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PONY LINE Bar: estilo y sabor

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Se cuenta que los primeros ejemplares de ganado vacuno arribaron a estas tierras de la mano de los españoles, mucho antes de la fundación del Virreinato del Río de la Plata. Ya en el momento de la segunda fundación de Buenos Aires existían millones de cabezas distribuidas por toda la pampa húmeda y la Mesopotamia, lugares increíblemente aptos para su reproducción. En un principio, no existían estancias y las vacas no tenían dueño. Los incipientes gauchos y los indios organizaban las sangrientas vaquerías, aprovechando el interés de Europa por los cueros. Hoy nos parece inconcebible que, en tales maniobras, los gauchos comían apenas el matambre, la lengua y el interior de los huesos grandes de la vaca, luego de quitarles el cuero y dejando el resto para los animales carroñeros y los perros.

 Más allá de que existiera algún antepasado argento prehistórico, el consumo de carne bovina va de la mano con la organización de estas vaquerías. El asado se remonta a esa época, cuando los hombres improvisaban un asador en la tierra apelando a algunas estacas rodeando una hoguera. La carne era consumida casi cruda, sin más cubiertos que el trabajado facón que cada gaucho llevaba consigo a manera de la más sofisticada navaja suiza de supervivencia.

 Con el advenimiento de los saladeros y más tarde de los frigoríficos, la carne vacuna de nuestras tierras comenzó a manifestar un interés especial por parte de los europeos. Y es que aquí había extensión de sobra para que las criaturas caminaran varias leguas para conseguir su alimento, dando por resultado una musculatura más contundente y una grasa mucho más digerible que la de las sedentarias vacas europeas, criadas en establos.

 Comenzó la era de la exportación de carne refrigerada, beneficio que hizo crecer nuestra economía durante muchas décadas (la aftosa y la mala administración se encargaron de redondear el boicot, pero eso es otro tema). Y los viajeros fueron los que comenzaron a notar que la misma carne argentina consumida más allá del Atlántico tenía un sabor diferente; más profundo y redondo. Por entonces las carnes viajaban en buques refrigerados, demorando unos cuantos días en llegar a destino.

 En los últimos años ha comenzado a aprovecharse esa curiosidad para obtener carnes con mejor sabor. Surge entonces el proceso llamado Dry Aged, mediante el cual la carne faenada se estaciona en cámaras frigoríficas a una temperatura que varía entre 1 a 3 grados centígrados, controlando la humedad a valores específicos, las corrientes de aire y la flora bacteriana, todo ello durante un tiempo variable que puede ser de 45 días hasta varios meses. En este proceso natural pero controlado, la carne va sufriendo una serie de reacciones enzimáticas que hacen que las fibras musculares se vuelvan más suaves, dando como resultado una experiencia en boca diferente, una textura más suave y un sabor más intenso. Obviamente que nunca se deja que la carne entre en la etapa de putrefacción.

 La carne madurada de esta manera comienza a ser la nueva pasión de los argentinos. De la mano del Restaurante Elena y su bar Pony Line, se funda el primer club Dry aged de la Argentina del que participan cada vez más asociados (uno de los pioneros en el proceso de maduración de la carne).

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Pony Line, en el barrio de Retiro, como digno integrante del Hotel Four Seasons, está decorado siguiendo una temática bien argentina (en la página juran que la ambientación es de una caballería escocesa). Un establo de caballos de polo, en donde el lujo y la sencillez encuentran el punto exacto en que confluyen el buen gusto y la elegancia descontracturada de sus clientes. Un ambiente medido en donde nada sobra y nada falta. El cuero y el metal son los ladrillos fundantes de toda una estructura dedicada al confort de quien la visita. Microespacios con sillones y mesas bajas para quienes priorizan el relax, mesas compartidas para aquellos que se atreven a disfrutar de las relaciones sociales propias de un after-office, mesas altas para los que gozan de las nuevas tendencias y apartados cerrados a la manera de studs, en donde se puede conversar con la mayor intimidad. Todo esto acompañado de una atención increíble, en donde el personal (además de ser capacitado) se esfuerza por ofrecer un servicio exclusivo, sin invadir y hasta con la perspicacia de acercarse sin que uno se los pida, justo en el momento en que se los necesita.

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La carta es una ingeniosa barra de cuero de esas que se usan como rebenque, conteniendo todas las delicias, con forma de picadas, sándwiches, hamburguesas, pescados, metzes, street food y cocina internacional de altísima calidad; meriendas, patisserie, bollería fina y helados de marca propia; y la enorme variedad de cócteles con o sin alcohol, cervezas y hasta café de especialidad.

 

Con las bebidas, acercan unas papas tuneadas con pimentón que en combinación con la salsa estilo kétchup especiado resultan adictivas.

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Como hamburgueseros no quisimos irnos sin probar las dos opciones de Pony Line, famosas en el ambiente. La “Clásica Pony” con un medallón de carne de 250 gr. acompañada de queso Lincoln, panceta, cebolla crocante, pepinillos y barbacoa casera y la “Madurada 45 días, también de 250 gr. que viene con lechuga, tomate, relish casero, queso Lincoln y tomeya. El pan de ambas viene directo de la mano de los dioses, un brioche que contiene, acaricia y penetra sensual en tu boca en comunión sagrada con la carne y en actitud de bendita concupiscencia.

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La carne en el punto justo, la “Clásica Pony” es un blend de 40% de tapa de asado Wagyuy (carne Kobe de intenso marmoleado, infiltración de grasa en las fibras musculares, lo que entrega sus particulares atributos de sabor cuando es cocinada) y un 60% de roast beef y bife de chorizo Angus, mientras que la “Madurada (dryaged)” consta de un 40% roast beef y un 60% bife de chorizo, ambos madurados durante 45 días. La composición de esta Burger está pensada para realzar el sabor de la carne, ingredientes suaves y reconocibles para que el paladar sólo se ocupe de apreciar la textura y el sabor del medallón. Y vaya que esto ocurre. Se destaca la calidad de productos, la delicadeza y cuidado en el armado, lo crujiente, lo suave, lo fresco, la complejidad del conjunto. Hamburguesas super Premium, sabrosas y contundentes.

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Acompañamos el placer con un exquisito brebaje de manzana, menta, limón y huellas de cardamomo, llamado “Refresco oriental”, equilibrado y adecuado para maridar con la comida. Y para finalizar, quisimos probar el famoso helado de LA DOLCE MORTE. En este caso una bocha de helado “Chocolate blanco & Magic”, una curiosa combinación de chocolate blanco, café y mandarina que en la boca se descifra como una dulce sinfonía que le da significado a cada una de las papilas (quizás el helado más sublime que hayamos probado jamás).

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Los orientales hablan del vocablo CHOWA como la perfecta conjunción entre el cerebro, la mano y el corazón. Pony Line Bar expresa ese significado y no se puede pretender que la perfección vaya de la mano con un precio estándar. La diferencia no está en la billetera sino en la experiencia y la sabiduría está en apreciar las diferencias y hacer la mejor elección.

 

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Pony Line Bar

Posadas 1088 (Retiro)

CABA.

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THE SHELTER COFFEE: donde el tiempo se refugia

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Sobre la coqueta y pintoresca calle Arroyo, en donde uno parece caminar sobre un museo arquitectónico, y las galerías de arte socaban vidrieras, la tranquilidad de un feriado nos llevó a otro mundo. Casi llegando a la 9 de Julio, un reloj y unas sillas custodiando la vereda auguran un lugar casi mágico. De la tranquilidad de las callejuelas de Recoleta al atravesar la puerta de The Shelter Coffee la sensación era como si en cualquier momento Harry Potter y sus pócimas o James Bond con música de Portishead gateando por el aire nos recibirían en este espacio de otro tiempo, de otro lado. Una ambientación inspirada en bar inglés antiguo, con todos los detalles cuidados, sillones Chesterfield que rebozan comodidad, sillas y mesas refinadas en madera oscura, barra clásica, azulejos en colores marrones acompasando los detales de las maderas y los muebles añejados.

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Se respira ambiente, se suspende el tiempo; un poco de Londres recorre el aire respirado tan solo unos instantes (eternos). Afuera un ventanal magno solo deja ver una calle despobladamente detenida. Quizás no queremos que se termine la experiencia, el sillón hunde nuestros cuerpos, la música alta pero amable permite charlar, disfrutar. Muchos extranjeros con sus flat white, muchas parejas maduras con su diario y su relajo matutino; solo falta un puro (y una varita o el auto de Bond estacionando en la puerta).

Luces intimistas cómodas a las retinas, penumbras y sombras que se esconden para luego despertar, pero siempre nos resguardan.

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Con una carta para llevar como souvenir que contempla varias opciones de café de especialidad, ensaladas, bebidas, tragos, cold brew, y sándwiches. Con amable atención y disposición. Con un café Colombia de beneficio lavado, de altura (región Cauca, Típica Caturra, Finca “El Tambo”, grano a la venta por $280 el cuarto), aromático, herbal, con buen cuerpo, intenso, potente, de una profundidad envidiable, acidez frutal marcada pero deliciosa, chocolates, frutos secos y finish suave y agradable. El baguetín de pollo de calidad, cremoso, con morrones asados, mayonesa y buenos condimentos. Acompañando un agua limonosa.

 

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Un lugar con mística, accesible, casi oculto, casi lejano, pero certero. Distinto de otras cafeterías de especialidad y singular, saliendo de la “onda” tipo industrial. Por eso es mágico, por el ambiente exótico y refinado, por sus baños tapizados en cuadrille escocés, por sus griferías, por sus lámparas que enfocan y se van y no nos dejan, por sus blancos y sus negros, por los detalles, como cualquiera y como nadie, en donde hasta no sorprendería ver a Harry tomar un espresso o una cerveza de mantequilla junto a un Dementor apaciguado y feliz.

 

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The Shelter Coffee

Arroyo 940 (Recoleta)

CABA.

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180 BURGER BAR: por peso propio

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¿Cuánto debe pesar el medallón de carne de una hamburguesa?

La hamburguesa ideal oscila entre 140 y 200 g. (según muchos chefs). Las cadenas de comida rápida suelen partir de 80 a 125 g., mientras que las hamburgueserías especializadas arman sus pattys con un peso que ronda entre los 140 y 220 g (sin contar las combinaciones especiales o las megaburgers para golosos o retos). No es conveniente superar estas cantidades porque la carne no llega a tomar la temperatura deseada en el interior, y no se alcanzará el punto justo de cocción. Con medallones de mayor peso, muy probablemente, sin las manos de un cocinero perspicaz, se quemaría demasiado por fuera y quedaría cruda por dentro.

El cuarto de libra consta exactamente de 113,4 g. El de MD tiene 126 g de carne (es una variante de cheeseburger), que puesta en parrilla termina con un peso promedio de 95 g.

Con estos pesos sugeridos la caramelización de los jugos propios de la carne hace que tome ese gusto característico, potenciando el sabor de esta. Quizás por eso se recomienda el uso de una plancha industrial, según George Motz, especialista en hamburguesas entre otros (aunque hay varios locales que con la parrilla hacen maravillas).

Para alcanzar el equilibrio adecuado entre sabor y porcentaje grasoso se pueden ensayar muchos Blends o se puede usar un solo tipo de corte. No más de 20 % de grasa en la mezcla (algunos usan 30%). Las carnes más magras deben evitarse por sí solas, pues no liberan los jugos aprovechables.

Gran parte del contenido de agua de la carne y de la grasa se evaporan al cocerse y por ende la hamburguesa pierde peso con respecto a lo que se declara inicialmente (alrededor de un 10%). Si disipa más peso, entonces, su contenido de grasa es muy alto.

Como curiosidad, de acuerdo con el científico Stuart Ferrimond, la hamburguesa perfecta según sus estudios debería llevar 120 g de carne, 9.2 g de lechuga, 20 g de tomate, 13.3 g de queso y 5.7 g de ketchup. Incluso hilvanó una fórmula:

PB (perfect burger o hamburguesa perfecta) = m, (carne) + (m/13) l (lechuga) + (m/6) t (tomate) + (m/9) c (queso) + (m/21) k (kétchup).

Debe ser cocinada por 4 minutos y 45 segundos de cada lado, con una temperatura de cocción de entre 150 y 180 grados Celsius y los toppings deben pesar el 60 % del sándwich mientras que el restante 40 % constará del pan y la carne. Todo un entusiasta y cientificista. Lo importante es la calidad de los productos, y las ecuaciones no resuelven el buen sabor, solo buenas recetas.

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Más allá de todo esto, la hamburguesa perfecta es muy personal, pero la técnica y la calidad de producto nos acercarán a ella.

Quizás la hamburguesa perfecta debe llevar 180 g. de carne, en un medallón o dos, y en 180 Burger Bar usan 180 g. de carne en cada una de sus burgers, de ahí viene su nombre y todo el concepto. Y este último lo vimos desplegado en nuestra visita por su local de la calle Tucumán (tienen dos sucursales más, bien céntricas).

El mismo nos refugió en una tarde/noche bastante caótica debido a una marcha en las inmediaciones del lugar. Este bálsamo (por circunstancia) tiene ambientación minimalista en blanco y negro, recibiéndonos con una barra principal detrás de la cual, a modo de pizarrón, sus paredes nos mostraban el menú, e incluye en el resto del bar un perímetro de amplias barras de madera sobre las cuales se asientan los condimentos típicos y tubos portadores de servilletas, con cómodas sillas altas en madera y hierro. Típico estilo cervecero moderno.

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El ambiente es pequeño pero acogedor (en el piso de abajo hay más lugar aunque en ese momento no estaba habilitado), despojado pero efectivo. En 180 BB importa la hamburguesa y allí todo es un culto a esta comida. Ofrecen 5 combinaciones “Intocables” (vienen con papas fritas, 145 pesos cada una) y también la posibilidad de armar una Burger (de carne, pollo o vegetariana) personalizada que incluye lechuga, tomate y una salsa (a partir de 120 pesos y se le van sumando adicionales). Tienen también algunas ensaladas, sándwiches de bondiola y de salmón, papas tuneadas y para beber: 2 líneas de cerveza tirada, latas de gaseosa y aguas.

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Cuentan con take away y tarjetas.

El servicio es muy correcto y la comida llegó a nuestras manos bastante rápido (era un miércoles 19.30 h).

En cuanto a las hamburguesas pre-armadas, tienen La Chili con salsa pico de gallo, chile de porotos rojos y provolone, La Francesa con cebolla, queso brie y salsa tártara, La Tana con alioli, pesto de albahaca, queso blanco, panceta y tomates secos, y además, La Yankee y La 4 Quesos, estas últimas, las que pedimos.

La Yankee proponía una mixtura de lechuga, tomate, salsa barbacoa, cebolla caramelizada (bien hecha), cheddar y panceta (no tan crujiente como les gusta a algunos). Una Burger bastante grande, con buena combinación de sabores y muy lograda. Efectiva.

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La 4 Quesos incluía provolone, cheddar, queso blanco, queso azul, lechuga y tomate más un chimichurri de tomates secos. Otra buena combineta, de buen sabor, tal vez un tanto opacada por el huracanado picor del chimi, y quizás, para nuestro gusto, debería llevar un poco más de cantidad de la mezcla de quesos (que es lo que uno espera de una cheeseburger). Pero realmente una rica hamburguesa.

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En ambos casos la carne tenía buen sabor, estaba poco condimentada, y dueña de un buen gramaje. Una carne que se desarma bien en la boca y porta un punto de cocción muy logrado. Los toppings son de calidad (a lo mejor algunos desparejos) y el pan, si bien era de estilo industrial, acompañaba bien y sostenía al conjunto.

La porción de papas rústicas era abundante y con respetable sabor y textura.

Cabe destacar que en general tienen un producto muy logrado y con un precio menor a la media, por lo que en relación precio-calidad los convierte en una alternativa más que asequible y ventajosa.

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Un lugar tranquilo y cómodo (dentro de lo que un ambiente cervecero puede ofrecer), pionero en cuanto de hamburguesas se trate, sin tanta propaganda como otros, pero saben sin dudas lo que hacen. Muy recomendado. No será la hamburguesa perfecta, pero si está muy bien hecha y pesa 180 gramos.

 

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180 Burger Bar

Tucumán 1579 (Centro)

CABA.

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CAFÉ REGISTRADO: la “fábrica” de café

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El café es una bebida compleja porque, desde su origen, la planta del cafeto es una especie compleja. El cinturón cafetero ocupa una relativamente angosta franja que se extiende rodeando el Ecuador, entre los trópicos. Fuera de ese margen, muy pocas regiones son aptas para el cultivo de este preciado arbusto. Asimismo, no solo el clima es crucial a la hora de obtener una buena cosecha, sino que la altura determina muchas de sus características organolépticas. Y como si esto fuera poco, no todas las bayas maduran al mismo tiempo, por lo que la recolección mecanizada, tal como se la plantea en la cosecha de cereales es poco menos que impensable. Por esta y algunas otras razones, la mayoría de los cultivos se encuentran en manos de fincas, cuyos administradores se encargan de obtener los mejores granos a través de un cuidado cultivo, nunca exento de riesgos ambientales o biológicos.

En cada gota de café que cae en nuestra taza se refleja el cultivo milenario, el trabajo de centenares de campesinos encargados de la recolección y de los complejos procesos que llevan a “transformar” la baya colorada del cafeto en el grano más seleccionado y cuidado que llega en bolsas de arpillera viajando desde remotísimos lugares, hasta su tostado y posterior extracción ya sea a través de la máquina espresso o de los numerosos métodos de filtrado.

CAFÉ REGISTRADO, desde su amplio local de Costa Rica y Ravignani, supo entender al café desde el interior de la tierra, mucho antes del inicio de la plántula bendita. En contacto con las fincas nos trae las diferentes variedades de café: Limu, Guji (también de excelente performance en filtrados como V60) y Abyssinian mocca sundried, desde la finca Moplaco, propiedad de Heleanna en Etiopía, o desde la Finca Los Pirineos, propiedad de Gilberto Baraona en El Salvador, los Bourbon, Orange y red, con beneficio Honey y Washed respectivamente. Recientemente incorporaron un Brasil, variedad Red Catuaí de proceso natural (finca de Augusto Borges). Todos estos de excelente calidad y tostados por ellos mismos, en su sala de tostados a través de la DIEDRICH IR12 con el software Cropster, garantía de tostado perfecto.

Para no dejar nada librado al azar, el predio cuenta con un laboratorio propio en donde permanentemente se realizan análisis exhaustivos tanto del grano verde como del grano tostado. Y para completar, una escuela con certificación de la SCA (Specialty Coffee Association) a través de la cual se capacita a todo aquel interesado en aprender y formarse como profesional del café (y por lo que se experimenta también a su propio personal).

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Como simples consumidores, al entrar advertimos la profesionalidad. Un espacio ambientado para la comodidad que nunca reniega de su origen de antigua fábrica, reciclada como tantos predios del barrio de Palermo. Tres islas de servicio, la principal, la barra de preparados y la sala de tostado, presiden el lugar, delimitando las áreas de consumo en donde se reparten cómodas mesas, altas y bajas, un living con un sector de exposición de productos y en un entrepiso, la escuela y el laboratorio. El aroma de buen café invade los sentidos y la buena predisposición del personal es un plus que no se puede soslayar.

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Desde su carta se pueden elegir todos los tipos de café, calientes y fríos. Espressos, filtrados y también licuados y jugos. En horas del mediodía y de la noche también existen opciones de comidas, que reservaremos para una reseña posterior.

 

CAFE REGISTRADO es diferente en muchos aspectos. Entre ellos, el más importante es que todos los camareros saben lo que ofrecen. No hay dudas a la hora de responder las preguntas y las recomendaciones que dan son siempre calificadas. Otro de los aciertos es que no hay necesidad de pedirles agua y además ofrecen un bocado de cortesía (en este caso un bombón de merengue achocolatado de gran sabor). Suelen ofrecer dos variedades de grano al día que van rotando, con las cuales preparan todos sus cafés. Tienen la mayor opción de filtrados de casi cualquier cafetería de especialidad incluyendo la Vandola (artefacto hecho de arcilla, con un porta filtro, mango y boquilla, con cuello angosto para que el filtro encaje. Con inspiración en arte Precolombino. Resultan cafés de sabores delicados).

 En cuanto al café, pedimos un espresso Limu (de Etiopía), cuyo aroma a madera y campos de cereales nos invadió, dejando para después el frescor de la miel recién cosechada. Con una crema dorada y persistente, nos adentramos a degustarlo incrementando la experiencia. En boca, parecía que todas las notas se agolpaban al mismo tiempo, con una acidez de frutos intercalada con el dulzor similar a las cañas de azúcar, dejando un regusto muy agradable como de cacao. También pedimos un Caramel Machiato, muy correcto, con una espuma persistente.

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Como acompañamientos, pedimos unas medialunas de excelente calidad (todo un logro en la bollería de hoy en día) y un budín de limón y amapola memorable.

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Todas las variedades de café que se sirven en el local, también se pueden llevar para consumir en casa, ya sea en granos o molido como lo desees.

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Los precios están un poco por arriba de la media, pero vale la pena la experiencia. Aceptan tarjetas de débito y hay sillas altas para los más pequeños y mucho espacio en las veredas para los fumadores y amantes del aire libre. Tenemos entendido que abrirán una sucursal en Palermo.

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La esquina de Costa Rica y Ravignani fue el lugar de alguna antigua fábrica que hoy luce remozada y con olor a café. Es una esquina más de Palermo, como tantas otras, pero para nosotros es la esquina en donde se unen las ganas de tomar buen café con los que saben lo que hacen a la hora de ofrecerlo.

 

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Café Registrado

Costa Rica 5901 (Villa Crespo)

CABA.

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MENENGA RESTAURANT: la revelación de la hamburguesa de oro

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Quizás un presagio, un vaticinio, una gema en un camino que empezamos este año, siempre en busca de lugares de excelencia, pues cuando se paga por un plato en gastronomía es bueno que la devolución tenga calidad, que haya un diseño de carta, buenos productos y por supuesto una atención perfecta. Si no, para los que nos defendemos al cocinar, nos quedamos en casa y se termina la historia, la reseña y la receta de turno. Puede ser un hallazgo, un local cuya apertura fue hace poco más de un mes, en Caballito, en las cercanías de la cancha de Ferro, en un pequeño polo que se formó en pleno barrio. También, y como una maldición/bendición queda a 8 cuadras de donde practicamos el arte del bonsái (si también somos fanáticos de eso), por los que no nos queda otra que aseverar que, en el mejor de los casos, es una revelación…

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Inserto en una cuadra bien de barrio, la fachada de Menenga Restaurant no impresiona más que la de un restó moderno. Al entrar se abre camino un pequeño living para 6 personas (sillón incluido), que se antepone a una cocina abierta que incluye una barra con varios asientos. Contiguo, formando una L con la cocina, sigue el salón tipo bodegón actual, onda industrial con parciales ladrillos a la vista y cemento desgastado estilo rústico. Cuenta con 3 mesas para 4 personas y 3 mesas para dos comensales. Luces intimistas. Una gran vidriera hacia el exterior. Buena música y gran ambiente, curioso y cómodo.

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El chef tenía un proyecto a puertas cerradas llamado Arengreen, un proto-Menenga que lo catapultó a la apertura de este nuevo bistró.

La atención es muy cordial, por gente joven (incluido el chef). Ambiente descontracturado sin dejar de ser muy profesional y sumamente cuidado.

El menú cuenta con pocas recetas que son originales, a los que se suman platos del día (Goulash con spätzle o panceta ahumada envuelta en entraña más batatas pay con salsa de queso azul). Divididas en platos chicos o entradas, platos grandes estilo bodegón/minuta, 3 burgers o sándwiches, postres, bebidas y tragos (acotadamente eficaz, para qué complicarse).

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El sistema de servicio es en mesa por mozo y también cuentan con take away (tipo vianda). El tiempo de espera fue adecuado.

Para beber hay gaseosas, cervezas, vino, tragos, soda de sifón (a la vieja usanza).

Pedimos hamburguesas, las dos de la carta. Una Doble Bacon con queso cheddar (le sacamos los pepinillos) y la otra, Doble Oklahoma (un estilo americano con cebolla cocida junto a los medallones, también con cheddar). Ambas servidas en lajas de piedra negra.

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La carne es excelente, buen punto, poco condimentada, un gramaje genial y muy jugosa. Sumamente llamativo es el Pan que realizan en el lugar, elaborado a base de zapallo Cabutia, el cual le otorga un color dorado/amarillento a la miga y corteza que abrazan al Patty (la hamburguesa de oro). Es esponjoso, sostienen muy bien el contenido, y le brinda un toque dulzón al conjunto. Muy original, destacando mucho por sobre otros lugares.

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Los toppings son muy buenos, queso excelente, panceta con un buen dorado y llevando un relish sutil de pepino que le daba un gusto global soberbio. Vienen con papas fritas que acompañan bien.

Nos sorprendió muchísimo el sabor del conjunto, con un pan que aporta un toque distintivo y una carne realmente sabrosa, entrando para nuestro gusto en un lugar bien alto en nuestra tabla virtual de hamburguesas/hamburgueserías.

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Además del plus de contar con otras variantes en cuanto a platos, se evidencia un restaurante con pensamiento gastronómico por parte del chef, sumando así originalidad y técnica a las preparaciones. Nos falta probar otros platos por los que regresaremos.

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Realmente un hallazgo y creemos que es, sin dudas, la sorpresa hamburguesina en lo que va del año para nuestro gusto y humilde parecer. En una zona en crecimiento gastronómico, destacan por sus productos frescos y elaboración sumamente cuidada. Calidad más atención más sabor más originalidad: una total revelación para no ser un lugar dedicado solamente a las hamburguesas. ¡¡¡La de oro garpa!!!

 

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Menenga Restaurant

Espinosa 480 (Caballito)

CABA.

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THE STAND: empanadas de lo que quieras, ¿vos de qué querés?

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¿Empanadas de chile de carne, de curry de pollo, de pizza de pepperoni y de cheese burger? Quizás en otros tiempos sería un suicidio plantear un menú tan reformulativo que salga de la empanada típica de carne o sus variaciones de pollo, verdura y choclo.

En el afán de buscar lugares originales, pero que conserve el cuidado del producto y el buen servicio (también investigando un poco) nos topamos con THE STAND. Anclado entre las inmediaciones de Palermo y Almagro, este bar de preparaciones rápidas impresiona como una fonda, local de comidas al paso, cervecería o casa de empanadas. Es todo eso junto, mixado, y mucho más. Porque The Stand tiene un ambiente semi industrial, con tintes de rotisería familiar y gente que retira sus pedidos de take away (tienen muy buenas opciones de viandas para llevar).

En un ambiente de música afable, tranquilo y de buena atención, lo más llamativo son sus empanadas originales, con platos enteros dentro de ellas, rellenando no solo los repulgues sino las sonrisas de asombro de los comensales.

Hay muchas opciones tentadoras, pero las cuatro que pedimos eran sencillamente sabrosas y admirables con respecto a la similitud del plato que estaban destinadas a representar. La de Pizza con Pepperoni, no dejaba de ser un relleno con queso muza, chorizo tipo italiano, salsa y condimento, pero era una explosión de sabor, como si una pizza inundara el paladar haciendo una irrupción de sabores complejos y exquisitos, pero sin la masa característica del clásico italiano. Originalísima. La Cheese Burger, literalmente, era una burger típica con cheddar dentro de una empanada, con otra consistencia, pero muy lograda en sabor, se derretía en la boca (como dicen los hamburgueseros), haciendo honores con creces. La de Chile de Carne Suave era una gloria hecha empanada. Imagínense un estofado de carne, estilo tex-mex, contundente, picoso, con textura de guisado de varias horas, todo agrupado dentro de una tapa de empanada. Impresionante. Y como no me quedan mas adjetivos, solo diré que la de Curry de Pollo Suave era un curry de pollo de gran sabor, pero era una empanada. Las otras opciones deberían estar a la altura y tendremos que volver para comprobarlo. Hay que destacar que por la consistencia de cada relleno, a lo mejor, el mismo no estaba distribuido homogéneamente en toda la empanada, pero es de entender ya que son características intrínsecas de cada uno, y esto es solo un detalle menor.

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Como también tenían sándwiches exóticos, platos del día llamativos y burgers, tuvimos que pedirnos una de estas últimas y elegimos la SP Mac, con cheddar y panceta, pero le sacamos el jalapeño. Debo decir que, si bien el pan no era el típico de hamburguesa, sino uno tipo figaza chata, la burger cumplía: rico sabor, lindo gramaje y punto de cocción, sin mucho condimento, mucha panceta aceptablemente dorada y buen queso. No mucho más, no es una hamburguesería, pero es una buena opción para cuando hay hambre.

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Ofrecen gaseosas, 3 canillas de cervezas y también en botellas, aguas, y cuentan con tarjeta. Pedidos telefónicos y por alguna que otra aplicación de celular. Los precios son accesibles.

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Un lugar para nada pretencioso, que callado está enfocado en lo que quiere. Jugado con sus propuestas, pero definido y eso es lo genial. Nos encontramos con un bar familiar, descontracturado, en donde saben lo que hacen, gente de gastronomía que ofrecen productos que invitan a sorprendernos y claro, a volver.

 

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The Stand

Av. Córdoba 3528 (Almagro)

CABA.

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café, Uncategorized

RANGITOTO COFFEE: a la vuelta de la esquina…

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Las modas, los circuitos gastronómicos y hasta algunas concepciones a veces no importan tanto. Una cafetería de especialidad no tiene que ser siempre tan igual a las demás, tan “cool”, tan cercana a las oficinas de pleno Centro porteño o inmersa en la sofisticación del barrio de Palermo. A veces una buena puesta, con un buen producto y una excelente atención es suficiente para funcionar y aportar calidad al servicio y una propuesta diferente.

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Este es el caso de Rangitoto Coffee, sumergido en las cercanías de Once, en donde el predominio de sinagogas, calles invadidas de telas y camiones de carga, oficinas no tan a la vista y sobre todo mucha gente, dan una urbanidad que este café al paso sabe aprovechar de la mejor manera, alejado de las demás cafeterías de especialidad. Formula un ambiente sencillo. El local es alargado, cómodo, con paredes blancas haciendo juego con los azulejos que tapizan algunos sectores. Cuenta con una barra lateral con 6 bancos altos, 5 mesas para dos personas y 1 para cuatro comensales. Todo en madera de pino clara y natural. La barra ubicada en el fondo posee una máquina Rancilio de dos grupos, y toda la parafernalia cafeteril. También muestra el panorama de pastelería: muffins, cookies y medialunas. Al costado de esta, una heladera exhibidora aporta una buena selección de tartas, tortas, sándwiches y ensaladas.  Las luces son altas y francas.

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Apenas ingresamos nos dio la sensación de entrar a una casa de comidas con alguna vuelta de tuerca. Y claramente, anclado en la calle Pasteur, frente a la AMIA, Rangitoto se adaptó perfectamente a la vorágine y gustos de la gente de un barrio de corte comercial. Es una cafetería de especialidad y muestra varias opciones bien caseras para comer. Es de especialidad porque su café es especial, colombiano 100%, de la región de Santander, un Excelso tostado por Full City Coffee y es servido de la manera correcta.

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La carta de café posee todas las variantes calientes sumadas a algunas alternativas para los más acostumbrados a la vieja usanza de tomar café. Tienen take away de café y jugos. Ofrecen variedades en gaseosas y aguas.

La atención, que fue muy cordial, es por mozo (en este caso también barista) que nos comentó que hace un año y dos meses que abrieron.

Nos pedimos sendos espressos, una cookie con choco y una medialuna de manteca.

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El café: aromático con notas ahumadas, con buen cuerpo, acidez frutal, con dulzor de caña quemada y algo chocolatoso. Retrogusto agradable. Bien servido y muy rico. Con mucha personalidad. Acompañado acertadamente por vaso con soda, como debe ser. 

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En cuanto a la pastelería, buena medialuna, se notaba artesanal. La estrella, sin dudas, la cookie con chispas de chocolate. Con forma de galletita, pero de un sabor espectacular, se desarmaba en boca como un budín, con una humedad única. Sin dudas una pastelería de lo mejor, sin ser pretenciosa. Un hallazgo.

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Los precios son acertados, un poco por debajo de la media. Si se toma en cuenta la buena calidad de productos es un lugar bastante único.

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No tenemos más que decir tan solo que se acerquen y prueben este lugar casi perdido, que, si bien no es tan glamoroso como otros antros hípsters, para los amantes del café de especialidad es una gran alternativa. Se destaca su simplicidad, una gema para la zona, su atención personalizada y su salteado de estándares preconcebidos (no hacen una pantomima de propaganda). Puede parecer un bar más y pasar desapercibido, pero estén bien atentos, el buen café puede estar a la vuelta de la esquina.

 

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Rangitoto Coffee

Pasteur 672 (Once)

CABA.

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cervecería, hamburguesas, Uncategorized

SAINT BURGER: ¡santa hamburguesa Batman!

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Un antro cervecero. Música de rock al palo. Salón enorme, arquetipo galpón, con el contraste de claras referencias bíblicas en su decoración (un contrapunto). Mesas y sillas cafetineras. Mesas altas y hasta comunitarias. Bancos largos en madera y hierro. Barriles de cerveza a la vista que se fusionan con el entorno. Barras y más barras, mesas en la calle, ladrillos a la vista, anaqueles con licores, rock y mucho. Luz tenue, son las dos de la tarde, pero es tan de noche. Mucho más rock…

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La atención es muy correcta. El servicio es por sistema de ticket en la caja y te avisan que el pedido está listo con un tablero enorme donde aparece tu número sagrado y se retira en la barra de la cocina. La carta es una tabla como si de mandamientos se tratase. Hamburguesas bíblicas, ensaladas pecaminosas, snacks y sándwiches crucificados. Aderezos típicos en mesas. Cervezas, pomeladas, limonada (acidísima y rica), gaseosas, aguas, tragos, café y por qué no más cervezas. Precios más que adecuados. Aceptan tarjetas.

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Las burgers pueden venir acompañadas con unas cristianas papas fritas estilo rústico en una buena cantidad por precios módicos.

El pan es tipo industrial, de buen sabor. Correcto.

La carne, 160 gramos, punto excepcional, poco condimentada, con un muy rico sabor parrillero. Un tanto pequeña. Una Cheese Burger muy digna, sabrosa. Queso cheddar de calidad.

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Gratamente sorprendidos, por esta gran hamburguesa rockera, donde si buscas un ambiente oscuro, de bar, descontracturado y caótico, con buena música, este es el lugar. Ah, y la hamburguesa, sin ser top pero casi, es muy buena. De las hamburgueserías más originales por sello propio, así es Saint Burger.

 

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Saint Burger

Av. de Mayo 852 (Monserrat)

CABA.

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