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TIERRA DE NADIE: en la lejana parrilla…

 

“Terra nullius es una expresión latina que significa tierra de nadie y que se utiliza para designar la tierra o lugar que no es propiedad de ninguna persona.”

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Corría el año 2012 y por aquellos entonces la hamburguesa gourmet no era más que una corriente acunada en otros países con mucha más historia. En Argentina solo se estaba embrionando la idea de una hamburguesa de calidad, con productos bien pensados y desmitificando la idea de la cadena de fast food vendiendo burgers como comida chatarra.

Por esos tiempos en el lejano barrio de Caballito, más precisamente en las cercanías de las avenidas Acoyte y Avellaneda, en donde los negocios no abundaban (menos aún en los alrededores del Sanatorio Méndez) y la moda de bares y restó pasaba por otros barrios más “coquetos”, justamente allí, en esos lares tan desamparados y ajenos, es donde la tierra de nadie dio lugar a Tierra de Nadie. Nace así un mítico lugar de paso (y no tan de paso) para comer hamburguesas de las buenas y también otras comidas en un espacio tipo fonda Tex-Mex (en ese entonces las etiquetas no eran tan usuales ni precisas), en donde el respeto por el producto, el hacer toda la materia prima en el momento y la relación precio-calidad se tornó una constante.

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Luego el mito creció, en base al gran trabajo, ya que la gente se agolpaba y siempre estaba abarrotado; así fue como, desde el año pasado con la inauguración de su segundo local, a unos metros del primero (esta vez sobre la calle Acoyte), no solo mantuvo la regularidad de la propuesta elevadora de varas, sino que le dio una vuelta de tuerca, sacando los pattys en un grill de leña y en un espacio mucho más amplio para que los adeptos tengan más lugar. Se erigen así las opciones de TdN: a la plancha (en el local original de la calle Avellaneda) y a la parrilla.

Es precisamente esta última a la que fuimos unas cuantas veces ya y de la que hablaremos más extensamente en la reseña.

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Tierra de Nadie – La Villa (así es el nombre completo de la segunda parte de la novela), nos agasaja con un lugar amplio, tipo galpón, donde ya desde el afuera se puede apreciar la parrilla y toda la cocina íntegramente a la vista, más una barra para comer en la calle (frente a un ventanal que conecta a la cocina pintada en rojo). Por un pasillo que va bordeando, casi acariciando, la cocina se llega a un comedor enorme en donde toda la decoración es en madera y hierro negro, con mesas y sillas altas tipo cervecería y otras bajas. Una barra lateral como continuación de ese pasillo y una barra central donde se encuentra la caja y ancla con la amplia cocina en aluminio donde perfectamente se puede ver cómo se trabaja. En esta ambientación también hay lugar para algunas paredes con ladrillo a la vista. Completan el lugar, al fondo, un patio trasero bastante grande (abierto) y junto a él, los baños modernosos.

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El servicio es en las mesas con un mozo muy atento (fuimos siempre en la franja de 14-15 hs.), y la demora en expedir la comida es más que adecuada. Esa es una buena hora para ir y encontrar mesas, muy al mediodía o tirando a la noche hay que esperar (la comida lo vale). Aceptan tarjetas y no cobran servicio de mesa (un puntito más).

Sirven comida bastante variada y con algún toque distinto y criollo. Entradas, sándwiches, ensaladas, rolls, varias burgers, cerveza tirada (4 canillas), aguas, gaseosas línea Coca, tragos y vinos (no café). Las bebidas se sirven en unos carcelarios jarritos enlozados que completan el estilo fonda e informal del lugar (nosotros tomamos del pico, perdón). Los aderezos clásicos los trae el mesero a pedido.

En cuanto a las reinas del lugar, pedimos varias veces lo mismo, la Bad Horsie y La Villa, las cuales salen con papas fritas. La primera es un doble medallón de 100 g cada uno con cebolla morada pluma, provoleta al orégano, tomate asado y alioli (¡de las mejores burgers de la vida!). Una hermosa combinación de sabor en donde nada sobra y nos hace olvidar por un rato largo las hamburguesas clásicas con cheddar. La Villa es una hamburguesa de 200 g con provoleta ahumada de locura, cebolla crispy, relish, alioli, lechuga y tomate frescos. Una Burger también estilo más criollo que combina perfecta. Quizás es un poco grande y cuesta manipularla un poco pero el sabor es inmenso. Hay, además entre otras, una doble (alineadas, no una sobre otra) que viene entre dos panes de campo gratinado con queso Danbo, nuestra próxima aventura.

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Hay que decir que el sabor de la carne tiene ese toque de parrilla único, está poco amasada, se deshace en boca y sale con un punto glorioso. Esto es la esencia, el toque distintivo de TdN.

Tuvimos la grata oportunidad de charlar un rato con David, uno de sus dueños, y muy amablemente nos contó que la carne es un blend que va variando según la temporada para poder siempre ir subiendo en sabor y mantener la calidad. Nombró varios cortes que pueden ser apropiados (los típicos u otros), la cuestión es conseguir aquellos cortes en su máxima expresión de calidad. Adquirieron una picadora que también le da forma a los pattys que no solo agiliza el trabajo, sino que mantiene el producto congruente.

El pan es muy bueno, bastante alveolado y sostiene, viene con semillas de sésamo blanco. Si nos ponemos en quisquillosos podríamos pedir un toque más de miga por que lo de adentro es bastante violento. El dueño nos dijo que lo hacen todos los días en el local de manera artesanal.

En cuanto a las papas no destacan demasiado, teniendo en cuenta que la estrella es la hamburguesa. Por ahí dentro de la misma tanda son desparejas, siendo algunas bastantes buenas y otras no tanto. Le comentamos al dueño y nos dijo que hay épocas por lo que el producto en sí es bastante variable. Pero es algo que intentan mejorar.

También nos comentó que el hecho de estar alejados de toda la movida hamburguesera, geográfica y por propia decisión, se mantiene un poco la identidad de TdN. Tratan de cuidar el producto al máximo (y lo logran) y también organizan algunos eventos, en los que invitan a chefs amigos y bartenders para que hagan una burger versionada y un cóctel que maride. La idea, aseveró, es tratar de hacer uno de esos encuentros una vez por mes. La propuesta y la repercusión es muy buena. Es algo distinto y la gente del rubro se despereza y sale de sus cuevas.

El precio es normal y la relación precio/calidad muy buena.

Con todas estas consideraciones, y cotejando el producto, tenemos que decir que nos encontramos sin duda ante una de las 2 o 3 mejores hamburgueserías de Bs As. Sacándole varios cuerpos a los de atrás. Con un producto muy logrado y único, con su propia impronta y con la convicción de que las grandes cosas no suceden por moda o por instalarse en un barrio con “onda”. La mítica la da el producto y mantenerse en el tiempo, lo demás es chamuyo.

 

*****

Tierra de Nadie – La Villa

Av. Acoyte 263 (Caballito)

CABA.

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