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BILBO CAFÉ: En busca del anillo.

 

Atardecer. Las casonas del barrio de Caballito están lejos de ser los pintorescos agujeros Hobbit que soñara J.J. Tolkien, con sus tranquilos habitantes y la siempre verde pastura de la Comarca. Sin embargo, aquí, en la esquina de Beláustegui y Nicolás Repetto se encuentra Bilbo, una cafetería con grandes ventanales, ambientada en color celeste y blanco con unas cuantas kokedamas decorando las mesas y mostrador.  La amabilidad del camarero nos alentó a esperar en la vereda hasta que se desocupara una mesa, lo cual ocurrió algunos minutos después. Ahí fue que nos enteramos de que existía un sótano, que lejos de ser el confortable montículo Hobbit, con ventanales y calidez, no era más que un sótano bien ambientado, con algunos sillones, sillas y mesas de diferente origen (un tanto bullicioso).

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Tanto en su página de Facebook como en la carta se aprecia una marcada tendencia a destacar el café de especialidad, con gran detalle sobre las variedades y origen del café que sirven (blend de Colombia, origen: Huila). Una megalomanía que muy pronto se derrumba.

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De la extensa carta, con opciones de desayunos y meriendas, sandwichería, bollería para todos los gustos, elegimos un espresso, un cappuccino, un tostado de jamón y queso y un scon de queso provolone y tomillo. El camarero nos pregunta cómo queremos el espresso (como si hubiera muchas formas de prepararlo, atendiendo a que se decían un café de especialidad) y luego de un tiempo prudencial nos alcanzaron el pedido.

Decepción es una palabra que no alcanza a definir el momento. Todos llegamos al lugar, convencidos de que ya no tendríamos que ir al microcentro o a Palermo para saborear un buen café. Al fin el barrio traía una cafetería de la tercera ola.

El café: se sabe que un correcto espresso debe tener una temperatura tomable, una crema (la espuma que se forma al salir de la máquina) dorada y persistente y las características dependientes del origen o el blend que se esté presentando. En este caso, la crema era un pequeño aro alrededor del brebaje (¿el anillo de Bilbo?), rápidamente evanescente. En cuanto el aroma, si bien era muy leve podían distinguirse algunas notas. En boca daba un sabor levemente acido no astringente y un pequeño sabor amargo que se iba enseguida sin retrogusto en absoluto. El cuerpo del café era muy liviano, como si no se hubiera respetado los mínimos 7 gramos que necesita el espresso. En fin, un café muy plano, no tanto por el café en sí mismo sino por errores en la extracción. Algo imperdonable en una cafetería de especialidad.

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El cappuccino: lejos de respetar la proporción del tercio, era un muy buen café con leche aunque el nombre de cappuccino le quedaba algo holgado.

Scon: de buen tamaño aunque plano (como el café) como una galleta. El provolone apenas se dibujaba entre el tomillo y le faltaba un poco de humedad a la masa.

 

El tostado: fue lo mejor. Un pan tipo árabe con jamón y queso de buena calidad. Como debe ser.

En resumen, un buen lugar pero no nos dio una buena experiencia. Tal vez, Bilbo ese día se hubiera escapado con sus amigos enanos a buscar el anillo. Puede pasar que se haya tenido un mal día, el barista no concurrió o se desbordaron de trabajo.

Si no sos exigente con el café es un lugar agradable como para el té de amigas o un almuerzo sencillo sin salir del barrio. Si buscas una cafetería de especialidad te recomendaría que hagas tu propia experiencia para darle una segunda oportunidad. Nosotros iremos a otra Comarca.

 

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Bilbo Café

Dr. Luis Belásutegui 802 (Villa Crespo)

CABA.

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