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BURGER JOINT: mi vieja mula ya no es lo que era…

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Paredes con graffitis, música al palo, corridas de gente y gritos a viva voz, tiene más similitud con la casa de Charly García que con su “prima hermana” neoyorquina. Burger Joint aparece en la cosmopolita Palermo Soho como una de las hamburgueserías con más tradición (5 años desde su apertura), aunque no por eso es una elección de primer orden a la hora de querer saborear una buena hamburguesa en compañía de amigos.

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Con algunas mesas en la vereda, un lindo y amplio patio trasero, y un salón principal con recovecos, el ambiente adquiere vida en una vorágine que ya se introduce en tu cerebro a la hora de hacer el pedido. Frente a la caja, el acostumbrado pizarrón con las variantes de comida se contrapone con el apuro del cajero quien te obliga a hacer “ta-te-ti” antes de que pase al siguiente aspirante que está atrás soplándote la nuca. La buena noticia es que se manejan con combos (todos ellos a $200, excelente precio, pero solo efectivo) que incluyen la gaseosa en lata o cerveza (varias canillas de tirada artesanal) y las papas fritas.

 Hay mesas y barras. Los asientos son incómodos como en casi todos los lugares de su especie. No hay servicio de mesa. Los vasos plásticos, sorbetes y condimentos (sobres) se encuentran en una repisa en un solo punto del local y luego de una corta espera (ESO ESTA MUY BUENO) te llaman a viva voz, repitiendo tu nombre 3 o 4 veces hasta que llegás a la barra luego de haber pisado unos cuantos clientes.

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Curiosidad: los baños eclécticos.

 Fuimos unos cuantos para poder probar varias opciones. Nos sentíamos en New York: al fin conoceríamos el espíritu americano resbalándose por nuestras papilas gustativas.

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Las órdenes llegaron en decentes bandejas de aluminio. Las papas, en ecológicas bolsitas de papel madera, normales, con gusto a papa frita aunque mejorables. Mientras las íbamos degustando, la hamburguesa otorgaba sus jugos (demasiado colorados, a pesar de que las pedimos un poco más que “a punto”) al pan, humedeciéndolo irremediablemente. Aunque declaran que es casero el pan parece de tipo industrial, no muy diferente del que comemos en BK o Mac (quizás un poco más alveolado).

 Al ir probando la “Americana”, la ansiada explosión de sabores haciendo el amor con los receptores del gusto nunca llegó. La barbacoa obstaculizando los demás sabores no difería del desarmónico colorido de los grafitis de las paredes y las mesas. No se puede decir que estaba mala, pero decepcionó bastante. Es una Burger correcta.

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Los que comieron la opción con queso roquefort (la línea de las famosas BLEU) asistieron a uno de los defectos imperdonables de una hamburguesa, los ingredientes caían inexorablemente. Y otra vez por lo mismo, un pan hecho para acompañar y no como coprotagonista de la Burger. Una hamburguesa correcta, pero de mitad de tabla. Hubo quien probó la opción vegetariana (de garbanzos) y dijo que estaba rica (dentro de lo que se puede considerar en una hamburguesa sin carne, pero es una buena opción).

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En resumen, le daríamos otra oportunidad más adelante a esta hamburguesería de culto. Hay muchas opciones mejores que se encuentran encabezando la punta de la tabla hamburgueseril. Dicen que fue decayendo con el tiempo. Sería bueno que se recuperara.

 

***

 Burger Joint

Borges 1766 (Palermo).

CABA.

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2 comentarios en “BURGER JOINT: mi vieja mula ya no es lo que era…

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