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CAFFE MARINI: Una nueva morada del dios del café.

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Se dice que el dios del café tiene varias moradas. Muchas de ellas se reparten entre Palermo y el Microcentro. Esta vez, la divina providencia nos llevó a una que se estableció en San Martín 487, un elegante refugio en donde el mal humor de la mañana se disipa entre los vapores de un buen café. Y una vez que los mercados cerraron, encontrarás allí el mejor lugar en donde disfrutar tu filtrado caliente o tu cold brew, redondeando algún negocio o simplemente charlando con algún amigo con espresso en mano.

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Caffé Marini se levanta como ese rinconcito que nos aparta del entorno bello pero hostil de la city porteña. No vas a encontrar aquí mesas para debatir los pormenores del partido del domingo o el movimiento del dólar. Dos barras, una central de mármol (o muy similar) que nos hace recordar los viejos y coquetos bares de antaño (hoy en día el Tortoni se sumió en el absurdo fango de la tilinguería) y otra barra, frente a la ventana, en donde el trajín de afuera no se incorpora al interior de tu pocillo, mientras permanecés sentado en una de las sillas más cómodas que hemos experimentado en este tipo de cafeterías (al fin alguien se preocupa por este detalle). Y si optás por la barra principal, te sentirás parte de todo el proceso de extracción del café. Inmersos en todos los adminículos, viendo en acción a los baristas en un entorno elegante y minimalista, en color negro con dibujos en tiza de cafeteras que solo se cortan con elegantes pinturas florales del cafeto.

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Quizás el mejor lugar para entender el café de especialidad y estar en la primera línea de su factoría.

Esa tarde hubo mucho café y mucha charla amena con su dueño, Emanuel, un emisario del dios del café, de ancestros orientales y con toda la onda porteña. Un espresso de las alturas de Guatemala a través de cuyo aroma se advierten las maderas de los bosques haciendo el amor con algún resto de cebada y chocolate. Una buena acidez precedida de un dulzor instantáneo inundando tu boca, en conjunción con las sutiles notas amargas que se quedan por un rato, recordándotelo. Un cuerpo presente y un equilibrio notable, aprovechado por la excelente extracción, a la temperatura justa y con una dorada crema insistente.

Después vino el filtrado: granos provenientes de las lejanas tierras de Etiopía, extraído con V60 y protagonista de uno de los mejores cafés que hemos probado. El aroma intenso, cebadas, frutos secos, madera y tierra albergando un sabor exquisitamente equilibrado, en donde los frutos aparecen inmersos en miel y cereales propios de una tierra que ha regalado el café desde los inicios de la historia; todo esto habitando en un cuerpo redondo que solo está diseñado para el placer.

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Hubo un tip sorpresa: un filtrado por goteo en frío (tipo dash coffee), deliciosa manera de culminar una tarde en el paraíso. Mientras llueve un ligero blues en nuestros oídos.

En esta tarde perfecta, observamos que circulaban unos bollitos de queso pecaminosos y también medialunas. Había espacio para unas estanterías con insumos relacionados con el café. Y todo tipo de chiches para que los que amamos este mundo nos babeemos por distintas cafeteras de filtrado y una hermosa máquina espresso “La Marzocco” manejada magistralmente. Los precios, sin nada de extravagancias, estaban dispuestos en un sobrio cartel negro con letras blancas. Un ambiente que invita a quedarse atendido por gente que le gusta lo que hace.

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EL dios del café multiplica sus moradas, y nosotros sus adoradores, les damos la bienvenida a cada una de ellas (Caffe Marini con tan solo 1 mes de edad), siempre y cuando los preceptos y rituales se cumplan, para elevarnos al nirvana más absoluto en este sano fundamentalismo de querer tomar un BUEN CAFÉ.

 

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Caffe Marini

San Martín 487 (Microcentro)

CABA.

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