café, Uncategorized

TESTA: entre copas y pocillos

IMG_20180421_181510562

Ya desde sus comienzos el barrio de Colegiales fue un barrio de jóvenes. Mucho antes de armarse la ciudad de Buenos Aires, el predio de miles de hectáreas que ahora comprende los barrios de Chacarita, Villa Ortúzar y Colegiales fue cedido a los jesuitas y utilizado para que los alumnos del viejo Colegio de San Ignacio (hoy Nacional Buenos Aires) pasaran allí sus vacaciones veraniegas entre esparcimiento y trabajos de chacra (la palabra Chacarita proviene de allí). Era una fiesta para los vecinos de entonces, observar el desfile de estudiantes montando sus caballos que tomaban el sendero del Norte (hoy Avenidas Cabildo y Álvarez Thomas) rumbo a la chacra y deteniéndose a refrescarse en un antiguo arroyo que hoy corre por debajo de la Avenida Elcano.

 Después corrieron los años. Llegó el ferrocarril, la playa de maniobras, las industrias perdidas, los silos devenidos en lofts y la vieja Algodonera Argentina dentro de cuya estructura hoy habitan cientos de familias en coquetos departamentos. El progreso trajo también algún costado oscuro con el nombre de villas miseria, arrasadas en los albores de un mundial de fútbol.

 Colegiales parecía no recuperarse del enorme peso de cabalgar entre dos monstruos. Belgrano y Palermo se le imponían como gigantes a los cuales imitar, sin darse cuenta de que el barrio tenía una identidad propia, que con el tiempo se fue consolidando. Y mucho más en los últimos años, gracias a la motivación de sus vecinos y a las empresas que se establecieron allí, convirtiéndolo en uno de los barrios con mejor calidad de vida.

 Es así como se fueron impulsando polos audiovisuales, de esparcimiento y gastronómicos, tal como el que está creciendo en las cercanías de la Avenida Elcano, en los confines del barrio, al norte. Las antiguas casonas conviven con restaurantes, bares y pubs que cada vez se incorporan con mayor presencia en la arquitectura del barrio.

 IMG_20180421_181451077

Caminando por la calle Capitán Ramón Freire, al 1300, nos detuvimos en TESTA, un digno y reciente exponente de la nueva movida cafetera, quizás llevando más allá a la tercera ola del café. Esta vez, el culto no se rinde solo al café, sino que los tragos y los vinos son los coprotagonistas que se unen en un solo escenario. El lugar es pequeño, pero dan ganas de entrar e instalarse: una iluminación cálida, la música discreta pero acompañante, las botellas rodeando un espejo en forma de pirámide que agiganta las sensaciones (el leit motiv gira en torno a la geometría triangular). La barra, de coctelería y a su vez cafetería, estrecha que nos separa y nos acerca al mismo tiempo y la lustrosa Victoria Arduino que nos ofrece la posibilidad de incorporarnos al placer del café (máquina espresso que no se ve comúnmente en las cafeterías de Buenos Aires). El que quiere puede sentarse en las sillas que visten la puerta del local.

IMG_20180421_180158412

 IMG_20180421_180204685

Es un ambiente acogedor, de diseño simple pero elegante como pub rústico y moderno con estanterías bañadas de delicatessen gourmet como aceite de oliva, Nutella, escabeches, mostazas, salsas picantes y una colección de muy buenos vinos. Todo muy bien dispuesto, nada desentona.

 La atención es por carta y en la mesa que uno se sienta más cómodo. Por las noches se deja paso a las avezadas artes cocteleras de uno de los socios y a la gastronomía de otro de sus dueños. Aceptan tarjetas.

 IMG_20180421_180209575_BURST000_COVER_TOP

La carta se reparte entre la coctelería (todavía no era hora de adentrarse en embelesamiento del alcohol cuando fuimos) y la cafetería de especialidad con todas las variantes de cafés fríos y calientes. Espressos, capuccinos, lattes, no son solo nomenclaturas cuando vienen de la mano de Federico (uno de sus dueños), un joven emprendedor que siempre está dispuesto a responder preguntas metiéndole muy buena onda. Para acompañar tendremos rolls, budines y medialunas.

 IMG_20180421_174723261

Pedimos un espresso (Colombia, Nariño) y un roll de canela más una medialuna. Esperamos lo adecuado y nos conmovimos por la presentación. Una bonita tabla de madera con el pocillo transparente y un buen vaso de agua (algo que parece olvidado en muchas cafeterías). Ya sabemos que Colombia nos tiene acostumbrados a buenos cafés, con equilibrio, acidez acentuada y cuerpo destacado. Y cuando se suma una extracción correcta el placer es mucho mayor. La bollería era excelente.

Los vinos y los tragos los dejamos para una nueva visita, porque Colegiales es un barrio que siempre nos sorprende y Testa es uno de esos lugares a los que siempre hay que volver, por concepto, por producto y por atención.

 

 *****

Capitán General Ramón Freire 1393 (Colegiales)

CABA.

logo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s