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CAFÉ FLOR: el tiempo te dará la razón y un buen café

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Desde hace algún tiempo los espacios de cotrabajo (coworking) arribaron a Buenos Aires en muchas formas y opciones. La mayoría de ellos ofrecen varios ambientes, algunos al aire libre, apartados o compartidos, acceso a enormes montos de megas de internet, secretaria virtual, recepción de correo, lugares de descanso, etc. Todos ellos mediante un pago mensual acorde con el uso que uno le quiera dedicar. Muchos freelancers, profesionales independientes, empresas jóvenes y hasta artistas de diversas disciplinas deciden compartir su espacio de trabajo con otros, en muchos casos para abaratar los costos de una oficina o también para vincularse un poco y alejarse de la apabullante soledad de la pantalla de la computadora.

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Café Flor, desde el concurrido barrio de Palermo, ofrece además una vuelta de tuerca que lo hace único en su rubro. Por un lado, el pago es por hora, media jornada o una jornada completa y además la oferta global nos lleva al café de especialidad con barista profesional incluido y algunas opciones para acompañar gastronómicamente la experiencia del cotrabajo.

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La ambientación invita a quedarse. Soberbiamente cuidada al detalle, luces refrescantes, música sutil, colores pastel. Desde el ingreso, los dueños (franceses, muy gentiles y dispuestos a orientarte) te explican el concepto del lugar y la dinámica. En lo que concierne al trabajo, hay varios espacios, con mesas y sillas cómodas, comunitarias o aisladas, un patio interno, barras, sala de conferencias y boxes por si querés aislarte un poco más. Todo esto en dos niveles, con el agregado de una buena conexión de red para que no tengas problemas, plantación de enchufes por todo el ambiente, televisor e impresora.

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En cuanto a lo gastronómico, la magia proviene de un trío perfecto: la Appia II de Simonelli, el café de Puerto Blest y las manos del barista que configuran el café a la medida de tus gustos. Desde el inefable espresso (el día que fuimos estaban sirviendo un Nicaragua, redondo, bien equilibrado), pasando por todas las variantes lácteas (macchiatto, latte, flat white, cappuccino, que también probamos y estaba muy bien ejecutado) y si no te gusta el café (vade retro satanás) también hay chocolate o ice black tea. No ofrecen opciones de filtrados.

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Y si de comer se trata, vas a encontrar un buffet muy variado en donde podés preparar tus propias tostadas y ponerles lo que te guste (quesos, varios tipos de mermeladas, etc.), o si preferís las medialunas o las cookies, encontrarás las mejores; aunque si tu opción es más natural vas a poder disfrutar de frutas de estación, yogurt y granolas. También te podés servir una muy apetitosa limonada o jugos.

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La modalidad es simple: en cuanto llegás te dan una tarjeta que luego presentás cuando salís. Las opciones son: una hora (café y buffet libre) por $100, medio día de 3 horas (café y buffet libres + un snack gratis) por $250 o todo el día (más de 5 horas) también con café y buffet libre y dos snacks de cortesía, en este caso por $450. Teniendo en cuenta que además de la comodidad, el café es excelente, los productos son de calidad y la atención cordialísima, los precios son muy convenientes.

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Como todos los de su especie, los horarios son los de oficina, de 9:30 a 20 hs. (los sábados abren a las 11 hs.). Si tu actividad te exige estar conectado con una empresa de China o de Japón, o si sos un atormentado escritor de novelas policiales que solo se inspira en la sordidez de la noche, tendrás que hacer tu trabajo desde tu propia oficina o estudio, pero cuando terminés igual pasate por Thames y Costa Rica para saborear tu cappuccino de la mañana, y salir de la vorágine capitalina. Una experiencia distinta, innovadora y altamente recomendable.

 

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Café Flor

Thames 1824 (Palermo)

CABA.

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MUU LECHERÍA: cuando la nostalgia no se lleva bien con la memoria

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Pocos se acuerdan de que en Buenos Aires existieron locales que se llamaban Lecherías, en donde abundaban los desayunos, acompañados con exquisiteces de la época, siempre de la mano de un buen vaso de leche eternamente gorda (la descremada fue un invento mucho más reciente), o una insípida cuajada (antecesora del yogur), un licuado con leche o el acostumbrado café secundado de un buen vaso de agua fría. “La Vascongada” fue la pionera, seguida por “La Martona”, una cadena que floreció en la zona de Palermo y hasta tenía una sucursal en el mismo Jardín Zoológico (hoy extinto como muchos de sus animales). Dicen que los locales eran pequeños, con algunas mesas de mármol y paredes tapizadas de asépticos azulejos blancos, sin calefacción en invierno y obviamente sin aire acondicionado en verano. No hacía falta porque el sustentoso chocolate con churros abrigaba por dentro y por fuera, y las tacitas de helados de pocos centavos refrescaban más que cualquier ventilador.

Pasaron los años y las famosas lecherías fueron desapareciendo, salvo la que aún desobedece el paso del tiempo en Corrientes casi Uruguay, con sus azulejos todavía brillando y resistiendo.

Pero como todo tiende a reciclarse y la nostalgia puede llegar a ser un buen negocio, las lecherías han vuelto, aunque esta vez como un remedo de las que existían en Estados Unidos. “Muu” arribó a la Argentina hace algún tiempo, sin pretensiones de despertar nuestros recuerdos del Buenos Aires que ya se fue, sino como una forma de transportarnos a los años 50 que conocemos a través de las películas de Hollywood. En un ambiente bien Rockabilly, en donde todo está bien organizado, la cadena MUU desplegó varias franquicias dentro y fuera de la capital (Belgrano, Palermo, Puerto Madero, Unicenter, Pilar, Castelar, entre otras).

Entramos al local de Palermo, en calle Armenia esperando encontrar el auto descapotable de la publicidad, pero se ve que allí no estaba. En cambio, nos encontramos con una ambientación que nos transportó a las películas de Dean Martin: mucha iluminación en rosa y blanco, teléfonos antiguos, duplicados de rockolas por todos lados y escaleras de aluminio. La atención es personal. La carta es única, en donde podrás encontrar opciones de desayuno (bien de lechería americana), wafles, pancakes, milkshakes con formato malteada, helados. Si de hamburguesas se trata, hay algunas opciones (todas con nombres de personajes del espectáculo también yankees). Y si no te caben las hamburguesas, también hay otros tipos de sandwiches, ensaladas y papas fritas tuneadas o nachos.

Las burgers no califican para gourmet, pero se dejan comer. La carne es de buena calidad, aunque no va más allá de una buena hamburguesa comercial de esas que se compran en el supermercado. Al pan le falta un trecho para ser considerado bueno. Se ajusta al combo. No es decepcionante como muchos otros burgers que se consideran gourmets; tiene un sabor simple, de esos que cualquiera logra en su casa con buenos ingredientes. Las papas fritas estaban más que bien, parecidas a la cadena de los arcos dorados, aunque más grandes.

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Es un lugar de preferencia de gente muy joven, por lo que por momentos se pone un poco ruidoso. La atención es correcta y pese a que el local estaba casi completo, el tiempo de espera fue más que adecuado. Aceptan tarjetas (menos American Express) y hay cerveza tirada y gaseosas línea Pepsi en vaso, con refill de lunes a viernes.

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En resumen, un lugar cuya ambición de pertenecer a una cadena se cumple a la perfección. Locales limpios, bien atendidos, con productos correctos. Si bien conserva el nombre de Lechería, el concepto estaría bastante alejado de las que existieron en Buenos Aires. Pero es así, la nostalgia no se lleva bien con la memoria.

 

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MUU LECHERÍA

Armenia 1810 (Palermo)

CABA.

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FERIA FECA: solo café!

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Las ferias suelen mezclar sentimientos, sabores, tradiciones y a mucha gente. En este caso la Feria FECA organizada por el GCBA en la plaza República del Perú, nos trajo una interesante mezcla de cafés, cafeterías, pastelería y bollería. Cafés (de diversos orígenes, calidades, blends), bares notables, cafés más comerciales, pero todos unidos para promocionar y dar a descubrir las distintas variantes de cómo se puede tomar esta bebida revolucionaria y tan arraigada a la cultura porteña.

Atinadamente se llevaron a cabo distintas charlas sobre todos los aspectos del café y talleres con la participación del público. Se habló del espresso correcto y sobre el café que tomábamos en Argentina (amargo, largo y sobreextraído, preparado así nomás); que desde la irrupción del Barista profesional se está cambiando la forma de pedir y exigir un café elaborado de manera adecuada, sin perjudicar el producto, tratando de sustituir los paradigmas vigentes en donde por un alto precio nos acostumbramos a tomar un café de baja calidad. En esta charla participaron gente de Illy, Tienda de Café y la cafetería de especialidad Negro.

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También hubo charlas sobre los distintos tipos de filtrados y su forma de prepararlos en el hogar. Se habló sobre los diversos orígenes del café y el cinturón cafetero (regiones donde crece el cafeto), e incluso sobre la sustentabilidad en la producción del café. También sobre la salud y el café, y el auge del café frío.

Hubo tiempo para charlas sobre el café que se toma en Italia con la participación amena y llena de anécdotas del chef Donato de Santis.

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Participaron en esta segunda edición varias cafeterías de especialidad (obviamente a las que fuimos sin dudar y con las que en la mayoría coincidimos en su visión de cómo se debe preparar y tomar el café), las cuales ofrecieron los mejores cafés del fin de semana:

MOTOFECA, ya hicimos una reseña de su local y en esta oportunidad charlamos de café con uno de sus dueños y con gran disposición nos contó que hacen cursos en su local del Centro, en donde también se pueden ver las jornadas de tostado. Bebimos un Bolivia muy bueno. Croissant de almendras relleno con crema pastelera excelente. Con un Nicaragua en versión filtrado. El domingo tenían un Brasil de Minas sacado en formato espresso.

BOTE, siempre con su buena onda. Probamos un espresso Sierra Nevada, colombiano riquísimo, a un precio muy conveniente. Tenían los latte de otoño (tuneados, con muy buenas combinaciones). Pastelería de las mejores.

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CIGALÓ, (del cual ya hicimos una reseña de su local), presentaron solo aeropress y chemex, el sábado y el domingo sumaron su exquisito blend (El Salvador, Etiopia Goji, Etiopia Limu). Además su pastelería lograda. El Nitro Cold Brew (modalidad temperatura ambiente) y su cremosidad se llevó nuestros aplausos. Su atención como siempre fue muy amable.

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HÁBITO, con su buena predisposición, y un Nicaragua de beneficio Natural excelente, un lujo para la feria, también ofrecido para la venta. Pastelería insuperable, incluso tenían budín de choco y alfajores sin TACC.

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ZAVALIA CAFÉ, una de las grandes sorpresas fue poder conocer esta cafetería y la buena atención de su dueño y empleados que amablemente charlaron un rato con nosotros. Presentaron un Honduras, beneficio lavado, aromático, picoso, tostado por ellos, de los mejores de ese origen que hemos probado. Sirve para espresso y filtrados (lo tenían a la venta). Contaban con pastelería.

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IMPORT COFFEE COMPANY, conocidos por su rico café Illy y sus chocolates, esta vez no probamos su café, para nosotros ninguna novedad.

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USINA CAFETERA, con pastelería que se veía muy bien y uno de los pocos que no pudimos probar (fuimos el domingo a por eso, pero la cantidad de gente que llenaba casi todos los stands no nos permitió llega a ese café, aunque ya conocemos su buen producto del local de Av. Triunvirato).

LA UNION, tenía una muy buena pastelería y café Puerto Blest de garantía.

De nuestros preferidos y uno de los pioneros que nos han enseñado a tomar café del bueno, NEGRO con su blend nos ofreció la calidad de siempre.

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PUERTO BLEST, uno de los precursores en traer a la Argentina distintos orígenes, allanando el camino para el café de especialidad, y sus artículos para café como máquinas espresso y elementos cafeteriles.  Tenían a la venta pavas, cafeteras de filtrado (aeropress, chemex, V60), papel de filtro, tampers, termómetros, etc. Ofrecían una experiencia sensorial del RITUAL DE CAFÉ LAVADO NATURAL con dos filtrados distintos. Presentaron también un Cóctel de café, cafés de orígenes americanos a la venta y Cold Brew.

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Notables: LOS GALGOS, LAS VIOLETAS, GATO NEGRO, de los cuales no probamos el café, pero estaban muy bien presentados y destacaba su excelente pastelería y chocolatería.

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TOSTADO CAFÉ, la patisserie LA MARGUERITE, CABRALES, entre otros, ofrecían sus productos.

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CAFETERAS ASCASO, mostraba sus máquinas espresso para el hogar de 20 bares de presión.

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La Asociación de hoteleros, restaurantes, confiterías y café (HRCC) mostraba un breve Camino Sensorial desde el café verde pasando por el tostado, hasta el molido, de Brasil y Colombia.

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EXIGÍ BUEN CAFÉ, con artículos, libros, tazas, cafeteras, completaba la diversidad de stands.

Los FOOD TRUCK acompañaban con helados, chocolates, burgers, tequeños, arepas, sándwiches, pizzas, etc: COMPAÑÍA DE CHOCOLATES, PIZZA PARADISO, NOMADE, COCINA INQUIETA, por nombrar algunas de las alternativas.

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En resumen, una buena jornada de feria, con el foco puesto en lograr un café de calidad y que la gente se acostumbre a ello. Mucho café con leche (aproximadamente por lo que se dijo en las charlas, un 70 % lo consume así), por lo que todavía queda un largo trecho para poder apreciar el café de una manera diferente, obviamente respetando los gustos de todo el mundo.

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Una feria que trató de que la gente aprecie un café con sus aromas y sabores a pleno, con su dulzor propio, tratando de educar sobre el café de especialidad y las forma de preparar el café. Mucha gente la disfrutó, especialmente abarrotado el domingo siendo el sábado una mañana fría y tranquila donde el sabor del café nos cobijó plenamente del viento y el sueño sabatino (y hablando de eso, estuvo presente Gaby Sabatini fanática del café).

 

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Feria FECA – 2da. Edición

Plaza de La Republica del Perú (Palermo)

CABA.

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IPA CERVECERÍA: la hamburguesa que acompaña bien

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Las cervezas artesanales están tan de moda como las hamburguesas gourmet. La elaboración del estilo IPA (Indian Pale Ale) es uno de los más extendidos entre los maestros cerveceros. Las microcervecerías parecen haber tomado un vasto mercado y le compiten de igual a igual a las marcas más industriales. Para ello, se super especializan ante la gran cantidad de competidores que tienen y cada vez más gente sabe apreciar los distintos estilos y variedades, así como también afilan el paladar hacia las cervezas de calidad.

¿Por qué IPA? Ale es una cerveza de alta fermentación en la que las levaduras llevan a cabo sus procesos en la superficie (distinto a las Lager que son de fermentación baja). Ambos casos caracterizan el estilo de fermentación que llevan a cabo las levaduras.

La palabra Pale define a grandes rasgos los cereales malteados empleados en la elaboración de la cerveza, que en este caso son maltas de color claro que dan cervezas más pálidas.

Lo de Indian viene de la época colonialista de los ingleses en la India, que para poder conservar sus cervezas en el transporte a ese país tan lejano aumentaron la graduación alcohólica y añadieron más lúpulo a la mezcla como formas de conservación de la bebida. Así, estas cervezas, supieron traspasar fronteras.

Las IPA entonces se destacan por su amargor dado su nivel elevado de lúpulo (los IBU, unidades internacionales de amargor, no suelen bajar de 40 unidades). Además, hay varios subtipos de cervezas estilo IPA, pero ese es otro cantar (o tomar).

IPA también es una cervecería ubicada en los límites de los barrios de Paternal y Caballito. Ocupa toda una esquina, una ochava flaca y abierta que nos muestra luces cerveceras desde lejos. En el interior, con ventanales abiertos, se encuentran barriles y una barra cerrada con múltiples canillas de birra tirada y varias sillas altas que la acordonan. Un gran mural colorido destaca y enmarca el nombre del local. Afuera, cercando toda la esquina hacia las profundidades de las calles que la circundan, se disponen mesas y sillas altas bien cerveceras donde la gente se amucha y la pasa bien a la intemperie. Todo es bastante simple pero efectivo. Quizás sentándose en la barra uno también debe ir corriéndose a medida que salen las tandas de cerveza y la gente las viene a retirar o a rellenar sus botellas. El sistema es el de pedir y pagar en la barra y luego te acercan el pedido o se retira en la misma barra.

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En cuanto a las cervezas que ofrecen tienen muy buenas opciones, las Cheverry son muy buenas tanto su Porter como su Ale liviana, la Desafío Session IPA también (se sirven en un vaso distinto), afrutada y fresca. Completan las variantes las marcas Guira y la Darwin como muy gratificantes opciones. Todas las que probamos (nos acompañaron varios de nuestros amigos bonsaistas y además grandes gourmand) de muy buen sabor, bien servidas, y para nada sobrefermentadas o avinagradas.

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Un punto a parte fue la grata sorpresa de su comida, y es el tema que nos hace reseñar. Tienen buenas papas fritas y excelentes batatas fritas (de las mejores, gruesas, no quemadas y en punto redondísimo) que acompañan a las muy correctas burgers que destacan mucho por sobre otras cervecerías que ofrecen hamburguesas gourmet. Tienen nombres como Buenos Aires, Barcelona, New York, Cannes, Jalisco y otras ciudades más (sí, como en la “Casa de Papel”), y todas pueden ser de carne vacuna, pollo crispy o vegetariana. Combinaciones interesantes como la Beirut con humus, berenjenas asadas, vegetales y provoleta dándole a nuestro estilo criollo una vuelta de tuerca asiática, otra típica con bacon, queso cheddar, cebolla caramelizada (NY) de muy buena factura. La Barcelona con queso, huevo y jamón, era perfecta. La Cannes, con queso azul, es excelente y la Buenos Aires con mollejas como elemento estrella completan una buena cantidad de opciones clásicas y originales. El punto de la carne es genial, muy buen gramaje, 190 g. de patty, original sabor y los toppings son abundantes y de calidad. Si pudieran mejorar algo es el pan, aunque sostenía bien y no se desarmaba, con un brioche más casero la burger calificaría bien arriba. Pero es una cervecería, no una hamburguesería, así que no queremos ponernos en exquisitos. Para picar, además, hay nachos con cheddar, langostinos rebozados acompañados con alioli, pinchos de lomo con barbacoa y pinchos de pollo rebozados. Todo a un precio asequible.

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Cabe destacar los aderezos en una zona aparte, en los típicos pomos, pero FRIOS (como debe ser, en particular con la mayonesa). También unos maníes con pimentón ahumado de lujo.

Estaba muy concurrido cuando llegamos (sábado 20.30 hs.), el servicio es muy cordial y efectivo, y sirven la comida bastante rápido. Aceptan tarjetas.

Es un ambiente muy relajado, con buena música, local pequeño, pero para pasar un rato  agradable está muy bien. Prontamente inauguran un segundo local en la esquina contigua al original, también sobre Av. San Martín.

Las cervezas artesanales están tan de moda como las hamburguesas gourmet, claro que no todo tiene calidad y claro que muchos se suben a la ola del momento, y en las modas a veces el buen criterio y paladar se deja de lado. IPA, por lo contrario, es una cervecería donde todo está muy cuidado y en donde la comida acompaña más que bien. Con menos de un año de abierta, una gran sorpresa, una gran cervecería. Vayan y disfruten.

 

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Cervecería IPA

Av. San Martín 1555 (Caballito)

CABA.

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PLÁCIDO CAFÉ BAR: una plácida pausa

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Iniciar y mantener un emprendimiento relacionado con el café de especialidad no es algo fácil. Acceder al buen café, se está volviendo cada vez más asequible. Importadores y tostadores ofrecen sus mejores productos. Los baristas están cada vez más capacitados para extraer lo mejor de cada grano. Pero esto solo no basta. Una buena cafetería debe implicar también una buena ubicación, un ambiente confortable, una variedad de preparaciones, acompañamientos de calidad y una lograda atención, producto del amor por lo que se hace y de la paciencia suficiente como para “educar” a los clientes a la hora de ofrecer la mejor manera de disfrutar el café.

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“Plácido, café bar” en la esquina de Juncal y Uriburu, reúne todas estas condiciones desde hace casi un año. El buen café y el buen tostado lo ofrece Puerto Blest, garantía de calidad y variedad. Tomamos un espresso de Perú (Cajamarca), aromático con notas de almendra y chocolate (y unas sutiles notas florales) con una acidez presente y agradable, proveniente de frutos cítricos, que se profundiza a medida que la temperatura va descendiendo. Buen cuerpo. La extracción fue muy correcta, con excelente crema, dorada y persistente servido en tradicionales pocillos de porcelana blanca que permite apreciar los colores. Hay también variedades de Nicaragua y Colombia para llevar en grano o molido. Pedimos también un cappuccino, muy bien preparado, con una espuma duradera, aterciopelada y de rico sabor, decorado con un cuidado arte latte.

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El ambiente es sencillo y agradable. Mesas con sillas cómodas alternan con una barra central (con sillas altas en madera pintada) y otra barra frente al ventanal desde donde desfila el ritmo de la esquina ante nuestros ojos. Tras la barra muy ordenada y minimalista, una cafetera Appia II de Simonelli, donde se crean los cafés de Plácido. Destaca dentro de la ambientación bicromática, una pared con un gran mural colorido y moderno que le da una impronta personal al local. Hay música, pero no invade. Nada perturba la calma del lugar (incluso en un día muy lluvioso, como en el que nos tocó visitarlo).

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En cuanto a los acompañamientos, se exhiben budines, alfajores, cookies, medialunas, brownies. Destacamos el carrot cake, esponjoso, húmedo y realmente delicioso, y la cookie maorí de chocolate, almendrada y con un original crocante de cereales, un gran logro. Con lo poco que probamos nos arriesgamos a aseverar que es unos de los mejores lugares en cuanto a la pastelería/bollería que puede acompañar a nuestra bebida estrella. Todas las variantes de café habituales se presentan en la carta escueta pero completa: una tabla con las hojas abrochadas y coloridas, con una innovación que pocos tienen: se puede pedir leche de almendras para quien no tolera la lactosa o simplemente la leche no le gusta. Completan la carta, variedad de sándwiches, tostados (incluso de pan integral), jugos naturales, yogures y barras de cereal (opciones sin TACC) y demás bebidas clásicas.

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La atención es esmerada y con la paciencia necesaria, teniendo en cuenta que abundan los “sacrílegos” que aún piden el famoso americano en jarrito o que le calienten el café porque está frío. Con buena predisposición explican los diferentes tipos de elaboración del café (y las formas correctas de prepararlo para resaltar las características del producto) y están siempre atentas a lo que el cliente necesita.

Establecidos en una zona donde no abundan las buenas opciones cafeteriles, cuentan con un amplio horario de atención y abren también los sábados.

Y para todos aquellos que quieran adentrarse un poco más en el maravilloso mundo del buen café, Plácido ofrece cursos de filtrado con diferentes métodos (chemex, V60, aeropress y prensa francesa), estrechando de esta manera la relación entre barista y cliente.

Las condiciones para un buen emprendimiento se cumplen en su totalidad. Solo resta pasar por la esquina de Uriburu y Juncal y detenerse un rato en una plácida pausa. Plácido se encarga de poner el café y todo lo demás. Inclusive si llueve, aquí hay un acogedor resguardo.

 

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PLÁCIDO Café Bar

Juncal 2107 (Recoleta)

CABA.

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URBAN BURGESS: the beast burger bar?

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En un ámbito tan competitivo como lo es el polo gastronómico de Palermo, con sus restaurantes, pubs, cervecerías, cafeterías, cada vez más abundantes, tener una buena ubicación, una ambientación perfecta, una atención correcta no son suficientes si el producto que se ofrece no alcanza lo mínimamente esperable.  

 En calle Gurruchaga, casi en la esquina de Cabrera una atractiva cartelería decora la fachada de una casona reciclada en la que se erige Urban Burgess, muy al estilo de las hamburgueserías de otros lugares en donde el culto a la hamburguesa es algo serio. La barra iluminada con colores nos invita a elegir entre las abundantes variedades de burgers, panchos, ensaladas, las que se pueden solicitar solas o en combos de precios normales.

 

 

Llegamos alguno tiempo antes de la hora pico y nos dispusimos a observar los detalles de su ambientación. Paredes decoradas, algunas con carteles luminosos, varios sectores de barras, sillas y mesas altas, algunas bajas y comunitarias, con iluminación sectorizada. Un local bastante grande que a medida que pasaba el tiempo fuimos aprendiéndonos de memoria. Porque el tiempo pasa y aunque los comensales no entraban la comida no venía. Pedimos dos de las opciones de carta, una con doble cheddar, doble panceta y huevo a la plancha. Otra con jamón, queso azul, cebolla caramelizada (endulzada mejor dicho) y rúcula. Las íbamos imaginando a medida que los minutos corrían y corrían.

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Luego de casi 30 minutos, la realidad vino sopapeando las ilusiones que aún permanecían frente a la enorme mesa de madera lustrada. Las sillas altas, las mesas grandes, el espacio amplio y los techos altos fueron el espejo mal regulado de lo que la camarera dispuso frente a nuestros ojos.

 Lo primero que se veía era el pan, tambaleando en la soledad de su especie, llevándole una amplia ventaja al medallón apelmazado de carne que ocupaba a penas un centro tímido, como escondiéndose entre el manojo achicharrado de la rúcula y los pedazos ingentes de panceta mal cocinada, dando al conjunto una sensación de tristeza inconsolable. Todo lo que no es deseable en la confección de una buena burger parecía haberse respetado a rajatabla como si fuera un manual de instrucciones leído al revés. El pan (si bien tenía buen sabor) no contenía el combo y venía sin tostar. La carne había sido amasada con saña, dando como resultado una textura maciza similar a un pan de carne recocido, sin gusto a carne sino a condimento. En el cartel decía doble panceta, y era doble o triple no tanto en cantidad sino en grosor. Imposible de comer sin riesgo coronario. Tendría que haber venido con un stent incorporado. Los otros trozos estaban demasiado duros o demasiado gomosos. El queso tenía poco sabor y no aportaba nada al conjunto.

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Las papas fritas (estilo bien casero) no estaban mal. Algo húmedas pero aceptables en sabor. Los aros de cebolla tampoco estaban mal, aunque el pan rallado les resta la suavidad que tendrían si el empanado hubiera sido con harina. Elecciones personales.

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Como reseñistas gastronómicos nos hemos impuesto destacar los buenos lugares para recomendar, porque entendemos el esfuerzo que cuesta instalar y mantener un buen negocio para brindar un servicio para el esparcimiento de otros. Sin embargo, cuando la experiencia no es buena también somos conscientes de las variables instantáneas que pueden oscurecer el servicio. Un mal horario, un desborde de clientes, la ausencia de algún puesto clave del personal, todo es entendible y a cualquiera le puede ocurrir. Es por eso que la mayoría de las veces reseñamos después de la segunda o tercera visita. En este caso, los errores fueron tantos que nos pareció señalarlos porque el lugar, la ambientación, la atención fueron tan buenas que sería una pena que, por cuestiones mejorables, el esfuerzo dedicado pudiera perderse. Las fotos reseñan por si solas.

 

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Urban Burgess

Gurruchaga 1417 (Palermo)

CABA.

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ES RUIZ CAFETIN: crème de la crème en Caballito

 

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Casona reciclada en una pintoresca esquina. Dos pisos. Ambientación clásica. Luces modernas. Las habitaciones separando distintos sectores. Uno más amplio que incluye la barra de café, a modo de salón cafetero. Otro que hace las veces de sala de reuniones. El espacio de entrada que muestra la envidiable pastelería de autor. Hasta un cómodo patiecito completa las alternativas para ubicarse. El cafetín del que hablamos, Es Ruiz, de corte bistró, se instaló en Caballito en una zona residencial y muy tranquila.

El autor en cuestión es Eduardo Ruiz, multi galardonado pastelero/chef, y todo en este cafetín tiene su sello. Desde la puerta con un cartel que lo menciona y reconoce hasta las vitrinas con sus creaciones dulces y espacio para las saladas. Una cocina parcialmente a la vista y la vista de una cafetera La Marzocco en una sobria barra y su blend exclusivo, creación de Coffetown.

En el menú hay sándwiches, sopas, cocadas saladas, hamburguesas de autor, bollería, scones, entre otros y las mini tortas que son las estrellas del lugar.

Nos pedimos un sándwich de jamón y queso en baguetin francés, una Burger premium y de postre una torta de mousse de choco blanco y semiamargo con 2 espressos.

La comida es correcta, con la Burger bastante jugada, con tomate, panceta dorada, cebollas muy bien caramelizadas, lechuga, hongos salteados, y una reducción balsámica. De sabor muy buena, un tanto amasada la carne y cuasi inmanejable por tremenda cantidad de ingredientes. Los panes si bien eran buenos, les faltaba un puntito más de frescor. Acompañando, unas módicas papas en cuña que no destacan y una buena ensalada de hojas, presentadas en una sobria bandeja de mármol. El relleno del sándwich era excelente, se notaba la gran calidad de los productos.

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La torta era un deleite para las papilas y maridaba muy bien con el café de equilibrado sabor (buen aroma) no muy complejo, dulzón y poco ácido. Rico blend. Excelente ejecución.

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En resumen, un lugar alejado de cualquier circuito, un híbrido entre patisserie/restó, con productos notoriamente de calidad, con un muy buen servicio en general. Los precios son un poco más que la media, pero lo vale, con buen café de especialidad y un destacado glosario de pastelería de autor. Recomendable.

 

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Es Ruiz Cafetín

José A. Terry 300 (Caballito)

CABA.

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FAT BRODER: el hermano gordo que puede seguir subiendo

 

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En Palermo (¿cuándo no?) hay una hamburguesería fuera del circuito habitual de locales de comidas. Fat Broder se erige como un típico pub de aires industriales, de luces tenues, mesas y sillas altas, bien cerveceras y mucha onda, desde su música ecléctica (suena bastante reggae) hasta la muy buena atención de sus dueños (con sus remeras coloridas características). Es un lugar pequeño pero ordenado, una casona que fue meticulosamente reciclada, en donde todo está muy bien distribuido. Hay bancos grandes afuera y adentro, en madera y hierro, y las mesas están sutilmente decoradas con unas macetitas con gramíneas. La cocina está a la vista, se ve y huele bien (muy ordenada y limpia). Los precios son normales y los combos ventajosos (carne+fritas+bebida). Aceptan tarjetas.

En el menú hay un corto pero certero listado de burgers (incluyendo una vegetariana, una de keppe de cordero, una sin TACC y otra de pollo crispy), papas tuneadas, bastones de pollo crispy de entrada, cervezas artesanales con refill, tragos, aguas y gaseosas. Toda la carta está en un cartel detrás de la caja donde se hacen los pedidos y luego te llaman para que lo retires en la barra.

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Todas las Burger son dobles de 180 g en total y el pan es de papa salpicado con semilla de amapola.

Los pedidos salen bastante rápido (fuimos tipo 19 hs, y no había mucho público) con una adecuada porción de papas fritas las cuales son ricas, buena crocancia, bastante saladas.

El pan es muy bueno, buen sabor, con un correcto tostado interno, buen alveolado de miga y sostiene correctamente.

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El conjunto entre pan y patty es un tanto pequeño en comparación con otras hamburgueserías, pero apagan el hambre. La carne en sí está bien cocida, un punto justo de cocción, buen gramaje, tierna y con gustillo a pimienta. El problema es que la Juicy Lucy (doble carne separada por queso cheddar, doble panceta, pepino agridulce y cebolla morada cruda, con alguna salsa no declarada) estaba un tanto salada y la Criolla (lechuga tomate, provolone y cebolla colorada cruda) carecía de sal.

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La Burger en general es buena, no le falta mucho para estar arriba en el ranking. El bacon está muy bien, el queso cheddar es muy bueno pero las burgers, además del tema de sazón, se muestran con un porcentaje algo mayor de grasa que lo aceptable, obviamente que para nuestro gusto. Y sería bastante mejor que la cebolla sea cortada estilo pluma, en pedazos más pequeños, ya que los aros son dificultosos de comer, quedan como hilos que uno tiene que ir capturando con la boca (detalles nomás).

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Un apartado merece los aderezos que son todos muy logrados, en especial el de berenjena, de un ahumado y picor persistente y especial (todos caseros y de buena factura).

Se nota que tienen un producto redondo, y lo pueden seguir mejorando. El local es muy lindo e invita a quedarse, sumado al buen servicio tiene todo para estar bien arriba. Este hermano gordo puede seguir subiendo.

 

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FAT BRODER Palermo

Charcas 3787 (Palermo)

CABA.

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TESTA: entre copas y pocillos

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Ya desde sus comienzos el barrio de Colegiales fue un barrio de jóvenes. Mucho antes de armarse la ciudad de Buenos Aires, el predio de miles de hectáreas que ahora comprende los barrios de Chacarita, Villa Ortúzar y Colegiales fue cedido a los jesuitas y utilizado para que los alumnos del viejo Colegio de San Ignacio (hoy Nacional Buenos Aires) pasaran allí sus vacaciones veraniegas entre esparcimiento y trabajos de chacra (la palabra Chacarita proviene de allí). Era una fiesta para los vecinos de entonces, observar el desfile de estudiantes montando sus caballos que tomaban el sendero del Norte (hoy Avenidas Cabildo y Álvarez Thomas) rumbo a la chacra y deteniéndose a refrescarse en un antiguo arroyo que hoy corre por debajo de la Avenida Elcano.

 Después corrieron los años. Llegó el ferrocarril, la playa de maniobras, las industrias perdidas, los silos devenidos en lofts y la vieja Algodonera Argentina dentro de cuya estructura hoy habitan cientos de familias en coquetos departamentos. El progreso trajo también algún costado oscuro con el nombre de villas miseria, arrasadas en los albores de un mundial de fútbol.

 Colegiales parecía no recuperarse del enorme peso de cabalgar entre dos monstruos. Belgrano y Palermo se le imponían como gigantes a los cuales imitar, sin darse cuenta de que el barrio tenía una identidad propia, que con el tiempo se fue consolidando. Y mucho más en los últimos años, gracias a la motivación de sus vecinos y a las empresas que se establecieron allí, convirtiéndolo en uno de los barrios con mejor calidad de vida.

 Es así como se fueron impulsando polos audiovisuales, de esparcimiento y gastronómicos, tal como el que está creciendo en las cercanías de la Avenida Elcano, en los confines del barrio, al norte. Las antiguas casonas conviven con restaurantes, bares y pubs que cada vez se incorporan con mayor presencia en la arquitectura del barrio.

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Caminando por la calle Capitán Ramón Freire, al 1300, nos detuvimos en TESTA, un digno y reciente exponente de la nueva movida cafetera, quizás llevando más allá a la tercera ola del café. Esta vez, el culto no se rinde solo al café, sino que los tragos y los vinos son los coprotagonistas que se unen en un solo escenario. El lugar es pequeño, pero dan ganas de entrar e instalarse: una iluminación cálida, la música discreta pero acompañante, las botellas rodeando un espejo en forma de pirámide que agiganta las sensaciones (el leit motiv gira en torno a la geometría triangular). La barra, de coctelería y a su vez cafetería, estrecha que nos separa y nos acerca al mismo tiempo y la lustrosa Victoria Arduino que nos ofrece la posibilidad de incorporarnos al placer del café (máquina espresso que no se ve comúnmente en las cafeterías de Buenos Aires). El que quiere puede sentarse en las sillas que visten la puerta del local.

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Es un ambiente acogedor, de diseño simple pero elegante como pub rústico y moderno con estanterías bañadas de delicatessen gourmet como aceite de oliva, Nutella, escabeches, mostazas, salsas picantes y una colección de muy buenos vinos. Todo muy bien dispuesto, nada desentona.

 La atención es por carta y en la mesa que uno se sienta más cómodo. Por las noches se deja paso a las avezadas artes cocteleras de uno de los socios y a la gastronomía de otro de sus dueños. Aceptan tarjetas.

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La carta se reparte entre la coctelería (todavía no era hora de adentrarse en embelesamiento del alcohol cuando fuimos) y la cafetería de especialidad con todas las variantes de cafés fríos y calientes. Espressos, capuccinos, lattes, no son solo nomenclaturas cuando vienen de la mano de Federico (uno de sus dueños), un joven emprendedor que siempre está dispuesto a responder preguntas metiéndole muy buena onda. Para acompañar tendremos rolls, budines y medialunas.

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Pedimos un espresso (Colombia, Nariño) y un roll de canela más una medialuna. Esperamos lo adecuado y nos conmovimos por la presentación. Una bonita tabla de madera con el pocillo transparente y un buen vaso de agua (algo que parece olvidado en muchas cafeterías). Ya sabemos que Colombia nos tiene acostumbrados a buenos cafés, con equilibrio, acidez acentuada y cuerpo destacado. Y cuando se suma una extracción correcta el placer es mucho mayor. La bollería era excelente.

Los vinos y los tragos los dejamos para una nueva visita, porque Colegiales es un barrio que siempre nos sorprende y Testa es uno de esos lugares a los que siempre hay que volver, por concepto, por producto y por atención.

 

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Capitán General Ramón Freire 1393 (Colegiales)

CABA.

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