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URBAN BURGESS: the beast burger bar?

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En un ámbito tan competitivo como lo es el polo gastronómico de Palermo, con sus restaurantes, pubs, cervecerías, cafeterías, cada vez más abundantes, tener una buena ubicación, una ambientación perfecta, una atención correcta no son suficientes si el producto que se ofrece no alcanza lo mínimamente esperable.  

 En calle Gurruchaga, casi en la esquina de Cabrera una atractiva cartelería decora la fachada de una casona reciclada en la que se erige Urban Burgess, muy al estilo de las hamburgueserías de otros lugares en donde el culto a la hamburguesa es algo serio. La barra iluminada con colores nos invita a elegir entre las abundantes variedades de burgers, panchos, ensaladas, las que se pueden solicitar solas o en combos de precios normales.

 

 

Llegamos alguno tiempo antes de la hora pico y nos dispusimos a observar los detalles de su ambientación. Paredes decoradas, algunas con carteles luminosos, varios sectores de barras, sillas y mesas altas, algunas bajas y comunitarias, con iluminación sectorizada. Un local bastante grande que a medida que pasaba el tiempo fuimos aprendiéndonos de memoria. Porque el tiempo pasa y aunque los comensales no entraban la comida no venía. Pedimos dos de las opciones de carta, una con doble cheddar, doble panceta y huevo a la plancha. Otra con jamón, queso azul, cebolla caramelizada (endulzada mejor dicho) y rúcula. Las íbamos imaginando a medida que los minutos corrían y corrían.

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Luego de casi 30 minutos, la realidad vino sopapeando las ilusiones que aún permanecían frente a la enorme mesa de madera lustrada. Las sillas altas, las mesas grandes, el espacio amplio y los techos altos fueron el espejo mal regulado de lo que la camarera dispuso frente a nuestros ojos.

 Lo primero que se veía era el pan, tambaleando en la soledad de su especie, llevándole una amplia ventaja al medallón apelmazado de carne que ocupaba a penas un centro tímido, como escondiéndose entre el manojo achicharrado de la rúcula y los pedazos ingentes de panceta mal cocinada, dando al conjunto una sensación de tristeza inconsolable. Todo lo que no es deseable en la confección de una buena burger parecía haberse respetado a rajatabla como si fuera un manual de instrucciones leído al revés. El pan (si bien tenía buen sabor) no contenía el combo y venía sin tostar. La carne había sido amasada con saña, dando como resultado una textura maciza similar a un pan de carne recocido, sin gusto a carne sino a condimento. En el cartel decía doble panceta, y era doble o triple no tanto en cantidad sino en grosor. Imposible de comer sin riesgo coronario. Tendría que haber venido con un stent incorporado. Los otros trozos estaban demasiado duros o demasiado gomosos. El queso tenía poco sabor y no aportaba nada al conjunto.

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Las papas fritas (estilo bien casero) no estaban mal. Algo húmedas pero aceptables en sabor. Los aros de cebolla tampoco estaban mal, aunque el pan rallado les resta la suavidad que tendrían si el empanado hubiera sido con harina. Elecciones personales.

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Como reseñistas gastronómicos nos hemos impuesto destacar los buenos lugares para recomendar, porque entendemos el esfuerzo que cuesta instalar y mantener un buen negocio para brindar un servicio para el esparcimiento de otros. Sin embargo, cuando la experiencia no es buena también somos conscientes de las variables instantáneas que pueden oscurecer el servicio. Un mal horario, un desborde de clientes, la ausencia de algún puesto clave del personal, todo es entendible y a cualquiera le puede ocurrir. Es por eso que la mayoría de las veces reseñamos después de la segunda o tercera visita. En este caso, los errores fueron tantos que nos pareció señalarlos porque el lugar, la ambientación, la atención fueron tan buenas que sería una pena que, por cuestiones mejorables, el esfuerzo dedicado pudiera perderse. Las fotos reseñan por si solas.

 

**

Urban Burgess

Gurruchaga 1417 (Palermo)

CABA.

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