades que significa una ciudad en brama, ansiosa de prisa y eficacia. Unas pocas sillas para que los elegidos del café puedan apartarse para merodear las orillas de una charla, de granos perfectos y bebidas de increíble precisión. Una barra protagonista en donde la ribera se hace difusa y uno ya no sabe si está tomando un café o se ha convertido en el café que toma. La mariposa de Chuang- tsu revoloteando entre los vapores de la tarde. El café se torna tiempo, muta en charlas entre adeptos milicianos del café que pueden ser extraños pero el oro negro los agrupa, los vuelve tiempo.

El espresso es Ninina, proveniente de Bolivia, dulzor y acidez frutal que pegan en la boca de manera sensual. Los filtrados pertenecen a Puerto Blest, y provienen de Guatemala (excelente aeropress con un varietal Antigua), Nicaragua, Brasil, Colombia, etc., pero la magia es argentina y de la mano de sus baristas. Si uno se queda con ganas de más, también se puede llevar en granos o molido en el momento. Por su puesto que hubo un lapso en que la boca tocó uno de los mejores Capuccinos de la Ciudad, de gran ejecución y en donde se puede sentir la férrea intensidad del café.

En opciones de comida se destacan sus sandwiches: bien pensados, bien ejecutados, armónicos y deliciosos: pulled pork en pan de ciabatta, pastrón en baguette con semillas y la estrella del día: humus de remolacha y berenjena en baguetin (picoso, cremoso, con el dulzor justo de la cebolla caramelizada y el frescor de la rúcula).

Para el segundo café (porque siempre hay más de uno), los dulces son la perfecta elección: desde las tradicionales croissants, los infaltables brownies y budines, hasta las poderosas cookies (de maní con sabor a abuela y a infancia, una fija) y las de pepitos de chocolate.

Un lugar pequeño, íntimo, pero que invita a permanecer por su ambiente, su música y la excelente atención de sus dueños, que no se limitan a servir café sino que le hacen honor a todo el ritual que se despliega alrededor de una taza.

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Ribera Café

Viamonte 1649 (Centro)

CABA.

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MALCRIADA CAFÉ: la caprichosa del café

Algo distinto, inquietudes en la boca y en el alma. Ganas de nuevas aventuras en gastronomía y café de especialidad. Somos caprichosos, queremos eso, queremos libertades y no atarnos a las modas, a los medios, ni a los influencers. Tampoco nos satisface desembocar en los barrios habituales para encontrar un buen café. Nadie que nos diga dónde ir, estamos malcriados y vamos a “Malcriada Café” a saciar tanto capricho.

Escenario relajado, con entrada de almacén antiguo (típico de la periferia de Palermo, en donde los fantasmas arrabaleros se codean entre Chacarita y Colegiales), mesas y sillas adentro y afuera en madera rústica, hasta espacio para plantas dando un matiz orgánico a la cosa. Ambientación clara con algunos ladrillos a la vista y un mural donde la Malcriada se hunde en el café. La barra nos recibe con máquina y molino “Ascaso” y algunas banquetas altas para ver la acción cafetera.

Café del bueno: tostado por Ninina, blend (bolivia 60%-Colombia 30%-Brasil 10%): espresso con acidez cítrica, frutal y retrogusto a chocolate. Capuccino excelente, dulce, cremoso y ejecutado de maravilla. Carta italiana completa con buenos tragos fríos, cold brew orange refrescante, matcha latte. Opción de leche de almendras. Opción take away (para llevar).

Filtrados: chemex, v60, aeropress, prensa francesa.

Rica y artesanal pastelería y comida casera in situ:

Carrot Cake, de las mejores tortas de zanahoria de la ciudad. Punto.

Avocado Toast: con pan de masa madre, palta, pera, queso azul y nueces (magistral). Obligatorio encapricharse con él.

Tostón alemán: con leber casero potente y rico, rúcula, pepinos y cebolla encurtida, excelente combinación.

Torta Matilda: como la de la película, chocolate y lujuria.

Medialunas, Cheese Cake de frutos rojos, alfajores, frolas, budines, cupcakes, etc.

Combos y brunch. Tostones y sandwiches. Todo a precios accesibles considerando que la calidad de lo casero es muy notoria.

Gaseosas, jugos, limonadas, cervezas completan la carta. Algunas tarde-noches funcionan como punto de mancomunión y refugio de otros duchos baristas de la ciudad. Tragos refrescantes y cerveza completan la velada.

Más alla de la simpleza del lugar, el orden y lo metódico se nos pega; hay tranquilidad en sus dueños, y eso se transmite. Juan Pablo está a cargo del café y la atención sumamente cuidadosa. Uno se sienta y te atienden en la mesa que elijas. Con muchas charlas de café en el medio, se toma el tiempo de explicar, asesorar sobre el café que se sirve y todo lo concerniente a la carta de bebidas y comida, con una pasión que pocos tienen (el tipo de naranja con el que se hace el cold brew orange fue un tema de discusión). Agustina generalmente se encuentra tras bastidores, cocinando y haciendo fluir la magia de sus tortas y salados, abundantes, caseros y sobre todo deliciosas opciones. También venden tartas y tortas para llevar.

Y nos siguen malcriando, te sirven y agasajan de una forma diestra y esmerada, con todos los detalles cuidados, se preocupan de que todo salga bien y en superarse. Nos malcrían. Con humildad y ganas nos hacen más caprichosos que lo de costumbre y eso convierte a Malcriada en un lugar donde siempre queremos volver.

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Malcriada Café

Bonpland 1367 (Palermo)

CABA.

bar, cervecería, coctelería, comida internacional, hamburguesas

WUNDERBAR: el arte de la hamburguesa

Un año no es nada, aunque a veces lo es todo.

Las evoluciones pueden ser fatídicas o pueden corregir, mejorar o lograr la trascendencia de algo.

Los bonsai son literalmente árboles en macetas. Pero no cualquier árbol que se precie puede colocarse en cualquier maceta que le sobre a alguna abuela. El arte del bonsai debe dejar plasmado, en el árbol en cuestión, vejez verdadera o la sensación de ella, la armonía o equilibrio visual en donde las proporciones juegan un papel preponderante, ya que se intenta aquí de emular hasta el más mínimo detalle en una talla o escala sumamente menor. Si visualmente parece un árbol grande se ha logrado el objetivo, más allá de toda una filosofía que conlleva en sí mismo este arte y llegar a dominar el cultivo de la planta, a nivel estético la armonía de proporciones es vital.

Se preguntarán qué tienen que ver los bonsai con las comidas, o precisamente con las hamburguesas, y se preguntan bien, pero hay ciertas similitudes, ya que estamos en presencia de nuevos aportes como por ejemplo burgers sliders (tamaño pequeño o mini) o para nosotros, hamburguesas bonsai.

No hay muchos que se animen a reducir el tamaño de sus clásicos pattys tradicionales, algunos lo intentan para algún evento o en aquellas ocasiones especiales en donde las prisas y la cantidad de comensales obligan a buscar la vuelta.

En el cumpleaños numero 1 de Wunderbar se presentó esta opción de “burgers bonsai” con los clásicos más vendidos de la casa en versión slider, con una presentación muy coqueta y novedosa.

Las adaptaciones mini incluían a la Wunderbar (doble carne, cebolla, panceta, cheddar, salsa WB que es un lujo), la Django (doble carne, cebolla crocante, cheddar, pepinos, salsa ranchera: salvaje) y la KillBill (triple carne, cheddar, cebolla, panceta, pepinos, salsa WB: intensa). Realmente nos sorprendieron, de lo mejor que probamos en mucho tiempo, no solo por sabor exquisito sino por el logro de la proporción entre todos los ingredientes y el desafío de que un medallón mucho más pequeño no llegue a secarse durante la cocción. Lejano a eso, los pattys estaban en su punto perfecto, jugosos con un sorprendente gusto, con su superficie perfectamente caramelizada. Los quesos, de primera linea y los demás toppings, salsas, cebollas y bacon en perfecta armonía visual y gustativa. Un logro épico, ¿exagerados?, tal vez, pero no hemos probado algo igual ni conocemos propuestas similares salvo una (aún pendiente; el concepto no fue inventado en estas tierras). Esperamos que queden permanentemente en el menú, ya que además es una buena forma de degustación general y carta de presentación de un lugar dedicado a la gastronomía. La gente busca novedades en sus papilas ávidas de algo nuevo y saturada de replicas o copias genéricas.

Aplausos para Wunder que siempre tienen inquietudes de sensaciones y gustos. Desde las primeras veces en que conocimos este bar devenido a especialistas en burgers, con entrantes delicados de carnes mechadas o brusquetas de masas aireadas con detalles exquisitamente efímeros, hasta las grandes hamburguesas de carnes de gramajes increíbles, gustosas y de salsas delicadas y notorias, supimos que esta gente entiende de gastronomía y por qué lado hay que ir (pocos logran querer superarse sin dormirse en sus lauros).

Hay que destacar sus aliolis y sus salsas de calidad extrema.

Todas sus burgers parten del mismo desarrollo de buenos medallones finos, con una gran cocción y que en boca explota de sabor a carne y se desgrana de forma certera.

Hemos probado la Cheeseburger (doble con cheddar: en la simpleza donde se ven los pingos, de las mejores del mercado), la Wunderbar, la Django y la KillBill, Hamburguesa Aniversario (cebolla caramelizada y panceta, cheddar y alioli ahumado) y nunca nos han defraudado, quizás, como detalle, la Tradicional una vez, y debido a la humedad aportada por la rodaja de tomate, desarmaba el pan original, que ahora es distinto.

Un pan sobrio, tipo brioche delicado y de buen sabor que no desentona ante la casi perfección de la carne, sino que acompaña y agasaja la fiesta que la boca recibe.

Hay abundancia de cervezas tiradas de buena calidad, vinos y, como todo bar de categoría, tragos refinados. Probamos Campari con naranja y Cynar con pomelo de excelente factura a pesar de su sencillez. La carta es bastante completa, con ensaladas excelentes y algunas cosas para picar, pero fue direccionándose fuertemente hacia un plantel de burgers que amerita degustación completa.

El lugar nos abraza como casona antigua de reciclado hábil y moderno, con mesas en la calle y en su lindo patio interno. Ambientes disfuncionales y orgánicos en su interior oscuro pero de luces atinadas, con barras para los apoya codos que completan este bendito cuadro de bar ecléctico y bullicioso, en el que algunas veces se puede sufrir calor pero soportable.

Con un perfil más bajo, con humildad y trabajo, luego de un año de labor y evolución, Wunderbar (para nosotros una de las revelaciones del 2018) se perfila como una de las potencias a nivel hamburguesero de Bs. As., sin dudar a la misma altura de varios gigantes que deberían pedir consejo de como cultivar un bonsai (también humildad, investigación y trabajo) para que no se le desforeste el bosque (y trascender).

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Wunderbar // Av. Cramer 2830 // CABA.